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Mensaje por Strindgaard el Mar Feb 26, 2019 5:40 am

I
Oasis

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Desperté. La cabeza me tañía como una campana. Me encontraba recostado en el suelo. Al parecer amanecía, o bien atardecía, pues el cielo oscuro se estaba manchando de un rojo pálido, como sangre enferma, mientras los pocos jirones de nubes que decoraban la cúpula se robaban los rayos del sol, coloreándose de oro. A pesar de que el sol bordeaba el cielo, hacía calor. Al girar la cabeza me encontré con arena, bastante arena, hacia ambos lados. Había algunas dunas con parches de hierba hacia un extremo, y hacia el otro, el mar de arena se extendía hasta perderse en el horizonte.
Desierto. —Logré vocalizar. La mandíbula también me dolía.
Levanté las manos y noté que había perdido mi disfraz. Estaba ahí tirado, en medio de la nada como un demonio, a vista y paciencia de… nadie. Me toqué el pecho y luego la cara en busca de alguna herida. Sentía el sabor metálico de la sangre en la boca y la nuca me dolía al girar la cabeza. Cuando las yemas de mis dedos llegaron a los ojos noté que tenía bastante hinchado el izquierdo, y de ese mismo lado, por dentro de la boca, encontré una herida.
Golpe de puño. —O bien pudo haber sido un bastón o un cayado. Algo más duro me hubiera roto la cara.
Me quedé allí unos cuantos minutos más, simplemente porque me apetecía. El ligero viento tibio traía arena, y los granos se me colaban por la ropa. Admirar el cielo era tranquilizador, pensaba que después de todo un demonio podía disfrutar de cosas sencillas, como una brisa, un sol y un suelo arenoso y mullido, pero bajo esos pensamientos maquinaban otros más complejos, los cómo, los dónde y los cuándo de aquella situación.
La verdad es que por más que intentaba, no lograba recordar nada.

Avancé por casi una hora hasta las dunas. Cojeaba, tenía una herida en la pierna que hace poco se había cerrado, debía tener cuidado con ella. Por su forma, lisa y fina, y el hecho de que entraba por un lado y salía por el otro, debía de tratarse de una herida de espada. O quizá una daga. Me molestó bastante al subir. Además las dunas estaban más lejos de lo que parecía.
Mientras llegaba hasta el lugar amaneció, y yo por suerte iba vestido con una túnica y tules para capear el sol del desierto, al menos me había preparado. Aunque mis razones para estar allí todavía seguían en la nebulosa.
Estuve en silencio allí arriba, observando cómo se acercaba una tormenta por el sur como un titán de arena avanzando con la lentitud de una bestia perezosa. A pesar de mi situación, mi cuerpo y lo que se avecinaba, me sentí aliviado. Al otro lado de las dunas, aproximadamente a un kilómetro de distancia, mi panorama cambiaba bastante. Allá a lo lejos, un mar impetuoso golpeaba las playas de los límites del desierto. Agua, salada, pero agua de todas maneras. Y para mi sorpresa, cerca de la costa divisé una caja de madera rectangular, una casa, de techo chato, hecho de madera oscura y junto a ella palmeras y basta vegetación. Un oasis. Posiblemente en ese lugar obtendría las respuestas que buscaba. De seguro me dirigía hasta ese lugar, o bien provenía desde ahí. Una de esas dos alternativas tenía que ser la correcta, pues, no había otro maldito sitio en cientos de kilómetros a la redonda. Solo desierto a donde mirase.


Última edición por Strindgaard el Miér Mar 13, 2019 4:52 am, editado 1 vez


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Mensaje por Amelie Winter el Mar Feb 26, 2019 7:22 am

Hacía semanas, si no es que meses que lo único que veía a mí alrededor eran dunas de arena, caminaba y caminaba pero era imposible guiarse por el día y por la noche intentaba guiarme por las estrellas pero era difícil puesto que tenía que descansar y por esos lugares la noche se volvía mucho más fría al punto que te calaba en los huesos, impidiendo avanzar tanto como me hubiese gustado.

Mis labios secos y agrietados por el calor, la sed de no poder beber toda el agua que mi cuerpo necesitaba, y las ventiscas con arena que partían no solo mis labios si no que arañaban mi fina piel. Mis rodillas de tanto estar apoyadas sobre ellas en la arena, estaban raspadas y ensangrentadas, y no podía curarme porque necesitaba toda la fuerza posible para salir de ahí.

Mi odre de agua casi vacío anunciaba que tendría que buscar agua pronto puesto que o la encontraba o moriría de sed en unos días. Mientras buscaba el lugar idóneo, el agua que tenía, debía reservarla para cuando ya no pudiera batallar más con la sed, no quería ni debía morir en el desierto de esa forma.

