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Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku]

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Mensaje por Shirei el Mar Mar 26, 2019 4:00 am

“Ahora piénsalo, en serio…” La gutural voz de Baku invadió la cabeza de Shirei

“Ya te he dado las gracias, ¿Por qué diablos lo sigues mencionando?” pensó este, esforzándose por no gritar del fastidio que le estaba provocando esta charla telepática allí sentado en su silla, mientras se pellizcaba el entrecejo con fuerza.
"Porque de no ser por mí tu cabeza estaría juntando hongos en el bosque"

Una moza de cabello rojo vestida con una camisa blanca y una falda negra ajustada se le acercó con prisa a su mesa, bandeja en mano.

- Aquí tienes tu pinta, perdón por la tardanza, encanto. – Se disculpó aquella atractiva chica, quien le dedicó una sonrisa a Shirei mirándole con sus ojos verdes en lo que posaba la cerveza sobre la mesa.

- ¿Oye, está todo bien? – Preguntó al notar como el chico parecía no haberle escuchado mientras se tomaba el entrecejo con los ojos cerrados. La muchacha extendió una mano hacia el brazo de Shirei, quien justo antes de que ella alcanzase a tocarle le tomó de la muñeca fuertemente, haciéndola saltar de miedo. El joven abrió los ojos y de forma automática liberó la mano de la chica, quien la tomó con su otra mano y le miró boquiabierta.

- Oh… Lo… Lo lam… - El chico no llegó a terminar de disculparse pues la joven casi como escapando tomó su bandeja y se alejó de su mesa. Shirei bajó la cabeza y se dio la frente contra la superficie de madera.

“Ha esto me refiero imbécil, no sabes hablar con mujeres.” Aquella voz volvió a inundar su cráneo.

Shirei levantó la frente algo roja de la mesa, frunciendo el ceño en una expresión hastiada. Tomó la pinta que la chica le había dejado y procedió a bajarla sin molestarse en tomar aire ni una vez. Bajó la jarra con un fuerte estruendo sobre la mesa y con una manga del poncho se limpió los rastros de cerveza de su boca. Alcanzó el bolsillo de su pantalón para sacar una pequeña bolsa abultada y dejando diez monedas de bronce en la mesa procedió a levantarse a caminar hacia la salida.

En lo que pasaba por el medio de la taberna sintió una sensación desagradable. “A tu izquierda…” Rápidamente movió sus ojos a los lados y los vio. Ahí sentados en una mesa algo alejada se encontraban tres hombres, o dos hombres y un enano con exactitud, quiénes le miraban fijamente con unas sonrisas divertidas que le llenaron de rabia por alguna razón, simplemente había mucha patanería acumulada en sus miradas.

Les mantuvo la mirada hasta que alcanzó los escalones que llevaban a la puerta de entrada de la taberna, y cuando les quitó la mirada de encima pudo sentir como se levantaban de aquella mesa. “Nos quieren robar, Shirei…” el chico no estaba de humor, y esto no le estaba haciendo ni un poco de gracia.

Salió de la taberna, rápidamente moviéndose a un costado de la entrada. Esperó un par de segundos a que uno de aquellos hombres saliera, y cuando el enano lo hizo golpeó fuertemente con su antebrazo la puerta de madera, provocando que ésta se mueva con fuerza hacia atrás e impactara contra la cabeza de uno de los hombres que estaba por salir, al parecer tumbando a ambos pues venían muy pegados.

Con una velocidad infernal tomó del cuello de la camisa al enano y le empotró contra la pared de piedra del edificio. Su voz sonó como una combinación entre la suya y la de Baku.

- ¡¿QUÉ MIERDA QUIEREN?! –

El enano de tez blanca palideció otros tres tonos al escuchar el rugido del joven. Intentó abrir la boca para decir algo, pero solo salieron titubeadas sin sentido.

La puerta se abrió de golpe y Shirei hizo contacto visual con los otros dos hombres. Sin esperar ni un segundo tomó el mango de su katana.

- ¡Espera por favor! – Imploró uno de ellos, ambos levantando las manos en el aire.

