Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Junglas de Lustria
por Strindgaard Dom Mayo 19, 2019 5:37 am

» [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)
por Amelie Winter Dom Mayo 19, 2019 1:40 am

» Un Dios entre Nosotros.
por Azura Vie Mayo 17, 2019 9:05 pm

» [Priv. Karasu y Dahana] Hierbas Quemadas
por Karasu Vie Mayo 17, 2019 3:34 pm

» Noche de Muerte [Campaña]
por Strindgaard Vie Mayo 17, 2019 12:18 pm

» [Reclutamiento y OFF] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)
por Rimbaud Vie Mayo 17, 2019 3:54 am

» Encuentro desafortunado
por Shirei Jue Mayo 16, 2019 3:23 am

» Reglas de Noreth
por Adorno Azurbanipal Dom Mayo 12, 2019 3:03 am

» La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]
por Margaret Orgaafia Sáb Mayo 11, 2019 4:59 pm

» Nas~
por Alegorn Vie Mayo 10, 2019 1:53 am



La matalobos H8SDUFN
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones
La matalobos SiUh6o7
La matalobos KRfbrcG
La matalobos 9fBXn98

La matalobos

Ir abajo

La matalobos Empty La matalobos

Mensaje por Skam el Sáb Mar 02, 2019 12:15 pm

Prólogo

El rugido de aquella enorme bestia resonó en todo el bosque de Silvide, pero lejos de amedrentarme, sonreí y proseguí mi discurso mientras esquivaba grácilmente sus ataques.

- ¿Eso es todo lo que puedes darme, asquerosa lagartija?- Pregunté, desafiante, al monstruo - ¡Deberías de estar agradecido, porque vas a tener el honor de llenar el estómago del hijo de una diosa!

El enorme y amenazador guiverno interrumpió en ese instante mis palabras con un zarpazo que casi me alcanzó, pero que supe evitar en el último momento colgándome de la rama de un árbol.

- ¡Fallaste, pobre criaturita!- Dije en tono burlón, para acto seguido saltar sobre él.

Una vez aterricé sobre su lomo, me agarré a su cuello y comencé a golpearle duramente en la zona de los ojos hasta que, por fin, mi desayuno perdió la consciencia y se derrumbó al suelo. Acto seguido me transformé en lobo casi instintivamente y rematé a la bestia, para posteriormente empezar a engullir su carne.

Mientras ejercía mi derecho divino a comer, me di cuenta de que estaba siendo observado y me puse alerta. Alcé mi cabeza y comencé a olisquear a mi alrededor. Para mi sorpresa, encontré varios lobos más devorando a la criatura.

- ¿Qué hacéis aquí?- Gruní, inquisitivamente.
- ¿Te acabas de dar cuenta ahora de nuestra presencia? Igual te pensabas que tú y tu ego podríais solos con un guiverno, aunque fuese sólo una cría- Me respondió otro lobo, algo más grande que el resto, de color parduzco. Su voz resonó claramente en mi cabeza, no podía ser otra persona.

Estaba tan absorto en mi combate que ni me di cuenta de que había recibido ayuda lobuna. Procedí a volver a mi forma humana para hablar con más claridad a mi interlocutor, sin apenas dejar de comer un trozo de carne del guiverno.

- Vaya, eres tú, Azai…- Respondí sin mucho entusiasmo –Y veo que has traído a tu manada…
- Mis hijos cazan bastante mejor que tú, a pesar de ser unos cachorros.  Y son… silenciosos. Deberías aprender de ellos.

La voz de Azai resonó en mi cabeza con tanta fuerza que me estaba empezando a doler. No podía tolerar tal reprimenda.

- Y vosotros deberíais aprender a no interceder en los asuntos de…
- Bla bla bla mi madre es la diosa Lluughua, bla bla bla, tengo sangre divina, bla bla bla, estoy por encima de vosotros bla bla bla... Calla y come.

La impertinencia de Azai estaba rozando mis límites, pero no podía hacer nada. Al fin y al cabo, me habían ayudado a cazar al guiverno. Una ayuda que no necesitaba en absoluto, pero que he de agradecer al fin y al cabo. Nunca me llevé demasiado bien con ese licántropo arrogante y presuntuoso. Pero me permite cazar en su zona a escondidas del jefe de su clan, así que debo llevarme bien por conveniencia o me podré morir de hambre.

Llegué al bosque de Silvide hace unos… ¿dos años? Nunca se me dio bien calcular el paso del tiempo, supongo que será de las pocas cosas que me quedan de la herencia de mi madre. Aunque la muy zorra ya podría haberse ido a yacer con una jauría de demonios y dejarme tranquilo el día en me desterró a este mundano lugar sin mi divina distinción… Y hablando de yacer, ya he cumplido una de mis necesidades básicas, ahora queda la otra.