En este viaje no traje a Black."¿Por qué no lo traje? Con el habría sido todo tan fácil…", pero la verdad es que un caballo en el desierto no era la mejor idea y más con la escasez de agua que traía en este momento, el no solo era mi montura, era mi amigo, mi familia si algo le llegase a pasar moriría en ese preciso momento.

Lorien lo había dejado muy claro, este viaje pondría en práctica todo lo que había aprendido en los últimos años junto a él y no solo mis habilidades como arquera, sino todo lo que había aprendido de supervivencia. El clima era muy distinto al de mis bosques de Dhuneden, allá había árboles, animales, se escuchaba el trinar de los pájaros, se veían los peces en el agua, la sombra de los árboles, Ay, como extrañaba esa sensación de la brisa tranquilizadora y fría al contraste del sol tibio en mi piel, mientras dormitaba  en las raíces de algún Sauce Llorón, y los pájaros trinando entre las ramas, mientras de nuevo la brisa juguetona, movía las hojas haciendo una canción la cual me hacía hacer cantar, respondiéndoles a aquellos charlatanes pajarillos.

En este punto extrañaba cada parte, cada piedra, cada hoja, cada sonido, cada gota de agua que había tocado no solo mi boca, si no también mi piel. Suspiré, comencé a sentir en mi pecho la angustia de no poder completar esta misión que Lorien me había encomendado, y la ineptitud de no poder encontrar lo que buscaba, estaba agotada, las piernas me temblaban como nunca antes lo habían hecho, no sabía cómo seguía de pie, el cuerpo apenas respondía a mis intentos fallidos de caminar o a mis movimientos que se habían vuelto torpes, también estaba exhausta, no dormía bien por intentar caminar lo más que pudiera en las noches, pero el cansancio hacía que los últimos días casi no pudiera abrir los ojos, esta jungla de arena estaba poniendo a todos mis sentidos más lentos, pesados y a prueba en todo sentido, muchísimo más de lo que estaba acostumbrada.

Me senté por un momento en la arena, volví a tomar un trago de agua pero esta estaba tan caliente que no me calmaba la sed sino más bien me provocaba mucha más ganas de beber. Un sollozo, con alguna que otra lagrima salió de pequeño y débil cuerpo. Me sequé las lágrimas como pude, no podía sacar agua de mi cuerpo en esas circunstancias y volví a sacar de mí una voluntad quebradiza de seguir adelante.

Me puse de nuevo de pie como pude, agarrando mis pertenencias torpemente pero lo mejor que podía. Un par de pasos más adelante lo vi, no, no solo lo vi, lo escuche, lo olí, mas adelante estaba el mar, había llegado al final del desierto, corrí, no sabía si era una ilusión pero prefería llegar hasta allá y averiguar que lo era a seguir en donde estaba y que mi espíritu muera junto con mi cuerpo.

Corrí con todas mis fuerzas y al final llegué al mar, se veía frio, se veía esperanzador, y no era una ilusión ni un espejismo era tan real como yo misma, di vueltas a mí alrededor para ver que podía distinguir. A lo lejos se podía ver una casa, por lo que se podía ver era de madera rectangular, de techo chato, hecho de madera oscura y junto a ella palmeras y basta vegetación, con un oasis al lado, como a trecientos metros o más lejos de mí. Estaba segura que allí encontraría agua y comida y podría seguir mi camino después de haber descansado, entonces decidida, caminé en esa dirección.


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Mensaje por Strindgaard el Miér Feb 27, 2019 5:34 am

Tuve que bajar con precaución y tentada lentitud de la cadena de dunas que separaban el desierto de la costa, mi pierna no estaba para juegos y mi cabeza amenazaba con volver a estallar cada vez que pisaba con demasiada fuerza. La brisa marina que llegaba desde ese lado se sentía como el soplo de Dianthe en mi rostro, enjuagando el sabor de la arena en mi boca, y remplazándolo con el de la sal.
Al llegar al oasis me sentí dentro de un pequeño trozo de Uzuri, entre palmeras, grandes helechos y hierba alta. El trozo de agua era como un espejo y en ese momento reflejaba mi rostro craquelado. Mis ojos en constante brillo azulado se replegaron y desdibujaron hasta que ya no hubo más brillo que el de la luz contra unas pupilas negras. Un rostro humano, de mandíbula recta y cabello negro. Observé mi reflejo unos segundos más hasta acostumbrarme a la ilusión. Me arrodillé en la orilla y di un pequeño sorbo al agua. Pasados unos minutos, luego de verificar que no estuviera envenenada bebí largos sorbos, me mojé la cara, luego la cabeza y el cuello. Estaba fría y refrescante. Después me apoyé en la palmera más cercana y descansé.
Desde donde me encontraba, entre dos helechos, se podía ver la parte posterior de la casa. Más de cerca noté que sus paredes estaban hechas de barro y paja en vez de madera como supuse en un comienzo, el sol del desierto y la brisa marina le habían jugado en contra y en varias partes podía notar que se había cuarteado, o bien, perdido algo del adobe y los ladrillos quedaban al descubierto. Su techo triangular estaba compuesto de hojas de palma, varias de ellas corridas, dejando espacios abiertos.
Parecía desierta, las ventanas estaban cubiertas de tela y no se podía ver hacia dentro, por lo tanto no podía estar seguro de ello, pero su aspecto descuidado le daba un aire espectral.

