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[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 5 Empty Post 9 - Gorrunk, lider de Aguasucia y la turbera de Erenmios

Mensaje por Lamb el Lun Mayo 06, 2019 6:20 am

Ubicación: Guarida del clan Aguasucia
Mención: Tentrei Iskusstvo, Egil, Rimbaud



Ahora era obvio que había una cuerda que separaba el pasillo de la cueva de aquella habitación lleno de roñosas, el techo de aquel pasillo que se colapsó y aunque algunas rocas terminaron en el cuarto con pieles, la mayoría del caos se había dado fuera del mismo. Al alumbrar con la improvisada antorcha se veía que el techo parecía tener un improvisado sistema de cuerdas, cordones y trapos enredados que parecían extenderse por la cueva enredándose entre las estalactitas y saliendo de agujeros cercas del techo que probablemente provenían de otras cámaras de la cueva. Muchas de las cuerdas ahora parecían haberse roto o desatado al momento de que cayeran las piedras haciendo que ahora muchas de ellas estén colgando del techo a la altura de la cabeza.

Aquella recamara delante de ellos estaba llena de mantas malolientes, petates y huesos de ratones que habían servido de almuerzo para los habitantes mientras que las paredes están tapizadas de pieles piojosas de animales. Algunas de las pieles eran reconocibles como de lobo o conejo mientras que otros no eran tan comunes como piel de gatos, perros e incluso lo que parecía ser un caballo. Examinando el techo de la habitación no parecía presentar más cuerdas pero un vistazo rápido no mostraba más camino a seguir.

El caballero insecto aun se recuperaba de sus heridas mientras que decidían que probablemente habría algún pasadizo oculto entre las diferentes pieles que tapizaban la habitación, no había otro camino aparente. El musico regreso un momento para recuperar una de sus cadenas mientras que sus compañeros rasgaban algunas de las pieles con cuidado, pero sus primeros intentos solo mostraban la piedra de la propia cueva. Aquel que siempre estaba en armadura se detuvo un momento, actuar precipitadamente solo les había ocasionado problemas y se detuvo simplemente a observar alguna pista o simplemente algo que no encajara, pronto un aroma humano que destacaba entre la inmundicia del lugar que le llevo a una de las paredes y al retirar las pieles encontró un túnel que se internaba más en la caverna.

Se detuvieron un momento para organizarse y pensar su siguiente paso mientras que la improvisada antorcha se consumía y revisar la entrada de aquel túnel para evitar caer en alguna otra trampa. Con el musico al fondo siguiendo al humano con la antorcha y el caballero al frente. Arribaron a una sala enorme donde apenas ojos adaptados para ver en la obscuridad podrían notar que tenia de dimensiones aproximadas a diez por doce metros, como la recamara anterior tenia en el suelo una considerable cantidad de petates y algunos muebles en pésimo estado donde los goblins descansaban cuando no están haciendo las terribles cosas que los goblins hacen. Tres jaulas se encontraban en la pared del este con dos de las mismas con lobos, entre dos puertas. Los lobos gruñían y lanzaban mordiscos en dirección de los recién llegados mientras uno de los goblins tensaba un arco y otros dos corrían a las jaulas para liberar a las bestias.

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Ubicación: Granja de turba de los Moss
Mención: Amelie Winter



Después de un rápido avanzar por la región Amelie había regresado nuevamente a la granja de turba de la señora Milivet. Como muchas granjas de la región el lugar era una casa de campo relativamente grande con contraventanas gruesas, un establo, un graneros y un pesebre y la turba con su no muy agradable aroma. La carreta en la que había llegado con sus compañeros no se encontraba a la vista, así como tampoco se encontraba a plena vista la propia señora, al parecer tendría que buscarle si deseaba pedirle su ayuda o prescindir de ella.

Amelie apresurara por encontrar a la casa puede ver que la puerta está algo desvencijada y al primer toque esta se abre, del otro lado puede ver una barra rota que aparentemente servía para cerrar la puerta pero que debió de haber cedido por fuertes impactos. En el interior ve lo que parece un pequeño recibidor con vidrios rotos y sillas tiradas con marcas de haber recibido espadazos, desde la sala se puede ver lo que parece un comedor a la derecha, un par de puertas abiertas que parecen llevar a habitaciones a la izquierda, una escalera a un segundo piso y una cocina al frente .

Pregunta si alguien se encuentra, pero nadie responde a su llamado y sin otra idea empieza a subir por las escaleras sin saber que encontraría. El pasamanos tenía varios golpes con algo aparentemente filoso, aunque sin un aparente propósito por lo que una posibilidad era que algo hiciera destrozos a su paso mientras se abría paso por la casa. En la parte superior de la casa había una especie de sala común con varios papeles tirados en el suelo, así como varios juguetes de madera, cortinas rotas y un par de libros tirados. La mayoría de las puertas en ese lugar parecían dar a recamaras, pero una de las puertas en el segundo piso se encontraba cerrada, aunque con el silencio del lugar parecía que había un poco de movimiento detrás de ella.

Al acercarse a la puerta para examinarla pudo ver que estaba maltratada por golpes de algo afilado, aunque la otra cosa que pudo notar mejor fue el sonido que salía del otro lado, un sonido armonioso que se entrecortaba en leves sollozos que se sentía nostálgico, una canción de cuna. En cuanto Amelie toco a la puerta el canto se detuvo para luego sonar una voz baja temblorosa, pero al mismo tiempo esperanzada. -¿Sí?- Hubo un momento de silencio y la puerta se abrió para mostrar a la señora Milivent con un cuchillo en la mano y detrás de ella una alcoba hecha un desastre como el resto de la casa con Bo durmiendo plácidamente en lo que quedaba de cama.

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[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 5 Empty Re: [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)

Mensaje por Rimbaud el Jue Mayo 09, 2019 4:51 am

Su armadura se había abollado levemente en la espalda, hombros y un costado de su cabeza. Era por este último golpe que todo a su alrededor parecía haberse difuminado levemente. Apoyándose del costado de la pared avanzó por entre las rocas que hace unos segundos habían estado sobre él y dejó atrás el corredor para adentrarse en la siguiente recamara.
Todo el hedor de la cueva parecía provenir de aquella única estancia. El suelo tenía desperdigadas trozos de tela que otrora habían sido mantas de mediana calidad, pero que con el constante uso y poca limpieza se habían transformado en piezas en la cuales la suciedad se había apelotonado tanto que su color era una mezcla de marrón con manchas negras y motas de verde oscuro del moho que crecía en algunos puntos de su superficie. Al pisarlas se podía apreciar la dureza típica del sudor y tierra acumulados con el tiempo. Era increíble que seres así pudieran vivir de tal manera.
Pero eso no terminaba ahí.

