Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Ficha de Mivam Durotar
por Mivam Hoy a las 5:50 am

» Urna
por Amelie Winter Hoy a las 2:27 am

» [Priv. Karasu y Dahana] Hierbas Quemadas
por Karasu Ayer a las 4:50 pm

» Ficha de Shirei y Baku
por Alegorn Ayer a las 1:47 am

» Rastro sin huellas [Privado]
por Eshed Dylan Ayer a las 12:36 am

» Miedos [Privada con Celeste Shaw]
por Kromul Jue Mar 21, 2019 9:34 pm

» Asfet.
por Skurk Äsping Jue Mar 21, 2019 7:10 pm

» Un Dios entre Nosotros.
por Strindgaard Jue Mar 21, 2019 4:59 am

» Misión Fallida: Hijra de Shirei y Baku
por Shirei Jue Mar 21, 2019 4:53 am

» Fuego y Hielo
por Dahanajan Dess Jue Mar 21, 2019 1:53 am




Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


Un susto muy placentero [Privada con Lilith Schwarz] (En construcción)

Ir abajo

Un susto muy placentero [Privada con Lilith Schwarz] (En construcción)

Mensaje por Skam el Mar Mar 05, 2019 12:19 pm

No solía alejarme demasiado del bosque de Silvide desde que me había instalado allí, pero hacía unos días que varios miembros del clan de Azai me habían recomendado las tabernas de Thonomer como un buen lugar en el cual desatar mis pasiones.

En cuanto se me presentó la oportunidad, aprovechando una mañana realmente aburrida en mi hogar, tomé la decisión de dirigirme en aquella dirección. Con los pasos veloces y firmes que me brindaba mi forma lobuna, sumados a mi emoción por probar nuevas experiencias, llegué a la ciudad de Phonterek en poco tiempo.

Era el lugar más grande y habitado de todos en los que había estado hasta ahora. También es cierto que sólo había visitado bosques, montañas y pueblos, pero lejos de asustarme la gran ciudad, me emocionó aún más, al imaginarme toda clase de oportunidades que derivarían de mi presencia en este lugar.

Lo primero era buscar una taberna. Estaba algo cansado del viaje y me gustaría reponerme con algún refrigerio, a ser posible con alcohol. Por supuesto, nunca voy con dinero encima, así que tendré que ganármelo de la mejor manera que sé: peleando.

Tras callejear un poco, me introduje sin pensar en la primera taberna que vi. Por suerte, estaba bastante repleta de gente, por lo que no me costaría demasiado cumplir mis objetivos. Observé a mi alrededor en busca del típico grupo de “fortachones ebrios sin cerebro” y me sentí orgulloso cuando en nada y menos descubrí que eran la mesa que más alboroto estaban montando. Qué fácil me lo estaban poniendo.

Aquella jauría de machos cabríos estaba organizando una especie de torneo de pulsos. Habían juntado un par de mesas para tal magnífico evento. Por suerte, la mitad de la mesa estaba a reventar de jarras de cerveza medio vacías. Eran seis exactamente, todos más bien gordos que musculosos y bastante más adultos que yo. Dos de ellos se encontraban en pleno apogeo de su demostración de fuerza, los otros cuatro observaban y animaban dando voces y golpeando la mesa con sus bebidas. Me acerqué al grupo, sin demasiado afán por ocultar una pícara sonrisa, pues esto ya estaba claro cómo iba a terminar si estaba yo en este lugar.

- Buenas tardes, caballeros. ¿Me puedo unir a vuestro juego?
- Tienes buenos brazos, chico, seguramente nos entretengas. Pero aquí jugamos apostando- Me explicó uno de los que no están haciendo el pulso en este momento, tras una inquisitiva mirada hacia mi cuerpo de arriba a abajo -¿Qué puedes ofrecernos?
- Estoy tan seguro de que voy a ganarnos a todos y cada uno de vosotros, que si pierdo, aunque sea solo una vez, me convertiré en vuestro esclavo durante una semana para cada uno.

Los ojos de los borrachos se iluminaron al instante y empezaron a reírse a carcajada limpia.

- Tú no eres de por aquí, ¿verdad? ¿Cómo te llamas, chaval?
- Skam, y sí, no soy de Phonterek. Me recordaréis, no os quepa duda.
- Dejad de hacer el tonto y levantaos, que tenemos un valiente entre nosotros- Dijo el grandullón con quien estuve hablando, que con un gesto levantó de la mesa a los que estaban haciendo el pulso.

Mi rechoncha, ebria y adorable víctima se sentó en una de las sillas libres y me ofreció asiento. Me senté sin dudar, dejando escapar una sonrisa de confianza absoluta.

- ¿Y bien? Hemos aceptado tu parte de la apuesta. ¿Qué es lo que buscas de nosotros?
- Entretenimiento. No creo que podáis ofrecerme otra cosa- Respondí, sin pensármelo demasiado. Las risas de los borrachos parecían empezar a llamar la atención del resto de los clientes.
- Bien. Trato cerrado - Dijo, ofreciéndome su mano para comenzar el pulso.