Shirei apretó con fuerza el mango de su katana al igual que el cuello del enano, quien seguía empotrado contra la pared a la altura de su cara. Luego de unos segundos su semblante se relajó levemente y soltó al enano, quien cayó al suelo de rodillas y se llevó ambas manos al cogote echando bocanadas por la falta de aire y el susto.

Uno de los hombres, un tipo alto y moreno, habló aún con sus manos arriba. - So… somos miembros de un club de la taberna, te hemos visto reaccionar a la Clarisse sin que ella te pusiera un dedo encima, y nos has llamado la atención. – Dijo en lo que mostraba un tatuaje en su antebrazo de un círculo con dos brazos entrecruzados en medio, cada uno sosteniendo un chopp.


- ¿Quién es…? – Shirei se detuvo a media pregunta puesto que recordó el episodio con la chica moza, echando un leve bufido cambió sus palabras. – ¿Y qué mierda quieren? –

El enano se incorporó, aún con una mano en su cuello. – Queríamos invitarte al club, organizamos eventos en los que alguien… como tú, podría dar un buen espectáculo y ganar mucho dinero. –

La mirada del joven se movió a la del enano, quién se la mantuvo con un semblante tranquilo, a pesar de haber estado cagado del miedo hace menos de diez segundos. Shirei parpadeó un par de veces, aún con el ceño fruncido.

- Me importa un pomo. – Sentenció en lo que se puso a caminar hacia el oscuro sendero principal de aquel pueblito. El eco en su cráneo no tardó en hacerse presente. “Shirei, han dicho que hay dinero, mucho dinero.”. El ceño fruncido parecía tallado en el semblante del chico como si fuera madera. “Ya me has molestado lo suficiente. Mejor cierra la boca.”. “Te prometo cerrar la boca si me dejas divertirme un rato, vamos tío… que esto seguro implica partirle la cara a alguien y a ti tampoco te vendría mal descargar algo de humos”. Shirei gruñó levemente para sus adentros.

- ¡Hey! …- El grito hizo que el enano, siendo el último en ingresar a la taberna, se girara hacia el chico. - ... ¿De cuánto estamos hablando? – Una sonrisa divertida se dibujó en la cara de aquél enano, quien levantando su brazo le hizo un ademán para que viniera adentro.

El trío le guió entre las mesas y la gente hasta pasar detrás de la barra, en donde abrieron una compuerta descubriendo unas escaleras de madera vieja que bajaban por un túnel pobremente iluminado por unas dos o tres antorchas. Un olor acre y un ambiente pesado y caluroso invadieron los sentidos de Shirei casi al instante de comenzar a bajar por aquel túnel. Unos bramidos se iban haciendo cada vez mas audibles conforme bajaba los pocos escalones que faltaban.

El lugar se hizo visible luego de cruzar una esquina de piedra. Una habitación no mucho más grande que un cuarto sencillo de posada, de paredes y suelo de piedra poco trabajada e iluminado por cuatro pequeñas antorchas que dejaban mucho del espacio en penumbra, pero hacían claramente visibles al grupo de diez o quince hombres, todos con el torso descubierto; algunos enanos, otros orcos y varios humanos, se paraban en un círculo, rodeando lo que parecía ser una pelea entre otros dos individuos, una pelea a puño limpio.

A Shirei no le hizo falta mucha explicación para entender lo que ocurría ahí abajo. Girándose a uno de los hombres que le acompañaban preguntó.

¿Cómo funciona esto? -

- Cincuenta kulls de bronce por cada hombre que tumbes, se vuelven ochenta si llevas racha de tres por lo menos. - Le dijo el hombre que hasta ahora no había hablado, un tipo de tez oscura algo flaco pero fibroso.

- Se puede morder, patear, golpear, chillar, rugir, usar los codos, las rodillas, hasta la puta cabeza. Lo único que no se permite es cualquier tipo de arma - Acotó rápidamente en lo que comenzaba a desabotonarse la camisa. - Ah te puedes quedar con el poncho puesto, pero no con la armadura, la protección tampoco está permitida. -

- También puedes hacer apuestas si quieres, hasta puedes apostar contra ti mismo si sólo te gustase que te golpeen – agregó el enano, quien ya se había quitado la camisa y procedía a acercarse al círculo para observar mejor la pelea.