El chucho pulgoso y sus hijos hacía rato que se habían marchado, pero yo hasta que no dejé más que la piel y los huesos del guiverno, no paré de tragar. Una vez sacié mi apetito, me dispuse a saciar mis otros voraces e irrefrenables apetitos. De vuelta a mi forma lobuna, corrí en dirección a la salida de la parte de mayor vegetación del bosque para pararme en el primer camino que encontré. Acto seguido, olisqueé a mi alrededor para encontrar algún vestigio de civilización. La gente mundana no suele tener buen olor y en este caso me son muy útiles para mis objetivos. En seguida hallé un olor y seguí su rastro. A los pocos minutos de carrera, llegué a un pueblecito de pocos habitantes pero bastante animado.

Ya había estado en este lugar con anterioridad. De hecho había estado en todos los pueblos circundantes al bosque de Silvide y por supuesto, todos recuerdan cómo les honré con mi presencia.

- ¡Skam, chucho asqueroso, te has tirado a mi mujer!

Es fantástico ver como a uno lo respetan, quieren y adoran tal como es. Y es que, ¿cómo podrían odiarme? Si soy la razón por la que se levantan cada mañana. A veces finjo que no escucho las conversaciones de los grupos de chicas jóvenes que murmuran sobre mí, pero está claro que todas se mueren por estar conmigo en la cama.

- Mira, ese es el licántropo que por lo visto se ha tirado a medio pueblo…
- Yo he escuchado que le da igual hombres, mujeres o animales, su apetito sexual debe ser inimaginable. A mí me da algo de mal rollo, la verdad…
- Ese chico se folló a mi hermana y a la mañana siguiente ya estaba tirándose a otra. Es un prepotente y un creído. Y la tonta de mi hermana repetiría con él. Qué asco le tengo, no sé cómo os puede gustar a vosotras…
- A mí me han dicho que se cree el hijo de una diosa. No sé, yo creo que no está muy bien de la cabeza…

Si es que, cuando alguien de sangre divina tiene la humildad de codearse con la gente mundana, es normal que lo aprecien y por supuesto sólo digan cosas bonitas de él. Y normal, si yo fuese otra persona, me follaría a mí mismo.

Me dirigí a la zona del mercadillo y hablé directamente con un una mujer bastante entrada en carnes que dirigía un puesto de pescados. Hoy sería su día de suerte.

- Buenos días, ¿cómo está mi morsita favorita? Hoy va ser tu día de suerte, mi trucha celestial quiere alegrar la mañana a tu almeja abisal. Así que vamos a…

Inexplicablemente, mi perfecto ritual de cortejo fue interrumpido por un sorpresivo golpe con un calamar proveniente de mi objetivo de apareamiento. No pude evitar mi cara de incredulidad frente al semblante asqueado de la mujer.

- ¡Vuelve a llamarme morsa y te quedas sin dientes, Skam!- Me espetó mi objetivo de apareamiento – Hoy tendrás que hacerlo con alguna loba a la que no le importen tus animaladas. ¡Fuera de mi vista!
- Vaya por Dianthe, que aprensivos estamos hoy… Pues nada, al bosque me voy.

Visto lo visto, tendría que apañármelas con una de mi otra especie. Esto tiene más peligro del habitual, pues si el jefe del clan de la zona supiera de mis aventuras, me metería en graves problemas, puesto que tienen como norma no aparearse con otros lobos, y hacerlo con otros cambiaformas sin consentimiento del líder sería una grave afrenta al mismo.

Me introduje en la parte más frondosa del bosque de Silvide y comencé mi ritual de apareamiento lobuno. Por supuesto, todas las lobas y licántropos del clan querrían yacer conmigo, pero normalmente son muy vergonzosas y no responden a mi llamada.

Al rato, una pequeña loba de pelaje castaño muy claro y de unos bellos ojos azules, que seguramente indicarían su temprana edad, apareció lentamente de entre unos arbustos para dirigirse frente a mí. Seguramente era su primer apareamiento, a juzgar por su timidez. La olisqueé para comprobar si estaba efectivamente en celo, me froté con ella suavemente por ambos lados del cuerpo y la lamí por un lado del morro. Estos gestos de aprecio la hicieron calmarse y estar más receptiva, no en vano los lobos somos uno de los mejores comunicadores con nuestros cuerpos.

Una vez satisfice mis necesidades, me dispuse a regresar a la aldea, pero detuve mi paso al ver que aquella loba me estaba siguiendo. No era un comportamiento muy habitual, a no ser que se tratase de una loba sin manada. La gruñí un poco, sin sonar demasiado agresivo, para evitar que persistiera en sus intenciones. Ella dudó un poco, pero al final regresó a las inmediaciones del bosque.

Su olor no desaparecía de mi hocico, así que seguramente continuaría por la zona, respetando mi espacio. Pero tampoco podía detenerme demasiado con nimiedades, me esperaba un gran día por delante. Porque en la vida del hijo de una diosa, todos los días son memorables.


Acto I
El día transcurrió con total normalidad hasta la mañana siguiente, en la que fui despertado por los aullidos de unos lobos y los pasos apresurados de los mismos.

Cuando no duermo en la cama de otra persona, suelo dormir en el bosque de Silvide. Aquí tengo un pequeño agujero en la tierra bajo las raíces de un árbol donde paso las noches en las que no tengo compañía.

