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Mensaje por Strindgaard el Mar Mar 19, 2019 5:30 am

Me retiré de la escena, molesto por no haber podido hacer algo para cambiar la opinión de la mujer, pero agradecido de no haber perdido la cara de un disparo. La tipa no tuvo ningún miramiento con nosotros, y tratados igual que escoria, nos dejó a la intemperie, bajo el fulgor del sol y a merced de la tormenta que se aproximaba.
Estuve tentado a envenenar el oasis, pero no tenía con qué, al igual que me vi entrando sin problema a la casa para tomar la vida de aquellas dos criaturas tan raras. Pero de seguro la mujer estaría ahora pendiente de cualquier movimiento cercano a la casa, y preparada para cualquier cosa. No podría atacarla en ese estado de alerta. Demasiado peligroso.

Por otro lado estaba la muchacha. Llegué al oasis junto con ella, ambos desesperanzados. Pero yo tenía la idea de atacar, y quizá podría contar con ella, si sabía llevarla por el lugar adecuado.
Esto no me gusta para nada. El niño se ve algo conmocionado, ido —le dije, pues sabía que la situación del mocoso la había afectado más—. Y ella es como un lobo con una pata atrapada en una trampa. Fue una suerte que no nos haya disparado. Supongo que era porque sólo tenía para matar a uno, y no a los dos, sino lo habría hecho.
Ella pareció sobreentender que el chico estaba en peligro con ella, pero estaba consciente del peligro que suponía hacerle frente a la mujer. Como solución me ofreció su carpa para que la pudiéramos compartir. Aquello serviría de algo, en caso de que decidiéramos no atacar. Pero ella también tenía en mente hacer algo al respecto, y dejó caer la pregunta de si yo tenía algún plan.
Pienso entrar y reducirla. No sé si el niño hará algo para evitarlo, pero me podrías ayudar a reducirlo a él.
Usé la palabra reducir, pues no sonaba mortífera.
Ella se puso bastante seria y me clavó los ojos al decirme que aceptaba, pero me obligó prometer que no les haríamos daño.
La miré igual de serio, sin entender su juego. Parecía aceptar el hecho de que iríamos a un lugar para arriesgar la vida con tal de obtener algo de provisiones y un techo para capear la tormenta que se avecinaba, pero, no podía aceptar que con ello pusiéramos en riesgo la vida de la mujer y el niño.
No puedo prometer eso —respondí en un arranque de honestidad—. Ella tiene un arma, y sabe usarla. Si se da el caso y mi vida está en riesgo, haré lo que tenga que hacer. Como cualquiera. —Tuve que admitir, pues no me apetecía arriesgar mi vida en contra de la maldita prófuga y a la vez con mi propia compañera.
Me pregunté de qué sería capaz si le asestaba una puñalada a esa mujer o al niño.
Lo entiendo… Pero… Por lo menos promete que saldrán con vida —dijo, recalcando la última frase con una seguridad que no había surgido hasta el momento.
Al parecer no podría contar con ella para el ataque. Era demasiado benigna.
Haré todo lo posible —puntualicé, tratando de que mi voz sonara tranquila y poco amenazante.
Sus ojos se pusieron como dos trozos de hielo y su boca se apretó hasta formar una fina línea. Parecía negar con la cabeza. Se cruzó de brazos y me dijo finalmente.
Prométemelo o no te acompañaré.
Su ultimátum me desbarató. Al parecer hoy no me iba a salir con la mía ni por asomo.
Me masajeé las sienes mientras trataba de no pensar en el dolor de la pierna y la cabeza. Si tan solo hubiera estado del todo bien, me hubiera arriesgado solo. Pero no, la necesitaba en ese momento. Al menos hasta recuperar mi memoria por completo y recordar por qué estaba ahí.
Veo que me han tocado un par de mujeres intransigentes —dije luego de suspirar—. Entonces, acepto tu ofrecimiento de la tienda. Quizá logremos capear la tormenta si nos apeamos a las palmeras del oasis.


La tarde cayó y la tormenta se pudo divisar por sobre la cadena de dunas que se alzaban mirando hacia el continente. Estaba a menos de una hora de nosotros.
He estado en medio de una de esas. Me parece que la carpa lo soportará. —Le comenté a la muchacha.
Nos encontrábamos fuera de la carpa, cerca del oasis, tras cuatro palmeras bastante unidas que nos servirían como empalizada.
Ahora solo queda esperar.


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Mensaje por Amelie Winter el Sáb Mar 23, 2019 2:27 am

Buscamos un buen lugar para poner la carpa y Strindgaard fue el que lo encontró, en medio de dos palmeras, así podríamos atarla y no saldría volando con el viento. Yo puedo decir que si dudé por un momento pero despejé esas dudas con la confianza que deposité en el hombre.

—Ahora parece que habrá que conseguir algo de comida y agua ¿Te parece?— El hombre asintió y comenzamos a recoger bayas, semillas y algunos cocos, que baje con mi arco y mis flechas. Fuimos hasta el lago y rellenamos nuestros odres de agua mientras todo se mantenía calmado, pero estábamos conscientes de que en cualquier momento la tormenta comenzaría y al menos en mi caso no sabía que esperar.

Yo decidí meterme en la tienda antes de que comenzara la dichosa tormenta y comencé a acomodar el interior para que cupieran mis cosas y las de Strind y poder estar cómodos y si lo necesitaban dormir ahí… Me percaté de que el hombre no se metía después de mí, pero no dije nada “¿qué pasa si decide irse a la casa y atacar a la mujer con el muchacho?” “No dejaré que les haga daño,  si en un rato relativamente corto no entra iré tras de él”.

De pronto apareció la figura de Strindgaard en la entrada de la carpa algo encorvado por lo bajito de esta; Tomó asiento y se formó un silencio incómodo, parecía que la tensión se podía cortar con un cuchillo.

Decidí ponerle fin al silencio puesto que estaríamos a saber cuántas horas, días o semanas en esa tienda —Bueno…, ahora hay que esperar— dije intentando romper la tensión creada —Esperemos que no sea tan fuerte como parece. Al menos estamos a buen resguardo. — De repente el viento comenzó a aumentar silbando entre la tela de la carpa, haciendo que todo se moviera con su brutal choque.

¿Se podrán caer los árboles encima de la carpa?” “¿Estará bien atada la carpa?” “¿y si se desata?” “¿y si salimos volando dentro de la tienda?” mi mente comenzó a formular preguntas que no ayudaban mucho al miedo que me estaba entrando por la tormenta que comenzaba. — ¿Te había tocado estar en una tormenta de estas antes?—

La voz de Strind interrumpió mis pensamientos sonrojándome  —Noo, hasta ahora había sido un viaje tranquilo, sin inconvenientes—. De pronto mi acompañante dibujó una sonrisa que no sabía cómo interpretar — ¿Tranquilo? Estás toda magullada y al borde de la deshidratación. No quisiera saber cómo son tus viajes complicados — Comencé a sentirme avergonzada por las palabras del chico.

—Si bueno… Eso es porque ha sido un viaje largo y agotador, pero no me he encontrado con una tormenta de arena todavía—. No soy alguien que se preocupe por su aspecto pero ese comentario hizo que me diera mucha pena con el muchacho “¿Qué aspecto tendré que me parece que me viera como algo que se puede romper?”.

Entonces la conversación comenzó a fluir sin  problemas— ¿Y cuál es tu destino, realmente?—

—voy a la isla de Taimoshi Ki Nao, tengo cosas importantes que hacer, ¿Y tú a dónde vas a ir?—

—Ki Nao —dijo como pensando en algo “¿Será que el irá al mismo lugar que yo—. Ahora que he perdido mi rumbo, me parece que no me queda de otra que regresar a Akhdar. Aunque parece que está más cerca Ki Nao u otra isla cercana. Quizá vaya a Phonterek, a tratar de recuperar lo invertido ¿Tienes familia en Taimoshi?—

—No, es un encargo que me han pedido que haga. Y tengo que ir cuanto antes— miré sus ojos muy seriamente.  — ¿Por eso escogiste esta ruta? Seguro es un encargo de vida o muerte — Asentí con la cabeza pero por lo visto este hombre o podía leer la mente o era muy perspicaz —sii así es, y yo no elegí la ruta, me dijeron que esta era la ruta más corta. Pero no he podido guiarme por unos cuantos días así que estoy algo perdida—

De repente me di cuenta… “¿Me está cuestionando?" comencé a sentirme incomoda al respecto —ya hablamos mucho de mí, ¿no crees? qué te parece si me dices que ibas a hacer en Yestrindel—De pronto noté que el viento comenzaba a hacerse más violento  haciendo que mi voz comenzara a quebrarse por el miedo.