Un fuego se encendió dentro del muchacho, al momento en que la voz de Baku volvía a sonar en su cabeza. “Esto va a ponerse muy, muy divertido.” La cara del chico se mantuvo inexpresiva, pero en el interior le molaba la idea de poder descargar tensión reventándole el rostro a un par de patanes, sobre todo si con ello iba a ganar monedas.

Con ambas manos se quitó el poncho dejándolo contra una de las paredes y comenzó a desabrocharse la armadura.

- Ah chico, debo advertirte que esta noche han venido un par de personajes bien extraños a jugar… - Mencionó el moreno alto, quien también se estaba quitando sus prendas superiores.

La pechera de Shirei cayó al suelo provocando un ligero estruendo. Revelando su torso desnudo y el sello que recorría todo su pectoral izquierdo.

Si el rostro de Shirei fuera de piedra, a su entrecejo le habría salido una fisura de tanta presión acumulada. Tronándose los nudillos con sus palmas aclaró.

- No me importa… -


Última edición por Shirei el Miér Mar 27, 2019 3:26 pm, editado 1 vez
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Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku] Empty Re: Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku]

Mensaje por Skam el Miér Mar 27, 2019 3:19 pm

Mi plácido sueño fue interrumpido por los aullidos de unos cuantos licántropos. Ruidos, pisadas, risas y golpes que cada vez se producían más cercanos a mí.  Me desperecé y salí de mi madriguera dando tumbos, preguntándome que era lo que sucedía.

Para mi sorpresa, me encontré con Baruc y un pequeño grupo de licántropos peleándose. Nunca se entrenaban en esta zona, así que me dirigí a ellos, extrañado.

- Me habéis despertado, chuchos- Solté - ¿Por qué no estáis peleando en vuestra zona habitual?
- Lo siento, Skam- Se apresuró a contestar Baruc -Estamos en una especie de carrera-pelea para presentarnos en un lugar llamado Skarrgan.
- ¿Skarrgan?
- Sí, es un club de la lucha clandestino que se encuentra debajo de una taberna en uno de los pueblos del bosque. El rumor ha llegado hasta uno de nuestros licántropos y se ha extendido como la pólvora.
- No te veo a ti en un club de la lucha, Baruc.
- Y es que no voy a ir, Skam -Rió Baruc, mostrándose despreocupado -Sólo estoy ayudando a mis amigos, que sí quieren presentarse. Quién sabe, igual tú podrías hacerte un nombre en el Skarrgan. Hay mucho dinero de por medio y ya sabes cuánto les gusta a las mujeres un peleador, más aún si tiene algo de dinero y no está pobre como tú.
- ¿Cómo llego hasta ese lugar?- Pregunté, ignorando completamente lo del dinero y centrándome en lo de la pelea y las mujeres.
- Está en esa dirección- Me explicó Baruc, señalándome con el hocico hacia dónde debía dirigirme -No sabría decirte en qué pueblo es, pero me han dicho que el Skarrgan huele a sudor y sangre, por las peleas. Si también notases olor a alcohol, casi con toda seguridad esa es la taberna en la que tienes que entrar.
- Gracias, Baruc. Ya te contaré cuando regrese.
- Suerte, hermano.

Eché a correr en la dirección que me había indicado el grandullón y al poco rato empecé a sentir como los olores descritos por él empezaban a entrarme violentamente por la nariz. Seguí avanzando y llegue a un pequeño pueblo, que estaba casi seguro de que ya había visitado antes. Regresé a mi forma humana y empecé a pasearme por la zona hasta que encontré la taberna. Nada más entrar, puse mis ojos en una hermosa camarera de ojos verdes que me quería sonar de algo. Su mirada fulminante me indicó que probablemente ya la hubiera conocido anteriormente y casi con toda probabilidad con una cama de por medio.

Me acerqué hasta la barra y le pedí una jarra de cerveza a la camarera, de la que por supuesto no recordaba su nombre ni quería hacer esfuerzos por hacerlo. Fingí no conocerla cuando le ordené mi consumición.

- Aquí tienes tu jarra, Skam- Respondió la camarera, visiblemente malhumorada y posando mi bebida con fuerza en la barra.
- Muchas gracias... Eh... ¿Nos conocemos de algo?- Le pregunte mientras acercaba mi jarra para darle un trago.