Asomé tímidamente la cabeza para ver de qué se trataba aquel jaleo. Igual me habían descubierto, o Azai me había traicionado… Unos segundos después apareció justo frente a mí un pequeño lobo que reconocí rápidamente. Era Amiel, uno de los hijos de Azai. El mayor,  si mal no recuerdo. Éste detuvo su precipitada carrera para observarme.

- Oh, eres tú, Skam. Pensaba que eras otro lobo, perdona.
- ¿Se puede saber qué está pasando? Me habéis despertado.
- El clan se ha movilizado para encontrar a la hija pequeña del jefe. No pasó la noche en su madriguera y su padre está preocupado por ella. Habían discutido, quizá sea esa la razón por la que ha desaparecido.
- Ah, bueno, si sólo es eso, me volveré a dormir.
- Te recomiendo que vuelvas a tu forma humana y vayas al pueblo más cercano, si te quedas aquí podrían descubrirte.
- Mmm… Tienes razón. Y cuando tienes razón hay que dártela, pequeño. Sigue así y algún día llegarás a ser tan espectacular como yo.
- Sí, claro que sí, Skam…

Amiel prosiguió con su búsqueda sin más miramientos. Salí de mi madriguera, me estiré y bostecé ampliamente. Fui dirigiéndome hacia el pueblo más cercano mientras pensaba qué podría desayunar cuando de repente, cerca del camino principal, avisté un pequeño campamento. Consistía simplemente en una pequeña tienda de campaña, un par de bolsas de viaje que a saber qué contendrían y una fogata con una cazuela del que provenía un rico olor a guiso.

No parecía haber nadie alrededor, así que decidí aprovecharme de la situación y, volviendo a mi forma humana, me dispuse a degustar ese guiso que tenía tan buena pinta. Y en efecto, estaba riquísimo, lo terminé en un abrir y cerrar de ojos. Justo cuando estaba tomando los últimos restos, ya con la cazuela entre mis manos y mi cabeza prácticamente en su interior, escuché una dulce voz femenina que, sin duda, habría quedado prendada de belleza y de mi buen comer.

- ¡Maldito ladrón! ¡Llevo preparando ese guiso toda la mañana! ¡Voy a rajarte las tripas y me vas a devolver todo lo que te has tragado!
- Oh, ¿has cocinado tú el guiso?- Respondí, sin apenas levantar la vista de la cazuela –Pues enhorabuena, estaba muy rico. Quizá tengas el honor de volver a cocinar para mí en otra ocasión.
- ¿Encima te burlas de mí?

Entonces, la mujer se abalanzó sobre mí, sin pensarlo un segundo más. Con ese movimiento brusco, se me cayó la cazuela al suelo y se derramó lo poco que quedaba del guiso por el suelo, cosa que me dolió en el alma, pero no tenía tiempo de pensar en la comida, pues me estaban apuntando con un cuchillo en el cuello. Aparté por fin la vista de los restos del guiso para centrar mi atención en mi asaltante.

Su cara estaba a pocos centímetros de la mía y su semblante reflejaba un, para mí, inesperado enfado. En unas milésimas de segundo mis ojos recorrieron todas las facciones de mi asaltante. Unos profundos ojos grises clavaban sus pupilas en los míos. Su recta nariz, redondeada en su punta, no dejaba de inspirar y espirar aire a gran velocidad. Unos pequeños y voluminosos, aunque no demasiado, labios que no mostraban el más mínimo temblor. Y una gran cicatriz en su mejilla izquierda, que con toda seguridad parece la marca de las garras de cualquier animal similar a un perro, o de un lobo. No parecen recientes, debieron de hacérselas hace mucho tiempo. Por último, unos largos mechones rubios acariciaban suavemente ambos lados de mi rostro.

Creo que es la mujer más hermosa que he visto nunca. Y la tengo encima de mí ahora mismo. Y aparte de su belleza, tiene algo… No sé el qué, pero me atrae especialmente. No pude reprimir todo tipo de pensamientos relacionados a mis instintos básicos. Empezaba a notar como clavaba más y más su cuchillo en mi cuello, pero no salió sangre de ahí, pues prácticamente se encontraba toda ya en otro lugar de mi cuerpo.

El gesto de la mujer cambió radicalmente al notar que esta situación me estaba excitando. Cerró los ojos, suspiró profundamente y dejó reposar el cuchillo. Alejó su cara e irguió su espalda, pero sin bajarse de encima de mí.

- ¿Digo que voy a matarte y tu respuesta es empalmarte?
- Qué se le va a hacer, un hombre como yo no encuentra todos los días a una mujer como tú… Ni una mujer encuentra a un hombre como yo fácilmente- Solté, dedicándole mi mejor sonrisa de conquistador nato.
- Te lo perdonaré porque estás bueno y estoy necesitada de calor humano desde hace tiempo. Si le das una alegría a esta cazadora solitaria en mi tienda, prometo no matarte. Si sólo has venido a comerte mi guiso, vete antes de que cambie de opinión y salga a cazarte.
- Creo… que voy a aceptar tu oferta de darte algo de calor- Respondí, haciéndome el interesante antes de terminar mi frase- No tengo intención de morirme aún.