A medida que su vista se iba recuperando, pudo notar las pieles que colgaban, cubriendo casi todas las paredes. A primera vista no parecía haber una ruta qué seguir, era un callejón sin salida. El problema era que los gritos que había escuchado desde fuera de la cueva eran bastante reales, y si la conversación que había escuchado también lo era, estaba claro que los humanos debían estar allí. En algún sitio.
Se recostó contra la pared, aún dolorido, y se dejó caer hasta quedar sentado con la espalda apoyada en ésta.
Esos gritos humanos que oímos desde fuera son signo de que algo se nos pasa por alto —comentó desde el frío suelo—. Deberían quitar esas pieles de las paredes, mover las del suelo. Con cuidado —puntualizó—, quizá haya algún pasadizo escondido.

Egil se puso a ello, pero sin encontrar nada. El caballero estaba quieto, callado, esperando poder volver a escuchar los gritos nuevamente. No se atrevía a gritarles a los humanos que se hallaban atrapados por temor a avisar también a los demás goblins, aunque dudaba que los arqueros no lo hubieran hecho ya.
Y si no eran ellos, seguramente el descalabro de rocas de la trampa ya lo habría hecho.
Continúa —Instó a Egil al ver que atravesaba la gran piel de caballo para encontrarse con la dura pared—. Debemos aprovechar el fuego, no hay que perder más tiempo. Tentrei, ayudémoslo.
Se puso de pie trabajosamente y desenvainó su espada para con la punta intentar atravesar la piel colgada en la pared en donde se había recostado. Antes de punzarla la miró detenidamente, algo consternado. Era una piel de conejo bastante más grande de lo usual, puede que cerca de Erenmios crecieran animales de ese tipo. Al acercarse un poco más notó que las orejas y la cola eran de un peculiar tono azulado.
Sin darse más rodeos, punzó la piel para hallarse con más piedra.

Era un problema. El fuego se acababa y todavía no encontraban el camino hacia la familia de Milivent. Al menos su mente se estaba despejando. El dolor que sentía no remitía, pero con su mente de vuelta era posible que lograse hacer algo más que ir pinchando pieles hasta dar con la que de seguro tenía escondido el siguiente pasillo.
¿Qué creen que pasaría si cortamos todas las cuerdas que se ven en el techo?
Notó ahí donde había caído la trampa un improvisado sistema de cuerdas, cordones y trapos enredados que parecían extenderse por la cueva enredándose entre las estalactitas y saliendo de agujeros cercas del techo que probablemente provenían de otras cámaras de la cueva.

Se llevó una mano a la cabeza, pensativo. Debía haber más recamaras, era un hecho. Comenzó a caminar por la estancia, pisando de vez en cuando pequeños huesos que se trituraban bajo su peso. Al acercase a las paredes podía sentir el olor del cuero correoso, la carne podrida que seguramente había quedado en diminutas cantidades pegadas a la piel, pero que dentro de ese encerrado ambiente desprendían su aroma en todo su esplendor.
Entre esa amalgama de hedores, se detuvo de pronto frente a unas cuantas pieles de lobo. Había sentido un olor en particular. Era diferente al sudor de Egil o del de Tentrei, que había regresado hace un momento a la estancia, trayendo su aroma de regreso. Se trataba de un olor particular.
Se acercó más a la pared. Miró por los costados la piel de lobo frente a él, buscando alguna maldita trampa, al no hallar nada la levantó lentamente, revelando un siguiente pasadizo.
Se quedó en silencio, observando. El túnel frente a él debía tener unos tres metros de profundidad, para luego perderse en lo que parecía ser otra recamara.
Oyó algunos susurros desde el fondo.

Compañeros —Cuando Egil y Tentrei se acercaron se hizo a un lado, manteniendo en alto la piel de lobo para que pudieran mirar lo que había descubierto.
Les hizo una seña, avisando que debían continuar.
Egil se adelantó mientras comentaba la perspectiva que deberíamos tener al momento de emprender la huida.
Sí. De momento no será difícil salir, considerando que no hemos hallado ninguna bifurcación —explicó—. De todas maneras haré una marca aquí —sacó un cuchillo y marcó con una cruz el comienzo del pasadizo, para que al regresar sirviera de guía—. Bueno. En todo caso, si llegamos al cuarto de pieles podridas sabremos que estamos a una vuelta de salir de aquí.
Cuando Egil tomó la delantera, no pudo evitar sentir que había sido relegado. Seguramente el otro caballero lo había hecho porque lo pensaba malherido, pero su rol dentro de la aventura le dictaba que era él quien debía protegerlos. Por lo que se adelantó al caballero.
Yo iré delante. Aún puedo aguantar algunos golpes más.
Egil lo miró extrañado, comentando entre broma y enserio que no quería volver a verlo sepultado.
Es preferible tener uno crítico que dos graves. —Sentenció, sin dar mayores explicaciones. Se puso delante y avanzó hacia la siguiente recamara.

Mientras recorría el pasadizo, no pudo evitar pensar en Amelie, en si estaría bien en su carrera hacia la granja. Todo lo habían decidido de súbito, sin preguntarse por los demás goblins que merodeaban por la zona. Si aquel olor cítrico empalagoso que sentía en la nariz era olor a esas pequeñas alimañas, toda el área de la granja tenía en menor o mayor medida el aroma impregnado.
Mientras pensaba aquello llegaron hasta la siguiente sala. Se trataba de un lugar no tan pequeño como el anterior, pero con el mismo parecido. Algunos muebles algo derruidos adornaban aquí y allá, además de un par de jaulas que contenían peludas bestias. Cuando la luz de la antorcha los bañó pudo notar también los dientes y el brillo en los ojos. Lobos.
El caballero notó de pronto el sonido del tensar de un arco. Se trataba de un goblin, que le apuntaba directamente. Su mirada fue del arquero a otros dos pequeños, que se movieron furtivos hacia las jaulas.
Sus movimientos se vieron enlentecidos por el trauma físico sufrido en la recámara anterior, por lo que esta vez se quedó en su sitio mientras Tentrei se movía rápidamente para terminar a uno de los goblin que habían ido abrir las jaulas. La saeta entonces se liberó del arco, y fue Egil quien como un suspiro la desvió con su hoja.
Rimbaud, todavía con la espada en alto, atinó a correr para cerrar la distancia entre el goblin que quedaba y él. Su mandoble llegó justo a tiempo para ser descargado en la espalda color aceituna de la última alimaña con vida. El hierro negro se manchó de sangre. Lo usual hubiera sido limpiar la hoja con los ropajes del muerto, pero el pequeño vestía un andrajo tan sucio que hubiera manchado aún más la espada en vez de limpiarla.