El gesto de la camarera se volvió hecho una furia y me tiró la jarra al suelo de un manotazo, haciendo que se rompiera y se derramara todo el líquido. Apoyó su cuerpo en la barra y me agarró del cuello.

- ¡Soy Clarisse! ¡Clarisse!- Chilló la camarera, agitándome, aunque por mucho que me dijera su nombre no me acordaba de ella - ¡Te acostaste conmigo, cabrón! ¡Y luego te acostaste con mis amigas! ¡Con todas ellas!
- Yo... Esto... - Debía pensar una excusa rápida -Es que cada noche pierdo los recuerdos porque hice un trato con un espíritu protector, no es culpa mía.

La excusa que había pensado basándome en mi amiga Kaila era perfecta bajo mi punto de vista. Sin embargo, el rostro de la camarera se enfureció más aún si cabe y tiró de mi cuello con todas sus fuerzas. Más por la sorpresa que por las fuerzas, logró su objetivo. Me tenía haciéndome una especie de llave, ahogándome con el borde interior de la barra y su brazo, que formaba una especie de candado. Debo admitir que estaba realmente impresionado, y bastante caliente gracias a su actitud. ¿Cómo podía haberme olvidado de una mujer tan fogosa?

Haciendo un gesto que si bien hubiera sido otra persona con más fuerza, o menos piedad, me hubiera partido el cuello, logré darle un empujón a la camarera con el brazo que tenía más cerca de su espalda. Me liberó de mi ahogamiento y se chocó contra la pared que tenía en frente, haciendo que se cayeran un par de botellas al suelo. Acto seguido, aparecieron a mi lado un par de hombres y un enano que me recriminaron mi actitud con la camarera. A lo que no pude evitar enfrentarme a ellos. Agarré al primer hombre y sin esfuerzo ninguno lo elevé por los aires y lo hice chocar contra el segundo, que retrocedieron un par de metros hasta caer al suelo. El enano fue corriendo tras ellos para auxiliarlos.

Me acerqué a ellos lentamente y sonriendo de forma pícara. Me puse en cuclillas y les pregunté a los hombres por su estado. Aunque me respondieron de mala manera, les tendí la mano a ambos, los levanté sin apenas esfuerzo y procedí a hacer mi presentación.

- Me llamo Skam. Estoy aquí para pelear en el Skarrgan. Creo que ya habéis comprobado que soy lo que ese sitio necesita sin duda.
- En efecto, Skam- Asintió temblorosamente uno de los hombres -Por suerte para ti somos parte de los organizadores del club de la lucha al que piensas apuntarte. Aunque puede apuntarse quien quiera, nos vemos en la obligación de explicarte una serie de reglas.
- Soy todo oídos- Solté, poniendo los brazos en jarra y tratando de poner toda mi atención en las palabras del hombre.
- Ganarás cincuenta kulls de bronce por cada hombre que tumbes, se vuelven ochenta si llevas racha de tres por lo menos.
- Puedes emplear toda la brutalidad que quieras en el combate, pero no está permitido usar magia, ni armas, ni armaduras… Aunque algo me dice que no eres de usar ninguna de estas tres cosas… Sin embargo, deberás entregarnos esas cadenas que llevas en los antebrazos y el pantalón. Aunque parezcan un adorno, podrías usarlas como arma.
- Puedes gastarte los kulls que ganes en cualquier cosa, hasta para hacer apuestas en el Skarrgan. Tanto a tu favor, como contra ti mismo…
- Entonces, ¿qué nos dices, peleador? ¿Participarás en el evento?

Asentí con la cabeza y les entregué mis cadenas, instándoles a que las quería de vuelta inmediatamente cuando saliera de aquel lugar. Estaba algo molesto con esa decisión, pues no iba a emplearlas como arma. De todas formas, con unos cinco kilos menos sobre mi cuerpo, podría moverme más rápido de lo normal. Tendría que aumentar la dificultad de alguna manera, no quería que mi presencia en ese lugar fuese un paseo.