Le tomé la mano sin vacilar y me sorprendí de la poca fuerza que tenía para ser tan grande. Fingí estar a punto de perder el pulso hasta que vi en su rostro una cara rebosante de felicidad por su inminente victoria. En ese momento, sonreí, le miré a los ojos y me dirigí a él.

- Qué decepción...

Acto seguido, le giré el brazo tan fuerte, que no sólo le gané el pulso, si no que al chocar su mano con la mesa, ésta se partió en dos. Mi rival de pulso empezó a gritar de dolor y sus otros cinco gorilas se abalanzaron sobre mí. Me había costado, pero al fin había empezado la diversión.

Agarré a uno de ellos que me venía por un lado y lo lancé sin mayor problema contra otro de ellos, destrozando otra mesa como consecuencia. Con tres de ellos fuera de combate, decidí darles al resto una oportunidad. Extendí los brazos, les sonreí pícaramente y me dejé golpear por mis restantes rivales, aunque lamentablemente me hacían poco más que un masaje con sus puños. El dueño de la taberna estaba visiblemente alterado, sin saber qué hacer. Podía escuchar sus gritos desde mi posición, intentando que nos calmásemos o que nos peleáramos fuera, sin mucho éxito. Por otra parte, el resto de clientes estaba bastante animado, podía escuchar cómo alentaban la situación y me daban ánimos. No debían de tener en muy buena consideración a este grupo. La taberna estaba tan animada que parecía que entraba gente solamente para ver el espectáculo.

No sé quién se cansó antes, si yo porque empezaba a aburrirme de que no me dieran batalla, o los borrachos del sobreesfuerzo que estaban haciendo al enfrentarse “solamente” tres contra uno. Decidí cortar por lo sano. Según me vino uno de ellos de frente le di una tremenda patada en el estómago. Salió despedido por los aires, aterrizando, cómo no, en otra mesa, destrozándola. El viaje no pareció sentarle muy bien, ya que nada más aterrizar, vomitó. Acto seguido, agarré una de las jarras de cerveza que había por la mesa más cercana, me tomé la libertad de pegarle un trago y se la reventé en la cabeza al siguiente que se me acercó. Sólo quedaba uno, y para ese le tenía preparado algo especial.

Esperé a que el último de ellos se me acercara, pero parecía que iba a echar a correr. Sin embargo, no se me iba a escapar. No sin que antes jugase un poco con él. Según pasó corriendo a mi lado, le puse la pierna en medio, provocando que cayera de bruces al suelo. En seguida, como buen ciudadano que soy, me dispuse a levantarlo.

- ¡Oh, vaya, mira como te has puesto!- Dije al ver toda su ropa manchada de cerveza y vino al haber tenido contacto con el suelo. Elevé de nuevo por los aires al borracho y lo lancé tras la barra- ¡Tabernero, deme una bayeta para limpiar a este pobre hombre!

Di un salto para acceder a la parte de atrás de la barra, recogí a mi casi inconsciente borrachín, le agarré la cabeza y empecé a romper todas las botellas que había delante con su cara. El tabernero estaba preso del pánico con mi espectáculo, pero a la clientela parecía encantarle. Así que esta era mi oportunidad para que todos guardaran en su memoria este momento. Dejé en paz a mi último juguete, salté sobre la barra y me dirigí a mi entregado público levantando los brazos. Me respondieron con vítores y aplausos.

- Gracias, gracias... Me llamo Skam, soy un licántropo e hijo de Lluuhgua, la diosa del placer. Mi mayor virtud es dar todo tipo de placer a la gente. Espero que hayáis disfrutado con este espectáculo y os haya entretenido... Y a las señoritas, solteras o casadas, que les interese otro tipo de entretenimiento, pueden invitarme a una copa y hablaremos más tranquilamente...

No estaba seguro de si habrían escuchado mi discurso con atención, pero habían empezado a corear mi nombre. O muy mala gente eran esos tipos con los que he estado “jugando”, o no estaban muy acostumbrados a las peleas de bar. Sea como fuere, sonreí y me quedé un ratito más sobre la barra, regocijándome en mi pequeño momento de gloria hasta que los vítores fueron cesando. Entonces, me bajé.
Skam
Skam

Mensajes : 33
Link a Ficha y Cronología : Skam
Cronología de Skam

Nivel : 1
Experiencia : 200 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Un susto muy placentero [Privada con Lilith Schwarz] (En construcción)

Mensaje por Lilith Schwarz el Miér Mar 13, 2019 5:20 pm

De nuevo estaba en la calle. Sonrió. Aquella… carcelera estaba muerta. Esbozó una media sonrisa triunfal y caminó poco a poco, regodeándose en la sensación de libertad. Después de esos días con aquella cosa puesta en la espalda, al fin podía estirar las alas, algo que realmente echaba de menos. Se veían intimidantes y aquello le gustaba. Incluso podía sentir las miradas de aquellos que se fijaban y se apartaban para evitarla, para alejarse un poco. Era increíble. Salió de Phonterek, a las afueras, a una pequeña casa que sabía que estaba vacía, y allí sólo se relajó y puso un poco de orden a sus pensamientos. ¿Qué hacer? Eran tantas las posibilidades… Estaría allí un par de horas, lo justo para acicalarse y ponerse a punto para salir y volver a las andadas. Tenía que hacer algo. No sabía qué, pero sí algo.

