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Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

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Mensaje por Dahanajan Dess el Jue Mar 21, 2019 2:55 am

No daba crédito de lo que me había pasado años atrás. Era sin duda la peor desilusión, por no decir la primera, que me habían hecho pasar, como me arrepentía de habérmelo encontrado en mi vida. Al menos podía decir que había sido una enseñanza que me acompañaría el resto de mi existencia, no volvería a permitir que me usaran de esa forma de nuevo, por lo que había tomado la decisión de no volver a enamorarme.

Volví a dirigir mi vida y mi destino al bosque de silvide, pero antes debía pasar por Erinimar. Y ahí me encontraba en las fronteras de este comenzando a adentrarme lentamente dispuesta a atravesarlo para llegar a mi gran ansiado destino. Los árboles del bosque se notaban  que eran muy altos, lo eran tanto que casi no se veía el cielo oscuro de la noche, y la temperatura había bajado considerablemente puesto que el sol no llegaba casi a las raíces de estas y como era de noche las temperaturas bajaban aún más.

Pero no podía negar que el paisaje era hermoso, me recordaba a aquellos rincones donde me escabullía siendo una niña con mis hermanos. Eran recuerdos que jamás se irían de mi memoria, la cosa sería recordarlo sin que una lagrima traicionera se me escapara, así que dejé mi mente tranquila por un momento y limpie mis ojos, antes de parecer una niña tonta y delicada que lo único que necesitaba era un abrazo y un “todo saldrá bien” “mira que eres tonta Dahana, ¿Quién hará eso con una asesina” suspiré y comencé a prepararme para pasar la noche en el bosque.

Hice una pequeña fogata con hojas, ramas y mis poderes, que en esta ocasión decidieron aparecer y hacerme el día. Aliste el lugar donde iba  a dormir alejando hojarascas, ramas y todo l que pudiera quemarse para que si tenía alguna pesadilla no incendiara el bosque, que no era ese el plan. Me dispuse a acostarme y por tonto que parezca, busque sin conseguirlo a mis queridas amigas, las mudas estrellas que nunca decían nada, pero siempre me acompañaban en mis aventuras por Noreth. Pero solo habían ramas, hojas y algún que otro sonido animal nocturno.

Mi cabeza comenzó a hacer de las suyas comenzando a pensar cuando fue la última vez que me sentí en casa “habrá sido en el bosque con mis hermanos” pst, hice un ruido con mi boca “pero cuando corrí al bosque de silvide también me sentí bien” “¿es por eso que quieres regresar allá?” “¿O hay otro motivo?”, hice un chasquido con mi lengua, pues… ¿que otro motivo me llevaría hasta allá de nuevo, más que ese? “¿Volver a ver a la familia lobo?”.

Algo hizo un clic dentro de mí y me di la vuelta enojada. No quería pensar más, no quería saber más, estaba segura de porque iba para allá y no era por ese licántropo creído y engreído. Entonces comencé a cerrar mis ojos perdiéndome de nuevo en mis oscuros y tormentosos sueños.


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Mensaje por Karasu el Vie Mar 22, 2019 4:50 pm

Los experimentos con venenos y ungüentos varios requerían materiales que poco a poco se iban agotando y en muchas ocasiones siquiera lograba darme cuenta de ello, esa era una de esas veces. Intentando mejorar el veneno paralizante de bargest para darle una mayor consistencia y de algún modo mejorar la sensibilidad a la par que se lograba una parálisis en los miembros del sujeto de pruebas.

Siendo yo mismo ese sujeto, logrando en los intentos hasta la fecha, una montaña enorme de fracasos y vaciar totalmente el laboratorio de especímenes y hierbas, una cosa es reemplazar los sujetos de prueba y otra las hierbas.

