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Mensaje por Skam el Jue Mar 07, 2019 9:45 pm

Habían pasado ya un par de semanas desde mi aventura en Phonterek con aquella divium… Lilith. Qué chica tan interesante. Hay veces que aún me acuerdo de ella. Y eso no suele pasarme con prácticamente ninguna mujer.

- ¿Skam? ¿Eres tú Skam?- Preguntó una dulce foz femenina, interrumpiendo mis pensamientos.

Bostecé y salí de mi madriguera dando tumbos. Aún no había distinguido bien quién me estaba llamando.

- Depende de quién pregunte- Respondí, con una breve risilla.
- Somos Irida y Meraki, dos horiges perro- En cuanto escuché esa presentación, proveniente de otra voz femenina, algo más grave, abrí los ojos como platos y desperté de inmediato- Creo que nunca has visto un horige, no te asustes, no mordemos…
- Si no nos lo piden.

La segunda chica horige me guiñó un ojo y sentí una fuerte presión en mi pecho. En efecto, nunca había visto a un horige en mi vida, pero lo que a mí me importaba es que tenía a dos bellezas justo delante de mí. Y por supuesto, debía honrarles con mi mejor presentación.

Las dos horige eran prácticamente iguales, jóvenes, bonitas, de larga melena negra, ojos azules y con orejas y cola de perro bastante peludas. Hasta vestían de forma similar: La parte superior de una armadura de cuero, guantes del mismo material, una  falda de tela que llegaba solamente a la mitad de la parte superior de sus piernas, medias que iban desde la parte superior de la rodilla y unas botas de cuero, absolutamente todo de color negro. La única diferencia notable era que una de ellas tenía una serie de mechas blancas en su cabello y su cola, pero el resto, hasta las facciones de la cara, eran prácticamente idénticos.

Debían ser gemelas. Lo que no hacía más que aumentar aún más mis ganas de conocerlas… en profundidad.

- Irida, Meraki- Dije calmadamente regresando a mi forma humana y dedicándoles mi mejor sonrisa seductora –Es un placer conocer a dos horiges tan bellas como vosotras. En efecto, yo soy Skam. Licántropo e hijo de Lluuhgua, diosa del caos y de los placeres de la carne. Y soy todo vuestro.

Las caras de las chicas horige se iluminaron y me mostraron una sonrisa de oreja a oreja.

- Qué bien, qué bien…
- Qué bien que te hemos encontrado
- Llevamos mucho, mucho, mucho…
- Mucho tiempo buscándote
- Queríamos saber si…
- Podrías venir con nosotras a La Red
- Nuestro jefe quiere verte…
- Para una misión muy importante

¿Estaban sincronizándose para empezar y terminar cada una la frase de la otra? Qué chicas tan raras. Pero sin saber muy bien por qué, verlas tan entusiasmadas por conocerme provocó que mis instintos más básicos se activaran. Por mi cabeza empezaron a pasar imágenes de todo lo que podría hacer con esas horiges, a cada cual más perversa y obscena. Por Dianthe, qué mala influencia era Lilith.

- ¿Cómo de importante es esa misión?
- Muy, muy importante, Skam
- El jefe nos dijo que debíamos traerte a toda costa
- Por unas chicas tan guapas como vosotras yo iría hasta el fin del mundo… Pero supongo que entenderéis que tengo unas obligaciones, unas responsabilidades en este lugar

¿Obligaciones? ¿Responsabilidades? Estaba muriéndome de la risa por dentro, pero debía mantener la compostura. No sabía cómo iba a terminar esta conversación, pero tenía que llevarme a estas dos horiges al huerto como hiciera falta.

Las gemelas me dieron la espalda y empezaron a cuchichear entre ellas. Podría haber escuchado su conversación perfectamente, pero me quedé embobado viendo su cuerpo de espaldas. Cuando se dieron la vuelta, tuve que levantar la cabeza muy rápidamente, con la esperanza de que no se hubieran dado cuenta de que había clavado mis ojos en sus traseros.

- Bueno, Skam…
- Hemos estado hablando
- Y hemos decidido…
- Que haremos lo que sea para que vengas con nosotras
- Lo que…
- Sea

Lo habían vuelto a hacer. Esa extraña forma de hablar terminando una la frase de la otra. Pero no me importaba en absoluto, porque se me estaban acercando sinuosamente. Irida, la chica con las mechas blancas, fue la primera en llegar a mí, me abrazó y me lamió suavemente mi mejilla derecha con una risilla pícara. Meraki llegó pocos segundos después, su hermana apartó su brazo derecho, invitándola a unirse al abrazo. Me agarró con sutileza y me besó en la parte izquierda del cuello. Cerré los ojos y suspiré profundamente. No podía negar que estaba algo nervioso. Traté de pensar en cómo actuar a continuación, pero me resultó imposible, la sangre no me llegaba al cerebro.