Al parecer el peligro había sido neutralizado de forma rápida. Aunque todavía quedaban los dos fieros guardianes enjaulados.
Hay que matar también a los lobos. —Comentó secamente, viendo como los animales trataban de arrastrar los cuerpos ensangrentados hacia dentro de sus jaulas.
El divium de una sola ala pareció bastante molesto con el comentario, pero aunque pareciera frío o siniestro, era necesario. Sin embargo, el caballero no quiso darle vueltas al asunto, a fin de cuentas, él tenía una protección natural contra ellos.
Como desees, Tentrei. Yo no soy el que anda con las pantorrillas sin protección. —Avanzó sin decir más hasta el lugar hacia donde había huido el último goblin. — ¿Listos?
Se colocó en posición de ataque y entró por la puerta en donde había entrado el arquero herido. Se trataba de otro túnel. Poniendo sumo cuidado, se quedó un par de segundos con los ojos bien abiertos hasta que su vista se acostumbró a la penumbra del lugar. Se fijó en alguna cuerda, una piedra sospechosa, algo fuera de lugar. Finalmente dijo.
Andando. Terminemos con esto.
Al notar las cuerdas, Egil comentó la existencia de las cuerdas sobre su cabeza.
Hush —musitó, para que el otro hablase más bajo—. A mí tampoco me gusta —levantó su espada y revisó qué tan tensa se encontraba haciendo uso de la parte sin filo—. ¿Qué crees? ¿La cortamos?
Una negativa. Entre ambos acordaron avanzar lento y seguro hasta el otro extremo de la sala sin hacer nada que les expusiera.
Sea. —El caballero miró un momento hacia atrás y luego continuó hasta el otro lado del túnel, hacia la luz.

La siguiente recámara se encontraba bien iluminada, por lo que les fue fácil a todos reconocer las figuras que había dentro.
El olor a vino y carne asada impregnaba el antro, pero lo que realmente llamaba la atención era el alto y nervudo goblin en el centro, una bestia peluda y bien armada, que bramó una orden, haciendo que los otros tres que lo acompañaban disparasen a discreción.
Era imposible evitar los tres disparos, su armadura aguantó bien dos de ellos, pero el tercero se incrustó en una de las abolladuras que había recibido producto de la trampa de rocas, rompiendo aún más la trizada quitina, hiriendo su pecho.
Al ver que los disparos no habían sido suficientes, el goblin deformó su rostro en una mueca de furia y sin mayor esfuerzo tomó del costado de donde se encontraba uno de los troncos, afilados al punto de parecer rusticas lanzas gigantes, y lo lanzó contra Rimbaud.
El tiempo pareció detenerse, a uno no le suelen enseñar a detener jabalinas de cuarenta kilos en las clases de esgrima. El caballero tuvo que improvisar, y tirando su espada para tener ambas manos libres, desvió el misil el proyectil mientras soltaba un grito en que se mezclaba el odio y el miedo por igual.
La punta afilada del tronco estalló en astillas y algunas rocas pequeñas cuando terminó estampándose contra la pared, para luego rebotar en el suelo y girar hasta ir a parar cerca de los pies de uno de los arqueros.

Las manos le temblaban, y los brazos le dolían por el esfuerzo. Su pecho seguía siendo una punzada ahí donde la última flecha le había dado, y las abolladuras en su cuerpo no estaban ni cerca de sanar pronto.
Aun así, se armó de valor al ver que Egil se añadía a la batalla, lanzando la antorcha para evitar que el gran goblin no siguiera en su andanada de lanzas. Tentrei también, desde atrás, había logrado hacer sonar su laúd para, con su magia, terminar con dos de los arqueros.
Aquello pareció insuflarle fuerzas. Inspiró con fuerzas y se preparó para recoger su espada, cuando el goblin peludo lanzó un grito horrendo y cargó en contra de Egil, quien justo a tiempo evitó la maza de aspecto más horrendo. El caballero, sin su arma, aprovechó la cercanía de su oponente y le lanzó un puñetazo en dirección a su rostro, encontrando un espacio vacío.

Egil le gritó, instándolo a recoger la espada a tiempo que buscaba un punto ciego en la guardia del goblin, quien además de la maza también se encontraba armado con un escudo y una protección de cuero endurecido.
Tentrei se unió a ellos, lanzando la extraña cadena que hacía bailar con su música. Aprovechando la distracción y con su mandoble de nuevo entre sus guanteletes, lanzó un tajo buscando la cabeza de quien parecía ser el líder de aquella manada de bestias verdes.

El líder detuvo el espadazo haciendo uso de su negro escudo, para luego librarse también del ataque de Egil. Su rostro parecía confiado, furiosa y orgulloso a la vez. Dio un salto hacia atrás y con un ágil movimiento cargó en contra de su compañero, impactando en su armadura.
El golpe le había hundido un poco la armadura en el pecho, pero seguir en pie era prueba suficiente de que no le había hecho nada grave. Rimbaud se preparó para atacar. Con la espada en guardia, comenzó a moverse en círculo, rodeando al líder para poder aprovechar que le superaban en número.
No podrá bloquear dos ataques al mismo tiempo —dijo al otro caballero—. ¡Terminemos con este cabrón!
Al lanzarse de nuevo, su ataque terminó fallando miserablemente. El cuerpo no le dolía, pues la adrenalina lo mantenía alerta y presto para el siguiente movimiento, pero estaba claro que su rapidez había sido mellada en el avance hacia el interior de la cueva. A pesar de ello, Tentrei había logrado herirlo. Si continuaban así, al menos lo podrían vencer con pequeños cortes en zonas blandas, lo que inevitablemente lo terminarían enlenteciendo.
El líder de los goblin pareció pensar también en ello, y cargó esta vez contra el divium.