- ¿Puedo enfrentarme a mis rivales de tres en tres?- Solté, sin miedo alguno. Las caras de mis interlocutores palidecieron.
- Bu… Bueno… Supongo que sí- Respondió uno de los hombres, tembloroso – Acompáñanos, te organizaremos tu primer combate.

Me dejé guiar por los dos hombres y el enano hasta la parte de atrás de la barra, donde la camarera me dedicó una mirada de odio, que respondí lanzándole un beso. En algún punto de la parte trasera de la taberna, abrieron una compuerta que se camuflaba bastante bien con la pared, dando lugar a unas viejas escaleras de madera que descendían a un túnel iluminado por la luz de varias antorchas. El olor a sangre y sudor que me había comentado Baruc era tan fuerte ahí dentro que sentía cómo estaba golpeándome la cara. Poco a poco, según íbamos avanzando, se podían escuchar las voces de un público sediento de violencia.

Al girar una esquina, llegamos a una sala con suelo de piedra, levemente iluminado por una antorcha en cada esquina. Un grupo de personas de varias razas, lo suficientemente grande como para causarme algo de agobio, estaban dispuestos en círculo, dejando un amplio espacio en el centro. Ahí era donde estaba el origen de aquel olor que estaba a punto de tumbarme. La gente poco a poco fue abriendo un hueco para dejarnos pasar a los organizadores y a mí hasta el interior del círculo. Ahí había un corpulento orco de más de dos metros de altura, que me miraba con sed de sangre. Al lado de aquella bestia, un pobre hombre inconsciente bañado en un charco de sangre, que al gesto del enano organizador, fue despejado de la zona.

- ¡Tenemos un nuevo aspirante!- Bramó uno de los hombres organizadores, que posteriormente me susurró al oído mientras el público gritaba con todas sus fuerzas –Preséntate, chaval. Es tu momento.
- ¡Me llamo Skam!- Exclamé, alzando los brazos sin esperar un instante a la proposición del hombre. Los vítores del público hicieron que me viniese arriba -¡Soy el hijo de Lluuhgua, señora del caos y de los placeres de la carne! ¡También soy el hijo de un licántropo! ¡Y una de las cosas que mejor se me da es repartir mamporros!

Los gritos del público se hicieron más intensos a cada frase que decía, y pude notar claramente como los organizadores retrocedieron un paso, escandalizados cuando mencioné mi ascendencia divina. El orco no parecía asustado en absoluto y se rio de mí. Entonces fue cuando dirigí mi mirada hacia él.

- La batalla contra tres me la dejáis para cuando le arranque la cabeza a esta lechuga con patas- Solté a los organizadores sin dejar de fulminar con la mirada al orco, que no había hecho más que aumentar la intensidad de su carcajada.
- Veamos cuánto duras hasta que reviente todos y cada uno de tus huesos, hijo de Lluuhgua- Respondió el orco, desafiante. La parte en la que hizo alusión a mi madre la dijo en un tono de recochineo que me puso de los nervios.

Los tres organizadores se escabulleron rápidamente entre el público y con un grito de uno de ellos dieron por comenzada la pelea. El orco no dudó un instante y me dio un puñetazo en la cara, tan fuerte que me tumbó al suelo. El público estaba enloquecido. Apoyé ambas manos en el frío suelo de piedra y escupí un poco de sangre.

- ¿Qué pasa, hijo de Lluuhgua? ¿Tu madre no te enseñó a pelear?- Preguntó el orco, acercándose peligrosamente a mi cara.

Buf, qué patada en la boca tienes, cerdo parlante.

Me levanté como una flecha, gracias a que carecía de mis cadenas, mis movimientos eran mucho más veloces, y golpeé sin problemas el estómago del orco, aunque no parecía haberle hecho demasiado daño. Acto seguido le di una patada en la entrepierna con todas mis fuerzas, movimiento letal que había aprendido de una guapísima cantante que actuó en mi fiesta de iniciación al clan. Con ese golpe, logré que el orco cayera de rodillas al suelo, aparte de dejarlo estupefacto. Aprovechando que su acto reflejo fue llevarse las manos a su zona más preciada, le propiné una fortísima patada en la boca, provocando que cayera al suelo con un estruendo.