Tras esta breve conversación, nos levantamos del suelo. A simple vista no parecía alguien que se hubiera criado en uno de los pueblos de los alrededores, sino de un lugar más lejano, y por la delicada forma de su cuerpo, me atrevería a decir que una gran ciudad. Las ropas de aquella mujer parecían de buena calidad y, a pesar de ir cubierta con la piel de un oso, cuya cabeza hacía de capucha, aún podía verse que resaltaba su esbelta figura. Acto seguido me fijé en su cinturón, en el que portaba más de un cuchillo y unas pocas bolsas pequeñas. La besé sin más dilación y, con la intención de quitarle lo que más atentaba contra mi seguridad, fingí que me interesaba acariciarle los lados del abdomen para rápidamente deshacerme de ese artefacto del mal. La mujer, lejos de percatarse de mis intenciones, me dedicó una sonrisa pícara.

- No pierdes el tiempo, ¿eh? Ladrón de guisos…
- Mira, vas a tener el encuentro sexual más placentero de toda tu vida. Voy a llevarte al mismísimo cielo. Vas a gemir tan alto que van a escucharte hasta los dioses. Qué menos que me llames por mi nombre…- Le solté, intentando no perderme demasiado en su mirada- Me llamo Skam.
- Yo soy Arian- Respondió la mujer, tras reírse descaradamente de mi discurso.

Poco a poco, entre besos y caricias, nos fuimos desnudando y paso a paso nos fuimos acercando a la tienda de campaña. Cuando ya estábamos a punto de entrar, Arian me separa con ambas manos sobre mi pecho. La miré con cara de incredulidad.

- ¿Ocurre algo?
- Espera aquí…- Me respondió mientras entraba en la tienda.

A los pocos segundos, saca del interior de la tienda el cadáver de un animal sin su piel. Al principio no reconocí de qué tipo de animal se trataba, pero, con los ojos como platos, me di cuenta de que era un lobo. Arian interrumpió mis pensamientos, volviendo mi cara hacia la suya suavemente con su mano izquierda. Sujetaba algo con su mano derecha tras su espalda y me estaba temiendo la propuesta que iba a hacerme.

- Skam… ¿Te importaría ponerte esto?- Me preguntó Arian, ofreciéndome la piel del lobo, de un color castaño muy claro, casi rubio, que había sacado fuera de su tienda junto con el cadáver.

Empecé a relacionar en mi cabeza el cadáver del lobo con la piel que me ofrecía y su característico tono. Me querían sonar de algo, pero no tenía ni idea de qué.

- Cacé a esa loba ayer por la noche y estuve hasta ahora despellejando su piel. Me pondrías mucho más caliente vestido con esto…

En toda mi vida he conocido a mucha gente, y algunos muestran facetas oscuras y retorcidas en el ámbito sexual. Por supuesto, nunca he tenido problemas para satisfacer tales deseos a mis objetivos de apareamiento, pero esto superaba mis límites. Yo por ahí no paso.

- No- Respondí lo más seco que pude, no podía permitir una negociación.
- ¿Por qué, Skam?- Parecía que mi negativa le había pillado de improviso.
- No puedo, Arian. Dejémoslo así.
- No te entiendo…
- Es que yo soy…

Estaba a punto de confesarle que era un cambiaformas, pero nuestra conversación fue interrumpida salvajemente por una manada de lobos que empezaron a aullar al unísono. Dirigí mi mirada hacia Arian. Ella, lejos de estar asustada, tensó el rostro, se apartó de mí y tomó un cuchillo rápidamente. En pocos segundos había tomado una postura defensiva, y a pesar de que estaba prácticamente desnuda, al igual que yo, no parecía temer a aquellos lobos, que habían tomado una formación semicircular y estaban acercándose más y más.

- Esta escoria lobuna…- Se quejó Arian –No han tardado nada en darse cuenta de que faltaba uno de los suyos…
- Parece que tienes algo de aprensión hacia los lobos, Arian- Dije algo asqueado mientras comenzaba a vestirme tranquilamente.
- No tengo tiempo ni ganas de contarte la historia, pero estoy segura de que has visto las cicatrices en mi cara- Respondió Arian, de manera muy borde.

A los pocos segundos comenzaron a aparecer más y más lobos, rodeando el campamento de la cazadora. Uno de ellos era extraordinariamente grande, tenía el pelo negro como el carbón y cara de muy pocos amigos. Éste dio un paso al frente y para la sorpresa, más de Arian que mía, se transformó en un corpulento humano melena y barba negras que llegaban a la mitad de la espalda y al pecho respectivamente. Llevaba una armadura de cuerpo, una espada larga colgada en un cinturón y llevaba en la mano una larga vara de madera. Definitivamente parecía un hombre de pocos amigos. El rostro de Arian se volvió aún más furioso si cabe.