Dejó que su mente fuera por donde quisiera, y le vino Celeste a la memoria. Esa mujer… ciertamente había sido agotador estar en su cabeza y no poder hacer mucho más que controlarla a ratos. Recordaba que había estado a punto de desaparecer cuando conoció a alguien que la hacía realmente feliz, pero al fin estaba fuera. Pensaba vengarse de ella, vengarse y hacerle ver qué era perderlo todo, incluso el cuerpo. Y sin embargo si la atacaba directamente pasarían dos cosas: la primera, que no la afectaría demasiado. No sería más que una paliza. Y la segunda, que irían directamente a por ella. Así que más valía que no se viera ningún tipo de señal de quién era la autora de semejante acto. No, ya tenía pensado a quién atacar, en ese momento. Lo que le faltaba era encontrarlo. Seguramente estaría en la ciudad, ¿quién sabía? Debía ver si era así. Tenía un par de lugares concretos que sabía que él frecuentaba, ya que la pelirroja solía ir bastante allí, y el chico la acompañaba. ¿Tendría ya trece años? Algo así, sí.

Después de lavarse y poner su cabello en orden, salió de nuevo a la calle. Si antes su aspecto era desaliñado y algo salvaje, y por ello tal vez temible, en ese momento era pulcro, pero tan pulcro que podía dar miedo. El rostro completamente blanco, los labios negros, con un cosmético especial igual que en los ojos, donde usaba otro que ayudaba a que su mirada fuera mucho más penetrante. Esbozó una media sonrisa y caminó, con los ojos atentos, hasta una taberna en concreto, donde se sentó en una mesa bastante apartada. Apenas era mediodía, por lo que iba a tomar un buen almuerzo antes de hacer nada. Pidió una ración bastante generosa que terminó en poco tiempo, y se quedó allí para ver si el chico pasaba. Efectivamente, ufe. Lo conocía demasiado bien a raíz de haber estado allí, aunque no por voluntad propia, mientras él iba creciendo. Era un chico calmado, eso lo sabía, y también tenía conocimiento de algunas de sus habilidades. No era nada que alguien que peleara bien no pudiera superar. Se levantó y salió sin que él la viera. Si estaba allí era que se alojaba en ese mismo local. Se preguntaba qué hacía allí solo, pero no era algo que le importara en exceso. No, en absoluto.

Por la tarde simplemente caminó por la ciudad. Oteaba a la gente, veía posibles víctimas, o posibles matones que pudieran darle un susto al chico. ¿La razón? Asustar a Celeste, nada más, y que se alejara de su camino. Obviamente no tenía por qué hacer aquello, pero siempre era divertido ver cómo alguien se aterrorizaba por la presencia de una misma, ¿no? Estaba segura de que el chico la recordaba demasiado bien, aunque tal vez no con aquel aspecto que tenía entonces. Respiró hondo, feliz de estar libre de nuevo, aunque pronto empezaría a aburrirse si no encontraba algún tipo de diversión. ¿Y qué mejor que armar jaleo? Soltó una risita entre dientes. En una calle concurrida era tan, tan fácil… Tenía a una joven muy bien vestida delante, y a su lado estaba un hombre con un aspecto un tanto desaliñado, seguramente borracho. Era fácil provocar una pelea, o algún tipo de conflicto entre ellos. Alargó una mano, sin que nadie se diera cuenta, y le agarró una nalga a la chica, que se giró airada y abofeteó al hombre.

—¡Degenerado! —gritó.

—¡No hice nada! ¡Fue la mujer de mi lado! —se defendió el borracho.

—¿Yo? —dijo Lilith en ese momento, haciéndose la indignada—. ¡Calumnias! ¡No son más que ilusiones de la vista de un borracho!

—Lo hiciste tú, te vi claramente.

—Demuéstralo —terminó por pronunciar entre risas, antes de alzar el vuelo y alejarse de aquella zona de la ciudad. Ya había hecho la jugarreta de la tarde… seguramente la muchacha seguiría manteniendo su acusación, al igual que el hombre, pero al ser la palabra de uno contra la de otro acabarían por irse cada uno por su lado, airados. Se rió. Sin embargo, aquello no era suficiente. Su lanza clamaba sangre, clamaba alguna víctima a la que cobrarse. Y la favorita eran niños, pero en aquel momento era demasiado arriesgado. Estaban todos a la vista de sus padres. Era lo malo que tenía estar en una ciudad: que los padres no dejaban a los críos salir solos. En cambio, en un pueblo era lo más corriente, y no era difícil llevarse a uno volando hasta un lugar apartado y hacer lo que le apeteciera en ese momento.

Empezaba a anochecer. Lilith miró el atardecer sentada en un tejado. El primero que veía en mucho tiempo. Hasta que el sol no se hubo puesto totalmente y una corriente de aire frío la obligó a ello, no se bajó para entrar a algún local que hubiera por ahí. Le daba igual cuál, aunque prefería que estuvieran bastante concurridos. De ese modo era más fácil… Nada. Ya había una buena pelea armada. Por lo visto, un chico estaba repartiendo que daba gusto. Era justo lo que buscaba: alguien que supiera pegar bien. Emitió un silbido de aprobación. Lo hacía bien, sí. Pero subirse a la barra tal vez fue demasiado. ¿Tantos humos tenía ese hombre, o era una especie de personaje para no dejarse ver? Parecía ser así de orgulloso.