- Te voy… A matar… Hijo de Lluuhgua- Musitó el orco, que empezaba a palparse su enfado.
- No tengo intención de morir esta noche, orco- Le respondí, sonriendo pícaramente y haciéndole un gesto con la mano para que se levantara y viniera a por mí –Pero te voy a dejar que lo intentes…

Entonces, el orco pegó un grito y se abalanzó sobre mí. El público estaba totalmente entregado a la pelea, sabía que iba a ser algo memorable. Y por supuesto, yo haría mi mayor esfuerzo en que todos los presentes recordasen mi nombre tras la batalla.
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Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku] Empty Re: Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku]

Mensaje por Shirei el Jue Mar 28, 2019 6:24 am

Cada segundo que pasaba metido en ese sótano le hacían entender más y más porque aquí nadie traía su puta camisa puesta. El prado de fuego debía sentirse menos abrumador que el aire de ese lugar. La propia acción de respirar en ese foso era una molestia que había que tomarse, eso sin mencionar el olor acre a sudor y sangre que te recordaba constantemente el tipo de sitio al que habías ido a meterte.

Todo esto, sin embargo, no detuvo a Shirei de buscar su pipa entre su poncho y darle una última calada ayudándose con una de las antorchas que iluminaban el sótano. El humo invadió brevemente el lugar, atrayendo un par de miradas hacia el joven, pero se disipó a la brevedad entre el vapor que salía de los propios cuerpos de todos los presentes.

Con dos brazos hizo separar a dos sujetos que cerraban el círculo para poder ver mejor la pelea. Shirei alzó una ceja, sorprendido al notar la diferencia de tamaños entre el sujeto moreno y el enorme orco al que le plantaba cara. La cantidad de cicatrices que portaba aquél tipo le hizo bajar la vista a sus propios brazos momentáneamente, en seguida supo de qué clase de persona se trataba.

“Este es uno de los raros… y parece un camorrista.” A pesar de que Shirei no se lleva bien con Baku, a veces sí le interesa saber sus opiniones, sobre todo cuando se trata de posibles oponentes. “…” Baku hizo un leve sonido gutural pero no habló. Lo siguiente no hizo más que exaltar al chico y confirmar cualquier tipo de sospecha.

“JA… JAJAJAJAJA ES UN CABRÓN ¡ESO ES LO QUE ES!”. El repentino estruendo de la voz de Baku dentro de su cráneo mezclado con la explosión de gritos y porras de la multitud expectante  casi le deja sordo, pero Shirei se encontraba atónito viendo como aquella pared verde había quedado de rodillas en medio minuto de pelea. Había recibido un golpe bajísimo, tanto literal como moralmente hablando. El chico se cruzó de brazos con su mirada clavada sobre aquél joven moreno.

“Le has visto ir a por los cojones, eso se llama usar la cabeza jajaja” La voz de Baku aún sonaba con vestigios de diversión, pero había algo que ninguno de los dos mencionaba, y era el equivalente a tener a un elefante en la habitación. “Sí, pelea bien…” Hubo una pausa dentro de la mente del chico. “Sí…” El tono de Baku sonó sumamente pensativo esta vez.

Shirei fue expulsado de sus pensamientos al escuchar nuevamente el grito de carga de aquel orco, al parecer aún tenía algo para dar, a lo mejor intentando recuperar su honor, o el poco que le quedaba al menos...
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Mensaje por Skam el Jue Mar 28, 2019 4:11 pm

Sonreí pícaramente y decidí aprovecharme de la ira que desprendía el orco para usarla contra él. Mi rival se acercaba hacia mí a una velocidad vertiginosa, indicando que lo único que había planteado era embestirme. Aprovechándome de la agilidad extra que poseía ahora, avancé hacia él, en un movimiento que pilló totalmente desprevenido a aquel mastodonte. Me deslicé bajo sus piernas y le agarré con todas mis fuerzas sus partes nobles, que ya estaban bastante deterioradas. Mi carrera acabó justo a sus espaldas, estirando sus genitales de manera antinatural. Mi movimiento hizo que el orco se descoordinase y cayese al suelo de bruces. Una vez en el suelo, riéndome, dejé de apretar. Mi rival dio un grito y se llevó las manos a su entrepierna, de nuevo.