Cesta en mano sali de la mansión bien temprano, observando con felicidad impasible aquellas tumbas en un lado de la entrada.El jardín estaba hermoso como siempre, pero no seria suficiente para las hierbas que necesitaba. Obviamente también portaba mi pequeño saco para hierbas, varios elfos proseguían mis pasos con sus ojos y una expresión inquisitiva, la mansión se había convertido en una leyenda de desgracia y mi presencia alteraba algunas almas que según decían, eran nobles y bondadosas.

Si supieran los secretos que había descubierto en la ciudad dorada, admito que tal vez yo fuera la fruta más podrida de todas. Pero no la única en un supuesto paraíso de esplendor y honorabilidad impolutas, cuando realmente aquella ciudad era un nido de mentiras y farsas, algo realmente poético y bello.

Siempre me ocurría lo mismo en los bosques, perdía la noción del tiempo como si mi particular insensibilidad se extendiera también a mi mente y esta dejase fluir el tiempo sin saber encontrarse a si misma, simplemente la naturaleza y yo. Sin dejar de lado a los bellos cuervos, que danzaban con sus alas por las copas de los arboles, dando en ocasiones saltitos por las ramas y atentos a cualquier movimiento o presa.

Corvus me mantenía informado de posibles peligros mientras me dedicaba a recolectar hierbas, cada diez minutos se acercaba para informar sin perderse y acto seguido emprendía de nuevo el vuelo. Todo era idílico y sin siquiera un ápice de peligro por los bosques infestados de incertidumbre, algo que sinceramente me entristecía profundamente y desdibujaba la realidad.

No obstante, ya al atardecer las noticias mejoraron. Una mujer se movía por el lugar, algo interesante que pese a comprender a corvus y saber que había alguien, el olor indicaba que era una mujer. Un aroma ardiente cual incendio desatado, me sentía mejor y con fuerzas renovadas como si aquel maltrecho y quebradizo cuerpo, ya no fuera así y en vez de debilidad se tornase una fortaleza inexpugnable a cualquier ofensa.

Seguí con mi labor recolectora, dejando pasar el tiempo pero con ganas de hallar el lugar de donde provenía aquel palpito, aquel instinto de hallar un tesoro en la nada absoluta. Poco a poco el manto de la noche fue avanzando, hasta que halle a la mujer en un claro y a juzgar por la visión, la dama estaba cansada e hizo una fogata diminuta con sus propias manos.

Desde las sombras no se veía bien, solo unos ojos claros en un rostro adornado por una cabellera rojiza, la belleza de aquella criatura era innegable, mas siquiera era la base del gran interés que sentía, su mente seria interesante o por contra no aportaría ningún dato interesante?

Quien aguarda pacientemente halla siempre su premio, el sueño hizo su trabajo y lentamente me fui acercando, pero los humanos tienen que mancillar todo con su presencia, la gran obra de arte que era aquella dama, estaba en problemas. Y no soy un héroe altruista, pero si un fiel amante del arte y ella lo era sin excepciones, la presencia de esos hombres lo corroboraba firmemente y es que no se toman tantas molestias por algo cualquiera.

El sigilo trabajado durante años sirvió para un movimiento raudo y veloz a la par que silencioso, tomando distancia con los presentes y acortándola luego para lanzar la toxina y arte profano al grupo de hombres. Haciéndoles creer que sus propios compañeros eran orcos, lo siguiente simplemente era relajarse y contemplar la obra a pocos metros de la mujer, que seguramente sobresaltada por los gritos de horror y el hedor de la sangre derramada que la habrán arrancado de su bello y lindo sopor.

Entonces la mire, sentándome en el suelo y como si de algún efecto mágico se tratase, los gritos de horror y su eco no afectaban a la visión de aquel cuadro viviente.
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Mensaje por Dahanajan Dess el Sáb Mar 30, 2019 3:21 pm

“Caminaba, no sé porque caminaba, mi respiración estaba entrecortada como si hubiera corrido. ¿A dónde iba? ¿Qué hacía allí? No tenía respuesta a cada pregunta que venía a mi mente, pero seguía caminando como si aquello no importara. Había árboles a mí alrededor, y arena en mis pies, recordaba ese paisaje pero yo estaba más  grande.