- Me llamo Enoc. Soy el líder del clan de licántropos de esta zona y vengo a reclamar el cuerpo de mi hija, a quien asesinaste anoche, cazadora, y pienso vengarme por ello.

Sus palabras sonaban duras y firmes, pero no me parecían las palabras de un padre al que hubiera perdido a su hija. Quizá no tuvieran una buena relación, o simplemente no era de mostrar sus sentimientos, aunque no había duda de que quería a su hija.

- ¡Cambiaformas!- Exclamó Arian con un claro tono de repulsión - ¡Sois una aberración para este mundo! ¡Encima licántropos! ¡Sois la mayor escoria que pisa la tierra!
- Pues estabas a punto de tirarte a uno, preciosa…- Solté, prácticamente sin pensar.

Todos los presentes se giraron hacia mí. Lejos de sentirme incomodado, me vine arriba y me presenté como sólo yo sé hacer.

- Buenos días tengan todos. Me llamo Skam, soy un licántropo y además hijo de Lluuhgua, diosa del caos y de los placeres de la carne. Estaba a punto de mostrarle mis perfeccionadas habilidades en el coito interracial a esta, aunque asesina de vuestra hija, hermosa mujer. Así que si pudierais posponer vuestra venganza, digamos… un par de horas, os lo agradecería divinamente. Podéis quedaros observando si lo deseáis, por mi parte no hay problema.

Pude sentir como uno de los lobos presentes suspiraba profundamente. Seguramente fuese Azai. Ese licántropo presuntuoso y engreído no me robaría el protagonismo en esta situación. Apenas terminé mi discurso, Arian, que había sido poseída por la ira, se abalanzó sobre mí, chillando.

Adopté una postura defensiva, pero su ataque fue interrumpido por nada más y nada menos que Baruc, el segundo de los hijos de Azai y el más corpulento de todos, quien la embistió en su forma lobuna con todas sus fuerzas y la redujo, ya en el suelo. En cuanto el licántropo levantó su zarpa para atacarla, yo mismo me interpuse, sin saber muy bien por qué.

- Baruc, no- Solté, mostrando una calma absoluta.
- ¡Es una asesina de lobos, Skam!- Exclamó Baruc. Se notaba que estaba afectado por la situación.
- Lo sé, deja que yo me encargue de ella- Respondí, tratando de calmarlo- Tú sólo retenla mientras soluciono todo esto.

A un lado pude distinguir a Azai, visiblemente tenso y preocupado. Baruc permaneció en su posición sin atacar a Arian, tal y como yo le había pedido. Mientras, el resto de sus hijos parecían estar junto a su padre: Amiel, quien seguramente superaría a su padre en todos los aspectos cuando sea adulto; Cefas, un joven licántropo con quien apenas he tratado, pero algún don tendrá y Dana, su única hija. Esta última me hacía ojitos, de vez en cuando, a escondidas de su padre, pero aún no tiene edad para aparearse, así que de momento no puedo verla como un objetivo.

El líder del clan avanzó en ese instante lentamente en mi dirección. Centré toda mi atención en él, pero no parecía tenerme a mí como su objetivo. Su sola presencia era intimidatoria, aunque por un extraño motivo, no me sentía amedrentado, sino emocionado.


Acto II
Enoc se acercó al cadáver de la loba y comenzó a olisquearlo. Cada vez que inspiraba aire, su rostro iba haciendo un cambio desde la más absoluta tristeza, pasando por la rabia repentina, para acabar en una furia desatada.

- Con razón tardamos tanto en encontrarla… Es ella, pero no tiene su olor… Mi hija… MI HIJA HUELE A HOMBRE
- Mierda…- Solté, imaginándome lo que vendría a continuación.
- Y HUELE EXACTAMENTE COMO TÚ, ASQUEROSA Y SUCIA RATA. VOY A REVENTAR TODOS Y CADA UNO DE LOS HUESOS DE TU CUERPO HASTA QUE ME SUPLIQUES TU MUERTE.
- ¿Se refiere a mí?

Todo apuntaba a que la joven loba a la que seguramente había arrebatado su virginidad era la hija menor del líder del clan, que correspondía con el cadáver que teníamos todos enfrente, desollado por la mujer matalobos que iba a tirarme. Como consecuencia, el líder del clan de la zona y padre de la loba que monté ayer quiere matarnos a Arian, por cazar a su hija y desollarla, y a mí por hacerle descubrir los placeres de la carne. Si cuando yo digo que cada día de mi vida es memorable, tengo toda la razón del mundo.

Enoc se colocó en una extraña posición y empezó a gritar muy alto. Su cuerpo fue transformándose en algo que yo ignoraba que pudiera hacerse. Estaba como a un paso intermedio entre la forma de lobo y la forma humana. Enoc conservaba su apariencia lobuna, pero se erguía perfectamente a dos patas y su cuerpo se había vuelto mucho más musculoso. Mi cara se iluminó ante el apasionante combate que se avecinaba.

- Entonces usted debe de ser mi suegro, ¿verdad? Una pena que nos conozcamos en estas circunstancias. Le acompaño en el sentimiento.