Lanzando un grito, el caballero cargó nuevamente, esta vez apuntando la punta del mandoble hacia la espalda del goblin. Esto no evitó que el grandullón estampara contra la pared a su compañero, pero al menos dañó su escudo y lo dejó inútil.
Entonces otro de los cuchillos de Tentrei terminó en el cuerpo del líder. Esta vez sí logró ser efectivo, de tal manera que la maza cayó cuan pesada era contra el suelo de piedra, llenando de un sonido sordo el lugar.

Rimbaud sin bajar la guardia se acercó lentamente, viendo que el goblin parecía ya fuera de juego, pero sin darlo por sentado.
El hombre que hizo tratos con su gente, ¿cómo se llama? —A pesar del cansancio que lo embargaba, su voz sonaba amenazante.
La risa brotó del goblin, vil e irónica como lo era su sonrisa. Tentrei se acercó a él y le quitó los cuchillos del cuerpo. La sangre comenzó a manar con más fuerzas, quitándole los últimos rastros de fuerza al líder de los goblins.
Kherek-nor —le dijo, usando el mismo acento, para luego clavarle la espada en el cuello.
Todo parecía haber terminado. Ya solo quedaba ir hasta las celdas y liberar a las personas.
Si esa cosa me mataba, los iba a acosar desde el más allá. —Comentó el divium, con su característico sentido del humor.
Yo no me hubiera quejado. Tocas bien el laúd. —Acotó el caballero, sintiéndose más relajado.
Se echó a reír por lo bajo mientras todo el dolor que se había acurrucado en algún sitio en su interior ahora lo apresaba como la mordida de un dragón.
Se quiso acercar al suelo para descansar. Con una rodilla en el suelo, se apoyó en el suelo y respiró lentamente para recuperar el aliento, al tiempo que observaba con detención el escudo roto. El material era liso, y no parecía pintado. Al notar que la pieza no era metálica la tomó para sí. Al tenerla ya justo frente a sus ojos pudo notar con total precisión que se trataba de una escama de dragón.


Un atardecer, senté a la Belleza sobre mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la insulté.
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Mensaje por Egil el Vie Mayo 10, 2019 6:28 am

Ubicación: Guarida del Clan Aguasucia.
Interacción: Rimbaud, Tentrei, Goblins, Gorrunk.
Mención: Lobos, Prisioneros.

Al azar la antorcha pude ver un horriblemente complicado sistema de cuerdas, nudos y demás en el techo, extendiéndose y enredándose entre las estalactitas, saliendo de agujeros cercanos al lugar. Entrecerré los ojos viendo a los agujeros... pero no, por allí no cabrían humanos ni en chiste.

Pausé pensando un momento, y viendo los alrededores. No había camino obvio a seguir, por los huecos no se podía pasar, así que...
Entonces, el buen caballero habló.

Sonaba como un plan. Pasé la vista por varias pieles, recordándole a mi nariz que algo que lucia tan mal debía oler (y olía) aún más pésimo. Con algo de aversión a respirar o siquiera tomar una de esas mantas tome mi espada del suelo y miré nuevamente al techo en cuanto Rimbaud descansaba en una pared.
Tiene pinta de que no va a caer nada más de arriba. Por ahora. No te muevas, veré si lo que dices resulta cierto —me di vuelta, iluminando hacia mis alrededores lo máximo que me permitía la antorcha.

Al ver las pieles pude reconocer la de los conejos y lobos, que no eran tan... raros, en mi lugar de origen. Habían otras pieles que no podía decir con exactitud de que eran, podrían bien ser también de conejos, pero por el tamaño tenía mis dudas, y no me parecían de lobos porque esos tonos oscuros no er...
Ilumine más de cerca una de esas pieles con la antorcha. Y arrugue la cara. No eran "tonos oscuros" tanto como pura suciedad pegada a la piel, ya endurecida después de quien sabe cuantos días, o años. Junto a la suciedad la acompañaba un hedor un poco más desagradable que el resto, era eso, o mi nariz ya estaba afectada por el hedor del lugar y todo me olía feo.

Aleje la antorcha de esa piel y seguí buscando con la mirada. Había una piel particularmente grande, y que lucía relativamente limpia. Al menos comparada a la cochinada de la piel que acababa de ver. Me acerqué a ella por curiosidad e intuición a partes iguales, si había un pasadizo secreto, tenía que estar detrás de la piel grande. A más me acercaba, más podía diferenciarla del resto de las pieles, se trataba de una de caballo... Para lo que sabía, quizás era una nueva adición a la colección de los goblin y esa piel se la habían sacado a algún caballo de la granja al cual mataron.

Mi andar hacia la piel fue lento. Algo paranoico, se notaba en como iluminaba arriba, abajo y a los lados con una diligencia que hubiese venido muy útil hace un techo cayéndonos encima atrás. Más nunca iba a sucederme eso, jure para mí mismo. Por cada paso esperaba un "click", un "crack"... alguna mala señal que me indicase que en los próximos instantes también necesitaría recostarme de una pared.
O estaría muerto.

Sin darle muchas vueltas, una vez al frente di un corte lateral sobre la piel para enterrar el filo de la espada, y con un poco de apoyo de la otra mano terminé de rasgarla. Suspiré al encontrar dura, fría pared detrás de ella.
Chicos. Conseguí piedra —dije en tono algo monótono.
Rimbaud me instó a continuar, y asentí de vuelta para continuar con la búsqueda, pinchando más pieles. Lo que quedaba de ellas al menos. A cierto punto ya me estaba desagradando más el hecho de tener que estar cerca de ellas por el olor que no conseguir nada detrás de las mismas.

Concentrado en la búsqueda, y en bloquear lo máximo que podía el olor mentalmente, no escuché a Tentrei salir corriendo. Iluminé los alrededores un poco con la antorcha, y aunque me extraño al principio no ver al divium me atención se desvió a Rimbaud cuando el caballero analizaba el sistema de cuerdas que yacía sobre nosotros.
Hmmm... —alcé la mirada en cuanto el caballero preguntó, intentando sacar algo de la cuerdas que ahora sólo sostenían débilmente un par de rocas que quedaron colgando de ellas—. ¿Aparte de que se caigan las pocas rocas esas pocas rocas...? No mucho —aseguré, antes de que me invadiera la pequeña duda que a veces me invadía con estas cosas—. No estoy seguro.