—Me dirigía para encontrar ingredientes, soy una especie de recolector de productos alquímicos. Un comerciante —Un comerciante eh— ¿y no vas a regresar para buscar esos ingredientes?, ¿prefieres irte a otro lugar?—

—Era más fácil llegar allá cuando estaba con la caravana. Ahora sería como lanzarme a muerte con los brazos abiertos. De hecho, seguimos atrapados en el borde del continente. Mañana podríamos recorrer la costa en busca de algún puerto. —

Le sonreí contenta puesto ya no tendría que ir sola hasta el puerto para moverme —Me parece buena idea, ojalá encontremos algo— comencé a emocionarme rápidamente.


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Mensaje por Strindgaard el Mar Mar 26, 2019 5:18 am

Nos habíamos puesto a recolectar algo para comer, y auspiciosamente encontramos algunas bayas y hasta cocos en las palmeras del oasis. Mientras tanto Amelie se encontraba ocupada, saqué a Kullervo de un sosegado y apacible sitio en mi mente para pedirle que investigara. El colibrí aceptó de mala gana y se perdió entre el descuidado techo de la casa.
Al terminar de recolectar, finalmente fuimos a llenar nuestros odres de agua. Pero yo no tenía más que el odre con vino, así que decidí llenarme el estómago bebiendo con las manos, luego volví a mojarme la cabeza y dejé caer algo de agua por mi espalda para refrescarme. Me quedé un momento más de rodillas en el agua, y para cuando la muchacha terminó de llenar su odre decidió entrar en la carpa.
Me quedé allí, fuera un momento algo preocupado porque habían pasado ya más de diez minutos sin que Kull hubiera regresado.

De pronto, noté que el jodido colibrí se hallaba zigzagueando en un puñado de flores púrpuras entre los helechos.
¡Kull, pequeño demonio! —Mascullé mientras caminaba con pasos firmes hacia él.
El colibrí parecía molesto de que lo hubiera interrumpido, y luego de una breve reprimenda, por parte del ave, me comentó lo que había visto.

Al regresar a la tienda me preocupé de que la muchacha se hubiera percatado de algo, pero su mirada aparte de reflejar algo de incomodidad por la situación, no parecía guardar nada más.
Al sentarme junto con ella, a esperar a que la tormenta cayera sobre nosotros, hubo un corto silencio que poco a poco fuimos destruyendo a medida de que tratábamos de sacar una conversación.
Descubrí algunas cosas de Amelie, y a pesar de que en primera instancia me parecía una persona carente de emociones más allá de la ignonimia que la envolvía trazando una especie de halo de benevolencia e ignorancia total del mundo, al parecer era una mujer un poco más sabida del mundo, aunque no dejaba de ser una persona altruista.

Seguimos conversando, tratando de pasar el rato y soportar el miedo insipiente que comenzaba a tomarnos por el lomo.
¿Es tu primer viaje?
Es mi primer viaje largo, pero ya había viajado antes por los alrededores de dónde vivo.
Me causa curiosidad —le dije, mientras miraba con ojo crítico las bayas que habíamos recolectado y masticaba algunas—. Vives en un bosque, pero, ¿en una aldea o comunidad o simplemente en una casa perdida en medio de los árboles?
pues... —miró hacia un costado, como rememorando su hogar—. Vivo en el bosque alejada de todos, ¿y tú dónde vives?
Pues —hice una breve pausa, encogiéndome de hombros—, no tengo un hogar. Este tipo de vida exige viajar constantemente —di otro bocado y le lancé una sonrisa despreocupada ante su mirada criptica—. Por lo mismo me produce tanta extrañes eso de vivir como ermitaño. ¿Qué clase de vida es esa? —Pregunté con interés.
Pueees.... es una vida tranquila, no hablo mucho con personas, solo cuando voy al pueblo o cuando Lorien me da mis misiones. El resto es disfrutar de la soledad —Me miro devolviéndome la sonrisa.
Es una vida... interesante. Aunque triste, a mi parecer. ¿No extrañas a la gente?
Pues a mí me gusta esa vida, es tranquila y no tengo que darle explicaciones a nadie y nadie se mete en mi vida como pasa en un pueblo con más gente.
Había que darle crédito a sus palabras. A mí también me gustaba ese tipo de vida, pero ella parecía una persona más sociable, delicada y sonriente. No me la podía imaginar como un huraño ermitaño envuelto en su dura cascara.
Ya veo. Aun así no parece llenarte del todo —le comenté—. Sino no tendrías que hacer encargos y salir del bosque de vez en cuando.
Hago encargos para ayudar a Lorien, no porque lo necesite. —Respondió.
Aquello me pareció algo preocupante.
¿Y ese Lorien fue quién te mandó hasta este lugar?
Así es.
Me quedé en silencio, imaginando el poder que ostentaba Lorien sobre ella, que la podía hacer viajar por cientos de kilómetros por el desierto por un encargo.
Aquello no cuadraba para nada, ella parecía capaz con suerte de ir al mercado a comprar patatas, su imagen de mujer delicada y poco útil disentía totalmente con su historia de viajera incansable. De hecho, el que cargara con armas la hacía ver rara, como si éstas no fueran del todo parte de ella. Me preocupaba tenerla tan cerca, y que se viera tan autentica, con su sonrisa sincera y sus ojos claros, se había abierto como si nos conociéramos hace tiempo. Se sentía como conversar con una vieja amiga.

Lo peor de la tormenta nos golpeó unos pocos minutos después de que termináramos de comer uno de los cocos que habíamos encontrado. El viento atravesaba las palmeras, silbando entre los inclinados troncos, como gimiendo doloridas. La arena cubrió todo, oscureciendo el cielo, formando una pequeña noche en medio del oasis.
Se sentía como un aullido de lobos.

Al terminar la tormenta me pareció un milagro de que la carpa hubiera sobrevivido. Al abrir la tela el mundo exterior había cambiado por completo. Dunas nuevas se habían levantado donde nos las había, y grandes hoyas se formaron cerca de la playa y al oeste.
El oasis quedó a medio sepultar, por suerte las palmeras habían evitado que nuestra carpa hubiera recibido gran parte de la arena.
Al mirar a la casa, la arena había subido al menos un metro en la cara que había recibido la tormenta. La paja del techo había desaparecido, dejando las cerchas, aquella estructura de madera al descubierto, como las costillas desnudas de un animal.

Todo se encontraba en silencio. De pronto el niño apareció por el costado de la casa, corriendo hasta nosotros.
Me quedé al lado de Amelie.
Mira quien nos visita.
El niño se movía de manera cómica, pues las botas y su ropa le iban grandes, llegó hasta nosotros cansado, con la cabeza llena de arena.
Goldy, ha quedado atrapada, bajo el techo.


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Mensaje por Amelie Winter el Mar Abr 02, 2019 12:30 pm

Por suerte la tormenta ya al fin terminó”, “Ha sido una de las peores cosas que has vivido, y has salido ilesa” Suspiré ante ese pensamiento, no era la única que había vivido aquello, Strindgaard había estado conmigo todo el tiempo y gracias a su plática no fue tanto el miedo que sentí, aunque quien sabe si él se dio cuenta de eso o no.

Yo por mi parte a él lo notaba tranquilo y sereno, “¿Habrá sido para que yo estuviera más tranquila?” “¿Habrá sido para no sentirse débil ante mí?” no lo sabía, pero tampoco es que fuera a preguntarle por ello.  Al salir de la carpa todo estaba lleno de arena a nuestro alrededor, la parte de la carpa que había afrontado a la tormenta había quedado cubierta de arena y el paisaje había cambiado casi por completo.

Ya no reconocía el fondo verde que nos había rodeado hacía nada, las plantas más pequeñas habían quedado tapadas por la arena  y si no fuera por las palmeras que seguían allí, de verdad jamás hubiera pensado que ahí minutos antes se hubiera encontrado un oasis. Di unos cuantos pasos fuera para estirar las piernas, las rodillas todavía me dolían pero ya era más aguantable.

Estiré mi espalda y mis brazos, tenía todo el cuerpo entumido y no sabía si había sido el estar sentada o el miedo, pero al hacerlo sentí como todo el cuerpo se me relajaba. De pronto escuché la voz de un niño, “¿Será la voz del niño de la playa?” Lo confirmó la voz de Strind que al parecer también había salido —Goldy, ha quedado atrapada, bajo el techo. —  Mis acciones fueron rápidas, tomé al niño de la mano y me dirigía a la casa cuando de nuevo la voz del hombre me sacó de mis planes inmediatos de ayuda.