- Ya has besado el suelo dos veces, lechuga con patas… Pensaba que me darías más espectáculo… Me siento algo decepcionado, la verdad…
- Hijo de puta…- Susurró el orco con la cara aún pegada al suelo.
- ¡Ey! ¡Que mi madre no es puta! - Exclamé, fingiendo haberme enfadado -¡Lo hace por placer!

Dejé que el orco se levantase y me diese un puñetazo en el peño, mientras hacía gestos para incitarlo. No debí hacerlo. Salí disparado en dirección al público. Me hubiera chocado con la pared de no ser porque la gente me detuvo amablemente.

- ¡Revienta a ese orco, Skam!- Exclamó alguien del público.
- ¡Vamos, hijo de Lluuhgua, acaba con él!- Otra persona del público también me brindaba sus ánimos.
- Calma, mi querido público… Voy a daros lo que deseáis…- Mi frase fue interrumpida por otro puñetazo del orco, esta vez en la cara, que me tumbó al suelo.

Aquel golpe me había mareado un poco. Volví a escupir sangre, esta vez en mayor cantidad. Incluso notaba mi nariz taponada, seguramente a raíz de que también había sangrado por ahí. Me giré instintivamente sobre el mismo suelo, esquivando otro puñetazo del orco que hizo una pequeña grieta en el lugar donde yo me encontraba instantes antes. Me levanté con rapidez, esquivando un segundo puñetazo, y le propiné una fuerte patada en su pierna más cercana, que si bien no parecía haberle hecho efecto, hizo que se le quedara petrificada.

Aproveché su desconcierto para dar un salto y golpearle la espalda, que aunque tampoco parecía haberle hecho mella, lo había dejado totalmente inmóvil. El orco no pudo hacer más que soltar un berrido por la fuerza del golpe. A cada golpe que le estaba marcando, el público hacía un “¡OH!” en un tono entre una palpable emoción y una empatía dolorosa. Decidí finalizar con un puñetazo en su estómago, pero tampoco parecía haberlo noqueado. Sacudí un poco mi mano y dediqué una mirada de incredulidad a mi rival. Tenía una expresión desencajada y los ojos en blanco. Sonreí pícaramente decidí empujarlo sutilmente. El orco cayó al suelo con un estruendo ensordecedor. El público empezó a gritar de alegría y a corear mi nombre. Yo levanté los brazos, regodeándome con su baño de aceptación.

En seguida aparecieron los organizadores de entre la multitud. Uno de los hombres me alzó el brazo en señal de que se me concedía la victoria y las voces se volvieron más intensas aún. El enano hizo un gesto a alguien del público para que se llevasen al orco del círculo. El otro hombre que quedaba libre, tomó la iniciativa e hizo de comentarista.

- ¡Skam es el ganador!- Las voces del público eran tan fuertes que me iban a reventar los oídos –Enhorabuena, Skam. Aquí tienes tus cincuenta kulls. Ahora dejémosle un descanso a nuestro campeón para que vuelva con fuerzas renovadas tras el siguiente combate que tenemos para vosotros.

Sentí como uno de los hombres me colocaba en la mano una bolsita de piel que, imaginaba, tendría mi recompensa por salir victorioso de mi combate. Me dieron una palmadita en la espalda para indicarme que saliera del círculo y regresara en cuanto terminase el siguiente combate.

Nada más adentrarme entre la muchedumbre, que me daba palmaditas en la espalda y me agradecía el espectáculo que había organizado, me fijé en un hombre de tez blanquecina con un gran tatuaje en el pecho. Tenía el pelo oscuro, algo largo, recogido en una coleta alta. Iba a pecho descubierto, como yo, con unos pantalones marrones. Sus ojos oscuros, que por la poca iluminación de la sala no pude distinguir bien su tonalidad, se clavaron en mí. Me miraba de forma que parecía haber estado observando con atención mi combate. Parecía que iba a decirme algo, pero no estaba seguro de si lo iba a hacer.