El líder del clan arremetió furiosamente contra mí, pegando berridos. Pude esquivar su embestida en el último momento. Era lento, pero seguramente si me agarrase me destrozaría todos mis huesos, como prometió. Esto se ponía cada vez más interesante.

- Le advierto que no soy de los que les gusta compartir la comida, espero que no le siente mal, pero no acudiré a las cenas familiares.
- Este chaval no respeta nada…- Oigo susurrar a Azai, aunque no logro entender muy bien a qué se refiere.

Enoc, que gritaba cada vez más según yo iba diciendo cosas, dio un salto y se abalanzó sobre mí con una garra al frente y la otra en alto. En ese momento, vi un hueco en su defensa y aproveché mi oportunidad. Di un par de pasos al frente para asegurarme de que caería a cuatro patas, a mis espaldas, y efectivamente lo hizo. La tierra tembló un poco al impactar aquel monstruo con el suelo y levantó algo de polvo en el proceso. Entonces, según se giró para golpearme con la garra que durante el salto mantuvo en alto, y fue en ese momento cuando le di una patada fortísima en la cara, que estaba totalmente desprotegida y prácticamente a mi altura. Pude tumbarlo con ese golpe.

- Vaya, suegro, así que es de esos a los que les gusta echar la siesta después de un combate…

El líder del clan se encontraba ahora boca arriba en el suelo, y sin más dilación me abalancé sobre él con los dos puños juntos y sobre mi cabeza, para darle un fuerte golpe en el pecho que le hizo expulsar algo de sangre por la boca.

- ¡Pero despierte, mi estimado suegro, que aún nos estamos conociendo!- Exclamo al momento de atacar.

Enoc contraatacó rápidamente, apartándome de encima de él con ambas piernas y arremetió contra mí dando zarpazos a diestro y siniestro. Sus gritos ya me estaban empezando a molestar. Me protegí con mis brazos de sus arañazos, pudiendo ver claramente como mi cuerpo empezaba a chorrear sangre. Sus garras estaban afiladas como si de una espada se tratase, aunque estaba tan concentrado en mi enemigo que no le presté mayor atención.

- Como siga hablándome de esa manera, voy a pensar que le caigo mal. No creo que a su hija le guste mucho que tengamos estos roces…

Entonces, agarré al monstruo de ambos brazos en cuanto se me presentó la oportunidad y traté de levantarlo, como ya había hecho en otras ocasiones con los borrachos de los bares. Sin embargo, apenas pude levantarlo, pesaba demasiado. Me golpeó tan duramente, aprovechando mi movimiento fallido, que salí volando por los aires y me choqué contra un árbol. Los demás lobos no paraban de observarme, pero nadie se dirigió a mí, sólo me abrieron el círculo para que volviera a la pelea lo antes posible.

Enoc se acercaba directamente hacia mí, como el proyectil de un arma de fuego. Esperé al momento preciso y salté sobre él, permitiéndome el lujo de darle una patada en la cabeza con la planta del pie. El monstruo se dio de bruces contra el mismo árbol que yo, pero iba tan rápido que con la fuerza del choque logró levantarlo un poco, de tal manera que ahora dicho árbol estaba torcido y alguna de sus raíces estaba a la vista.

- Creo que está sacando las cosas de quicio, querido suegro. Voy a tener que hablar con su hija y darle cuenta de su comportamiento para que lo ponga en vereda.

Acto seguido, me dirigí al cadáver de la loba y me agaché junto a su cabeza, fingiendo que me hablaba al oído.

- Ajá… Sí… Claro… Intolerable, es intolerable.

Mientras tanto, Enoc, fuera de sí totalmente, agarró a uno de los lobos de su propia manada, lo elevó por los aires y lo lanzó contra mí.

- ¡MATADLO!- Vociferó Enoc -¡MATADLO SIN PIEDAD!

Sin pensarlo un instante, extendí los brazos y traté de atrapar al lobo volador. Por suerte, no pesaba mucho. Aunque ambos caímos al suelo, ninguno de los dos salió muy mal parado. Cuando me levanté, no esperaba verme envuelto en un giro dramático de los acontecimientos.

Los lobos no obedecieron a Enoc, a pesar de que era el líder de su clan. Todos permanecieron en sus posiciones y de hecho adoptaron una postura defensiva. Al parecer, no les había gustado su último movimiento.

- ¿NO ME HABÉIS OÍDO? ¡ACABAD CON ÉL!

Se hizo el silencio. Y tras unos segundos de incertidumbre, Azai dio un paso adelante.

- Creo que todos coincidimos en que has superado tus límites, Enoc.

Ya estaba otra vez intentando quitarme protagonismo, qué manía.