—Eh, tú, bájate, que quiero hablar contigo —le chilló, antes de acercarse a la barra. Era la persona que necesitaba para aquello, sí. Cruzó los brazos a la altura de su pecho y lo miró, orgullosa, alzando la cabeza. Lo único que no le gustaba era ser tan baja, ya que con determinadas personas se notaba demasiado, sin embargo, no era un problema en muchas de las ocasiones. Se echó el cabello atrás y movió las alas, haciendo notar un poco el color de sangre que había en ellos. Esbozó una pequeña sonrisa fría—. Necesito dar un susto a alguien y creo que eres la persona indicada para ello. Pon una cifra, la que quieras, si es que quieres que te pague por ello —puso los brazos en jarras.


Última edición por Lilith Schwarz el Jue Mar 14, 2019 11:45 pm, editado 1 vez
Lilith Schwarz
Lilith Schwarz

Mensajes : 14
Link a Ficha y Cronología : Lilith

Nivel : 1
Experiencia : 200 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Un susto muy placentero [Privada con Lilith Schwarz] (En construcción)

Mensaje por Skam el Miér Mar 13, 2019 9:17 pm

Me pareció escuchar la voz de una mujer que me llamaba mientras volvía a pisar el pegajoso suelo de la taberna. Alcé la vista al frente y vi a una joven de arrebatadora belleza ataviada en una armadura que, si bien cumplía su función a la perfección, no dejaba a mis famélicos ojos de licántropo dar rienda suelta a la imaginación con su figura. Su cara era extremadamente pálida, aunque no parecía enferma, y sin embargo sus párpados y sus labios tenían un color negro antinatural que de alguna forma me atraía y me dificultaba la tarea de observar a otros lugares diferentes. Instantes después me percaté de que lo más probable sería que fuese maquillaje. Su blanca melena tenía un aspecto inmaculado, como si lo tratase con mucho mimo y esmero para darle el mejor aspecto posible. Lo más sorprendente fue que a su espalda tenía dos grandes alas de plumas blancas, que parecían algo manchadas por... ¿Sangre? No parecía una mujer normal, estaba claro. Pero aún así, me sentí fuertemente atraído por ella. Aquella mujer alada quería algo de mí, así que obviamente lo aprovecharía para intentar conseguir algo de ella. Por supuesto, llevármela a la cama.

- Debes ser, como poco una especie de bruja, pues con una simple mirada, tus ojos me tienen hechizado- Le dije a la joven, acercándome a ella.

En las distancias cortas, se podía apreciar  aún más su extraordinaria belleza. Comencé a andar en círculos alrededor de ella, intentando hacerme el interesante, pero realmente mis intenciones no eran otras que ver si la parte de atrás de su armadura me podría dejar ver algo de su cuerpo. Sobra decir que la miré de arriba a abajo sin éxito.

- Supongo que habrás visto cómo jugaba con esos borrachos, así que sabes de lo que soy capaz. Si es solamente un susto, podré hacerlo cuándo, dónde y a quién quieras. Podría hacerlo gratis, ya que me encanta hacer estas cosas, pero parece que esto es importante para ti, y ya que te ofreces a pagarme...

Hice una pequeña pausa antes de acercarme a la cara de aquella joven para susurrarle al oído. Estaba tan cerca de ella que tenía que resistir mis impulsos para no besarla en ese mismo instante. Tenía algo... No sabía el qué. Pero me atraía.

- Me encantaría ver qué es lo que escondes debajo de esa armadura. ¿Estarías dispuesta a pasar una noche con el hijo de la diosa del placer a cambio de ese... susto?
Skam
Skam

Mensajes : 33
Link a Ficha y Cronología : Skam
Cronología de Skam

Nivel : 1
Experiencia : 200 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Un susto muy placentero [Privada con Lilith Schwarz] (En construcción)

Mensaje por Lilith Schwarz el Jue Mar 14, 2019 11:43 pm

La armadura de Lilith cumplía dos funciones. La primera era la más obvia, proteger el cuerpo de la mujer de posibles golpes. La segunda, en cambio, no era tan evidente: hacer que las miradas indiscretas no pudieran llevarse más vista que la del metal cubriendo su cuerpo. Veía al hombre que caminaba alrededor de ella, como si estuviera acechando a una presa, y esbozó una media sonrisa complacida. ¿Se había fijado en ella? ¿De verdad lo había hecho? No la conocía, en absoluto. Pero su aspecto ya clamaba cierto peligro. Detalló los rasgos del chico que la estaba rodeando en ese preciso momento: un licántropo bastante más alto que ella, musculado, con los brazos llenos de cicatrices seguramente fruto de peleas que había tenido en algún momento. Realmente parecía el tipo indicado, de entre los que había allí, para lo que ella quería. Aunque hubo algo que no hubiera esperado en ningún momento: le lanzó un piropo. Sí, tenía que ser algo así. Una sonrisa amplia afloró a sus labios. Alzó la cabeza para mirarlo directamente a los ojos.

