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Antes del amanecer

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Antes del amanecer

Mensaje por Tark el Vie Mar 08, 2019 6:16 pm

Tark miró alrededor, desorientado. No conocía aquel lugar.

Aquello debía ser una "granja."

La descripción encajaba con lo que los humanos habían mencionado. Le había sonado repulsivo desde el principio. Aquella era la clase de sitio en el que crecían plantas y falsas presas. Los hombres se encargaban de alimentarlas, y su destino era siempre el mismo. Vivían para morir, sin voluntad de huir o luchar.

Era simplemente una perversión. ¿Que hacía allí?

El schakal examinó la zona. Un imponente muro de roca se extendía detrás de él, y parecía continuar a lo largo. En la oscuridad, era dificil ver hasta donde llegaba, pero sospechaba que no encontraría ninguna apertura. Nadie se tomaría la molestia de hacer un muro de semejante tamaño sin asegurarse de que cumpliese su función.

-Cazador.- dijo una voz en la penumbra. Tark reaccionó al instante, alejándose de un salto y llevando la mano a una de sus jabalinas. La voz rió. -No es a mi a quien debes temer, cazador.-

El cánido no tardó en comprender el origen. Era su señor. Su patrón. Se postró al instante. Su voz nunca había sido tan clara y directa. La emoción que sentía era mayor a su sorpresa.

-Te he traído aquí desde tus sueños, hijo de Savak.- comenzó a explicar. -Es tu momento para demostrar tu valía. Hay otros cinco cazadores en este lugar, todos dignos de mi favor. Sólo uno puede ser el más hábil.- continuó. La implicación se hizo clara en la mente del schakal. Aun así, su dios continuó. -Si quieres sobrevivir, mata al resto. Pero cuidado. Aquel que muera no volverá a despertar.-

-Acabaré con ellos.- afirmó. No estaba seguro de que palabras usar. Sólo sabía que ahora tenía un objetivo por encima de cualquier otro.

-Buena caza.- dijo la voz. La presencia se desvaneció, en parte. Aún podía sentir su atenta mirada. No le decepcionaría.

Tark se alzó, olfateando el aire. Había aromas desconocidos, y otros más familiares. El más fuerte venía de su izquierda. Un hedor repulsivo y contundente, acompañado por unos pesados y torpes pasos. Debía de ser uno de sus competidores. Decidió dejarlo para el final: después de todo, la criatura no era nada sutil. Le resultaría imposible esconderse o tomarlo por sorpresa.

Había varias formas de sobrevivir. Sólo tenía que ser el último en pie, por lo que esperar y observar era la mejor opción que tenía. Los otros cazadores podían matarse entre ellos mientras esperaba su momento. Solo tenía que asegurarse de permanecer oculto.

Empuñó una de sus jabalinas y empezó a moverse junto a la muralla, permaneciendo atento a todo olor y sonido que pudiese percibir. Adentrarse en aquel lugar era tentador, pero menos seguro. Si permanecía junto al muro, nadie podría flanquearlo. Mientras avanzaba, los olores y sensaciones cambiaban. Empezaba a notar más humedad, alterando los aromas de una forma a la que no estaba acostumbrado. Poco a poco, una ligera niebla empezó a formarse a su alrededor, dificultando aún más la visión. El schakal mostró los dientes. Había algo cerca.

Una figura se mostró entre la neblina. Tan rápido como apareció, el cazador arrojó una de sus jabalinas. Sin embargo, el arma atravesó al fantasmagórico ser. ¿Imaginaciones suyas? No. Llevó la mano a otro de sus proyectiles. No le daría la oportunidad.

Lentamente, continuó moviéndose a través de la niebla, dando unos cuantos pasos para tentar a su enemigo. No pasó nada. Podía oler algo, definitivamente, pero matarlo no sería fácil solo con aquello. En cuanto intentase adentrarse o correr, su oponente atacaría. Aquellos eran cazadores, después de todo. Tendría que anticiparse a sus movimientos. Una idea surgió en su mente. Arriesgado, pero... no tenía nada mejor. Repentinamente, comenzó a correr hacia su jabalina perdida. Y, en cuanto llegó a ella, se dio la vuelta, atacando con la punta de la que tenía en la mano. Un chillido recorrió el aire. Su arma encontró carne.