— ¿Y si es una trampa?— Al girarme para ver su cara y responderle pude notar que estaba muy serio “¿Estará preocupado por mí?” “¿De verdad tanto miedo le tiene a ayudar a los demás?” “¿Qué tan mal lo ha pasado que no puede confiar en nadie?—Yo prefiero ir a ver, no puedo quedarme quieta si alguien está herido, puedes quedarte si lo prefieres—

le sonreí a Strind para que entendiera que mi opinión era firme y que no iba a cambiar de opinión, si alguien estaba herido o necesitaba ayuda, yo iba a intentar curarle o hacer lo que haga falta, esa había sido la promesa que yo le había hecho a mi mamá y la cumpliría así fuera asesinada por ello, no me importaba.

—Prefiero ir en la retaguardia — Una sonrisa divertida se dibujó en su rostro pero yo no entendí la broma o a que se refería así que lo miré confundida por un par de segundos, hasta que recordé que el niño necesitaba ayuda y volví a tomarle de la mano y seguir mi camino hacía la casa.

Cuando me fijé en ella pude notar que toda la pared que había dado con la tormenta al igual que la carpa había quedado llena de arena hasta prácticamente el techo de esta “Bueno… si a eso se le puede llamar techo”, y es que las ramas que cubrían antes toda esa parte, habían desaparecido dejando las vigas principales a la intemperie. “¿Cómo hubiéramos estado si hubiéramos seguido con el plan de Strindgaard?” “menos mal que desistió y no le hicimos daño a nadie y nos quedamos en la carpa” por un lado suspiré aliviada, pero por el otro con cada paso que daba hacía el interior de la casa, algo me decía que de verdad no estaba bien.

Cuando llegamos a la puerta todo estaba cubierto por paja por todos lados, entramos sacando hojas de palmeras, paja y algo de arena para poder pasar bien. El niño tenía la intención de ir corriendo en dirección a su madre pero lo retuve —No, si tu madre de verdad está herida y tú la tocas o te le pones encima puede ser peor para ella, y para su herida, por favor quédate acá—

Me acerqué lentamente evaluando la situación de la mujer, tenía una viga encima de gran tamaño y encima de estala cubría la paja, se notaba que ella había removido con sus manos lo que le había quedado en la cara, y se estaba moviendo demasiado para liberarse —Para por favor o te harás más daño— me giré y por fin pide ver los ojos de Strindgaard—Tenemos que mover esta viga entre los dos, no creo poder sola y aun así no sé si podremos los dos— Le dije a el hombre para que me ayudara

—Tu, el niño me dijo que te llamas Goldy, así que así te llamaré ¿está bien?, necesito que dejes de hacer fuerza para salir, estás empeorando la herida, Vamos a ayudarte pero deja de moverte por favor— intenté calmar a la mujer que parecía estar o nerviosa, o furiosa o una mezcla de ambas pero no dejaba de llorar.

Me dirigí hacia donde tomaría yo la parte de la viga para levantarla y no hacerle más daño a las piernas de la mujer pero todavía sin hacer nada, me dirigí de nuevo hacia ella —Vamos a levantar esto— dije señalándole el tronco de madera pesado— Cuando lo levantemos tendrás que moverte a un lado, hazlo rápido, no muevas las piernas después ni intentes levantarte, necesito ver esa herida antes si es que no quieres perder las piernas—Se lo dije tan seria que la mujer solo pudo asentir. Le hice una seña a Strindgaard para que me ayudara.


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Mensaje por Strindgaard el Lun Abr 08, 2019 12:58 am

Me preocupaba la seguridad con la que Amelie avanzaba hasta la casa, a ver a alguien que hace pocas horas nos había amedrentado con una jodida escopeta. No era necesario pensarlo mucho, la muchacha tenía un corazón de oro. Me había querido ayudar nada más al verme, y su preocupación por el muchacho era latente. Ahora que se dirigía sin pensárselo dos veces hacía lo que podría ser una trampa, no hacía más que reforzar ese arrojo y compasión del que hizo gala todo este tiempo. Ella era así, y cada vez me hacía dudar menos.
La seguí.

Al llegar a la casa observé los estragos que había ocasionado la tormenta. El techo en mal estado terminó cediendo ante el viento y la arena, hasta el punto de perder incluso algunas vigas.
El interior del hogar estaba igual de maltratado que el exterior, con paredes a punto de derrumbarse y muebles en claro estado de deterioro. La paja del techo cubría el camastro y gran parte del suelo, el insulso hoyo en la tierra que tenían para hacer fuego estaba a medio cubrir con arena y pedazos de escayola de la pared más cercana, sobre nuestras cabezas caía el sol con desgana por las aberturas, y la mesa tenía algunas hojas secas de palmera sobre ella. Mientras Amelie hablaba con la mujer me acerqué hasta la mesa y retiré las hojas en busca de la escopeta. Pero no estaba allí, en cambio me encontré con pescado ahumado y algunos cocos abiertos a fuerza de un par de rocas manchadas junto a ellos, además de todo eso, había una caja que me pareció muy familiar.
Pero qué mierda… —musité.
La tomé entre mis manos. No cabía duda, era la caja que había obtenido tiempo atrás, en la Torre…

Los recuerdos comenzaron a fluir como agua de manantial. Había logrado sobrevivir a aquella torre que habían hecho estallar ese par de elfos, logré escapar con una pierna herida y sin más recompensa que una caja de viales alquímicos. En los siguientes días me había encontrado con la caravana que le compraba esclavos al viejo Altras y me había colado en ella como polizón mientras se encumbraban por las dunas con rumbo desconocido. En algún punto del camino fuimos atacados por salteadores del desierto. Nos tendieron una trampa, a pleno día. Aprovechando el caos, me moví invisible y liberé a los esclavos. Luego todo empeoró, los salteadores fueron rebasados en número por los esclavos, pero la gran mayoría murió por culpa de las armas de fuego que cargaban los bandidos. Había logrado escapar robando un jamelgo, lo recordaba. La última vez que miré hacia atrás para ver si me seguían avisté al muchacho y su madre. Su verdadera madre.

Amelie se ubicó en el extremo de la viga que apresaba las piernas de la mujer. Yo en vez de ayudarla avancé hasta donde se encontraban ambas y quitando una larga daga de su funda apunté a la cara de Goldy.
¿Qué pasó con tus compañeros? —le espeté. Sus ojos se clavaron en el acero curvo que tenía enfrente, luego me lanzó una mirada cargada de frío odio—. ¿Qué pasa? ¿No te acuerdas de ellos?
No sé de qué hablas —ladró. Su cara estaba calada de sudor, enrojecida y llena de lágrimas de dolor.
No te servirá de nada mentir. Yo estuve ahí, los vi atacar el convoy de esclavos.
El pequeño se había crispado de terror al ver lo que estaba sucediendo, y corrió hacia las piernas de Amelie para resguardarse.
¿Qué hiciste con la madre del niño? —Puse una mano sobre la viga, cargué un poco de mi peso sobre ella—. ¿La mataste, no es así? ¿Qué le hiciste ver al pequeño que se encuentra en ese estado?
La mujer chilló de dolor. Miré a Amelie, mi rostro estaba cargado de odio y asco.
Esta asesina atacó la caravana en la que me dirigía, ahora lo recuerdo. Parte de la gente con la que me movía traficaba esclavos, los movía de Akhdar a Yestrindel. Mató a gran parte de ellos, aunque por lo visto se dejó uno.
¡Jodido imbécil! ¡Atacamos la caravana para liberar a los esclavos! ¡Salvé la vida del niño! —gritó Goldy escupiendo saliva mientras se retorcía de rabia para poder escapar—. Su madre murió de sed. ¡Yo lo recogí! ¡Yo lo salvé! ¡¿Acaso no es así Tom?! ¡Tom! ¡Diles! ¡Joder, Tom, HABLA!
El niño no hizo más que apretar su cara contra la pierna de Amelie. Estaba tan espantado que temblaba al llorar.
¡¿Y qué más da si lo hiciste para salvarlos o para robarlos?! Los mataron a casi todos, descargaron sus armas sobre todos ellos, como si se tratara de cerdos. El humo de la pólvora se elevó por varios metros, el olor de la carne se me pegó en la nariz por días —La miré en silencio, luego a Amelie sin saber de parte de quién se pondría. Volví la mirada a Goldy—. Jodidos asesinos. ¿Dónde están tus amigos?
La mujer se cerró sobre sí. No volvió a decir nada más. Di un paso hacia atrás, pero no guardé la daga.
No podemos liberarla, Amelie. Déjala aquí, que se pudra junto con los restos de esta casa. Toma al niño y vámonos.