- ¿CÓMO TE ATREVES A REVELARTE CONTRA TU LÍDER, AZAI? ¡VAS A PAGAR CARA TU INSOLENCIA!
- Hace mucho que no eres un líder, Enoc. Te comportas como un tirano. Empleas a los miembros de tu clan como herramientas, no nos tratas como una familia. Mataste a la madre de mis hijos únicamente porque no quería yacer contigo. Has desterrado a los cachorros que tenían más dificultades para la caza y no permitías que sus padres o sus hermanos abandonaran el clan para seguir cuidándolos. Has enviado a lobos a una muerte segura intentando cazar guivernos adultos y si te encontrabas en ese grupo, eras el primero en huir y salvar tu pellejo. Y por si todo esto no fuese suficiente, acabas de lanzar a uno de tus hijos por los aires buscando golpear a otro miembro de tu misma especie que, a fin de cuentas, no ha hecho nada malo. No puedes controlar tus propios sentimientos y pretendes controlar los de tus hijos…
- ¡BASTA YA! ¡NO TOLERO TU INSUBORDINACIÓN! ¡VAS A MORIR COMO EL OTRO CAMBIAFORMAS Y SU PUTA CAZADORA MATALOBOS!
- Creo que hablo en nombre de todos al decir lo siguiente: Enoc, quedas expulsado de nuestro clan. No queremos volver a verte en el bosque de Silvide nunca más.

Al escuchar esas últimas palabras, Enoc estalló en ira y atacó a Azai, pero al mismo tiempo, el resto de lobos se abalanzaron contra su antiguo líder, que apenas pudo resistirse y decidió echar a correr al interior del bosque. El resto del clan comenzó su persecución, liderados por Azai.

Baruc permaneció en su puesto, tal y como yo le había ordenado. Le hice una señal con la cabeza para permitir que se fuera, me devolvió el gesto, liberó a Arian y echó a correr en dirección al interior del bosque para encontrar a los suyos.


Acto III
La matalobos, lejos de mostrarse arrepentida por sus actos, nada más liberarse, tomó su cuchillo y se abalanzó sobre mí. Estaba débil tras el combate contra Enoc, pero aún guardaba fuerzas de sobra para forcejear con ella.

- ¡Ey, ey, ey!- Exclamé, sorprendido –“De nada” por salvarte la vida, ¿eh?
- ¡Eres un monstruo!
- Hace un rato no me decías lo mismo…
- ¡No sabía que eras un asqueroso licántropo! ¡Eres una aberración! ¡Tenía que haberte matado aquel monstruo!
- Me siento abrumado ante tantos piropos, pero… se acabó.

Solté sus brazos, la agarré de las ropas por la altura del pecho y la elevé por los aires para tumbarla bruscamente en el suelo. Con el impacto, Arian fue desarmada. Acto seguido me puse sobre ella y le agarré de nuevo sus brazos, pues trató de golpearme. Posé sus brazos en el suelo. Dejó de moverse. Mi cara se encontraba a pocos centímetros de la suya tras el movimiento anterior. Nos encontrábamos prácticamente en la misma posición que cuando nos conocimos, pero en esta ocasión yo estaba encima, y eso parecía provocarle la misma sensación que a mí, puesto que sus piernas temblaban ligeramente y notaba su corazón latir rápidamente.

- ¿Me vas a explicar por qué odias a los lobos y a los licántropos?- Le pregunté, susurrándole al oído, de la forma más tranquilizadora posible.
- Hace mucho tiempo, cuando yo era una niña…- Comenzó a explicar Arian, lentamente, como si le doliera hacer memoria –Mis padres, mi hermano pequeño y yo vivíamos en una casa en Zheroker, la tierra de los cazadores. No soy exactamente una hunta, pero mi familia desciende de ellos. Una noche de luna llena mi padre volvió a casa con un cachorro de lobo para cenar. No es un animal que se suela comer, pero no podíamos llevarnos otra cosa a la boca. Durante la cena, comenzamos a oír aullidos de lobos, y cuando nos dimos cuenta, una manada de lobos liderada por un licántropo irrumpió en nuestra casa y mató a toda mi familia. Yo me salvé de milagro…

Según Arian fue contando su historia, su rostro se entristeció y sus ojos parecían estar a punto de llorar. Se me estaba removiendo algo por dentro, aunque no sabía exactamente lo que era, igual eran gases por el guiso. Sea lo que fuere, esa sensación desapareció de repente en cuanto la cazadora soltó su siguiente frase.

- Desde entonces quise ser cazadora como mi padre y no descansaré hasta ver a todas y cada una de esas criaturas infernales muertas y bien muertas.
- Creo que con lo que ha pasado hoy tienes motivos de sobra para reconocer que no somos criaturas infernales. No quiero excusar a los asesinos de tu familia, pero en las noches de luna llena, tanto los lobos como los licántropos normalmente no son conscientes de sus actos y hacen cosas que no harían en cualquier otro momento…
- ¡No tienes ni idea de lo que he sufrido, no me vengas con tu compasión, monstruo!
- Desgraciadamente yo también he pasado toda mi vida sin padres. Ignoro si mi padre estará vivo o no por alguna parte, pues nunca lo conocí. Mi madre, por su parte, me abandonó cuando era muy pequeño. Aunque no pueda sentir tu rabia, puedo sentir tu soledad. Puedo sentir tu dolor…
- Si vas a matarme, hazlo ya, Skam…
- Matas por un motivo distinto a la supervivencia, no puedo tolerar tus actos. Y además matas a mis congéneres, cosa que tampoco puedo permitir, pues les debo el que yo esté vivo aún. Sin embargo, debo confesarte algo. Nunca he amado a nadie. Muchas veces he fingido tener sentimientos por alguien si con ello consigo acostarme con esa persona. Pero este no es el caso. Siento algo por ti que nunca había sentido por nadie. Creo… creo que… me gustas, Arian.