Revise sólo un par de pieles más, antes de escuchar unos pasos y darme vuelta en guardia—bueno, casi en guardia—, notando que era el divium que había regresado. No sabía de donde, pero sabía que al menos no estaba allí antes, ya se me había hecho raro no haberlo visto deambulando por el lugar con las pieles también.
Suspiré, y pretendí que no me vio asustarme, y seguí buscando.

Tras no encontrar nada en la siguiente piel de nuevo me rendí un poco, viendo a Rimbaud deambular por el lugar como si adivinase. Cuando se acercó y reviso unas pieles que estaban en teoría a mi lado derecho que ignoré durante toda mi búsqueda en insistencia de ver el resto de la pared adyacente a la que ya había buscado, me lleve la mano a la cara, suspirando otra vez. No es que no me alegrara que ya hubiese dado con el pasadizo, era más que me sentía algo estúpido de no haber buscado para ese lado.

Me acerqué hasta el caballero que mantenía la piel en alto para mí y Tentrei. Al ver dentro del túnel pensé que habría más bifurcaciones después de esto, y el lugar terminaría volviéndose un laberinto.
Entonces... ¿cómo sería esto si saliéramos corriendo? Hacia atrás… y estando viendo hacia tras, sería como mirar al frente, y a la derecha. ¿No?—Entré primero al túnel mientras Rimbaud hablaba, iluminándolo con la antorcha. Asentía algo distraído a sus explicaciones, viendo arriba y a los lados en busca de más malditas trampas en el lugar.
Al no ver nada sospechoso, comencé a avanzar lentamente tomando la delantera. No me duro mucho tiempo, pues el caballero se adelantó para liderar el avance nuevamente. Me preocupé por su comentario, si mi memoria no me fallaba, era él que más golpes se había comido antes cuando estábamos en el asunto del huevo, y ahora se había comido medio techo él solo.
¿Seguro...? —me detuve al verlo colocarse al frente—. No quisiera verte sepultado otra vez.
Rimbaud respondió con seriedad en su voz.
Está... bien —lo deje ir adelante. Tampoco era como que iba a obligar a alguien a dejarme ser quien estuviese más expuesto a peligro.

Continué avanzando detrás de Rimbaud y a su vez con Tentrei detrás de mí, intentando iluminar los alrededores con cuidado para evitar que se diera la situación de "uno crítico". Por la falta de comentarios lo noté algo pensativo, y me puse a pensar también. No me explicaba aún como él tenía los ojos tan afinados a la oscuridad, ni si de hecho le estorbaba más ver con la antorcha que sin ella.

No pude llegar a teorizar mucho más que o se trataba de un extensivo entrenamiento para situaciones así, o tenía alguna condición especial en los ojos. Ahora que lo pensaba. ¿Los elfos no podían ver en la oscuridad? ¿O eso era un mito? ¿Rimbaud era un elfo? ¿Medio-elfo? Ciertamente, no era un asunto de no haberlo visto sin armadura, ni siquiera lo había visto sin yelmo. Por el racismo de algunos lugares, si se trataba de un elfo quizás era una decisión inteligente ir con sus orejas puntiagudas tapadas. Aunque no tenía seguridad de que Eremnios fuese racista.
Cuando todavía formulaba suposiciones sobre quien descansaba detrás de la armadura, arribamos a una nueva sala, una grande, calculé por encima que quizás el doble de la de las pieles. Con la poca luz que proveía la antorcha pude notar unos pocos petates por el lugar, y a un trío de goblins en unos muebles que no lucían muy cómodos, pero no era el mejor momento para criticar su selección de muebles para la cueva. Casi nada tuvimos adentro de la sala cuando unos gruñidos empezaron a venir del centro de la pared que teníamos al frente, no tuve necesidad de ver en esa dirección, conocía esos rugidos. «Lobos.» me queje dentro de mí mismo, viendo en dirección a las bestias enjauladas.

Tan pronto como rugieron los lobos corrieron dos goblin a liberarlos. Uno de ellos tomó su arco y una flecha, listo para dispararle a uno de nosotros. Naturalmente, pensé que el blanco sería Rimbaud, así que salté adelante del caballero en un afán porque no se lastimase todavía más nada mas entrar a la sala. Pero el divium se adelantó, y cuando vi el primer proyectil en volar no fue la flecha del goblin, sino uno de esos... cuchillos raros que llevaba Tentrei encima. Atinó horriblemente sobre uno de los goblins que intentaba abrir la jaula, matándolo en el lugar, lo que provoco una sonora celebración del divium.

Devolví mi vista al goblin que nos apuntaba y lo vi mover ligeramente el arco. Alce la espada en guardia y en cuanto soltó la flecha salté a un lado, desviándola con el lado plano de la espada. Con algo de suerte, porque no estaba seguro de a cuál de mis compañeros le dispararía hasta que ya había disparado.

Un gruñido me hizo desviar la mirada hacia las jaulas donde descansaban los lobos, y cuando pensé en moverme vi a Rimbaud cerrar la distancia con una velocidad impresionante, todavía más al considerar su armadura y lo que le había sucedido recientemente. Su mandoble alcanzó al goblin que restaba antes de que pudiese lograr su cometido, viendo rápido fin a su vida.
Desvié la mirada una segunda vez, viendo al maldito que restaba intentando escaparse. Iba a perseguirlo, pero Tentrei fue más rápido de nuevo con sus cuchillos.

Al verlo darle al goblin cometí el error de detenerme, pensando que ese también se desplomaría muerto al suelo. Luego de retorcerse y chillar en dolor, siguió avanzando dejando atrás tan solo su rastro de sangre.
Ya lo alcanzaríamos. Caminé hacia las jaulas al escuchar la propuesta de Rimbaud, dispuesto a seguir con ella. Vi como los lobos jalaban adentro lo que podían alcanzar de los goblins muertos y despedazaban la carne todavía más dentro de sus bocas, brotando más sangre. Moví la espada, listo para apuñalara uno, pero me detuve al escuchar un gruñido del divium.
Si son simples lobos capturados y hambrientos... No creo que estén precisamente de nuestro lado tampoco. No tomemos el riesgo —insistí intentando hacer cambiar de parecer al músico.
Más negación. Sin embargo, esta vez la petición de Tentrei fue dada con una inusual seriedad, mostrando que al menos a él le importaba mucho este asunto. Me sentí obligado a aceptar ante eso.
...Ok —subí los hombros—, pero no tenemos tiempo para andar amarrando a tus mascotas. No vine aquí por lobos. Avancemos mientras tenemos luz, y luego nos arrepentiremos cuando los liberen, veamos ojos amarillentos en la oscuridad y nos arranquen una pierna de un mordisco.