Cuando quise darme cuenta, ya estaba en el suelo, sin pantalones, besando a Irida, a la que poca ropa le quedaba ya puesta. Podía notar como Meraki iba besando mi pecho y bajando peligrosamente a la única parte de mi cuerpo que estaba preparada para esta situación. Con la mano izquierda acaricié la cabeza de Meraki y la dejé reposada con los dedos entre su pelo. Después, con mi mano derecha, acaricié la cadera de Irida, aunque poco a poco fue bajando instintivamente hasta aposentarse en su trasero. Y por fin, me dejé llevar.

El camino hasta la red fue bastante entretenido, lejos de mostrarse incómodas tras nuestro placentero encuentro, parecía que me habían tomado confianza y algo de cariño, mostrándose en una faceta bastante adorable. Para matar el tiempo, me contaron su vida, sin entrar en muchos detalles. Resulta que esas gemelas no eran sólo una cara bonita, si no unas fervientes luchadoras. Irida y Meraki se criaron juntas en una especie de orfanato horige en una pequeña isla del archipiélago de Thonomer de cuyo nombre no me acuerdo. Sus padres las habían entregado a ese lugar a cambio de unas monedas para comprar su libertad a su amo. En aquel lugar, las gemelas fueron maltratadas y humilladas a más no poder. Los horiges que intentaban fugarse sin éxito eran ejecutados. Sin embargo, Irida y Meraki nunca mostraron temor ante la situación que les había tocado vivir y maquinaron juntas un plan de fuga. Como horige cánidas que son, aprovecharon sus grandes aptitudes para el rastreo, su excelente velocidad y su capacidad para estrechar lazos, aunque fueran falsos e interesados, con los humanos. No me contaron exactamente cómo se escaparon de ahí, pero sí que hicieron uso de todas sus habilidades y que habían estado planeando su fuga durante años. Una vez fueron libres, fueron descubiertas por otro horige cánido de La red y fueron reclutadas, donde entrenaron duramente por una causa que las tocaba muy de cerca y sus habilidades evolucionaron exponencialmente, resultando unas de las mejores rastreadoras de su organización.

- Y así a grandes rasgos…
- Esa es nuestra historia

Pero seguían hablando de esta forma tan malrollera.

Conforme nos íbamos acercando a la sede de La red, pude ir distinguiendo algunos rasgos de la personalidad de las gemelas, en los que ya empezaban a notarse algunas diferencias. Irida era la más madura de las dos, o quizá algo más seria que su hermana. Meraki se comportaba como una niña pequeña a la que cada animalillo del bosque le causaba una impresión y una felicidad tremenda. Había veces, cuando hacíamos un alto en el camino, que Irida se quedaba embobada mirando al cielo, como esperando a que sucediera algo. Meraki le había cogido el gusto a la piel de oveja que siempre llevo atada a la cintura y se perdía en su mundo acariciándola, ignorando el paso del tiempo, siendo más feliz que una perdiz. No me gustaba nada que alguien me la quitase, pero siendo ella… podía hacer una excepción. Lo que más me impresionó de ambas fue la capacidad que tienen para sincronizarse, siendo capaces de cazar una presa pequeña muchísimo más rápido que yo. Supuse que esta capacidad la habían desarrollado con el paso de los años y, en definitiva, toda una vida juntas. El hecho de que terminase una la frase de la otra podría ser un “daño colateral” de esta conexión tan especial que tienen.

- Bueno, Skam…
- Estamos a punto de llegar
- Chicas… - Solté, mientras que Irida y Meraki hacían un gesto extraño. Tras oírme, se voltearon hacia mí, expectantes –Debo deciros que estos dos días de trayecto que he pasado con vosotras han sido muy agradables. Las noches más agradables aún, he de admitir. Como me habéis dicho que vuestra misión era solamente encontrarme y traerme hasta aquí, imagino que vosotras volveréis a vuestras vidas. Así que, antes de que vuestro jefe nos separe debo deciros que podréis venir al bosque de Silvide cuando queráis…
- Oh, Skam, al final muy en el fondo…
- Tenías un corazón latiendo en ti
- ...Y así volver a hacer el amor con vosotras

Las gemelas me sonrieron, aunque no era la reacción que yo esperaba, sentía que eran sentimientos sinceros. Irida se acercó a mí, se puso de puntillas, de forma que nuestros ojos estaban alineados, y me enseñó una venda.

- Ay, Skam, Skam… - Susurró Irida mientras me vendaba los ojos, parecía algo decepcionada por mi última frase.
- Eres un sa-li-do- Susurró Meraki muy dulcemente a mi oído izquierdo.