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Mensaje por Amelie Winter el Vie Abr 19, 2019 1:41 am

Cuando me subí a la parte del tablón más alta, me quedé viendo a Strindgaard quien estaba en la mesa, donde parecía que habían comido antes de que  la tormenta los tomara totalmente desprevenidos. El empezó  a caminar hacia donde estábamos,así que comencé a sentirme tranquila y de verdad creí que vendría a ayudarme, así que sin sospechar nada, coloqué mis manos en aquel enrome pedazo de madera esperando la ayuda del hombre.

Cuando en lugar de su ayuda lo que sentí fueron unas palabras sin sentido de Strindgaard me sorpredí pero no dije nada, solo me llené de preguntas en mi cabeza “¿De qué narices está hablando?” “¿Qué compañeros si están ellos solos?” De pronto sacó una de sus dagas de su funda apuntando con esta a la mujer que parecía no tener respuesta o no quisiera responder las preguntas de Strind.

De repente el niño salió corriendo hasta mi para abrazarme las piernas, por poco caigo hacia atrás por la fuerza con la que lo hizo pero por suerte no fue así y puse una mano en su espalda para intentar reconfortarlo. Iba a protestarle a Strindgaard cuando este sorprendiéndome mucho más de lo que ya lo había hecho decidió cargar su peso en el tablón haciendo que Goldy gritara de dolor

—¿¡Pero qué demonios haces!?— él al escuchar mis palabras me miró con un notable odio en sus ojos, cosa que nunca lo había visto así hasta ese momento, fue entonces cuando me explicó lo que pasaba

—Esta asesina atacó la caravana en la que me dirigía, ahora lo recuerdo. Parte de la gente con la que me movía traficaba esclavos, los movía de Akhdar a Yestrindel. Mató a gran parte de ellos, aunque por lo visto se dejó uno— Entonces mi vista pasó de preocupación a sorpresa a medida que escuchaba su explicación, por lo que estaba haciendo y debido a esto solo pude apretar al niño más a mí como intentando protegerlo mientras Strindgaard dijo claramente cuál era su posición en ese punto.

No me iba a dejar liberar a Goldy por nada del mundo, así que agarré al niño y me baje de donde estaba poniéndome al lado del hombre, había algo que no me cuadraba, pero sabía en mi interior que Strind no mentía, que había verdad en sus palabras y su mirada desprendía una certeza irrefutable… Pero… La mujer tampoco parecía mentir… “¿Qué hago ahora?

—Strind, entiendo que estés enojado, pero esto no termina de cuadrarme... La mujer cuidó del niño desde ese momento, ¿Porque lo hizo si lo que quería era deshacerse de los esclavos? o ¿Por qué no ha vendido al niño todavía? esto no tiene sentido, y además ambos conocen sus nombres...—

—Amelie, yo los vi disparándoles. Los esclavos abrieron sus jaulas aprovechando el caos mientras Goldy y sus secuaces atacaban a los esclavistas. Intentaron huir, pero ellos les dispararon por la espalda. Al parecer el plan no les salió como esperaban, sino no estaría ella sola aquí en medio de la nada. Si se quedó con el niño puede que sea porque luego lo venderá, de seguro tienen más valor — Me señaló al niño con la mirada —. Intenta hacerlo hablar. Él te dirá la verdad— No podía despegar la mirada del hombre pero él tenía razón, el único que podía sacarme de mis dudas era el niño, así que me arrodillé para quedar a la altura de este y comencé a hablarle.

—Tu nombre es Tom ¿cierto?, necesito que me cuentes que pasó, pero necesito que me cuentes la verdad, o no podré hacer nada por Goldy— lo alejé un poco de mi para ver su carita, la cual seguía húmeda por el roce de sus lágrimas que no paraban de caer—Por favor, explícame que pasó— El intenta hablar pero sigue llorando desconsoladamente

—P-por fa-vor. N-n-no le hagan daño. A Gooldy.—

—No le haré daño, pero para ayudarla necesito que me cuentes que pasó—Puse mis manos en las mejillas del pequeño limpiando sus lágrimas —Por favor, no puedo ayudar a Goldy si tu no me dices que pasó, intenta calmarte para que pueda entenderte por favor—

Vi como Strindgaard se colocaba detrás del niño mirándonos, pero no le hice mayor caso puesto que estaba concentrada en el niño y en darle la seguridad que necesitaba para calmarse y comenzar a explicarme —Una noche, estaba dormido pero mami empezó a gritar. Ellos le hicieron daño a mami, la dejaron dormida boca abajo en la arena. Yo la sacudía pero no la podía hacer despertar. Entonces Goldy les hizo sangre a ellos con su pistola. Nos quedamos solos en el desierto. Luego Goldy descubrió el oasis y la casa, le hizo sangre a un abuelo que vivía aquí. La ayudé a enterrar bajo la arena al abuelo para que descansara. Desde entonces nos quedamos a vivir aquí.— Después de escuchar lo que Tom tenía para contar no había dudas, Goldy tampoco mentía, así que alcé mi mirada viendo a los ojos a Strindgaard mientras le hablaba al niño

— Muchas gracias Tom— al momento de hablar bajé la mirada hasta encontrarme con la del pequeño Tom y le sonreí para que siguiera tranquilo— Eres un niño muy valiente, ¿lo sabías? vamos a ayudar a tu amiga ¿si?— Me levanté lentamente y me acerque demasiado a Strindgaard susurrándole en la oreja para que el solamente me oyera

—No podemos dejarla así, ella ayudó al niño, el no querrá irse si no la ayudamos al menos—

— ¿Salvarla? —Masculló—Sus compañeros mataron a su madre y a una docena de personas inocentes, ¿qué te hace pensar que salvarla servirá de algo? Mírala, si tuviera algo de bondad nos hubiera ayudado cuando lo necesitamos, en cambio nos lanzó al desierto a sabiendas que la tormenta nos podía matar —Bajó mucho más la voz se notaba que estaba tenso —. ¿Qué te hace pensar que ayudarla beneficiará al niño o a nosotros? Entiendo lo que sientes, Amelie, pero ella no es buena. Salvó al niño, sí, pero dudo que con buenas intenciones. Mira… —Tardó en hablar, estaba pensando en lo que diría, pero me sorprendió la frialdad de sus palabras—, dile a Tom que yo la ayudaré y sal con él de aquí. No regresen dentro. Yo haré lo que tú temes hacer. Lo correcto. —

Miré a los ojos al hombre mientras tragaba saliva fuertemente, mi corazón comenzó a ir muy lentamente por las palabras que el decía “No puedes dejar que lo haga” “Tienes que detenerlo” mi mente comenzó a idear un plan para intentar parar lo que quería hacer Strindgaard y algo se me ocurrió pero sabía que si alguien daba un paso en falso la cosa acabaría súper mal

—Si no nos ayudó antes fue porque no confiaba en nosotros, y la entiendo por ello. Estaba cuidando del niño y la  verdad  no pretendo que nos beneficie a ninguno, solo no quiero que el muchacho se quede con la duda de si la ayudamos o no— No me alejé de él, ni alcé la voz en ningún momento sobre todo porque no quería que el niño nos escuchara lo que planeábamos —Vale. Digamos que la salvamos, que el niño se queda con la certeza de que la mujer está a salvo. ¿Qué haremos después? ¿Piensas tomar a Tom y llevarlo contigo? ¿Qué crees que hará esa asesina al respecto cuando le digamos eso?—

Suspire algo más tranquila, parecía que había tomado una buena decisión “Ahora tienes que convencerlo, tienes que usar las palabras adecuadas Amelie” “No dejes esto al azar o todo saldrá mal” después de un rato pensando pronuncié lo más bajito posible—Hay que quitarle el arma y solo llevarnos al niño, no pienso decirle nada a ella, y no la pienso curar del todo, solo no permitiré que muera desangrada ante los ojos del niño ni los míos—

De repente su postura cambió cruzando sus brazos frente a él “¿Será que no está de acuerdo con eso?” su semblante era pensativo, como si enfrente suyo pudiera ver cada posibilidad que pudiera pasar —No podemos estar seguro de que la escopeta sea la única arma que posee. La ayudaremos, pero tu decisión nos pone en peligro, Amelie —Tiene razón, estamos en peligro, ¿Pero qué situación no lo hace?” “No voy a dejar que muera si pude haber hecho algo para ayudarla” Pero el hombre tenía razón, si ella nos llegaba a atacar saldría todo mal para todos y aunque no me gustara la solución era lo más correcto que se podría hacer, así que lo miré seriamente.