Dejé pasar algunos minutos, hasta sentirme por completo recompuesto. Eché mano a mi morral hasta que al fin encontré mi odre, pues no sabía cuánto tiempo pasaría hasta la próxima vez que podría llenarlo con agua. Al destaparlo sentí… tenía un olor… indescriptible. Le di un sorbo que quedó dando vueltas en mi boca y luego tragué. Algo regresó a mi mente: era falerno, bastante suave. El que me habían dado a probar en la taberna era el especial, tan fuerte que luego de tres copas se abalanzó por detrás y me dio un mazazo que me dejó borracho hasta el día siguiente. Recordé el desierto, una ciudad, la taberna en donde me habían llenado el odre. Cerré los ojos y traté de recuperar otro recuerdo, pero eso era todo. Bastante poca información, quizá si le daba otro sorbo podría volver a recordar algo, pero con el estómago vacío y en medio de la nada no me serviría de mucho.
Dejé el linde del oasis y me encontré con una mujer, ahí, a unos cuantos metros de distancia. Se había acercado demasiado sin darme cuenta por culpa del follaje y el constante viento que siseaba por entre las palmeras. Al verla noté enseguida que no era una habitante de la casa, pues se veía enormemente cansada, roja por la insolación y con los labios agrietados por la sed. Ella venía del desierto.
Hola —Levanté lentamente las manos para avisarle que iba desarmado y le hablé con un tono calmado y amable—. Ay, estás mal —me atreví a decir—. Ven, acércate. Hay agua más adelante. Se ve que necesitas un poco. —Me hice a un costado, cojeando más de lo que era necesario para no parecer una amenaza. Me apoyé en una palmera y le dediqué una sonrisa cortes—. Mi nombre es Strindgaard. Estamos bastante lejos de la civilización, ¿no crees? ¿Sabes de quién es esa casa?


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Mensaje por Amelie Winter el Miér Feb 27, 2019 5:45 pm

Fui caminando por la orilla del mar, sabía que no iba a poder beberla  puesto que si lo hacía me deshidrataría más rápido aunque mi mente no paraba de jugarme malas pasadas y decirme“vamos tómala, sabes que la necesitas” pero era más fuerte que eso, el viaje que había tenido por el desierto lo demostraba a la perfección, mojé mis manos  en el mar y mojé mi cabello, mi cara y mis hombros, necesitaba sentir el frio en mi cuerpo ya agotado del calor, la arena, el sol, el cansancio y de las frías y largas noches, por suerte el frio del agua ayudó a que mi temperatura corporal bajara más rápido, pudiendo así moverme con más soltura.

Comencé a caminar en dirección al oasis, mis pasos seguían siendo torpes, pero cada vez más seguros de que a donde me dirigía no era un espejismo, La arena mojada hacía que se me dificultara más al caminar por mis pasos torpes, y a la primera que mis rodillas ensangrentadas sintieron la sal del mar, me alejé de este quejándome del ardor en estas.

Seguí caminando por la arena seca sintiéndome algo más estable, me dirigí directo al oasis, mi cuerpo, mi mente y mi espíritu pedían a gritos que conseguir agua. Cuando llegué me sentí en casa, se sentía la brisa fría, las plantas vivas daban esperanza de encontrar agua.

De repente salió un hombre, haciendo que me sobresaltara, con las manos en alto para que me diera cuenta que no iba armado. —Hola—Se veía como un hombre joven de unos 30 tal vez un poco menos, “recuerda, no eres buena calculando edades Amelie”, no tenía barba, su cabello negro era largo y lo traía mojado, de seguro estaba descansando ahí. —Ay estás mal— “¿Tan mal me veo?, está bien que necesitaba descansar pero… ¿Es tan obvio?

Ven, acércate. Hay agua más adelante. Se ve que necesitas un poco.— Me guio hacia donde estaba el agua, noté que iba vestido con una túnica negra que tenía remiendos por algunas partes y estaba hecha de cuero, su ropa constaba de una camisa blanca y sobre esta una túnica de seda y telas de tono azulados, “el sí que está preparado para el Desierto”.

Noté que cojeaba de una pierna, estaba herido pero necesitaba descansar un poco, estaba segura de lo que haría en cuanto lo pudiese hacer, se notaba que él lo necesitaba mucho más que yo y no iba a dejar a alguien herido era la primera regla que me había enseñado Anmela y no le fallaría a su memoria. —Mi nombre es Strindgaard. Estamos bastante lejos de la civilización, ¿no crees? ¿Sabes de quién es esa casa?— Dijo apoyándose en un palmera.