Cuando fui vendado noté una ligera presión en mis labios, que se repitió en una segunda ocasión. Supuse que las gemelas me habrían besado, aunque no supe distinguir el orden.

Comprendí que el hecho de que me hubieran vendado era para no reconocer la localización de la entrada a La red, aunque sí pude notar que se encontraba bajo tierra, pues sentí que íbamos descendiendo más y más. Caminé unos cinco minutos vendado, sujeto a cada brazo por Irida y Meraki. Después, noté como alguien me quitaba la venda de mis ojos.

- Nuestro jefe…
- Se encuentra tras esta puerta
- Esperamos que llegues a un acuerdo con él…
- Y trabajes con La red
- Nos vemos, Skam- Dijeron al unísono, alejándose por el pasillo.

Me quedé embobado unos instantes, con la duda de si algún día volvería a ver a esas dos bellezas. Cuando regresé a mi mundo, eché un vistazo alrededor. En efecto, estábamos bajo tierra, el suelo no estaba asfaltado, cada pasillo se bifurcaba en otros de diferente tamaño. Todo el complejo estaba bien iluminado a base de lámparas de aceite y mágicas. No era una construcción natural, pero lo parecía.

Frente a mí, se hallaba la puerta que me conduciría directamente al jefe de La red, el cual me estaba esperando. ¿Estaría solo o acompañado? ¿Esta gente eran de fiar, o esas dos chicas me habrían llevado a una encerrona? Sea como sea, había llegado hasta aquí, así que al menos escucharía lo que tendría que decirme.

Cerré los ojos, respiré hondo y abrí la puerta con firmeza.

- ¡Aquí ha llegado el gran Skam, el licántropo más poderoso de todos e hijo de Lluuhgua, diosa del caos y de los placeres de la carne!
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Mensaje por Darion el Sáb Mar 09, 2019 2:42 pm

Darion se revolvió en su cama y miró el reloj de Rhuna. El tono amarillento de la piedra le confirmó que era excesivamente tarde como para seguir despierto, pero no lograba conciliar el sueño. Llevaba un par de días madurando la noticia que le habían traído sus informadores. Volvió a mirar el reloj con la esperanza de que hubiese cambiado de color un mínimo, pero seguía iluminando de manera débil en un tono amarillento. El joven suspiró y se sentó al borde de la cama frotándose los ojos. No lograría dormir a menos que se le ocurriese una solución...iba a ser una noche larga, probablemente.

Efectivamente, no fue hasta unas cuantas horas después que Darion encontró una posible solución a sus problemas. El reloj de Rhuna ya se tornaba azul por lo que debía estar empezando a amanecer. Salió de su habitación a trompicones y frotandose los ojos debido a la falta de sueño, pero ya dormiría cuando aquello se solucionase. Recorrió la base en busca de una habitación concreta, la de Irida y Meraki. Aquella habitación la había visitado más de una vez por motivos bastante menos profesionales, pero por una vez las necesitaba para poder llevar a cabo la siguiente parte de su plan.

Con cuidado llamó a la puerta. Durante unos segundos no hubo respuesta, pero luego escuchó la voz de Meraki tras la puerta indicando que entrase.  Encontró a Meraki sentada sobre su cama semidesnuda y a Irida aún dormida sobre la otra aunque con la misma cantidad de ropa que su hermana, que para el caso es bastante poca. Una sonrisa pícara fue todo lo que recibió por parte de la que aún estaba despierta. Darion le hizo un gesto con la mano y se acercó a Irida para zarandearla levemente.

-Ci...cinco minutos más Mera...Meraki

Su hermana la miró divertida y luego a Darion, intentando no romper en carcajadas...en vano. Irida despertó de una forma un tanto brusca y se tapó por completo al ver  que había otra persona en su habitación. Cuando se dio cuenta de que era el joven líder se relajó un poco más, dejando de esforzarse por tapar su cuerpo. La joven fue a decirle algo, pero Darion le tapó la boca con un dedo. Ahora por fin tenía la atención de ambas hermanas.

-Chicas...necesito vuestra ayuda.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Habían pasado ya dos días desde que mandó a las gemelas a por aquel cambiaformas de nombre Skam. No confiaba demasiado en aquel sujeto, pero tampoco tenía nadie mejor a quien acudir. El bosque de Silvide era demasiado amplio así que sería buena idea contar con la ayuda de alguno de sus habitantes, más aún si tenía aptitudes animales para el rastreo. Según su informador, el tal Skam era de trato difícil, pero era también un excelente luchador y podría encontrar sin demasiado problema al sujeto que Darion necesitaba.