Seguí caminando y  comenzaron a escucharse risas a mí alrededor, no parecían salir de ningún lado y tampoco las reconocía, pero las escuchaba como un eco en mi cabeza y hacían que mirara hacia atrás viendo una profunda oscuridad, entonces me asusté tanto que comencé a correr, corrí con todas mis fuerzas, hasta casi agotarlas y no sabría cómo explicarlo pero llegué a un punto de luz.

Al salir de ahí el sol encandilaba mis ojos, la oscuridad se había ido y el paisaje había cambiado, había arena por todos lados a mí alrededor, todo era desierto y el túnel de árboles por el que había caminado segundos antes parecía no estar en ninguna parte, de pronto apareció una presencia delante de mí hablándome. No notaba quien era, puesto que parecía un ser hecho de luz su voz era femenina y creí reconocerla.

—Tienes que despertar mi niña, no estás sola, despierta—
— ¿Madre? ¿Eres tú?—
—Si no despiertas te harán daño, despierta mi dulce e inocente Dahanajan—

de repente la luz de ese ser me inundó haciendo que despertara.

Al abrir mis ojos, la confusión del sueño dio paso al terror de la escena que estaba viviendo en la realidad, habían cuatro hombres a mi alrededor y no entendía por qué pero estaban peleando los unos con los otros — ¡Muere Orco!, no podrás vencerme — el hombre atacó al otro tipo con su espada, haciéndole una cortada en el costado, de repente algo cayó sobre mi cara, estaba caliente, llevé mis dedos hacia esa substancia viscosa, era sangre. Intenté apartarme de ellos para no salir lastimada caminando unos cuantos pasos hacia atrás, entonces fue cuando unos ojos llamaron mi atención.

Era un elfo, bastante más alto que yo incluso con mis botas puestas se notaba la diferencia de estatura, su piel a la luz naranja del fuego hacía que pareciera de la más fina porcelana, de esas que se quiebran con solo mirarla, era delgado y estilizado, como si lo hubieran esculpido a mano. Sus ojos no paraban de estudiarme como si la situación que estábamos viviendo fuera lo más normal del mundo o peor como si no le importara que ellos estuvieran muriendo, no se movía mucho y cada que lo hacía eran como estudiados o pensados para no asustarme, de repente cuando el último hombre cayó al suelo un cuervo se posó en su antebrazo y el elfo comenzó a acariciarlo dando pasos lentos en mi dirección.

Me levanté del suelo como pude, tenía el cuerpo dormido todavía y la situación con los cuerpos tirados en el suelo no ayudaba en nada ya que al no ver por dónde iba, tropecé con uno de ellos cayendo hacia atrás. Un escalofrío recorrió mi espalda cuando note que el hombre se acercaba cada vez más “¿Por qué parece que me estudia?” “¿Porque no se aleja de mí?” “¿Será que es uno de ellos y viene por la recompensa?” “¿O por el contrario vino solo al darse cuenta que la perdería contra esos cuatro tipos y por eso los atacó con algo para que se mataran entre ellos?

Cada pregunta que venía a mi cabeza era peor que la anterior, poniéndome cada vez más nerviosa y temerosa de lo que pudiera suceder si dejaba que ese tipo se me acercara mucho más. Decidí que si él no se alejaba por propia voluntad lo haría yo, prendí una de mis bolas de fuego agradecida porque esa vez si funcionara y le hable casi en un grito — ¡Detente ahí!— Se notaba la amenaza en mi voz, no lo dudaría ni un segundo si el daba otro paso más en mi dirección

—Si das un paso en falso no dudaré en hacerte daño, así que aléjate de mí— Intenté pararme pero mis piernas temblaban demasiado, no sabía si era por el sueño o porque de verdad tenía miedo de lo que podría ocurrir si él se acercara a mí.