—Necesito de tu ayuda para levantar el tablón, pero ante cualquier movimiento en falso que haga ella, te dejaré hacer lo que tengas que hacer si es en defensa propia— El hizo una mueca la cual no supe distinguir muy bien a que se debía pero parecía estar sonriendo “¿Será que hice mal en decirle eso último?” “tendré que confiar en él sí quiero curar a Goldy”.

Caminé de nuevo a donde estaba, en la parte más alta del tablón para levantarlo junto con Strindgaard mientras el niño, mucho más tranquilo, se había quedado observando lo que hacíamos. Ambos levantamos la pesada madera usando toda nuestra fuerza y aun así no pudimos levantarla del todo “Vaya que es pesada esta cosa”, mientras apenas liberábamos sus rodillas, Goldy se hizo a un lado sacando sus piernas a un lado y nosotros dejamos caer la pesada viga.

Ayudé a Goldy a bajar de la montaña de cosas, colgando su brazo sobre mi hombro y cargando su peso en mí mientras Strindgaard sacaba sus dagas y las apuntaba hacia Goldy para que no hiciera ningún falso movimiento y si lo hacía tener algo ya a la mano con que protegernos.

Senté a la mujer en el suelo y saqué de mi macuto el odre de agua, aguja e hilo, los vendajes y el alcohol. Lo primero que hice, fue limpiar mis manos con el alcohol para desinfectarlas y le limpie las heridas con el agua para ver qué tan profundas eran, la espesa sangre roja recorrió por sus piernas, mientras la mujer hizo un sonido muy característico cuando sientes ardor, una especie de “sssss”. Pude ver al hacer eso que el hueso no estaba roto y que solo la piel estaba desgarrada, solo había que coser, por suerte

—Esto será sencillo, pero al no tener anestesia, esto dolerá, MUCHO. Sería muy útil si mordieras algo para disminuir el dolor, un trozo de tela servirá—  La mujer cortó un trozo de tela y se lo colocó en la boca mordiéndolo lo más fuerte que podía. Tomé la aguja y por falta de fuego la bañé en alcohol, le puse el hilo y comencé a coser la herida como mi madre me había enseñado; La mujer grito del dolor, pero intentó no moverse puesto que si lo hacía los puntos se le saltarían y tendría que coser nuevamente, intenté hacerlo lentamente y lo más prolijo que pudiera, para que si llegaba a quedar alguna cicatriz fuera del menor tamaño posible, pero seamos honestos, no fue mi mejor trabajo por las circunstancias en la que estábamos.

Al terminar de unir su herida le apliqué un poco de alcohol para desinfectarla y le puse un poco de los vendajes que tenía. Cuando terminé de coserla limpié mis blancas manos ensangrentadas con el agua sobrante, me levante diciéndole las indicaciones que debía de tomar si no quería que sus heridas empeoraran —Ya terminé, se terminará de curar en 2 días, procuré que no quedara una cicatriz muy grande, pero tendrás que lavarte las heridas para que no se infecten— me acerqué a Tom y tomé su mano mientras escuchaba la voz de Strindgaard —Momento de irnos. Ustedes vayan delante, me aseguraré de que no vaya a hacer nada estúpido. En unos diez minutos los alcanzaré.—

¿diez minutos?” “¿Qué pretende hacer este con tanto tiempo?” “¿Y si…? ¿Sería capaz?” Preferí preguntar mirando al hombre a los ojos muy seriamente —¿Que piensas hacer en tanto tiempo?— Pero la cara de Strindgaard era un poema, estaba demasiado extrañado por lo que solo con su cara ya pude respirar tranquila aunque si me quedé algo avergonzada por pensar lo que no era —Vigilarla, en caso de que tenga un arma escondida —Estaba a la defensiva por lo que no lo vi mal por el tipo de pregunta que había hecho “¿Cómo se te ocurre pensar eso de él, Amelie?” “Ni siquiera lo conoces” “por eso preferí preguntar, para estar segura”.

—. ¿Qué pensabas?— mi mirada iba de la de Strindgaar a la de la chica de ida y vuelta mientras sacaba de mi cabeza las ideas demasiado extrañas que se me habían ocurrido —N...Nada... te... te esperamos afuera— me di media vuelta mientras mis mejillas comenzaban a sonrojarse. Salimos con el niño al cual no le solté la mano ni un solo momento y esperamos a Strindgaar afuera el tiempo que él nos había pedido.


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Mensaje por Strindgaard el Dom Abr 21, 2019 5:17 am



Me encontraba en el marco de la puerta de la vetusta casa. Esperé a que Amelie y el niño avanzaran algunos metros para que no pudieran oír mi conversación con Goldy. Al regresar al interior me hallé con la mirada desapasionada de la mujer, observándome desde una de las sillas que adornaban el paupérrimo inmueble.
Liberé una de mis dagas de su funda y la di vueltas en mi mano para que la luz del sol, que se colaba por los grandes boquetes que habían en el techo producto de la tormenta la iluminara, dando vida al oro y al acero vil.
Me gusta el desierto. La lejanía de la civilización fuerza a liberar los sentidos más básicos de la mente humana: la sobrevivencia del más fuerte.
Goldy no quitaba la vista de mis ojos, su boca no había vuelto a pronunciar palabra desde que la muchacha la cosió. Que le hubiéramos quitado al pequeño había sido un golpe bajo para ella, y aunque no tenía intención de hacernos con Tom, no tenía tampoco ningún motivo porque Amelie no se lo llevara. A fin de cuentas, el mocoso sería responsabilidad de ella, no mía.

Me acerqué hasta la mesa, a unos cuatro pasos de la mujer. Me senté en la otra silla, al frente de ella, y le dediqué una sonrisa.
Sabes —puse la daga sobre la mesa y la hice girar—, podría leerte la mente para poder extraer todo lo que quiero saber —le sonreí ligeramente—, pero eso le quitaría un poco de gracia al asunto.
Su estoicismo me impresionaba y me preocupaba al mismo tiempo. Si no lograba hacerla hablar para saber cuántos salteadores estaban con ella poco importaba que la dejáramos a medio sanar en la casa, tarde o temprano nos buscarían y encontrarían.
Era necesaria la amenaza, hacerle saber que no éramos débiles. Hacerla dudar. Pero la muy jodida no daba tregua.
En lo que tarda una respiración, Goldy lanzó una manotada y me arrojó paja y algunos elementos que había sobre la mesa, se levantó de la silla, tirándola hacia atrás, sus manos, como dos serpientes, extrajeron una pistola de pedernal de pulcro metal que me apuntó directo al pecho. Yo me había logrado poner de pie y dar unos pasos hacia atrás, pero esquivar esa bala sería imposible a tan corta distancia.
Conozco a los de tu clase, los puedo reconocer con solo verlos. He tenido que lidiar con ellos toda mi vida. Personas que se aprovechan de los más débiles. Les quitan su dinero, sus tierras, su dignidad. Y cuando ya no pueden quitarles nada más les quitan su libertad.
Te equivocas —respondí con calma—, yo no soy un esclavista.
Claro —dijo sarcástica—. ¿Y qué hacías con ellos en su caravana? ¿Les llevabas la contabilidad, o acaso los asesorabas? —Abrí la boca para responder pero me apuntó al rostro—. Da igual qué hicieras allí, porque no creo ninguna palabra que sale de tu boca.
Entonces no hay nada más que hablar.
Ella por primera vez sonrió, se preparó para apretar el gatillo, pero el frío del acero en su cuello la hizo desistir. Estaba paralizada por la impresión. Me encontraba justo a su espalda.
Suelta el revolver.
La ilusión frente a ella se desvaneció, dejándola helada y estupefacta. Tiró su arma, presioné un poco la larga daga curva en el borde de su mentón para que supiera que iba en serio.
Te mataré si vuelves hacer algo como eso. Solo quiero saber cuántos más de ustedes quedan por ahí afuera, necesito mi jamelgo de vuelta.
Anda, córtame el cuello de una buena vez —me alentó. Su voz estaba matizada con una fría ira—. Lo harás te responda o no. Lo sé, ya te lo dije, conozco a los de tu clase. ¿Quieres que ruegue por mi vida? ¿Qué llore? Anda, hazlo. Podrás hacer lo que quieras con mi cuerpo, pero mi dignidad no te la llevarás jamás.
Ciertamente eres una mujer admirable. Pero te equivocas, no soy lo que crees. Verás, no me interesa en lo absoluto tu cuerpo. Ya que
Una voz metálica y lúgubre surgió de la daga.
El cuerpo no es más que la urna del alma.
—... Soy una personsa de una clase un tanto diferente.