No conocía a aquel ser. Su aspecto era difícil de distinguir entre la oscuridad, pero no se parecía a nada que hubiese visto antes. Lo único que destacaba en la sombría figura aparte de sus ojos, era la gruesa linea carmesí que brotaba desde su brazo. Tras dar otro chillido, el monstruo empezó a huir. Tark lo persiguió, ignorando la jabalina del suelo. Mientras corría, varias formas aparecían a su alrededor. Sin embargo, la diferencia era evidente. No tenían olor, ni producían sonido alguno. Los ignoró. Un truco simple para distraerlo. El rastro no fue difícil de seguir entre las manchas de sangre.

Finalmente, el schakal arrojó su lanza. Fuese fortuna o habilidad, aquello provocó otro chillido. El monstruo cayó al suelo. Sus gritos se hicieron débiles. El cazador no desaprovechó un segundo en atravesar la cabeza con otra de sus jabalinas. Casi se relamía al pensar en el sabor que tendría aquella nueva carne.

Sin embargo, no tuvo oportunidad para probarla. En cuanto el ser murió, su cuerpo comenzó a desvanecerse, desapareciendo con el viento al mismo tiempo que el banco de niebla.

No tardó en recuperar sus jabalinas. Faltaban cuatro, suponiendo que no se hubiesen matado entre sí. El depredador se adentró en la granja. Era un buen momento para tomar un papel más activo. Tras atravesar campos con extrañas plantas, Tark encontró lo que parecía ser algún tipo de casa. Era distinta a las que había visto. Sin embargo, no llegó a aproximarse. Un terrible rugido recorrió toda la granja y, poco después, el correr desenfrenado de alguien que huía. Preparó su jabalina, esperando atentamente.

Un hombre apareció por detrás de la casa. Un humano. A su lado, un lobo. No tardó un segundo en tensar su arco, pero el gesto del schakal le detuvo. El hombre lobo había alzado las manos hacia su pecho, mostrando las palmas en señal de paz y dejando caer su jabalina.

-Espera. No soy tu enemigo.- dijo. El humano abrió los ojos, tan sorprendido por el que pudiese hablar su idioma como por el que no mostrase intenciones hostiles. El animal que lo acompañaba gruñó, aún en posición defensiva.

-¿Quien...? No importa.- lentamente, empezó a bajar su arco, algo aliviado. -La verdad, esperaba encontrar a alguien cuerdo. No deberíamos matarnos entre nosotros por lo que diga un demonio.- dijo con cautela. Parecía esperar algo de confirmación. Tark evitó sonreír.

-Si... es una locura.- dijo, negando con la cabeza. -Debe haber alguna forma de despertarnos, pero... ¿que ha sido lo de antes?-

-Ese maldito troll.- explicó. -Intenté hablar con él, pero es imposible. No sé que mosca le ha picado, pero mientras intentaba aplastarme, se ha puesto a gritar y agitarse como si estuviese loco.-

-¿Otro de los... "cazadores"?- supuso el schakal. La voz había mencionado cinco además de él. El ser de niebla, el humano y su loba, el troll... faltaba uno. -¿Estamos a salvo?-

-Por ahora, sí. ¿Te has... cruzado con alguien más?- preguntó.

-Algún tipo de bestia de niebla. No parecía inteligente.- dijo. Cualquier esperanza que hubiese en la mirada del hombre se apagó.

-Bueno... estamos nosotros tres, mi misterioso salvador, y el troll. Podría ser p...- se cortó a mitad de frase, esbozando una mueca de pura sorpresa. El schakal siguió su mirada: estaba clavada en la puerta de aquella casa. Un símbolo que conocía estaba grabado en esta. El emblema de Arrekr. -Esa cosa... es la misma del amuleto...- murmuró, rebuscando entre sus bolsillos.

El humano sacó un amuleto de metal, similar al que el propio Tark llevaba bajo el pañuelo de su cuello. Como había dicho, era el mismo símbolo, pero aquel colgante era... distinto. El metal era precioso y prácticamente... resonaba con él.

-¿Donde has encontrado eso?- preguntó, sorprendido.

-Lo tenía un loco que intentó matarme.- admitió. -Me defendí de él y... entre sus cosas, tenía esto. Es acero vil. Demasiado valioso para tirarlo, pero... desde entonces, ese maldito demonio ha estado intentando meterse en mi cabeza.- aseguró. -Ha intentado obligarme a... matar, y a...- No terminó la frase. Eso explicaba algunas cosas, pensó Tark. Para empezar, el que alguien tan débil fuese considerado digno del favor de Arrekr. El señor de la caza no le habría prestado atención si desperdiciase la carne de la caza, después de todo.

Los rugidos del troll volvieron a renovarse, esta vez más cerca del trío. El humano maldijo entre dientes.