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Mensaje por Karasu el Dom Abr 07, 2019 3:40 pm

Mis piernas se volvieron a activar con paso decidido y firme con una pizca de cautela para no asustarla, parando en seco antes de sus palabras que fueron arrastradas por el tiempo mientras ladeaba ligeramente el rostro, observando aquella cruel imagen de siniestra postal, deleitándome en ella y sintiendo una leve tristeza por tener que matarlos.

Obras mejores eran mis preferidas y no hay nada de malo en decirlo, dado que aquella había sido una actuación bastante mediocre por parte de esos hombres que yacían en el suelo sin mayor compañía que la soledad de una vida sesgada con un baño de sangre que mecía las hojas a causa del viento.

Una leve mirada y tras ello los ojos reflejaron de nuevo la belleza de la pelirroja, una ninfa a juzgar por su cuerpo esbelto y proporcionado a su estatura, unos ojos algo nerviosos por la situación se dejaban llevar al contrario que ocurría conmigo, pues aquella mirada reflejaba pavor y demandaba un mayor espacio para sentirse a salvo y fuera de peligro. Mire alrededor buscando aquel peligro, pero como no vi nada extraño y simplemente era oscuridad con arboles rodeándonos, me señale a mi mismo ladeando un poco de nuevo la cabeza y observándola lleno de curiosidad cual búho en la noche, asentí y di dos pasos atrás.

Mas no quería perder aquella oportunidad, así que tras retroceder dándole la sensación de seguridad, me senté en el suelo dejando volar a Corvus libre y me fije en las hojas alrededor de la muchacha, estas se movían ligeramente y la visión se difuminaba un poco emborronando el detalle, lo cual podría significar aire caliente surgido de la fogata o del propio cuerpo de la mujer, quien de verse sometida a un gran estrés, tal vez podría arrojar luz a aquel lugar y mostrar una escena que simplemente podía imaginar y al hacerlo simplemente alimentaba mi curiosidad.

Podría realmente envolverse en llamas, como si estas abrazaran su cuerpo y la protegieran de todo mal? Era algo que quería ver, pero a su vez deseaba evitar a toda costa por lo cual significaría y a sabiendas de ello, ella desaparecería de la escena y de mi vida siendo un leve recuerdo borroso sin siquiera haber podido saborearlo con tiento y dándole tiempo para que macere bien, un vano recuerdo convertido en un velo de la mente y sin mayor importancia.

No, me niego a prescindir de ese recuerdo y por ello me aferro a este, por eso alzo las manos mostrándome débil e indefenso como ella. Sin armas ni movimientos que me delaten, todo para preservar su seguridad e impedir su pavorosa marcha.

Incluso la cesta con las hierbas recolectadas, yace a pocos pasos de ella, depositada con sumo cuidado en el suelo antes de dar aquellos pasos de retroceso, mostrando un montón de hojas sin mayor misterio que ese, nada que a simple vista haga sospechar a alguien. O tal vez si? En mi caso no creía que aquello fuera un motivo de alarma que mandase todo por los aires y actuase de detonante de aquella volátil ninfa, el calor me fue negado y también el frío.

Pero no el buen gusto y la verdadera visión de la belleza, incluso en su miedo había belleza y aquella actitud solo provocaba realzar su rojiza y agradable visión, la sangre de fondo le confería un toque especial y todo parecía sumar.

Me levante despacio y con las manos todavia en alto, avance lo retrocedido pero sin mayor cercanía. Siempre sin evitar su mirada e incluso buscándola, como queriendo ver mi propio rostro de expresión gélida e impasible en sus pupilas.

O tal vez mostré alguna expresión, pensaba que no. Sin embargo no soy infalible y es difícil saberlo sin un espejo. Espejo o no, vi una leve mancha rojiza en sus mejillas, tal vez error o tal vez acierto, no me atrevería a augurar si la acción fue la correcta, pero al verlo avance despacio pero sin retroceder, sacando un pañuelo y a pesar de poder acabar chamuscado, dirigí mi mano con el pañuelo a su mejilla limpiando esta de la sucia sangre de esos hombres.
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