Había pasado tiempo que no celebraba una ceremonia para Yigionath. Preparé a Goldy, quitándole todo el metal que cargaba para convocar la venía de mi Señor. Fue limpio y rápido, aunque no tanto para la mujer. Antes de que muriera desangrada me tomé el tiempo de mirar tras sus ojos para sonsacar todo lo que se negaba a decir. Tenía uno que otro secreto interesante, además de un par de joyas que no pude pasar por alto.
Bonito juguete —le di unas vueltas, era un anillo que tenía tallada la cabeza de un carnero. Tenía una runa inscrita y la palabra para accionarla la había hallado debajo de unos cuantos recuerdos atesorados por la mujer. Lo hubiera probado, pero ya habían pasado más de diez minutos, puede que un poco más de veinte.

Al salir de la casa noté que Amelie y Tom me observaban a la distancia, puede que preocupados porque hubiera pasado más tiempo de lo estipulado. Avancé unos cuantos metros en dirección a ellos y miré hacia atrás.
Goldy se asomó, apoyada en un bastón dio un par de pasos fuera de la casa y le hizo una seña al crío con la mano a modo de despedida. Teniendo en cuenta la distancia entre ellos no era necesario haber elaborado una ilusión tan perfecta, pero no me gusta hacer trabajos chapuceros, y repliqué hasta los dobleces de su ropa y la sangre seca en su pierna.
Caminé hasta donde se encontraban la muchacha y el niño esperándome, Goldy ya había regresado al interior de la casa pues no puedo mantener una ilusión tan lejos.
Todo en orden —les dije junto con una sonrisa para demostrar que todo había salido bien—. Goldy me confesó que el anciano que vivía aquí antes fue quien me robó el jamelgo. Se deshizo de él cuando se negó a decirle el paradero del animal. Estaba sola en esto, ya no le quedaba ningún compañero.
»También me contó que a unos dos días de viaje hacia el este encontraremos un pequeño puerto que comercia con el Reino de Akhdar, Yestrinder y Auberdine. Desde ahí, con algo de suerte podremos encontrar un barco que nos saque del desierto.
Ese anillo —Tom tomó mi mano y apuntó el anillo del carnero—, es de Goldy.
Aquel comentario me pilló por sorpresa, pero lejos de bajar la guardia, le sonreí al mocoso y admiré el anillo un instante para decir animadamente:
Sí, le cambié uno de los míos por éste —miré a Amelie—. Le di un rubí akhdareo, lo necesitará más que yo —Asumí que la muchacha entendería la función de los rubíes rojos, pero como el niño me seguía mirando con cara de sorpresa añadí—: para darle energías. Le di un anillo que la mantendrá con fuerzas para resistir su herida y sane pronto.
Tom asintió. No estuve seguro de que Amelie se tragara la mentira, pero no hubo nada en mi semblante que sirviera para delatarme.
Vamos. Debemos caminar por la costa, nos espera un largo día.


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Mensaje por Amelie Winter el Dom Abr 28, 2019 1:16 am

En cuanto salimos dimos unos cuantos pasos. Solté al niño que había salido a jugar mientras lo veía ahí solo le grité —No te alejes mucho— intenté seguirle los pasos un poco más allá de la cabaña para vigilarlo. "¿Qué piensas hacer con un niño Amelie?”, “¿Te ves preparada para criarlo tu sola?”, “¿Y si lo dejas en un orfanato?” “seguro cuidarán bien de él ahí”, “No quiero una vida así ara el, ha sufrido tanto… se merece mucho más que una vida de tristeza por ser huérfano” “no hay más que pensar, haré lo que pueda y me quedaré a ese niño, ya habrá tiempo de explicarle a Lorien porque no regresaré sola”.

Le sonreí al niño cuando vi que Strindgaard venía hacia nosotros —Tom, Strind ya viene tenemos que irnos ya— El niño tomó mi mano sin rechistar “Es un niño tan obediente y bueno, no será un problema con el” alcé una mano a Strindgaard para que nos divisara cuando nos dimos cuenta que Goldy salía con un bastón para despedirse de Tom.

El pequeño estaba feliz y la saludo con ambas manos a lo que yo sonreí. En cuanto Strind estuvo junto a nosotros me explicó lo que había hablado con la mujer —. Goldy me confesó que el anciano que vivía aquí antes fue quien me robó el jamelgo. Se deshizo de él cuando se negó a decirle el paradero del animal. Estaba sola en esto, ya no le quedaba ningún compañero.

»También me contó que a unos dos días de viaje hacia el este encontraremos un pequeño puerto que comercia con el Reino de Akhdar, Yestrinder y Auberdine. Desde ahí, con algo de suerte podremos encontrar un barco que nos saque del desierto.—

—Eso suena maravilloso, podremos salir del interminable desierto, y podré cumplir mi misión— Sonreí muy agradecida por la información que le había dado Goldy. —No fue mala idea ayudar a Goldy al final—Le sonreí al hombre mientras el niño de repente tomó la mano de Strind —Ese anillo es de Goldy— Miré el anillo tenía un carnero tallado en él y me llamó la atención pero mis pensamientos se disiparon rápidamente con la explicación del hombre

—Sí, le cambié uno de los míos por éste —Miro directo a mis ojos para explicarme—. Le di un rubí akhdareo, lo necesitará más que yo — no entendí muy bien a que se refería con eso pero por suerte no fui la única, por lo que nos explicó a los dos lo que significaba eso — Es para darle energías. Le di un anillo que la mantendrá con fuerzas para resistir su herida y sane pronto — Le sonreí a Strind, no parecía tan malo como pretendía parecer cuando sucedió lo de la cabaña “¿Es posible que se bondadoso en el fondo?” “Será interesante averiguarlo

—Vamos. Debemos caminar por la costa, nos espera un largo día. — Caminamos durante todo el día, el niño soltaba mi mano para jugar con la orilla del mar y correr por él, mientras yo no paraba de observarlo y regañarlo si se alejaba mucho “¿Tendré dotes de madre?” “¿o solo es preocupación por perderlo de vista?” El día se me hizo bastante largo y cansado pero por fin llegó la noche.

Hicimos una hoguera y decidimos no armar la carpa, la noche se presentaba despejada y no hacía tanto frío. Tom fue el primero en caer rendido al sueño por lo que Strind lo tumbó cerca del fuego y lo tapó con su chaqueta. Era una noche tan silenciosa y tan placentera que no quería estropearla pero la voz del hombre interrumpió mis pensamientos de paz.

—Ame —El hombre tenía su capucha puesta sobre la cabeza y la luz de la pequeña hoguera hacía sombras curiosas en su rostro serio—. ¿Qué tienes planeado par Tom?— Tenía mis manos cerca del fuego para calentármelas, me gustaba esa sensación de calor —La verdad, no lo tengo muy bien pensado, pero no creo poder dejarlo solo  en algún orfanato, sé que ahí los niños no son felices— vi como Strindgaard miraba a Tom y eso internamente me hizo sonreír “¿Se preocupa por el?” “¿Será que si tiene un lado amable?

—Eso suena a querer adoptarlo.—me pilló” miré a Tom dormir, lucía tan tranquilo, como si nada malo pudiera ocurrirle en ese mismo instante eso me hizo no querer alzar mucho la voz para no irrumpir los sueños del niño por lo que al mirar de Nuevo a Strind hablé en voz algo más baja—Creo que sí, es lo más probable que haga— el me miró de regreso, su mirada lucía con impresión —Eso es lo más valiente que he visto en mi vida.— El hombre movió algo de la leña de la hoguera, produciendo chispas para que no se apagara.

—Ha tenido un pasado horrible, pero de seguro tendrá un buen futuro contigo.— le sonreí inevitablemente mirando los ojos de Strindgaard—Yo no creo que sea algo de valientes querer ayudar, es solo que... No quiero que sufra más de lo que ya ha vivido— Miré al pequeño de nuevo y perdí mi mirada en el niño.


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Mensaje por Strindgaard el Dom Abr 28, 2019 4:07 am

El camino por la orilla del mar nos llevó inevitablemente hasta el puerto. Se trataba de un sitio pequeño, reseco y callado. No había más que unas cuantas gentes del mismo tipo, pero me parecieron una multitud. Luego de haber pasado tanto tiempo deambulando por el desierto, era raro ver a más de tres personas juntas en un mismo sitio.
Al llegar hasta las edificaciones la gente nos observó interrogantes, supongo que les parecía raro ver personas llegar desde tierra.
Nos colocamos a la sombra de una tienda, al frente estaba el muelle en donde había dos naves igual de precarias que la gente que las cargaba.
Espera por aquí —le pedí a Amelie—, iré a preguntar a las naves si tienen espacio para tres.