Yo por mi parte fui directo al agua, mojé mis labios cortados, los cuales sangraron un poco al contacto del agua pero era algo normal, en cuanto sentí que ya estaban bien, lo miré a sus ojos negro y también le sonreí—Mucho gusto, Mi nombre es Amelie y sí, estamos demasiado lejos de la civilización— tomé agua con mi odre de agua y bebí el agua con demasiadas ganas, se notaba la sed que traía, volví a hablar después de un momento.

Ni idea de quien sea la casa, vine directo aquí en busca de agua, la mía está tan caliente que no me ha ayudado mucho que digamos, llevo mucho tiempo caminando en el desierto sin ver a nadie, por cierto… perdón que me entrometa pero… ¿estás bien?— dije señalando su pierna coja y sintiendo que había hablado demasiado “tal vez llevas mucho tiempo sin hablar ,con alguien… ha de ser eso”, mientras mojaba mis rodillas y soltaba un ruidoso —sssssss— por el ardor en estas.

El me respondió —Me quitaron el jamelgo y me dejaron esa herida como pago. — Me imaginé si me quitaran a mi hermoso Black lloraría desesperada —No entiendo por qué alguien haría algo así— “¿Dije eso en voz Alta?... Amelie has estado demasiado tiempo sin hablar con alguien” suspiré tal vez no me tomaría por uuna loca charlatana.

Después de curarme mis rodillas con alcohol y vendármelas me puse de pie y me acerqué hacia el — ¿Me permites ver? Tal vez pueda ayudarte— Le sonreí para que entendiera que no iba a hacerle daño, por más armada que yo fuera.


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Mensaje por Strindgaard el Miér Feb 27, 2019 11:13 pm

No entiendo por qué alguien haría algo así. —Me comentó, como si no entendiera los vaivenes de la vida.
Supongo que lo hacen porque pueden. —Dije respondiendo a su pregunta sobre el robo—. El desierto es implacable, pero las personas que viven en él lo son aún más. —Parecía una chica muy inocente, pero por alguna razón debía de estar en ese lugar recóndito. Las chicas inocentes no suelen andarse vagando por el desierto—. No eres de por aquí, ¿verdad?
No, yo vengo de los bosques de Athrad  Daer —No tenía idea de donde quedaba eso, parecía un nombre inventado, aunque sonaba a élfico. Ella no tenía pinta de elfa.
Ella se mantuvo sentada, de pronto mostró sus heridas, unas rojizas manchas en sus rodillas. Asumí que se había rasmillado con algo, puede que arena. No le quise preguntar porque se veía bastante concentrada echando alcohol y vendando.
Pareces buena con ello.
Si, mi madre me enseñó —Me respondió con una agradable sonrisa, como entre triste y orgullosa.
Para cuando terminó se puso de pie con algo de trabajo y se me acercó.
¿Me permites ver? Tal vez pueda ayudarte —Me preguntó, apuntando a mi pierna.
Al parecer no había sido buena idea hacerme el cojo, de seguro notaría que no había muchas razones por las que cojear una vez mirase la herida. Por lo demás, quizá pudiera hacer algo, cambiar la venda por ejemplo, pero dejar hacer eso a una extraña que recién conocía de hace tres minutos no me parecía buena idea
¿Quién era ella, una muchachita inocente, o una prófuga, o una asesina, quizá una archiduque salida de algún infierno? En fin, las posibilidades eran variadas y no podía descartar ninguna. Había visto demasiado de Noreth como para confiar en una cara bonita.

Tranquila, tengo unas buenas nociones sobre medicina. Limpié, cosí y vendé mi herida para que no se infectara. —Le dije con una sonrisa amable, para no desalentarla—. No quisiera hacerte gastar vendaje o alcohol. Yo ya lo tengo controlado.
Tal vez pareciera una muchachita tranquila, pero por experiencia propia sé que las apariencias engañan.
En fin. ¿Te parece bien si vamos a echarle una ojeada a la casa? —le pregunté para desviar el tema—. Me gustaría saber si tiene gente, o algo de comer. Ah, tan solo pensarlo me da hambre. Creo que no he comido nada decente desde días.