Entonces a la matalobos le cambió el rostro por completo, intentando descifrar la información que le había dado. Cerró los ojos y suspiró profundamente.

- Bésame.
- ¿Qué?

Sinceramente no esperaba esa respuesta. ¿Acaso mi divina belleza era tan irresistible que hasta una persona con un pasado y un odio tan irrefrenable por los lobos y licántropos se muere por mis huesos?

- Que me beses, Skam. No te lo voy a repetir más.

Sin más dilación, la beso y ella me abraza. Comienzo a acariciarla por todo su cuerpo y trato de quitarle la poca ropa que le quedaba. Estaba tan caliente que no quería ni meterme en la tienda de campaña, y a ella tampoco parecía importarle lo más mínimo hacerlo al aire libre. Al rato, siento un profundo dolor en mi costado izquierdo y suelto un grito. La cara de Arian pasa de ser de placer a una sonrisa malévola. Me giro en la dirección de donde provenía el dolor y me temo lo peor: me había clavado su cuchillo mientras estaba ocupado dándole placer. Como respuesta, le pongo mi antebrazo en el cuello, ahogándola, y saco el cuchillo del interior de mi cuerpo sin poder dejar de mirar a sus hermosos ojos, que me tenían atado de alguna manera indescriptible.

- ¿No vas a desistir nunca, verdad?- Le pregunté, apenado, aunque ya sabía la respuesta.
- Nunca. No descansaré nunca hasta veros a todos los lobos y licántropos muertos.
- No voy a matarte. Aunque hayas intentado matarme en varias ocasiones. Yo no mato si no es para comer o defenderme. Recoge tus cosas y vete de aquí. No vuelvas más al bosque de Silvide o los otros lobos acabarán contigo.

Una vez terminé mis palabras, me levanté muy despacio, me transformé en lobo delante de ella y ante su incrédula mirada, corrí al interior del bosque. Le conté a Azai cuando lo vi que la había dejado marchar. No se enfadó conmigo, pues le confesé mis sentimientos hacia ella, o lo que sea que fuese es. El resto de lobos tampoco decidieron no tomar represalias. Eso sí, Azai juró que si esa mujer volvía a aparecer por el bosque, la cazarían sin contemplaciones.

Los licántropos más avezados a la medicina se prestaron amablemente a curar mis heridas, tanto las que me provocó Enoc, como la puñalada de la cazadora matalobos. No mostraron reparos en expresar su sorpresa, pues estaba lleno de heridas y había perdido mucha sangre, pero aguantaba el tipo como un campeón.

- ¡Que alguien le ponga un bozal o le drogue, que no aguanto sus gritos!- Exclamó Azai, que se encontraba cerca de mí en ese momento, pero sin estar pendiente de cómo curaban mis heridas.
- ¡Si no le hacéis callar, lo callo yo, pero para siempre!- Exclamó otro licántropo que se encontraba por los alrededores.

Me hacían bastante más daño al curarme que el hecho de que me inflijan heridas, pero tampoco era para tanto, yo creo. Qué sensibles son mis congéneres.

Al día siguiente regresé a la zona del campamento de Arian. No había ni rastro de ella. Parecía que se había ido. Sin embargo, bajo una de las piedras que formaban lo que ayer fue una fogata, había un trozo de papel cuidadosamente colocado para que se viese, pero de forma que no se moviera de ahí a no ser que se levantara la piedra.

Me picó la curiosidad, levanté la piedra y tomé el trozo de papel. Era una carta de Arian. No estaba seguro de si debía leerla o no, pero cuando me quise dar cuenta, ya estaba inmerso en su lectura.

“He recogido mis bártulos y me he ido, por mi propio pie, no porque me hayas echado, que te quede claro. No tengo pensado volver al bosque de Silvide en una temporada. La próxima vez que nos veamos te mataré, que no te quepa duda, pero antes tendrás que probar un guiso que seguro que está mucho más rico que el que me robaste, y no aceptaré un “no” por respuesta.

Te odio,

Arian”


Doblé cuidadosamente la carta y la guardé en mi bolsillo. No sabía muy bien por qué, pero quería conservarla, al menos, hasta que nos volviésemos a ver…


Fin

Spoiler:

La matalobos 25f0cc10
Arian, la cazadora matalobos
La matalobos 0c049d10
Enoc, antiguo líder del clan de licántropos del bosque de Silvide
La matalobos 23119210
Enoc en su forma bélica de licántropo
Skam
Skam

Mensajes : 53
Link a Ficha y Cronología : Skam
Cronología de Skam

Nivel : 1
Experiencia : 200 / 500

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.