Doxa entró en su habitación y le avisó de que Irida y Meraki estaban entrando ya en la base, por lo que en no mas de una hora estaría reuniéndose con el cambiaformas. Darion suspiró, impaciente y se dirigió hacia la sala que había habilitado hace unas semanas para reunirse con aquellas personas que no pertenecieran a la red pero que pudiesen serle de algún tipo de ayuda. Aquella sala estaba aún en el subterráneo de Thonomer, pero estaba lo suficientemente alejada de la sede principal de la red como para resultar un peligro real. Todo aquello decidió hacerlo después del incidente con Kaila...consideraba innecesario que aquello se repitiera.

Darion se sentó en la silla y comenzó a jugar con una daga que había clavada en la mesa. La había dejado allí porque siempre venía bien tener un arma a mano y además le desestresaba hacer malabares con ella. Media hora después pudo oir pasos en el pasillo, pasos correspondientes como mínimo a tres personas...por fin llegaban.

Esperó con impaciencia a que entrase aquel al que llamaban Skam...pero pronto deseó no haberlo esperado con tanta impaciencia.

-¡Aquí ha llegado el gran Skam, el licántropo más poderoso de todos e hijo de Lluuhgua, diosa del caos y de los placeres de la carne!

Darion lo observó de arriba abajo sin soltar su daga y sin decir una sola palabra. Sin duda aquel sujeto era, como poco, curioso...pero no estaba tampoco muy acostumbrado a tratar con gente normal así que para el horige simplemente era otro bicho raro dispuesto a ayudar a los bichos raros. Cogió la daga con la cola y se puso en pie con las manos en la espalda, observando a Skam. Parecía buen luchador o al menos tenía el cuerpo de uno y sin duda tenía rasgos de licantropía...puede que si le fuera de ayuda. Decidió ignorar los aires de grandeza del recién llegado.

- Y aquí está Darion, libertador de la raza Horige e hijo de una mujer que murió en una jaula dando a luz a futuros esclavos.

Su mirada era fría. No le gustaba la actitud de Skam, pero era demasiado tarde para echarse atrás con el plan.

- Me alegra ver que te has dejado convencer por las...capacidades de Irida y Meraki. De no ser por ellas dudo que hubiese conseguido que salieras de tu cueva...o donde carajo vivas.-Suspiró- No se cuánto te han contado ellas, pero creo que lo suficiente como para saber de qué va toda esta historia. Esto es serio, Skam, muchas vidas están en juego y necesito a alguien como tu para poder ponerle solución a esto.


Última edición por Darion el Miér Mar 13, 2019 6:53 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Skam el Sáb Mar 09, 2019 6:26 pm

La estancia a la que había entrado era bastante amplia, parecía una sala de reuniones, aunque no había nadie más que una sola persona. Era un horige, como las gemelas que me habían acompañado hasta aquel lugar. Era de esperar, ya que esta organización estaba formada por seres de esa misma raza.

Concretamente, este joven era un horige mono. No parecía muy contento de verme, aunque sí parecía estar cansado de esperar. Llevaba una camisa blanca sin abrochar, unos pantalones azules y unos guantes de cuero rojos y negros. Tenía el pelo rubio bastante alborotado y unos ojos azules bastante bonitos. No tenía mal cuerpo, parecía saber pelear, aunque sus músculos no estaban tan desarrollados como los míos. Una larga y peluda cola de mono se balanceaba de un lado a otro sujetando una daga cuando se dirigió a mí, escondiendo sus manos tras la espalda.

- Y aquí está Darion, libertador de la raza Horige e hijo de una mujer que murió en una jaula dando a luz a futuros esclavos.

Así que este era Darion, el jefe de La Red. Activé todos mis sentidos para analizar cada una de las palabras que me había dicho, pues hizo una presentación similar a la mía. Si no me estaba mintiendo, deduzco que este chaval que tenía delante no había pasado una vida demasiado cómoda en su juventud.

- Me alegra ver que te has dejado convencer por las... capacidades de Irida y Meraki. De no ser por ellas, dudo que hubiese conseguido que salieras de tu cueva... o donde carajo vivas. No sé cuánto te han contado ellas, pero creo que lo suficiente como para saber de qué va toda esta historia. Esto es serio, Skam, muchas vidas están en juego y necesito a alguien como tú para poder ponerle solución a esto.

Sus ojos se clavaron en los míos durante todo el discurso y no bajó la mirada ni un ápice. Para él, estaba claro que esto no era un juego. Pero sus palabras me daban a entender que quería que me pusiera a sus órdenes, como un perrito faldero. Eso no sucedería por nada del mundo. Aun así, estaba en lo cierto, si no fuera por Irida y Meraki yo no estaría en este lugar. Lo menos que podía hacer era escuchar lo que tenía que decirme y dejarle clara mi postura.