—Tal vez sí soy una bruja auténtica… —susurró—. Vigila que no te embruje para que no puedas escapar —advirtió, tal vez más seriamente de lo que parecía por su tono.

Vio que se acercaba más, por lo que tuvo que alzar un poco más la cabeza. La fastidiaba ser tan baja, ya que todo el mundo le solía llevar más de diez centímetros, y sentía que la altura era algo bastante importante a la hora de intimidar. Aun así no era la única herramienta que tenía para eso, en absoluto. Tenía suerte de saber dar bastante miedo cuando quería, por lo que no era tan relevante ser alta o baja. Aun así no le solía gustar llegar apenas al hombro de alguien. Se echó el cabello atrás y simplemente dio un pequeño paso separándose de él para no tener que estar con la cabeza tan subida.

—Claro que lo he visto —sonrió suavemente y lo miró—. ¿Por qué te crees que te lo he dicho a ti y no a cualquiera de esos cuatro matones? —los señaló, aunque estaban en un estado bastante deplorable—. Te vi darles una paliza, aunque debo confesar que me perdí lo que pasó al principio. ¿Me lo vas a contar?

Un susto… oh, claro que era un susto. Sólo eso. Seguramente le pediría que, mientras no matara, no se controlara demasiado, ya que quería que la pelirroja se llevara un susto y creyera que Adrien podría haber muerto. Obviamente no era la intención matarlo, sólo lanzar una advertencia a esa mujer para que supiera lo que podía pasarle sólo por haberse enemistado con Lilith. Respiró hondo cuando se acercó, y esbozó una sonrisa al oír su susurro. ¿Hijo de Lluughua? ¿De veras? Sí, y ella se lo iba a creer… En todo caso no era algo a lo que fuera a dar importancia. No en ese momento. Luego ya tal vez hablaría con él, o tal vez no. Ese susurro provocó un estremecimiento en ella. No estaba nada acostumbrada a aquel tipo de acercamientos hacia ella. Lo miró a los ojos, sonriendo.

—Tal vez me lo piense después de ver… ese susto —alzó una ceja y se acercó un poco más, tentadora—. Tendrás que hacerlo bien —susurró antes de alejarse de él varios pasos. Le gustaba aquello, le gustaba más de lo que creía tentar para que esas expectativas quedaran en nada, o bien se cumplieran tiempo después. Lo invitó a sentarse en una mesa que estaba libre para hablar más detenidamente de lo que iba a ocurrir tal vez por la mañana, o tal vez aquella misma noche. Ya sabía dónde encontrarlo a una u otra hora, se había asegurado de eso.

—Supongo que necesitarás señas sobre quién es esa persona… Cuando estés en ello necesito que no mires hacia mí ni vengas hacia donde yo esté en ningún momento. Ya te contaré, pero quiero ser discreta en ese local, ¿vale?

Era importante que Adrien no la viera, porque entonces ya se lo olerían todo y el susto sería mucho menos efectivo. Esbozó una sonrisa triunfal sin poder contenerse. Aquello sería solamente el principio de lo que iban a sufrir ellos. Si todo salía bien, lo que no había podido conseguir mientras estaba dentro de ella lo conseguiría desde fuera, obviamente usando a terceras personas. Como él. Le guiñó el ojo antes de escuchar qué tenía que decir a aquello. Estaría claro que querría saber más.
Lilith Schwarz
Lilith Schwarz

Mensajes : 14
Link a Ficha y Cronología : Lilith

Nivel : 1
Experiencia : 200 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Un susto muy placentero [Privada con Lilith Schwarz] (En construcción)

Mensaje por Skam el Vie Mar 15, 2019 4:43 pm

Parecía que mis palabras habían surtido el efecto deseado. La tenía en el bote, aunque aquella mujer era de las que les gustaba hacerse la interesante antes de caer rendida a mis pies. No era de los que les gustaba pelearse demasiado por el calor de una mujer. Esfuerzos los justos. Pero en este caso, de buen grado haría una excepción.

- Te sorprenderá, pero... Esos borrachos no hicieron nada para ganarse esa paliza. Estaban organizando un torneo de pulsos: Claramente les mostré mi superioridad, aunque ellos no estaban del todo conformes con el resultado. Así que la situación, que para nada estaba premeditada- Hice énfasis en esa última frase para que la mujer entendiera el sarcasmo -derivó en lo que has podido ver con tus propios ojos.

La mujer me ofreció asiento para hablar más detenidamente sobre el encargo que quería que hiciera. Su media aceptación de mis honorarios fue suficiente como para dar por iniciada la misión. Escuché con atención sus palabras, tratando de resistir el influjo mágico de sus ojos mirándome directamente a los míos y sus labios moviéndose proyectando cada una de sus palabras de una manera demasiado atrayente.

Parecía una mujer muy madura psicológicamente, decidida, fuerte y quizás algo peligrosa. Pero esto último, muy lejos de amedrentarme, me emocionaba aun más. También parecía algo cabreada con el mundo, de ahí que pretenda hacerme un encargo de esta índole. No le di demasiadas vueltas a su personalidad, al fin y al cabo lo único que pretendía era llevármela al huerto.