El divium no me dijo nada y solo nos miramos en un incómodo, quizás hostil silencio. Corte la mirada cuando Rimbaud camino hacia el lugar por el que había huido aquel goblin, y lo vi ponerse en guardia. Quizás eran sus afinados sentidos guerreros, o simplemente le era obvio que nos encontraríamos con más oponentes en el siguiente lugar, así fuese porque hace poco había entrado un goblin gritando.

Inhale profundamente, no estando muy deseoso de saber cuántos compañeros podría tener el que huyó al otro lado.
Detrás tuyo —camine hasta allí, poniéndome atrás de él en guardia—. Recuerda, trampas... no corras —le advertí, temiendo que fuese a avanzar acelerado para finiquitar el asunto.
Al escuchar la voz de Tentrei, me di vuelta y lo vi señalando la antorcha. Tenía razón... llevaba mucho encendida. Pero ya estábamos aquí.
Sí... Supongo. No me importa mucho, si ustedes entran cargare adentro. A este punto, quizás sólo por saber si la familia de Millivent sigue viva o no.
Me di vuelta y seguí al caballero. Otro túnel más. Al final de este, sin embargo, nos esperaba luz. Un pequeño escalofrió me recorrió la espalda, si los goblins podían ver en la oscuridad, ¿por qué tendrían luz más adelante?

Alce la antorcha, iluminando arriba para encontrar más cuerdas atadas de forma compleja en un raro sistema que atravesaba el techo, y parecía ir más allá, adelante y al final del tunel.
Hay luz al final del tunel... y esta cuerda... ¿va hacia allá, Rimbaud? No me gusta —comenté mientras avanzaba lentamente con él, viendo todavía arriba.
En cuanto hablé fui regañado, me di cuenta al instante de que me había pasado con el volumen de voz y que debía reducirlo, al ver como Rimbaud procuraba no hablar demasiado alto. Alzó su espada hacia las cuerdas para verificarlas con la parte sin filo, y me preguntó que opinaba sobre cortarlas.
No estoy seguro de que sea buena idea... Si el goblin que se desangraba paso corriendo por aquí en pánico no creo que haya tenido la cautela de evitar trampas —razone—. Avancemos algo más, tú ve al frente y abajo al rastro de sangre, y yo seguiré iluminando arriba. Si la sangre rodea un punto de forma muy curiosa probablemente sea una trampa… y si no, igual creo que llegaré a ver las rocas antes de que estemos bajo ellas. No me apetece descubrir que quizás las cuerdas estén sosteniendo más que piedras.
El caballero afirmó y luego de echar un vistazo atrás, continúo avanzando cauteloso, conmigo y Tentrei atrás de él.

Rápidamente llegamos a una segunda recamara porque sólo era avanzar en línea recta, y una profunda alegría me invadió al ver antorchas en el lugar. Era como un regalo de los dioses. Incluso había mejores muebles, casi como si me hubiesen oído quejarme de los muebles anteriores.
Lo único malo es que con tanta antorcha podía ver muy claramente tres goblins con arcos, apuntando en dirección a Rimbaud. Había un cuarto, pero no le llamaría goblin a ese, midiendo casi los dos metros, todo peludo y usando armadura.

¡Kherek-nor! —fue gritado al instante por el peludo, a su señal los arqueros ya estaban disparando, y él estaba tomando una jabalina, la cual lanzó poco después de que las flechas volaran.
«Mier-» no tuve demasiado tiempo de pensar, para ese momento dos flechas no representaron demasiado para la armadura del caballero. No vi la tercera, porque tenía los ojos enfocados en el maldito tronco que estaba volando hacia él, por suerte logró desviarla hábilmente. Cuando el tronco impactó con una pared no pude evitar ver como caían unas pequeñas piedritas. No estaba deseoso de saber cómo era recibir un impacto de esos de lleno.

Salté adelante en cuanto eso sucedió, intercambiando la espada y antorcha improvisada de manos para poder quedar con la vaina en mi mano dominante, y entonces se la lancé al Osogoblin de forma no muy distinta a una lanza, intentando darle con la punta en llamas.
El ser se probó hábil, y con su escudo hizo a un lado mi disparo como si de nada se tratase.

Fruncí el ceño, entendiendo que cuanto menos no sería un oponente sencillo por lucir como un goblin. Antes de poder hacer algo más las notas del laúd de Tentrei invadieron mis oídos. Luego, sus insultos, lo que me informaba de que había matado a un par por la risa maniática que descargaba el alado.
No se comió el... —iba a informarle al caballero sobre como el Osogoblin no se había tragado el anzuelo, pero justo en ese instante la criatura soltó un grito y corrió en mi dirección.
Pelé los ojos al ver la velocidad con la que se acercaba y como sostenía el mazo en alto. Usando la espada como una regla, apunte al frente para establecer y medir distancia, esperando al momento que el Osogoblin estuviese en rango para saltar a un lado y esquivar el mazo, que chocó contra el suelo en un fuerte estruendo.

Rimbaud, al estar próximo al goblin, aunque desarmado, se acercó e intento clavarle un feroz puñetazo a la cara. El Osogoblin—que había dado su nombre, "Gorrunk", en tercera persona al amenazarlos de muerte—logró evitarlo.
¡Busca tu mandoble! —le señale con la cabeza al caballero, mientras intentaba rodear a Gorrunk para encontrar un hueco en su armadura y apuñalar su pierna.
En ese mismo instante una cadena de Tentrei voló hacia Gorrunk, , burlando su defensa con la flexibilidad de su arma y cortándolo un poco en brazo y espalda. Esperé que la cadena del divium se retirase para atacar, pues no quería arriesgar enredar mi arma ni dañar de alguna forma la de Tentrei.