- Sí, Irida y Meraki han sido muy… profesionales- Algo en su tono me indicaba que se imaginaba la manera en la que habían logrado convencerme -Han tenido suerte de encontrarme en mi madriguera del bosque de Silvide, pues normalmente suelo dormir en las camas de otras mujeres… o de otros hombres, aunque debo decir que eso no sucede tan a menudo…

Me estaba desviando del tema principal, y Darion no parecía ser de los que les gustaba charlar en medio de reuniones de trabajo, así que retomé mi discurso por donde debí haberlo empezado.

- Bueno… Lo único que sé sobre La Red es que sois una organización formada por horiges, cuyo objetivo es acabar con el maltrato y la esclavitud que sufre vuestra raza. Creo que lucháis por una causa noble, y estoy dispuesto a escuchar tu propuesta de trabajo, aunque no puedo prometer hacer todo lo que me pidas.
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Mensaje por Darion el Jue Mar 14, 2019 11:52 am

Sabía que no iba a ser tan fácil...Skam no iba a hacer las cosas sencillas ¿Pero que otra alternativa había? Era el único cambiaformas de Silvide al que había conseguido contactar, si es que había más...por lo menos de momento parecía estar de acuerdo con ayudar. Resopló y clavó con fuerza la daga en la mesa usando su cola. La hoja se clavó hasta la mitad, dejando otra marca más junto a las decenas que ya había y haciendo saltar astillas. Con las manos en la espalda y la mirada fría, Darion habló.

- ¿No eres consciente de lo que hay en juego? Estamos hablando de decenas...probablemente cientos de vidas que podemos salvar. Cientos de horiges que podrían saber de una vez por todas lo que es la libertad. ¿Ni aún con esas estás dispuesto a ceder?

Sabía que la respuesta iba a ser no. Por suerte Darion tenía experiencia tratando con gente así...como él mismo. Acabaría cediendo de alguna forma, pues no le quedaba otra si quería la ayuda de Skam, pero no iba a ponérselo tan fácil. Lo necesitaba bajo su mando, necesitaba que le obedeciera, quizá no como un perro faldero como decía él, pero necesitaba tenerlo bajo cierto control si quería que la misión saliera bien...si era como le habían informado, dudaba que eso fuera mínimamente posible. Hasta donde sabía, Skam era alocado, díscolo, caótico y pecaba de chulo en las peores situaciones. Era, hasta cierto punto, angustiosamente parecido a Darion...y aquello iba a dificultar las cosas mucho.

Prefirió no mencionar que había escuchado hablar de él porque se lo tomaría como un cumplido y lo último que necesitaba es que se creciera más. Comenzó a analizar al cambiaformas a fondo. Músculos marcados, cicatrices...parecía estar hecho para la batalla pero sus movimientos tenían...o mejor dicho, carecían de algo. Sus movimientos eran bruscos, nada sutiles, secos...probablemente ese sería su estilo de combate, algo basado en la brutalidad y en acabar el combate lo más rápido posible. No vio armas, por lo que intuyó que debía luchar a puñetazos o bajo su forma lupina, lo cual es buena idea siempre que tu enemigo no lleve una armadura, en cuyo caso estás bastante jodido.

Darion tenía la mente centrada en simplemente encontrar una forma de engañar a Skam para que hiciese lo que él quería creyéndose libre, pero primero trataría de disuadirlo de la manera convencional. Lo bueno era que el trabajo no implicaba nada de sigilo ni cuidado, simplemente consistía en rastrear con la ayuda de Skam a otro cambiaformas que tenía una cantidad de información considerable. Una vez lo encontrasen, tendrían que sacarle toda la información posible si es que no acababa muerto a manos de Skam antes de eso...esa era la parte mala. En un primer momento había pensado en llevarse a Kaila consigo, pero podía ser demasiado peligroso y tenía una promesa que cumplir. Se sorprendió mirándose la marca del dedo, sintiendo como desprendía una mística calidez.

- Verás Skam...no te he llamado porque sí. Soy consciente de que eres un cambiaformas o...licántropo, según prefieras.  Tengo múltiples rastreadores entre mis hombres, pero ninguno es de Sílvide y ninguno ha tenido excesivo contacto con gente como tu, por lo que no saben de vuestros hábitos.

Inconscientemente, con la cola arrancó la daga de la mesa de un fuerte tirón. Más como una costumbre, como una especie de tic  impulsado por la necesidad de tener las manos o la cola ocupadas aunque estuviese hablando. La daga empezó a dar vueltas sujeta por su cola para volver a clavarse en la mesa y arrancarla segundos después. La mesa estaba surcada por varias decenas de marcas. La daga había perdido ya gran parte de su filo después de tantos golpes, pero aún podía clavarse sin dificultad.