Cuando terminó de hablarme, hizo una pausa para esperar mi respuesta, que no tardó en llegar de la forma más elocuente que mis instintos básicos me permitían.

- Descuida, hermosa dama de nombre aún desconocido para mí. Voy a hacer este encargo tan bien que lo que vas a tener que pensar van a ser las posturas específicas que quieras que te haga- Decidí cambiar de tema rápidamente para que no se notara demasiado mi dependencia sexual por ella -Esta misma noche podemos ponernos con ello. Necesito que me digas los rasgos físicos de mi objetivo, su nombre y a ser posible su olor. En cuanto me cruce con esa persona, le daré tal susto que tendrá pesadillas esta misma noche.

Hice una breve pausa, reanalizando todo lo que me había dicho la mujer anteriormente por si tenía alguna duda que preguntarle, o comentarle algo más acerca del plan. Aunque prácticamente estaba todo dicho, no desaproveché la oportunidad de volver a piropearla de manera que, muy astutamente, reincidiría en mi profesionalidad para con su encargo.

- Debo confesarte que será una ardua tarea no fijarme en ti cuando lleguemos al punto de inicio de nuestro plan. Sin embargo, resistiré la tentación y me centraré en darle a esa persona el mayor susto de su vida. Puedes confiar en mí.

Definitivamente haría lo que fuera por llevarme al huerto a aquella mujer. Lo que fuera siempre que no interfiriera en mis, escasos, límites morales. Había oído hablar de seres similares a los humanos pero con emplumadas alas a sus espaldas. Entidades que provenían de los cielos y que comúnmente se les llamaba ángeles, pero tenían otro nombre... ¿Diviums? Sí, esta mujer quizá era una divium. Eso explicaría por qué me impactó tanto su presencia, pues nunca había visto a ningún integrante de esta raza en persona. También sería la causa de que me sintiera tan atraído sexualmente por ella, pues según había escuchado, los divium poseían una belleza sobrenatural. Lo que ignoraba era si aceptarían encuentros sexuales fácilmente con razas ajenas a la suya... Aun así, no perdía nada por intentarlo. Si al final no lograba nada con ella, sólo esperaba que al menos el encargo que me quería imponer fuese algo entretenido y regresar al bosque de Silvide con una entretenida anécdota que contar a mis compañeros licántropos en "La vida loba".

Aquella hermosa divium se quedó mirándome fijamente mientras le hablaba. Ignoraba si estaría yendo por el camino correcto al mostrar tanto interés sexual por ella, pero prefería pecar de ser sincero que de mentiroso. Cuanto más me miraba, más ganas tenía de lanzarme a ella y besarla, pero debía esperar y ganarme ese premio al final de la noche. Y en el caso de que fracasara en esta batalla del amor, siempre me quedaría alguna loba por los bosques que de buen grado sería mi objetivo de apareamiento.


Última edición por Skam el Miér Mar 20, 2019 11:55 am, editado 1 vez
Skam
Skam

Mensajes : 33
Link a Ficha y Cronología : Skam
Cronología de Skam

Nivel : 1
Experiencia : 200 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Un susto muy placentero [Privada con Lilith Schwarz] (En construcción)

Mensaje por Lilith Schwarz el Mar Mar 19, 2019 3:29 pm

Sonrió suavemente. Para nada estaba premeditada la pelea… en realidad ella hacía lo mismo, muchas veces. Algunas acababan mejor que otras, pero lo que contaba era que se divertía con aquello. Echó una nueva ojeada a los cuatro matones, que a pesar de estar magullados y alguno seguramente tener unos cuantos huesos rotos les hicieron gestos de amenaza, o bien obscenos. Retiró la mirada, negando con la cabeza y preguntándose por qué algunos eran tan simples como ellos. Se fijó luego en el mesero. Éste les dirigía miradas entre rabiosas y temerosas, pero no se acercaba. Si lo hacía seguramente su destino fuera peor que el de los cuatro hombres a los que al hombre lobo le apeteció apalear.

—Ya, para nada… en todo caso, pudiste con ellos con facilidad… así que eres el indicado para esto —sonrió. Era una sonrisa ladina, peligrosa—. Y vi algo que me gustó. Espero que me des un espectáculo aún mejor en la otra taberna —susurró a su vez, con una expresión que auguraba que iba a pasarlo bien.

Oírlo hizo que asintiera, confiada de que sí, iba a cumplir perfectamente con lo que ella quería. Obviamente el chico tenía que estar solo en el local, si iba con su madre lo dejarían para otro día, en el que debería ir solo. Volvió a echarse el cabello hacia atrás, ya que al tenerlo tan fino le iba siempre al rostro (y aquello la molestaba), antes de que empezara a hablar. ¿Nombre…? Ah, no se lo había dicho. Cierto, debería haberse presentado en un inicio. ¿Dónde estaban sus modales? Ah, sí, se los había dejado en su casa, en la Ciudad de las Nubes. Hacía años que se los dejaba en casa.