Cuando regresé había un par de niños hablando con Amelie.
¿Cómo llegaron hasta aquí?
¿Vienen de Yestrindel?
¿Han cruzado el desierto sin monturas ni equipaje?
¡Niños! ¡No molesten!
Los dos críos se encontraban en la edad en que es difícil saber exactamente si son niños o adolescentes. Al escuchar a su madre desde la puerta de la casa de enfrente se miraron entre ellos y se fueron corriendo.
He pillado pasajes en el balandro. Van hacia Taimoshi Ki Nao, aunque harán parada en algunos puertos cerca de Auberdine y las costas de Erenmios.
Tom no parecía interesado en lo que hablaba, miraba con insistencia a los niños al otro lado de la calle.
Amelie —le tiró de la ropa para que ella le prestara atención—. ¿Alguna vez volveré a ver a mamá?
Bajé la vista hacia Tom. No estaba mirando a los otros niños, sino a la madre de éstos.
Miré a Amelie, esperando a que le diera alguna explicación convincente. No estaba seguro si el pequeño estaría listo para saber qué era la vida y la muerte, pues no entendía que nunca más volvería a ver a su madre.
Me sentí un poco triste por él. A fin de cuentas, yo también había perdido a mi madre. Aunque ya hace años de eso.
Iré a comprar algunas provisiones.

El día avanzó rápidamente, y para cuando teníamos todo listo el balandro estaba casi del todo cargado con suministros para el viaje, telas, yerbas y materias primas extraídas del desierto.
Acá tienen. Les he comprado algo de fruta, agua y algo llamado shagga. Es una hierba que se mastica, les servirá para el mareo. ¿Has ido alguna vez en bote, Tom?
No —dijo al mismo tiempo que negaba con la cabeza.
Ten —le entregué un puñado de hojas secas a Amelie—, servirá si haces una infusión para que se lo beba, tú podrás masticarlo sin temor a tragarlas.

Cuando todo estuvo listo subimos al balandro. No debía tener más de diez marineros en cubierta. El capitán nos dijo que el contramaestre nos diría donde dormiríamos. Se trataba de una cabina pequeña que tendríamos que compartir los tres.
Ya nos ha tocado pasar un tiempo juntos —le comenté a Amelie con una sonrisa—, parece que tendremos más de lo mismo en este viaje.
Dejé mi macuto en una esquina de la cabina, de pronto apareció un grumete con una vasija con agua caliente y un par de tazas.
Lo que solicitó.
Le di las gracias y vertí un poco de agua en dos tazas.
Yo estoy acostumbrado a los vaivenes del mar —le dije a Amelie—, pero si necesitas beber algo de shagga adelante.
Le pedí la hierba y le preparé una taza a Tom. El barco se comenzó a mover, afuera se podían escuchar los gritos del capitán salpicados del graznido de algunas gaviotas y las velas desplegándose.
Eché mano a mi macuto y saqué una bolsita.
Mira lo que me han dado en la tienda —la abrí y saqué unas hojas de aspecto de punta de flecha: redondeadas en su base y agudas en su punta—. Las llaman estevia, se cultivan en Yestrinel.
Eché una hoja en la taza que tenía el agua y el shagga y la dejé reposar unos minutos.
La mujer de la tienda me dijo que sabe igual de dulce que un caramelo. ¿Has probado alguna vez un caramelo, Tom?
El pequeño negó con la cabeza. Se veía bastante nervioso por el movimiento del barco, estaba sentado en uno de los dos camastros que había mientras se aferraba con las manos firmemente a las sábanas.
Anda, prueba un poco. Ten —le ofrecí la taza a Amelie y la insté a probar—, luego puedes compartir con él.
Se podía sentir el aroma del shagga de la taza, que olía parecido al tabaco.
Con eso se sentirán más relajados.
Me senté en la otra cama y traté de relajarme también. Había sido todo un viaje, y por suerte seguía vivo. Sin duda Amelie me ayudó, y su compañía hizo mis últimos días en el desierto mucho más llevaderos.
Gracias Ame. Por todo —le dije de pronto, en una escapada de sinceridad—. En fin. Es mejor dormir por un rato, hemos caminado bastante, deben estar cansados.
Luego de decir esto me tumbé en la cama, y con las botas todavía puestas me acomodé sobre las ropas de cama y traté de dormir con total tranquilidad. Después de todo, tenía alguien en quien confiar cerca.


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Mensaje por Amelie Winter el Miér Jun 12, 2019 1:39 am

Caminamos por lo que se me hicieron días, por suerte el viaje fue ameno gracias a Strindgaard y a las ocurrencias de Tom, hasta que pudimos llegar al puerto del desierto. El sitio era pequeño, con poca gente transcurriendo de arriba a abajo, pero a decir verdad, era mucha más de la que habíamos visto en todo el camino de venida, también el lugar tenía un olor muy fuerte y penetrante al pescado que traían los barcos.

Después de dar unos cuantos pasos, noté como ojos curiosos nos observaban, algunos curiosos y otros como estudiándonos, tomé la mano de Tom por si llegaba a pasar algo que no se separara de mí. Strindgaard se alejó para preguntar si podía conseguir un viaje para los tres, así que me quedé con el pequeño en la sombra para que no nos insoláramos, cuando de repente unos niños curiosos se nos acercaron a preguntar, como hacían todos los niños normales

¿Cómo llegaron hasta aquí?
¿Vienen de Yestrindel?
¿Han cruzado el desierto sin monturas ni equipaje?

De golpe una señora bastante grande y con una voz muy fuerte les grito sin que nosotros pudiéramos responder, y al menos a mí me hizo dar un brinco por la sorpresa — ¡Niños! ¡No molesten!— Strindgaard regresó con buenas noticias cuando los niños salieron corriendo.

—He pillado pasajes en el balandro. Van hacia Taimoshi Ki Nao, aunque harán parada en algunos puertos cerca de Auberdine y las costas de Erenmios —

—Eso es perfecto, gracias Strind…— antes de que pudiera acabar de hablar sentí las manitas de Tom jalándome de la ropa para que le prestara atención—Amelie... ¿Alguna vez volveré a ver a mamá?—

Me arrodillé a mirar los ojos azules del niño, sabía que era joven aún para entender lo que era la vida y la muerte pero no podía mentirle —Tom… sé que eres un hombrecito valiente, me lo has demostrado antes… yo no puedo mentirte… Tu mamá no regresará… no porque ella no quiera…—acaricié el cabello del niño acomodando uno de sus mechones — Pero te quedarás conmigo… yo cuidaré de ti… te lo prometo— La mirada de Strind se puso triste “¿Que le habrá ocurrido?

—Iré a comprar algunas provisiones— Cuando Strind se fue llevé a Tom a caminar por el puerto, para que pudiera distraerse un poco, fue ahí que comencé a sentir que le gustaban los barcos —Amelie… ¿viajaremos en uno de esos?—señaló el barco más grande del puerto por lo que me hizo sonreír —Creo que será un poco más pequeño…, pero si… viajaremos en un barco de esos— la mirada de Tom estaba ahora más tranquila.

El día transcurrió tranquilo y al final el pequeño se puso a jugar con los dos muchachos de antes —No te alejes demasiado… Strindgaard está por llegar— cuando me volteé ahí estaba la figura del hombre viniendo hacia nosotros. Me sorprendí a mí misma fijándome en cómo era, en su forma de caminar tan segura todo el me llamaba la atención “Amelie para o creerá que te ocurre algo” se acercó hasta mi y me dio lo que había comprado

—Acá tienen. Les he comprado algo de fruta, agua y algo llamado shagga. Es una hierba que se mastica, les servirá para el mareo. ¿Has ido alguna vez en bote, Tom?—El niño se había acercado corriendo cuando Strindgaard se había acercado lo suificiente —No —dijo al mismo tiempo que negaba con la cabeza. —Ten —el hombre me dio unas cuantas hojas secas y las guardé en mi macuto junto con las frutas y el otro odre de agua— servirá si haces una infusión para que se lo beba, tú podrás masticarlo sin temor a tragarlas—

—Muchas gracias Strind… no te hubieras molestado— le dije sonriendo. Alistamos nuestras cosas y subimos al barco. No sabía mucho de barcos, pero este era mucho más pequeño que el que me había mostrado Tom, de eso estaba completamente segura, aunque este último estaba tan contento de haber subido a uno, que no le molestó el tamaño del barco.