Me costó un poco darle la espalda, así que me cercioré de mantenerla a una distancia apropiada y segura a la vez que parecía que no la estaba tratando como si fuera una amenaza. Dejamos la hierba atrás y comenzamos a avanzar por la arena fina de la playa hasta la casa, cerrando la distancia que había entre el oasis y ésta.
¿Hola? ¿Hay alguien? —Dije al estar a unos diez metros de ella en dirección a una de las ventanas cerradas. El viento entraba a través del pesado cortinaje que las cubría y en interior que se vislumbraba era oscuro—. Somos viajeros, algo perdidos.
Al llegar al frontis de la casa noté que había una caña de pescar, una red y un balde al lado de una puerta cerrada. Me acerqué hasta la entrada y aporreé la puerta.
¿Hola? —Pregunté mientras observaba la madera. Esta si estaba hecha de madera de palma, blanca y llena de nudos. Una puerta sencilla para una casa sencilla—. No parece haber nadie —Mascullé. Me di vuelta para mirar a Amelie que estaba unos pasos más atrás, y al voltearme noté a la distancia, en la cosa frente a la casa, había una figura humana, pequeña, chapoteando en las olas—. ¿Eso es acaso un niño? —Pregunté a Amelie señalando a la playa.
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Última edición por Strindgaard el Vie Mar 01, 2019 4:20 am, editado 1 vez


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Mensaje por Amelie Winter el Jue Feb 28, 2019 2:52 am

Al yo sentarme a su lado para curar su herida, Strindgaard pareció contrariado y al escuchar su respuesta la contrariada fui yo —Tranquila, tengo unas buenas nociones sobre medicina. Limpié, cosí y vendé mi herida para que no se infectara. —" ¿si fuera así porque no dejaría que otra persona lo viera? Tal vez podría hacer algo más por ayudarle" —. No quisiera hacerte gastar vendaje o alcohol. Yo ya lo tengo controlado. — Miré sus ojos negros y abrí la boca para protestar pero no me dejó pronunciar palabra puesto que se levantó diciendo  —En fin. ¿Te parece bien si vamos a echarle una ojeada a la casa? Me gustaría saber si tiene gente, o algo de comer. Ah, tan solo pensarlo me da hambre. Creo que no he comido nada decente desde días. — Lo pensé y tenía razón, mi estómago rugía de hambre, y como sea no lo dejaría solo hasta que me dejara curarle — está bien, Vamos a ver la casa, la verdad es que yo también tengo hambre— suspiré y me puse de pie intentando no doblar mis rodillas puesto que aún dolían.

Lo seguí a unos cuantos pasos más atrás, primero por el dolor en mis articulaciones inferiores y segundo para que no pensara que le quería atacar, quería que el confiara en mí, pero tampoco lo podía obligar a ello, sería contraproducente para los dos. Cuando comenzamos a acercarnos el muchacho comenzó a llamar en dirección a la casa intentando averiguar si había alguien, yo mientras tanto estaba concentrada en saber dónde pisaba, el dolor se hacía notar con cada paso y uno en falso sería contraproducente y tendría que curarme a mí misma y no quería eso, Quería curarlo a el, como mamá Anmela me había enseñado, pero si él no quería que lo hiciera poco podría yo hacer.

Fuimos hasta el portal de la casa allí había una caña de pescar, una red y un balde, pero la puerta estaba cerrada. Strindgaard no paraba de llamar en dirección de la casa pero esta estaba vacía  —. No parece haber nadie — dijo el mirandome —Tal vez salieron, digo, una casa en medio de la nada, dudo que no le pertenezca a nadie— miré a mi alrededor a ver si distinguía a alguien cuando Strindgaard pronunció señalando en dirección a la playa —. ¿Eso es acaso un niño? — puse mis manos en mi frente para taparme el sol y poder ver mejor y en efecto había un niño allí. —Si, efectivamente lo es, vamos despacio, se vaya a asustar, tal vez sea su casa — Caminé en dirección al niño, lentamente, calculando cada nuevo paso que daba, ya que dolía más de lo que había esperado. Aun así intenté no hacer ningún gesto de dolor, aunque no lo hacía muy bien.

Miré hacia atrás y Strindgaard iba detrás de mí algo alejado, pero me seguía, después de unos cuantos pasos llegamos hasta el, era un poco más bajito que yo, siendo que yo era realmente baja. Su cabello castaño era largo y lo tenía atado con una cola de caballo,  sus ropas le iban grandes, como si lo hubieran hecho a posta para que creciera dentro de esta sin necesidad de cambiarla en algún tiempo.


—por favor no te asustes, necesitamos que nos ayudes, por favor, ¿sabes quien vive en la casa de allá?— señale en dirección de la casa que habíamos dejado atrás, el niño me miró con sus profundos ojos marrones pero no respondía, sus ojos no tenían expresión alguna y sus labios no se movían. Mi mirada pasó de la del niño a la de Strindgaard a la del niño de nuevo, me agaché a su altura para que no tuviera que mirar hacia arriba, “ ¿para qué haces eso Amelie? No eres tan alta—Por favor, si sabes algo apreciaríamos tu ayuda, estamos perdidos y no hemos comido en días—  Su mirada se posó en la mía de nuevo pero algo no estaba bien, así como estaba mire a Strindgaar —No creo que él nos vaya a contestar nada, aunque siento que algo no está bien— miré de nuevo al niño tomando sus manos con las mías intentando entender que sucedía, mi cabeza comenzó a llenarse de preguntas “ ¿Qué hacía un niño jugando solo en la playa sin supervisión de un adulto?, ¿Por qué no respondía? ¿Por qué estaba tan ido?¿Donde estarían sus padres?¿Por qué lo habían dejado solo? —Vamos a ayudarte ¿si?, no te dejaré solo aquí—En cualquier caso me puse de pie y tomé la mano de el, si estaba solo yo no lo dejaría allí.