—Soy Lilith —respondió—. ¿Cuál es tu nombre? —preguntó luego a su vez. Si trataba con alguien le gustaba saber su nombre, aquello estaba muy claro. A cualquiera le gustaba tener una forma de llamar a su interlocutor que no fuera por su raza. A muchos que les llamaran “divium”, “cambiaformas” o “elfo” les resultaba ofensivo. Lilith no era una excepción a eso.

Se permitió observarlo bien, de arriba abajo. Definitivamente, podía resultar muy atrayente. Al menos físicamente. Su psicología ya era otra cosa… había demostrado un grandísimo ego, algo que a lo mejor terminaría chocando con cómo era Lilith: cuantas menos demostraciones de pedantería y egoísmo, mejor. Prefería tener a su lado a gente poco orgullosa, ya que eran más fáciles de controlar. Aunque si se sabía cómo doblegar a esa persona tan pagada de si misma merecía la pena tomarse un poco más de tiempo. Pensaba hacerle un esbozo de los rasgos de Adrien, sin embargo, eso habría sido una soberana pérdida de tiempo. Podía describirlo, dudaba que se le olvidara.

—Es un muchacho pelirrojo con unas alas parecidas a las de los murciélagos, aunque bastante más grandes. Tiene los ojos azules, y lleva varios aretes en un oído, creo que dos o tres, no me acuerdo bien. Es algo corpulento, aunque eso sí, más bajo que tú. Yo debo de llegarle a la barbilla. Se llama Adrien, y no sé a qué huele. Aunque tampoco hará falta, en ese local no abundan ni los Divium ni los pelirrojos, así que un Divium que además sea pelirrojo destaca mucho. Creo que vas a encontrarlo sentado en una mesa, tranquilamente, a lo mejor hablando con alguien. Debo advertirte de que sabe magia, aeromancia para ser concretos, pero no sé exactamente qué sabe hacer —alzó suavemente una ceja—. No puedes delatar mi presencia allí si no quieres quedarte sin recompensa —advirtió.

Confiaba en que con aquella información pudiera encontrarlo. Estaba segura de que podría. Y la advertencia, por supuesto, era necesaria. Mucho. Debía pasar completamente desapercibida en aquel lugar si quería que su plan surtiera efecto. Celeste sospecharía si había algún indicio de que ella estaba metida, por lo que no debía dejar ninguno. Por aquella razón no pensaba permitir que la vieran allí. O al menos que lo hiciera alguien conocido de la pelirroja. Se puso luego en pie y le hizo un gesto.

—Vamos. La noche es corta y el tiempo apremia.

La taberna a la que irían no estaba lejos. A dos manzanas, concretamente. Seguramente se trataba de un sitio algo mejor que aquel donde estaban. Y sí, así era. Más limpio, con gente que parecía más respetable… Sabía que al entrar iban a llamar la atención: una Divium y un licántropo no solían ser una vista habitual. Respiró hondo y, en la puerta, se dirigió a él.

—Te esperaré fuera. Recuerdas al chico, ¿verdad? Si ves a una mujer que se le parece, también con alas, pelirroja y de ojos azules, no le hagas nada a él y lo dejamos para otro día. Como ella te vea tocándole un pelo al chico va a por ti seguro.

Una vez dentro, el local estaría lleno de gente. La gran mayoría eran humanos, por lo que unos pocos elfos reunidos en una mesa destacaban sobremanera. Y, en otro rincón, dos jóvenes charlaban de forma algo cariñosa y estaban más cerca de lo que sería normal el uno del otro. Uno era un chico de aproximadamente dieciséis años. Cabello oscuro y ojos rasgados, negros. El otro se veía un poco más joven, y era un Divium pelirrojo con los ojos azules. Era ese el objetivo de Skam.
Lilith Schwarz
Lilith Schwarz

Mensajes : 14
Link a Ficha y Cronología : Lilith

Nivel : 1
Experiencia : 200 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Un susto muy placentero [Privada con Lilith Schwarz] (En construcción)

Mensaje por Skam el Miér Mar 20, 2019 11:54 am

Cuando la divium me reveló su nombre, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Lilith... El mero hecho de que su nombre retumbase en mi cabeza activaba mis instintos básicos. ¿Qué tenían los diviums o qué tenía concretamente esa mujer que me volvía loco? Parpadeé y sacudí levemente la cabeza, para volver a centrarme en el mundo exterior. Me había preguntado mi nombre. Apenas pude reprimir un gesto de decepción, pues eso indicaba que no había escuchado atentamente mi épica presentación sobre la barra.

- Me gusta tu nombre... Lilith. Yo soy Skam: hijo de Lluuhgua, señora del caos y de los placeres de la carne, y de un licántropo. Aunque puedes dirigirte a mí simplemente como Skam.

Tras mi presentación, Lilith prosiguió a explicarme su plan con todo lujo de detalles. Debía de dar un susto a un chaval, pelirrojo y de ojos azules que respondía al nombre de Adrien. También era un divium, aunque según Lilith, no tenía las mismas alas que ella. Un punto a tener en cuenta era que practicaba la magia del aire, si era demasiado poderoso podría volverse algo complicado ese susto.