- Necesito que rastrees a otro cambiaformas y me guíes hacia él. Una vez lleguemos, le sacaremos toda la información que necesitamos y SOLO ENTONCES podrás hacer lo que quieras con él, si es que quieres castigarlo de algún modo o quedarte con su territorio. Este hombre, del cual solo conocemos su nombre y raza, posee información valiosa sobre las casas esclavistas de gran parte de Geanostrum...necesito esa información para poder dar mi siguiente golpe.

Probablemente pondría quejas. Diría que no iba a estar bajo el mando de Darion...pero esto al mono le daba igual, simplemente estaba tratando de ver cuánto podría llevarse a Skam a su terreno. Si lo conseguía, sería un éxito, pero si no...aún tenía ases bajo la manga.
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Mensaje por Skam el Jue Mar 14, 2019 1:35 pm

El hombre-mono clavó con fiereza su daga en una mesa cercana usando su cola. Pude ver claramente cómo se hundió la hoja sin apenas dificultad entre la desgastada madera. ¿Era eso una demostración de fuerza?

Parecía que Darion estaba midiendo muy bien sus palabras. No alcancé a comprender si en verdad me respetaba o solamente estaba tratando de engañarme para ponerme a sus órdenes sin rechistar. Mientras el líder de los horige soltaba su discurso, no dejaba de juguetear con su daga, clavándola una y otra vez en la mesa. Sus aires de superioridad me estaban poniendo enfermo.

Cerré los ojos. Inspiré y expiré profundamente y volví a abrirlos con decisión. Debía poner los puntos sobre las íes a ese pelabananas. Debía demostrarle que yo no era alguien que se pudiera manejar como una marioneta. Fui poco a poco analizando todas y cada una de las palabras que me había dicho y la idea de que me estaba tratando como un tonto iba tomando más y más fuerza. Debía admitir que el movimiento de su peluda cola de mono era algo hipnotizante, aunque también me ponía bastante nervioso. Parecía que quería jactarse de sus habilidades, aunque en mí estaban surtiendo el efecto contrario, lo único que conseguía era darme más razones para pensar que no tenía ni idea de pelear.

No, ese chimpancé presumido sólo sabía dar órdenes. Igual era un buen estratega y quizá sabría defenderse llegado el momento de combatir, pero sus habilidades bélicas tenían que estar muy distantes de las mías. De las del licántropo más poderoso de Noreth y del hijo de una diosa del caos. No. No se iba a salir con la suya. Tracé un esquema mental de todo lo que le iba a soltar a continuación. Y poco a poco se lo fui diciendo, lenta y concisamente para que todas y cada una de mis palabras calasen en su mente.

- Mira, Darion… Voy a ir directo al grano. Esos truquitos que haces con la daga no te van a servir con un cambiaformas- Dije, acercándome a él con una sonrisa pícara -Ni contra mí, ni contra el que pretendes atrapar.

Aproveché que estaba atento a mis palabras para quitarle la dichosa daga. Qué alivio. La sujeté con firmeza con la mano derecha y proseguí mi discurso explicándole lo que iba a suceder si yo finalmente aceptaba esta misión.

- Lo segundo, no puedo rastrearlo así cómo así, si no sé cómo huele- Nuestras miradas no dejaban de cruzarse, parecía que saltaban chispas entre nosotros, y eso me gustaba especialmente -Necesitaría que me dijeras su nombre y tendría que preguntar a mis compañeros del bosque de Silvide para que me dieran datos con los que yo sí pueda rastrear su olor. Tercero: Yo reparto mamporros y después hago las preguntas necesarias.

En este punto de mi monólogo, comencé a hacer aspavientos inconscientemente con la daga. En cuanto me di cuenta de que lo estaba haciendo, interrumpí mi discurso y le devolví la daga a Darion, que la aceptó con mala cara.

- Cuarto: Deduzco que esto, si fuese tan importante, no confiarías en un desconocido. Lo que me lleva a pensar que el tío al que buscamos es peligroso, y no te gustaría exponer en exceso a tus compañeros. Cosa que comprendo perfectamente, y no me causa temor ninguno, pero la recompensa por mi trabajo ha de estar a la altura de la dificultad de la misión. Quinto: Tú no vienes.

Traté de hacer el mayor énfasis posible en mi última frase, incluso señalando a Darion con mi dedo índice sobre su pecho. Esperaba que con mi discurso supiera de una vez por todas quién era el macho alfa.

Nadie le puede decir al hijo de una diosa lo que debe hacer, a no ser que sea una mujer hermosa y estemos en la cama, en ese caso puede ordenarme todo lo que quiera, que con gusto lo podría hacer. Sin embargo, ni Darion era una hermosa mujer, ni me veía con él en la misma cama, por lo que no tendría el más mínimo trato de favor con él. No iba a contemplar ningún acto de desplante hacia mi persona. Y si tenía que llegar a las manos con él, lo haría sin dudar. Maldito mono egocéntrico. Se pensaba que por tener a sus órdenes a todos los horiges de Phonterek iba a poder darme órdenes a mí también. Cuanto más lo observaba y repetía en mi memoria sus palabras, más rabia me entraba.