Cuando la cadena había hecho su trabajo el caballero volvía con su pesado y oscuro mandoble, siendo recibido por el igualmente negro escudo que portaba el Osogoblin. Vi mi oportunidad allí y salté adelante, intentando apuñalar su pierna. No sentir impacto fue extraño, me detuve procesando lo rápido que era el infeliz y, cuando voltee intentando seguirlo, ya era tarde.
El mazo volaba hacia mí en un arco, intenté apartarme a un lado pero me dio por encima del peto, empujándome atrás y solo salvándome de no recibirlo de lleno por el torpe paso que di a un lado en un intento de esquivar.
Un sonido ahogado escapo de mi boca por el aire perdido y me tambalee un poco, llevándome una mano a un costado incapaz de siquiera insultarlo de vuelta por el golpe. Cuando rocé con mis dedos el lugar donde ahora yacía una abolladura aleje la mano por reflejo al sentir el agudo dolor en el área. Posiblemente me había lastimado alguna costilla.

La voz de Rimbaud me sacó de mi pequeño trance de dolor, y recuperando mi aire intenté asentir cuando propuso atacarlo a la vez para que no tuviese oportunidad de defenderse. Acomode mi postura y cargue adelante, cortando hacia el brazo con que Gorrunk sostenía el escudo para intentar mellar su defensa.
No distinto del ataque anterior, el líder de los goblins se probó un oponente temible, evitando ambos ataques con más gracia y agilidad de la que querría admitir que un goblin sobrecrecido y con más pelo podía tener.

Por la posición en la que terminé mi ataque vi al estómago de Gorrunk, y como sangraba, con un cuchillo yaciendo clavado en su armadura. Era definitivamente uno de los de Tentrei, ¿pero en qué momento ese divium le había dado?
No importaba. Era bueno saber que al menos Gorrunk también la estaba pasando mal. Y quizás por eso, Tentrei debía pasarla peor. Aprovechando que estábamos dispersos el Osogoblin cargó hacia el músico. Imaginé como el Osogoblin tomaría al divium herido y le arrancaría el ala que le quedaba antes de matarlo, no podíamos permitir eso.

Posé mi mano sobre el arma, concentrando energías nigrománticas en ella, denotándose por una pequeña aura sombría que recubrió el filo. Apunte con la espada al frente y sostuve el filo justo al inicio, apretando con fuerza pero no de forma exagerada. Entonces cargué adelante, empujando la espada con ambos brazos para dar una puñalada más fuerte y sobretodo, más precisa, en la espalda del maldito.
Aunque arribe demasiado tarde para evitar que clavara al divium contra una pared, al haber cargado al mismo tiempo que Rimbaud el Osogoblin se vio obligado a desviar el mandoble del caballero con su propio mazo, y recibirme a mí con su escudo. Por el encantamiento, el escudo empezó a arrugarse en una manera que cayó de sorpresa tanto para mí como para el Osogoblin, pues nunca había visto metal... marchitarse, de esa manera.

En esos momentos de distracción, Tentrei lanzó un cuchillo desde su posición atinando a la espalda del Osogoblin, y sentí el peso venirse hacia adelante. Me retiré unos pasos y la masa de músculos, pelo y habilidad combativa cayó al suelo, inundando la instancia con un momentáneo sonido seco que se vio reemplazado por las respiraciones ajetreadas de mis compañeros y la mía propia.
Rimbaud, que parecía el más compuesto de nosotos se acercó a Gorrunk con su guardia en alto, y empezó a cuestionar al ser.

El dolor de mí costado, el ardor de los pulmones y músculos por la intensa pelea y el sudor, junto a un ligero tambaleo en mi cabeza me pusieron algo ausente unos segundos, todo hasta escuchar una risa vil viniendo del ser. Alcé la mirada para ver al Osogoblin ahogarse con su propia sangre, y desviar la mirada hacia un rastro de sangre que iba a otro túnel que llevaba más profundo a la cueva.
El divium se levantó y retiro los cuchillos del goblin, dejando fluir con mayor libertad la sangre. A Rimbaud sólo lo vi alzar su mandoble, antes de imitar el acento del goblin y clavarle la espada en el cuello. Una pequeña sonrisa se me dibujo en el rostro, pues fue algo gratificante ver una espada alcanzar la piel de ese bastardo, aunque ahora estuviese muerto.

¿Había terminado...? Dirigí la mirada otra vez hacia el rastro de sangre, y al túnel al que llevaba, pero negué con la cabeza, desviándola a las jaulas donde estaban atrapadas las personas. Ellos eran la prioridad. Al escuchar el comentario de Tentrei sonreí nervioso, volteando a ver como hablaba con Rimbaud y comenté para participar en la conversación.
Yo repentinamente siento alegría de no haber matado a los lobos y haberme ganado tu furia.
Aunque era más por bromear, una parte de eso iba en serio. Vi hacia los cádaveres de los arqueros, y uno estaba irreconocible. Divium enojado = malo.

Me agache silenciosamente colocando una rodilla en el suelo y corte a un costado de Gorrunk, para acostar la espada en el charco de sangre. No me encantaba, pero... cosas de acero vil. Sólo quedaba liberar a los prisioneros y largarse de allí.
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Mensaje por Tentrei Iskusstvo el Sáb Mayo 11, 2019 8:48 pm

Frente a nosotros se abrió una nueva recámara, pero no la detallé demasiado. Un pensamiento diferente surcó mi mente; necesitaba al menos una de mis cadenas si quería ser de utilidad, y no estaba seguro de que continuando el camino lograría recuperarla.

Discúlpenme un momento. —con el primer comentario de Rimbaud, salí corriendo hacia donde estábamos antes, saltando escombros y guiándome con la escasa luz que se filtraba de la antorcha. Pegado del muro con zanjas, me incliné a tomar mi arma, sabiendo que me sería útil en el camino, y me devolví con el mismo paso apresurado, enrollando el arma en mi mano pero sin guardarla. De regreso pude escuchar a las pequeñas monstruosidades celebrando y maldije hacia mis adentros. No, no se saldrían con las suyas, iba a recuperar mi cadena. Entré victorioso de nuevo a la habitación

Ahora sí, ¿En qué estábamos?

Para cuando llegué, Rimbaud ya había conseguido un camino, así que me limité a seguirles; primero pasó él, luego Egil y de último entré yo. La formación era infalible, tenía un muro humano delante de mí. Un par de metros más allá había tres goblins esperándonos. Dos de ellos corrieron a liberar lobos, el otro se quedó a dispararnos. Madre de los instintos, tomé un par de Haladie, lancé uno al goblin de la izquierda, el cual se clavó en su espalda y en seguida cayó inerte. Consciente del ataque, el arquero intentó dispararme, pero Egil desvió la flecha

¡JÁ! —celebré al darle al primer goblin y cuando Rim mató al segundo. Al ver al tercero huir, lancé otro Haladie en su dirección, pero el desgraciado fue demasiado rápido o ágil, y sólo logré herirlo.