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Mensaje por Strindgaard el Vie Mar 01, 2019 4:35 am

Los comentarios de Amelie me parecían tan inocentes que me costaba pensar en que no estuviera actuando. Quiero decir, cuando dijo: Tal vez salieron, digo, una casa en medio de la nada, dudo que no le pertenezca a nadie. Pensé, «Está claro que la casa no cayó del cielo, señorita…» O cuando le comenté sobre el niño, dijo: vamos despacio, se vaya a asustar, tal vez sea su casa… «Kilómetros de desierto y mar en todas direcciones, Ame… Me parecería descabellado que la casa no sea del niño
Esta muchachita sí que me estaba comenzando a preocupar, porque si todo eso de la chica inocente era una fachada, era una muy mala, o bien, si realmente era una chica inocente, ¿qué clase de idea la llevó hasta el borde del mundo?
En fin, cuando avanzó hacia el niño me llevé las manos a la cabeza, debatiéndome si atacarla o no. Si iba hacerlo, ese era el momento adecuado. La tenía de espaldas a mí, no tan lejos, lo suficiente para cerrar la distancia y clavarle una daga en costado. Me lo pensé unos segundos, mientras caminábamos hacia el mocoso.

La brisa marina era fresca y refrescante. Me acomodé las mangas de la túnica y dejé que mi oportunidad se escapara entre los dedos. Sea como fuere, no me parecía tan amenazadora como para no poder lidiar con ella. De seguro podría asestarle una buena puñalada incluso frente a frente. Al menos su condición física en este momento me lo permitiría sin problema. Aun así, después de darle un poco de confianza, me mantuve a una distancia prudente.
Al llegar donde se encontraba el niño no pude evitar llevarme una mano a la cara.
Amelie, dudo que no sepa quien vive en la casa. Es el único niño a kilómetros, frente a la única casa a kilómetros.
El muchacho no respondió, y se mantuvo estoico frente a nosotros. Su mirada no reflejaba miedo o, básicamente, cualquier otro sentimiento.
¿Eres mudo, chiquillo? ¿Sordo? —Le hice un par de señas para que entendiera que estábamos buscando comida y abrigo, pero tampoco hizo nada. Como si no le interesara en lo absoluto nuestra presencia.
Amelie, inmune a la indiferencia del chico, no se dio por vencida.
Vamos a ayudarte ¿Si?, no te dejaré solo aquí.

Suelta al muchacho. —Al voltearnos con el niño, a unos cinco metros nos esperaba una figura femenina que sostenía una condenada escopeta, en alto, apuntando a Amelie—. Ahora.
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Tranquila —Levanté las manos, tremendamente sorprendido por no haberla escuchado cuando se acercó—. No le queremos hacer daño. Nos acercamos porque estaba solo —Le lancé una mirada imperiosa a mi compañera—. Déjalo ir.
El muchacho se soltó de la mano de Amelie, y caminó con tranquilidad hasta la mujer armada.
Oye —le dije a la mujer de la escopeta—, hemos caminado bastante, ya no nos quedan provisiones.
Ustedes no son como los que suelen aparecer por aquí —respondió ella con voz severa—. Aquí nadie llega por casualidad. Este es el fin del mundo, el extremo del oeste de Prado de Fuego.


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Mensaje por Amelie Winter el Sáb Mar 02, 2019 6:28 pm

Acababa de tomarle la mano al pequeño cuando escuché la voz de una mujer a mi espalda –Suelta al muchacho- En mis adentros, por un segundo, pensé que se trataba de su mama, jamás me hubiera esperado que esta tuviera un arma apuntando hacia mi cara-Ahora-

Me quedé congelada sin saber qué hacer hasta que oí por un segundo la voz de Strind dándome la orden de que soltara al muchacho, pero él se adelantó a la orden puesto que solo soltó mi mano y se fue con la mujer, se notaba que la conocía.

Yo no traté de detenerlo, ni siquiera me moví puesto que primero me apuntaban con un arma en la cara y yo no podía morir ahí, me necesitaban en otro lugar y segundo el muchacho se notaba que estaba con alguien de su entorno, seguía tranquilo ante esas situaciones.