Tras mi discurso, me quedé mirando a Darion fijamente a los ojos, esperando una respuesta.
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Mensaje por Darion el Dom Mar 24, 2019 1:01 pm

La mirada de Darion se clavó en Skam cuando este empezó a hablar. Ni siquiera cuando le arrebató su daga le quitó la mirada de encima. Aquel cambiaformas era altanero y violento verbalmente, probablemente también fuera bastante violento en otros ámbitos pero aquello no preocupaba al mono. La tensión aumentaba conforme las palabras iban saliendo de la boca de Skam, que creía que con esa actitud lograría salirse con la suya. Comenzó a hacer aspavientos con la daga, cosa que momentáneamente preocupó a Darion, pero a los pocos segundos el hombre se la devolvió, lo único que devolvió Darion de vuelta fue una mirada fría e impaciente.

Todo iba bien dentro de lo que cabe, nada que el horige no esperara que fuese a ocurrir, sin embargo la última parte del soliloquio de Skam acompañado de aquel fatídico gesto hicieron explotar a Darion por dentro ¿Que no iba a ir? Buena suerte con aquello.

Con un rápido gesto lanzó su daga hacia atrás y la agarró con la cola mientras que con sus brazos agarraba a Skam de la mano con la que estaba apuntándole al pecho. Aprovechó el peso del grandullón para hacerle una llave y dejarlo en el suelo. Un fuerte sonido acompañó el momento en el que el cuerpo de Skam golpeaba el suelo. Sin darle oportunidad y aprovechando su velocidad superior, Darion le agarró de los brazos y se los colocó en la espalda al cambiaformas en una postura que si bien no era especialmente dolorosa, tampoco era cómoda. Sabía que en algún momento sus artes marciales le vendrian bien a la hora de trabajar con Skam...pero el momento de usarlas llegó antes de lo previsto.

Con Skam de cara al suelo y los brazos en la espalda haciendo una extraña trenza, Darion apoyó todo su peso sobre el cuerpo de Skam para que no pudiese liberarse de la presa sin, como mínimo, partirse un brazo. Una vez el mono se acomodó, rompió en carcajadas. Durante unos segundos su risa fue sincera, le salió del corazón...aquellas amenazas fueron realmente cómicas.

- Primero. Yo decidiré qué truquitos funcionan o dejan de funcionar  y contra quien, no tu.

La cola de Darion se alzó, sosteniendo la daga y acercándose poco a poco a la cabeza de Skam, aunque por su postura este era incapaz de ver aquello.

- Segundo. Te habría dado respuestas a tu puta pregunta de mierda si no me hubieses obligado a hacerte esto. Tercero, podrás golpear lo que quieras cuando tenga mis respuestas, de hecho es probablemente la única condición que te he puesto.

Darion hizo fuerza cuando notó que Skam se intentaba retorcer. Clavó su rodilla en la parte baja de la espalda del cambiaformas, para afianzar su presa aún más. La daga seguía acercándose y acabó entrando en el rango de visión del grandullón.

- Cuarto. Tu parte del trabajo consiste solo en rastrear, no es ninguna gran proeza así que no te las des de héroe porque tu trabajo es ubicar a esa persona, de sacarle la información me encargo yo, eres poco más que un guía. Si he recurrido a ti es porque mis informadores me hablaron de ti y los de tu especie sois poco comunes por aquí.

La daga se acercó a medio centímetro del ojo de Skam con una precisión absurda.

- Quinto. Si yo no voy, tu no me sirves. No se a quien coño habrás conocido en tu vida en el bosque pero no soy ningún líder de mierda que manda a gente a que haga el trabajo sucio. En mi organización el trabajo sucio lo hago yo y si tiene que morir alguien, seré yo. Además no pienso dejar el futuro de cientos de vidas en una persona que no tiene ni puta idea de la gravedad del asunto y que probablemente acabe matando al sujeto antes siquiera de que nos diga qué cojones sabe. Así que si, yo voy, y si no te apetece que vaya, puedes volver al bosque, no te necesitaré si esas son tus intenciones.

La daga desapareció a una velocidad de vértigo y lo único que se escuchó fue el vibrar del mango al impactar la hoja con fuerza en la mesa, clavándose nuevamente debido a la fuerza del lanzamiento de Darion. Con velocidad y destreza, Darion se apartó, liberando a Skam.