Seguimos a Strind hasta un señor que se hizo llamar el capitán del barco —Gracias por viajar con nosotros, mi nombre es Mormont, soy el capitán del barco, ahora el contramaestre les dirá cuál será su cabina y donde dormirán— dijo el señor de edad avanzada y cabello canoso. El muchacho nos guio por los pasillos del barco hasta una cabina pequeña, tenía un par de ventanas donde se podía ver el exterior y dos camastros donde dormiríamos cada quien en el nuestro.

—Ya nos ha tocado pasar un tiempo juntos — Dijo Strind con una amplia sonrisa—, parece que tendremos más de lo mismo en este viaje— No entendía porque, pero Strind se había puesto así desde que habíamos abandonado el desierto, pero eso hacía que yo estuviera más tranquila y me salió una sonrisa tranquila y calmada —Tienes razón, no pasa nada por compartir de nuevo habitación—

Comenzamos a acomodar nuestras cosas por el camarote para tener un viaje más ameno, hasta que reparamos en que Tom estaba demasiado nervioso por el viaje, se había quedado sentado en el camastro en el que dormiríamos pero se encontraba en tal silencio que solo se escuchaban nuestras cosas repiquetear con los muebles del cuarto, y conociéndolo desde hacía algunos días eso era demasiado extraño en él.

Me senté a su lado y lo abracé, le iba a preguntar si estaba bien para consolarle, cuando de repente apareció un muchacho con una vasija de agua caliente y unas tazas, entregándole  todo a Strindgaard —Lo que solicitó.— lo miramos curiosos y prestamos atención a cada movimiento que hacía el hombre, parecía que fuera a hacer algún tipo de infusión para mí y para Tom, puesto que había colocado el agua caliente en las dos tazas—Yo estoy acostumbrado a los vaivenes del mar, pero si necesitas beber algo de shagga adelante— le preparó una taza de esa planta a Tom y de repente comenzamos a sentir como el barco zarpaba y se comenzaba a zarandear.

Tom tomó mi mano con fuerza, parecía estar asustado puesto que nunca se había subido a uno y la verdad yo tampoco —Tranquilo, está bien, estamos seguros aquí—le susurré para calmarlo, de pronto Strind se acercó a nosotros arrodillándose frente a el

—Mira lo que me han dado en la tienda —abrió una bolsita, que dentro tenía unas hojas de aspecto de punta de flecha redondeadas en su base y agudas en su punta, nunca las había visto por dónde yo vivía, esa planta era nueva para mí—. Las llaman Stevia, se cultivan en Yestrinel. La mujer de la tienda me dijo que sabe igual de dulce que un caramelo. ¿Has probado alguna vez un caramelo, Tom?— Echó unas hojas de Estevia en el agua junto con la otra planta y las dejó reposando hasta que el agua se tornó de un color verdoso

. —Anda, prueba un poco. Ten — Me dijo pasándome la taza—, luego puedes compartir con él—Tomé un par de tragos, y me pareció tan fuerte que a pesar de mis esfuerzos por no hacer caras por Tom, no pude evitar tener un pequeño repelús.

Después de tragar un poco del té, le hice un gesto a Tom como diciéndole que estaba muy bueno y que tomara, por suerte parece que ese gesto hizo efecto, puesto que el niño se tomó bastante parte del té, pese a su aroma tan fuerte a tabaco. —Con eso se sentirán más relajados—Miré a Strindgaard mientras este se acostaba en su camastro y se relajaba, le hice un gesto al pequeño para que se acostara por si se mareaba.

Me encontraba arropando a Tom cuando escuché la voz de Strind —Gracias Ame. Por todo — me sorprendí tanto que no pude pronunciar palabra y cuando iba a hacerlo, el me interrumpió nuevamente como queriendo evitar el tema, o restarle importancia —. En fin. Es mejor dormir por un rato, hemos caminado bastante, deben estar cansados—

Cuando escuché que ambos se encontraban dormidos por sus respiraciones lentas y acompasadas, miré al hombre durmiendo y sonreí “Gracias a ti por salvarme”, me sentía a gusto en esa habitación, era como estar en casa sin estarlo realmente… era un sentimiento extraño. Suspiré y me acosté junto a Tom abrazándolo y quedándome profundamente dormida.

No creo haber soñado nada puesto que estaba agotada, ya que al abrir mis ojos se escuchaba como los marineros hacían bullicio “Parece que ya vamos a atracar” Cuando de pronto escuché la voz de Strindgaard — ¿Qué tal les ha sentado el viaje? Ha sido un poco movido pero estos marineros han sabido sortear el fuerte viento— intenté voltearme hacia el y mirarlo normalmente, pero la luz del día me molestaba en mis ojos, haciéndome ver realmente adormilada y mi voz no ayudaba en nada

—La verdad apenas me he enterado del viaje…, sí que hace efecto esa cosa— refiriéndome a la planta que nos hizo tomar Strind, él estaba sentado en su camastro y se fijó en el estado de Tom —El mocoso duerme. Mejor así, supongo que necesita poner distancia a todo lo ocurrido. — ]Aun recostada y al sentir como había llamado al pequeño, lo miré con mis ojos entrecerrados, como intentando regañarlo por haberlo llamado así

—No le llames mocoso... pobrecito... tiene nombre— me giré hacia Tom y comencé a acariciar su cabello, cada vez me encariñaba más con el—La verdad, le hará bien descansar…, no lo despertaré todavía— me levanté del camastro para juntar las pertenencias tanto de Tom como mías, no quería olvidarme de nada, y conociéndome sabía que podría olvidar mi cabeza, si no la tuviera pegada al cuerpo, cuando escuché la voz del hombre

—Saldré a ver si podemos encontrar un carro que nos lleve a la ciudad— cuando me voltee ya se encontraba en la puerta mirándome —A no ser que no te dirijas hacia allá—

—Si está bien, de hecho voy a quedarme en la taberna más cercana mientras busco bien la dirección de dónde debo dirigirme— dije mirándolo mientras le sonreía, el provocaba eso en mí, y me hacía sentir tonta — ¿Nunca has estado en Ki Nao, ¿verdad?— lo miré confusa, pero lo dejé pasar “No recordara que ya hablamos de eso” negué con mi cabeza quitándole importancia al hecho de que ya se lo había dicho —Nop, nunca...— no sé porque responderle me dio algo de vergüenza pero no pude evitarlo —Bien. Supongo— Se dio media vuelta y salió del camarote.

Yo por mi parte terminé de juntar mis cosas que había dejado regadas por todo el camarote y me cargué mi mochila en la espalda, luego me dirigí al camastro e hice que Tom me abrazara el cuello y lo cargué, sintiendo todo su peso encima de mí. “Vaya, pesa más de lo que creí” después de sentir que había empequeñecido como unos diez centímetros por el peso, salí del camarote como pude intentando no golpear al pequeño con el marco de la puerta y me bajé del barco.

Cuando pisé el muelle me di cuenta que Strind estaba al lado de un carromato tirado por Bueyes, que llevaban la mercancía del barco —Los llevará camino a la ciudad. A medio día encontrarás la taberna más cercana. — Tom con todo el movimiento había comenzado a despertarse, lo noté cuando comenzó a rascarse sus ojitos, entonces caí en cuenta en las palabras que había utilizado Strind… y eso provocó en mí un nudo en el estómago — ¿Tu no vienes con nosotros?— volteé a verlo con preocupación puesto que no quería decir adiós aún —Mis asuntos me llevan directo a la montaña, hacia allá. —Apuntó hacia los picos más altos de la montaña que coronaba el centro de la isla—. Supongo que aquí nos separamos. —

—...eso parece...— Comencé a sentir nostalgia de que no volvería a ver al hombre que tenía delante y al que tanta confianza había tomado, así que bajé a Tom que ya estaba más que despierto y sin dudarlo le rodeé el cuello a Strindgaard en un abrazo —Gracias por todo... y espero volver a verte algún día—le susurré intentando guardar mis lágrimas, puesto que no quería hacerlo frente al niño—Puede que nuestros caminos se vuelvan a cruzar. —

Me respondió devolviéndome el abrazo, después de unos segundos nos soltamos y me dirigí a Tom —Tom... Despídete de Strind, tenemos que ir a otro lugar—Las miradas de ambos se cruzaron por un instante hasta que el niño rompió el silencio—Hasta mañana señor. —Sonreí ante las palabras inocentes del niño y de la respuesta que le había dado el hombre de cabellos negros —Hasta mañana, Tom— Y así nos subimos a la carreta y continuamos nuestro viaje hacia una nueva aventura.


Amelie Winter
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