Se notaba que la mujer era mucho más alta que yo y estaba delgada, pero dado su amenaza y que me estaba apuntando en la cara no iba a probar si era o no más fuerte que yo. Sus cabellos de un tono castaño estaban atados por una coleta y una especie de medio turbante para que no le diera el sol en la cabeza, sus ropas parecían muy masculinas y le iban algo grandes pero eso le ayudaba para el lugar donde vivían, además de que su piel no estaba expuesta en casi ninguna de sus partes, solo en su escote mostrando algunos tatuajes.

Su expresión era seria pero se notaba que hablaba muy en serio respecto al muchacho —Lo siento, creí que el chico estaba solo, no fue mi intención hacer nada malo. Me disculpo si la preocupé de algún modo— seguía con las manos en alto, para que viera que mi intención no era atacarla de ninguna manera

—sí, solo estábamos buscando ayuda, algo de agua y comida, además de un lugar para descansar—
le dije después de Strind para que viera que ambos veníamos a lo mismo e intentando que viera que veníamos en son de paz.

—Ustedes no son como los que suelen aparecer por aquí —nos respondió ella con voz severa—. Aquí nadie llega por casualidad. Este es el fin del mundo, el extremo del oeste de Prado de Fuego— me quedé viéndola, “¿acaso quiere saber a qué venimos?” suspiré.

Tenía que decir mis intenciones, pero Strind también, “¿debería confiar en él? tal vez quiere hacerme daño y yo aquí mostrándole lo débil que soy” “no, si hubiese sido así, ya me hubiese atacado hace rato”, “espera, ¿dijo que estamos al Oeste? ¿Qué hago yo a esta altura?" — ¿Dijo que estamos al oeste?, yo voy más al norte, estoy de paso, tengo una misión que requiere de mi atención urgente — No iba a decir mi misión así como así y eso era más que suficiente para que vieran que no iba a quedarme por mucho más tiempo.

—La verdad buscaba un puerto o alguna embarcación que me pudiera llevar, ¿conoce usted algo así por aquí?—¿porque preguntaste eso? Está claro que aquí no hay un puerto cerca, y seguro que el más cercano estará a kilómetros de aquí


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Mensaje por Strindgaard el Miér Mar 13, 2019 5:38 am

La mujer tenía el semblante duro y unos ojos como piedras negras. Noté sus tatuajes, su vestimenta y la misma arma con la que nos apuntaba. Su piel y ropa la acusaban como cite. Los deseh, los humanos que realmente vivían en el desierto estaban hechos para ello, con cejas pobladas y piel morena, sus trajes eran de telas finas, tules y algodones. La mujer de la escopeta era de tez blanca y fina, su cabello y cejas eran propios de los cite, y su ropa debajo de la pesada gabardina de algodón gritaba a Taimoshi Ki Nao. Llevaba sandalias con cinas que le llegaban hasta las rodillas y una especie de pantalón abombado típico de la isla. Arriba parecía llevar una especie de kimono cerrado con un cinturón de tela bastante parecido a los obi, aunque más pequeño.
Aunque mi rostro no reflejaba más que un legible temor por la situación, por debajo mi semblante era de perspicacia e incredulidad.
Estaba frente a una prófuga.

Yo me encontraba viajando con mi caravana desde Luminara hacia Yestrinder, éramos un grupo grande, como de veinte personas. Nos emboscaron una noche, espejos del desierto. Mataron a la mayoría de nuestras monturas y algunos de nuestros hombres. Luego de algunos días de viaje con la moral baja y con menos vigilantes y guardias, cayeron los ladrones, en una noche especialmente oscura. Escapé todo lo que pude en medio de la confusión. Sin rumbo alguno, con el pensamiento de la muerte rondándome todo el tiempo —esperaba que la historia que acababa de inventar surtiera algún efecto en ella, pues, de seguro también había vivido algo similar. Aposté todas mis fichas en parecer lo más derrotado posible—. Fue un milagro hallar ese oasis. Y por extraño que parezca, en él también encontré a esta muchacha, que por casualidad se acercó mientras me hallaba descansando. Juntos nos acercamos a la casa y al no salir nadie, nos volteamos y encontramos al muchacho, solo. Realmente nos preocupó. Es un alivio saber que tiene a su madre.
La mujer me miró sin decir nada. El muchacho se encontraba tras ella, mirándonos con sus ojos vacíos, sin rastro de alguna emoción. Como si ver a dos extraños mientras tu madre los apunta con un arma, en ese lugar de Noreth, fuera lo más normal del mundo.
No me interesa cuánto hayan caminado. Se devolverán por donde vinieron. —Bajó un poco el arma y apuntó con ella hacia el mar—. Bien pueden nadar o caminar, pero en esta casa no encontrarán cobijo.
Oye, pero —La mujer volvió a levantar el arma, esta vez me apuntó a mí—… Bien. Entiendo tu punto —di algunos pasos hacia atrás, dispuesto a marcharme resignado. Ese no era el momento de hacerme el valiente, no con una escopeta en la cara. Luego podría colarme en la casa, ya de noche, invisible para que ella no me viera, o mejor aún, ofuscando su mente—. Momento de irnos, Amelie.