Gruñí sonoramente al ver al Goblin escapar y caminé a recoger mis dos cuchillos, mirando con lástima los lobos. No había motivo para matarlos.

No, ellos no han hecho nada. Además, si se sacian con los goblins, quizás hasta podamos liberarlos.

Tanto Egil como Rim insistían en deshacerse de los animales. Me pasé la cadena por el hombro, apoyando el filo en mis hombreras de cuero para evitar cortarme, y empuñé ambos cuchillos en dirección a los caballeros.

Ni se les ocurra. —mi voz, por una vez, se llenó de seriedad.— Podemos asegurar las jaulas, si temen que otro goblin los libere. 

Hubo silencio. Intercambié una mirada asesina con ambos. Me guardé ambos Haladie y colgué la cadena del bolso. Tomé el laúd de mi espalda y comencé a tocar notas sueltas sólo para comprobar que estuviera afinado. Los caballeros comenzaron a adentrarse en el túnel por el que había escapado el goblin.

Los sigo. —comencé a caminar hasta Egil, pero me detuve en seco y carraspeé.— ¿No tiene demasiado tiempo encendida ya? —señalé la antorcha— Quizá sea mal momento para.... Saltar a otra batalla.

No le pusieron demasiada importancia al asunto, aunque por fortuna, en la otra habitación había luz de antorchas. Genial.

¡Kherek-nor! —escuché al osogoblin antes de asimilar que había prisioneros al final de la habitación, y luego del grito lo que había era un tronco volando hacia Rimbaud, que por suerte dio en la pared.  Gruñí, comencé a tocar más fuerte, dando pasos hacia adelante para tener un mejor ángulo. Entonces diez agujas se alzaron; divididas en dos grupos de cinco, apuntaron a dos de los arqueros a la altura de la cara, cuello y pecho, y al tocar una vez más, los proyectiles se dispararon y se clavaron en sus cuerpos. Las criaturas se retorcieron de dolor y cayeron inertes.

¡MWAHAHAHAHAHAHA, MUERAN, PERRAS, MUERAN! —Sin embargo, el goblin que quedaba en pie tenía planes para mí; tensó su arco y me disparó.— AAAAAAAAAAH, ¿POR QUÉ SIEMPRE EN LA MALDITA PIERNA?

Gruñí, grité, y descargué la misma ira en mis notas, encantando la cadena para que intentara atravesar al goblin que me había disparado

MUERE, MUERE, MUERE, MUERE —La cadena voló, cortando con su paso la piel del goblin y enrollándose en él como una boa, y siguió moviéndose hasta que su cuerpo cedía ante los filos, y terminó cuando no hubo más que piel desgarrada y sangre donde estaba la criatura. Su pequeño cuerpo quedó irreconocible, habría sido difícil saber si era un goblin o un niño quien había sufrido tal destino, y continué tocando, cojeando hasta el muro del túnel para apoyarme y descansar la pierna, y dirigí la cadena hacia el osogoblin, con la misma intención de carnicería que tuve con el goblin. 

Podía escuchar a los caballeros dándose órdenes y luchando, pero mi cabeza estaba llena de ira, y no pude procesar nada más que mi sed de sangre goblin; mi cadena se movió y danzó hasta la criatura, haciéndole cortes en el brazo y la espalda. No era suficiente. Lo quería muerto. El hechizo cayó, sostuve el laúd con la cola y tomé dos Haladie. Cojeé otra vez para tomar un ángulo más libre y aproveché que el osogoblin estaba atacando a Egil para lanzarle uno de los cuchillos, y éste se clavó en su estómago. Me reí nuevamente, pero la risa no duró demasiado. Había una masa pestífera de pelo corriendo hacia mí y no pude esquivarlo; me embistió con todo lo grande que era, y fui a parar al otro de la habitación, pegando contra el muro y quedándome sin aliento. En el proceso pude escuchar -y sentir- mi ala cediendo ante el impacto, el frágil hueso rompiéndose. Tenía intenciones de gruñir, gritar, saltarle encima y acuchillarlo hasta molerle la carne. Pero a penas estaba recuperando mi aliento. Los caballeros lo distrajeron suficiente para que yo pudiera respirar, y entonces me volví a levantar y lancé mi otro cuchillo. El arma se clavó en su espalda, y por fin cayó. Colocó sus manos en su estómago para tapar las heridas. Pobre iluso.

JÁ. —Canté victorioso, pero a la celebración le siguió una tanda  de tos que decía que no había recuperado del todo el aliento. Me levanté cojeando, mi ala arrastraba en el suelo, siendo que estaba rota desde muy cerca de la base. Me acerqué a la criatura y le aparté las manos de las heridas para recuperar mis cuchillos

Rimbaud intentaba interrogarlo, pero en vano, puesto que la bestia estaba ahogada en sangre y se desplomó tan pronto extraje las armas. Mis brazos se llenaron de la sangre que se derramó al sacarlos, la cual intenté sacudirme sin mucho éxito. Miré a Rimbaud con su intento de estoque final.

Si esa cosa me mataba, los iba a acosar desde el más allá.

Sonreí con su comentario, y luego me permití una risa que volvió a terminar en tos con el comentario de Egil. Desvié la mirada mientras el caballero alimentaba su hoja. La risa se fue. Caminé hacia los goblins muertos para quitarles también las agujas y recoger mi cadena. Mi ala estaba arrastrando contra el piso y dolía como el infierno, y la flecha aún seguía en mi pierna. Tenía que recordarme comprar un buen lote de vendas la próxima vez que fuera a hacer algo heróico. Me arranqué otro pedazo de camisa, dejando no solo la espalda baja sino todo el torso desnudo y suspiré profundo. Me senté en el suelo y mordí la tela mientras me sacaba la flecha, la respiración se me aceleró. Apreté el vendaje improvisado alrededor de la herida.

Malditas bestias del infierno —gruñí— ¿Alguien tiene algo con lo que pueda atarme el ala?




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Mensaje por Amelie Winter el Dom Mayo 19, 2019 1:40 am

Reservado para cuando tenga laptop... Lo siento...


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