- Sexto. Tus amenazas de mierda quizá sirvan para una persona normal. Puede que a un mercader lo asustes, puede que incluso amedrentes a cualquiera de mis compañeros, pero he vivido demasiado como para que un hombre cualquiera venga a tratar de amedrentarme en mi propia casa cuando lo que hago es pedirle ayuda. No te equivoques, Skam, no soy como cualquier otro que te hayas encontrado, así que un mínimo de respeto.

Su mirada era fría mientras decía aquello, casi vacía y carente de todo sentimiento. Seguía los movimientos de Skam mientras este se levantaba.

- Habiendo dejado las cosas claras ahora ¿Aceptas o te vas?
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Mensaje por Skam el Mar Mar 26, 2019 1:09 pm

En un visto y no visto, el maldito mono de los cojones me había hecho un movimiento rarísimo y me había tumbado en el suelo. Traté de revolverme lo más que pude, pero no sólo me encontraba en el suelo, boca abajo e inmovilizado, sino que me empezó a soltar un rollo.

¿Quién demonios se había creído que era? No podía tolerar esta falta de respeto hacia mi persona. A mí, Skam, el hijo de una diosa. Sus palabras parecían cargadas de veneno contra mí y le hacían ver como un buen hombre que se preocupaba por los demás horiges, pero justamente esa actitud de perdonavidas era lo que más me estaba tocando las narices, por no decir otra parte del cuerpo que se me estaba hinchando y no era de placer precisamente. Le arrancaría la cabeza en este mismo instante si no fuera porque tiene mi cuerpo totalmente inmovilizado. Parecía que el chaval sabía alguna clase de arte marcial, no sería totalmente inútil en la misión que proponía. Aún así, me estaba sacando de quicio y solo quería reventar su cara contra algo.

- Primero. Yo decidiré qué truquitos funcionan o dejan de funcionar  y contra quién, no tú.

Uf... que hostia tienes, puto mono.

- Segundo. Te habría dado respuestas a tu puta pregunta de mierda si no me hubieses obligado a hacerte esto. Tercero, podrás golpear lo que quieras cuando tenga mis respuestas, de hecho es probablemente la única condición que te he puesto.

¡Pero si repartir mamporros es la parte divertida del asunto! Nah, este chaval no sabe como se hace un interrogatorio de verdad.

- Cuarto. Tu parte del trabajo consiste solo en rastrear, no es ninguna gran proeza así que no te las des de héroe porque tu trabajo es ubicar a esa persona, de sacarle la información me encargo yo, eres poco más que un guía. Si he recurrido a ti es porque mis informadores me hablaron de ti y los de tu especie sois poco comunes por aquí.

Bueno, rastrear también se me da bien, no es algo de lo que me pueda quejar. Al menos seré parte importante de la misión.

- Quinto. Si yo no voy, tu no me sirves. No sé a quién coño habrás conocido en tu vida en el bosque pero no soy ningún líder de mierda que manda a gente a que haga el trabajo sucio. En mi organización el trabajo sucio lo hago yo y si tiene que morir alguien, seré yo. Además no pienso dejar el futuro de cientos de vidas en una persona que no tiene ni puta idea de la gravedad del asunto y que probablemente acabe matando al sujeto antes siquiera de que nos diga qué cojones sabe. Así que si, yo voy, y si no te apetece que vaya, puedes volver al bosque, no te necesitaré si esas son tus intenciones.

Claro, claro. Ahora eres una hermanita de la caridad. Déjame que vomite ante tu hipocresía. Pues claro que no tengo ni puta idea de lo que pasa, pero pretendo ayudar, payaso.

- Sexto. Tus amenazas de mierda quizá sirvan para una persona normal. Puede que a un mercader lo asustes, puede que incluso amedrentes a cualquiera de mis compañeros, pero he vivido demasiado como para que un hombre cualquiera venga a tratar de amedrentarme en mi propia casa cuando lo que hago es pedirle ayuda. No te equivoques, Skam, no soy como cualquier otro que te hayas encontrado, así que un mínimo de respeto.

Pides respeto pero no lo practicas, espero que no sean todos los horiges como tú porque entonces no me van a dar los brazos para daros de hostias a todos. Me estás calentando mucho y no de placer precisamente.

- Habiendo dejado las cosas claras ahora ¿Aceptas o te vas?

Cuando el pelabananas este terminó su discursito de mierda me reincorporé, con cierta dificultad. Después me limpié un poco los pantalones y le fulminé con la mirada. Antes me caía mal, me parecía arrogante y presuntuoso, pero ahora estaba a punto de empezar a odiarlo. Aún así, no tenía más remedio que aguantar su presencia si quería ayudar en su causa. Apreté los puños e hice fuerza con la mandíbula. No quería que esas palabras salieran de mi boca, pero al final tuve que rendirme y dejarlas escapar.

- ¿Cuándo nos vamos?- Le pregunté, tratando de ocultar mi enfado.


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