Una vez explicados los pormenores de la misión, nos fuimos de la taberna medio destrozada para armar jaleo en otra. No cabía en mí mismo de la emoción. Caminé junto a Lilith un par de manzanas, en las que seguí tratando de avistar disimuladamente alguna parte de su cuerpo, pero su armadura era totalmente infranqueable a mis ojos. Decepcionado, nos plantamos frente a la puerta y me realizó una última advertencia: Debía evitar a toda costa entrar en acción si había una mujer parecida al chaval dentro de la taberna. En ese caso, pospondríamos nuestro juego.

- De acuerdo, Lilith- Me encantaba como se sentía el pronunciar su nombre. Me di unas palmaditas en el pecho y procedí a tranquilizarla -No te preocupes, déjalo en mis manos. Si veo a esa mujer, tomaré algo rápidamente en la barra y me iré.

Entré con firme decisión en la taberna. Respiré hondo y me dirigí lentamente a la barra mientras observaba el local. Estaba bastante lleno, la verdad. Sin embargo no había nada que escapase a mis agudos sentidos de cazador. Me centré primero en buscar a gente con alas, que sería lo más lógico, teniendo en cuenta que los diviums no son comunes por este lugar. En primera instancia, mis ojos sólo detectaban humanos y un pequeño grupo de elfos reunidos en una misma mesa. No parecía haber rastro de la mujer divium, pero rápidamente mi vista se detuvo en una pareja de chicos jóvenes en una mesa algo apartada del resto. Uno de ellos tenía el pelo oscuro y los ojos rasgados. El otro tenía una cara algo más aniñada, pero parecían tener más o menos la misma edad. Aunque lo que más me llamó la atención fue su pelo rojizo, sus ojos azules y unas... ¿Alas?... ¡Alas! Ese era el chaval al que debía asustar. Ambos parecían bastante cercanos, más de lo normal. No pude evitar una sonrisa pícara al imaginarme lo que iba a hacerles a ambos en unos instantes.

Llegué a la barra y llamé al tabernero, sin perder el tiempo. Pedí una jarra de cerveza y le dije, astutamente, que el divium de la mesa del fondo la pagaría por mí. Al principio no parecía muy convencido, así que le indiqué el nombre del chico y le expliqué que iba a sentarme con él en cuanto me sirviera. El tabernero cambió el gesto por completo, a uno bastante más amable y me dijo que invitaba la casa. Le agradecí el favor, tomé mi jarra y me dirigí a la mesa donde se encontraba Adrien.

- Buenas noches, pareja- Solté, atrayendo hacia la mesa una silla cercana y sentándome muy cerca del chico moreno -Me preguntaba si dos chicos tan guapos como vosotros, que salta a la vista que os estáis devorando con la mirada, estaríais dispuestos a conocer íntimamente al hijo de Lluuhgua, la diosa del placer.

Rodeé con mi brazo izquierdo al chico moreno, dedicándole una mirada lujuriosa, aunque no dejaba de estar pendiente de cualquier movimiento de Adrien.

Cuando fueron capaces de reaccionar, ambos me miraron sorprendidos por mi iniciativa. El moreno no fue capaz de responder a mi proposición indecente, simplemente agachó la cabeza, quizá algo avergonzado por la situación. Sin embargo, Adrien tomó la palabra valientemente.

- Creo que nos bastamos solos -Respondió, guiñándome un ojo- Aunque tal vez me piense buscarte alguna vez... Tienes que ser muy bueno en la cama para clamarte hijo de Lluuhgua, ¿no crees?

No me esperaba esa reacción del chaval, sinceramente. No parecía molesto en absoluto con mi actitud, y mucho menos asustado por pretender acaparar su objetivo de apareamiento. Reí pícaramente, liberando al moreno y tomando un trago de mi cerveza. Apoyé los brazos en la mesa y me incliné un poco en su dirección.

- Ciertamente... Lo soy- Le respondí, siguiéndole el juego.

No me hubiera importado darle placer a este chico, sin embargo ese atisbo de duda fue rápidamente interrumpido por la voz de Lilith en mi cabeza, que resonaba en mi interior de la forma más seductora posible. Cambié rápidamente el gesto y decidí proseguir con lo que había venido a hacer.

- Sin embargo, dar placer no es el único de mis grandes dones. Me encanta dar a la gente todo lo que me pide... Y cobro bien por ello. ¿Sabes a dónde quiero llegar?- Le explique a Adrien muy lentamente, para que cada palabra fuese calando en su mente. Poco a poco fui retirando los brazos de la mesa y colocándolos bajo la misma -El elemento físico más característico de un divium son sus alas... Si te las arranco seguro que en el mercado negro me bañan en oro... ¡Y no pienso desaprovechar esta oportunidad!

Y en ese preciso instante, levanté con todas mis fuerzas la mesa, de manera que le golpeó en la cara al divium. Acto seguido, propiné un fortísimo codazo en el estómago al moreno, que cayó al suelo junto con la silla, dejándolo fuera de combate mientras se retorcía de dolor. Si más dilación, me abalancé sobre Adrien, transformándome en lobo y empezando a morderle y rasgarle la ropa.
Skam
Skam

Mensajes : 33
Link a Ficha y Cronología : Skam
Cronología de Skam

Nivel : 1
Experiencia : 200 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Un susto muy placentero [Privada con Lilith Schwarz] (En construcción)

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.