-Tenemos que hacer algo. ¿Crees que podemos acabar con él?- preguntó. Acto seguido, se arrodilló junto a la loba que le acompañaba, acariciándolo levemente para tranquilizarla.

-No tenemos otra opción.- dijo el schakal. Recogió su jabalina del suelo y echó un último vistazo a la puerta. Tendría que esperar. -Deberíamos flanquearlo. No puede ir a por ambos a la vez.- sugirió. El arquero asintió, y se pusieron en marcha.

En cuanto se alejaron de la casa, vieron al enorme troll. Tal y como el humano había descrito, estaba moviéndose de manera errática, lanzándose contra el suelo, girando, y arrastrándose por todas partes. Los dos cazadores compartieron una breve mirada antes de atacar.

Tanto la flecha como la jabalina se hundieron en el cuerpo del grotesco monstruo, que soltó otro aullido de dolor. A pesar de todo, se levantó rápidamente, buscando frenéticamente la dirección del ataque. Fue entonces cuando lo vieron: había algo clavado en su hombro. Algo diminuto en comparación con su tamaño. La pareja lo desconocía, pero aquella cosa se trataba del sexto participante: un pequeño formian. El insecto había logrado torturar y debilitar al troll sin ser aplastado.

A pesar de todo, el gigante aún podía moverse. En cuanto vio a sus atacantes, decidió lanzarse primero a por el más cercano: el arquero. Por fortuna para este, su compañero animal tomó acción. La loba comenzó a rodear al troll, lanzándose con una dentellada en cuanto este alzó el brazo que aún podía mover.

La enorme maza pasó por encima de la cabeza del humano, que comenzó a retroceder. Lamentablemente, aquello le dio al ser verde el tiempo suficiente como para atacar a la loba. El cánido recibió gran parte del golpe de la maza, lanzando al animal volando para el horror de su dueño.

Fue entonces cuando la siguiente jabalina le alcanzó. Esta fue directa a la cabeza, y se hundió en ella ligeramente. El troll se tambaleó, pero no parecía querer parar. Desesperadamente, el humano disparó una y otra vez, tan rápido como podía, hasta que al final, el ser cayó, derrotado.

Mientras el arquero corría a socorrer a su compañera, Tark se aproximó al cadaver. Al igual que el anterior, se desintegró rápidamente, dejando tan solo aquella hormiga que había estado pegada a él hasta entonces. No le dio oportunidad de atacar a nadie más. El schakal aplastó al insecto con la punta de su jabalina, y siguió caminando hasta el humano.

-No... Dina... sigue conmigo, chica... nos despertaremos pronto, y todo saldrá bien...- murmuró este, acariciando al animal.

Lo siguiente que sintió fue frío. Frío, y dolor.

El hombre contempló el asta de aquello que había atravesado su pecho. La punta se había hundido, también, en la loba que le había servido durante tanto tiempo. No pudo darse la vuelta, pero no le hacía falta. Sabía que no debería haber confiado en él.

Intentó coger su cuchillo de caza, pero su brazo le falló. No podía moverse. Cerró los ojos. Solo quedaba esperar.

Tark hundió la última jabalina en la cabeza del Hunta, acabando con él. Con la loba y el humano muertos, sólo quedaba él. La voz rió dentro de su cabeza. Parecía satisfecha.

-Muy buen trabajo, cazador. Ha sido una caza de lo más entretenida.- admitió. El schakal sonrió, satisfecho, y volvió a realizar la reverencia de antes. -Has ganado sin usar mi poder, siquiera. Muy interesante. Tenía esperanzas puestas en el humano, pero ha resultado más manipulable de lo que sospechaba.- comentó. El cuerpo había desaparecido, como todos los demás. -Pero ahora, tu recompensa. Cinco presas han muerto, pero nadie las ha devorado. Elige una de ellas, hijo de Savak. Mantendré su carne viva hasta que la encuentres en el mundo exterior. Devórala, y completa la caza.-

Las palabras resonaron en el pecho de Tark. Sentía curiosidad por el ser de la niebla, pero había algo que le llamaba aún más la atención.

-El humano.- dijo en voz alta. Había algo que quería de él, después de todo.

-Muy bien...- Algo se materializó en su mente. Un corazón, aún latiendo. Solo duró un segundo, pero la imagen se quedó de forma nítida en su memoria. -Ve a la Jungla de Uzuri. Ahí es donde el Hunta descansó por última vez.-

Los últimos recuerdos del hombre quedaron grabados en su cabeza. Tenía una pequeña cueva donde refugiarse. Sabría encontrarla. Un escalofrío recorrió el cuerpo del schakal.

Y entonces, el sueño acabó.
Tark
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