No estaba seguro de que Amelie fuera a convencer a la mujer, al parecer la muy desgraciada estaba tallada en hielo. Estaba tomando todas las precauciones posibles, lo que no hacía más que reafirmar mi tesis. Seguramente ella temía de nosotros tanto como nosotros de ella.


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Mensaje por Amelie Winter el Vie Mar 15, 2019 11:08 am

Y ahí estaba ella, apuntándonos a la cara con su escopeta, el niño mirándonos como si esa situación fuera lo más normal del mundo. Miré a Strindgaard mientras contaba su historia, no podía creer que le hubieran pasado tantas cosas malas. "¿Por qué no habrá querido que lo ayude antes?”.

Suspiré y miré a la mujer que parecía querer estar alejada de nosotros y lo entendía, tal vez no dábamos mucha confianza con todo el armamento que llevábamos encima.—No me interesa cuanto hayan caminado, se devolverán por dónde vinieron. Bien pueden nadar o caminar, pero en esta casa no encontrarán cobijo—Strind comenzó a intentar convencerá la señora, pero solo se ganó que esta le apuntara con la escopeta de nuevo  —Momento de irnos Amelie—

EL me miró por un momento pero yo no me iba a ir si no daba el último intento “Tal vez así la convenzas” “Tal vez solo le preocupó su niño, es normal, todos protegemos a lo que más queremos—Espera…—

Volví a mirar a la mujer y me dirigí a ella, era mi oportunidad de hablar, de que intentara comprender nuestra situación y que no queríamos hacerle daño, ni a ella ni a su hijo —señora, perdón por lo de su hijo, no sabíamos que no estaba solo.
En serio… Mire estamos heridos y se acerca una tormenta de arena, solo le pedimos que nos deje pasar la noche. Mañana en la mañana partimos, le doy mi palabra—
Mis palabras no fueron de mucha ayuda, “Al menos no me fui sin intentarlo —Joder, al parecer no hablamos el mismo idioma— respondió comenzando a molestarse—el próximo que hable se llevará un tiro. Os lo juro. Ahora Largo—

sorprendida mordí mi labio inferior y miré a Strind[color:b466=# 8f1b81]—Tienes razón Strind, Vámonos, no vamos a poder convencerla—Suspiré porque de verdad quería que nos entendiera, de camino de regreso comencé a pensar que otras opciones teníamos y que podíamos hacer en el caso de que tuviéramos que pasar la noche en algún lugar, “¿Tal vez Strind tenga otra idea?” “hay que preguntarle”.

Fuimos caminando de regreso al oasis, yo detrás de él. Cuando llegamos Strindgaard comenzó a despotricar contra la mujer que acabábamos de ver. —Mira sé que necesitamos provisiones, pero si seguíamos intentándolo nos iba a matar, puede que a uno o puede que a los dos, de eso no podemos estar seguros, pero por el momento prefiero no averiguarlo… Mira tengo una carpa en mi macuto, se que estaremos apretados y no será muy cómodo, pero al menos podremos resguardarnos de la tormenta… ¿O tienes Algún otro plan?—

El hombre me contó su plan de meterse en la casa a la fuerza. Comencé a pensar y tal vez sería demasiado incómodo para los dos estar en la carpa, poco espacio, dormir prácticamente juntos… Esa idea me hizo tener un repelús en la espalda de solo imaginármelo así que acepté —Esta bien… Acepto por las circunstancias… Pero…— lo miré seriamente clavando mis ojos en los suyos — Debes prometer que no les haremos daño y que pase lo que pase saldrán ilesos de esta situación—

El se negó, y la verdad tenía razón, no podía prometerme que no salieran ilesos puesto que la mujer tenía una escopeta y no dudaría en usarla si se ve amenazada o si ve que su hijo está en peligro—Lo entiendo… Pero… Por lo menos promete que saldrán con vida— Su respuesta fue que haría lo posible, pero esa respuesta no me convencía del todo, parecía que Strind pudiera estar dispuesto a matar a alguien solo por el hecho de resguardarse de una tormenta.

Ahí lo tuve claro, o me lo prometía o se iría el solo a la casa y yo sería tan feliz en mi carpa—Promételo o simplemente no te acompañaré— Esa era mi última palabra o lo tomaba o lo dejaba, y nuestros caminos se separaban ahí, le verdad creo que lo entendió muy bien puesto que se rindió tras decir mis palabras y me dijo que aceptaba el ofrecimiento de la carpa. No pude evitar sonreír por sus palabras y comenzamos a buscar un buen lugar para poder ponerla antes de que llegara la tormenta.


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