Última edición por Skam el Sáb Mar 30, 2019 2:37 pm, editado 1 vez
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Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku] Empty Re: Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku]

Mensaje por Shirei el Sáb Mar 30, 2019 5:01 am

El brazo del chico se movió entre la gente que rodeaba al sujeto moreno y apartó a cualquiera que se encontrase en frente de él. El contacto visual entre ambos cortaba el denso aire como la hoja de su katana. Shirei le extendió la mano al tiempo que se ponía directamente frente a él, mirándole hacia abajo dada la diferencia de alturas.

– Enhorabuena, peleas bien, hombre. – Su cara dibujó una media sonrisa, aunque el tono de su voz fue sumamente serio.
La sonrisa pícara de sujeto le extrañó un poco pero no le dio importancia, su mano fue estrechada rápidamente. – Gracias, tienes pinta de saber bien en el sitio en el que te has metido…– Había algo en la mirada del tipo que continuaba extrañándole, hasta que Baku habló “Mierda tío, éste te mira como si fuera a comerte…” lo que le hizo fruncir levemente el ceño, sin escuchar completamente lo que el sujeto moreno le estaba diciendo.

– … pelear tú también? – La voz del chico moreno volvió a sonar en sus oídos.

– ¿Eh? Ah, pelear. Sí, esa es la idea – “Hablo en serio chico, éste te mira más para besarte que para golpearte.” La voz de Baku insistió dentro del cráneo de Shirei. El sello de su pecho comenzó a pulsar en un fulgor rojo con cada palabra del demonio. La mirada del joven se movió hacia la muchedumbre, las miradas de todos se encontraban clavadas en él, específicamente en la luz roja que le salía del pecho.

Los ojos de ambos chicos volvieron a encontrarse al momento que el moreno hablaba.

– Me encantará verte combatir, entonces... – La mirada del joven bajó hacia el sello de Shirei en lo que hablaba. – Oye, esa marca que brilla... ¿No tendrás a alguien en tu cabeza por casualidad? – Los ojos de Shirei se pusieron como platos del asombro ante aquellas palabras. “El cabrón ha estado cerca…” El sello de su pecho volvió a pulsar.

Antes de que él pensara en una respuesta el chico continuó hablando. – Tengo una amiga que tiene un espíritu en su cabeza... –

El moreno se acercó hacia él como para susurrarle, Shirei con algo de dilación se encorvó un poco para escuchar mejor. – No quieras conocerlo, tiene una extraña afición de castrar a la gente... –

Los ojos del chico se movieron hacia el sello y una pequeña risa salió de sus labios. – Pues ojalá y fuera tan fácil… – Dijo ignorando completamente el comentario sobre su amiga.

Su mirada volvió a encontrarse con la del moreno, “ Ya, deja de perder el tiempo tio…” El sello esta vez se mantuvo estático con el fulgor rojo aun transparentándose entre la piel blanca. – Oye, ¿Has dicho que te encantará verme combatir? – Una de sus manos se posó sobre el hombro de aquel chico. La voz de Shirei sonó sumamente más gutural esta vez, el tono de Baku. – Porque justamente… yo venía a pelear contigo – Su cara dibujando una sonrisa.

Pudo notar un dejo de sorpresa en la en los ojos del moreno, que luego fue sustituido por la misma mirada confiada del principio. – Si los organizadores así lo desean, yo estoy dispuesto. Pero ahora mismo, creo que estoy en mi descanso. – Su vista se movió a un lado, hacia el gentío que aún seguía expectante de la situación. – Y me parece que es tu turno, compañero… – Sintió unas palmadas en su brazo. – … suerte. –

Shirei ojeó a un lado y vio el canal que se había abierto entre la gente, el cual acababa en el centro de la habitación. Volvió la mirada hacia el chico y su sonrisa desapareció para volverse una expresión austera. – Ah, tienes razón… compañero. – Con un par de palmadas en el hombro se despidió del moreno y procedió a caminar por aquél “pasillo” que la gente había formado hacia el centro de la sala. En su cabeza no paraba de escucharse un gruñido de disgusto, que provocaba que su sello encendiese su pectoral como si fuera un farol.

En lo que caminaba entre la gente al centro de la habitación pudo escuchar nuevamente la voz de aquel muchacho, que se alzaba entre la callada multitud.

– ¡EH! ¡SI EL TÍO BUENO DEL MOÑO SOBREVIVE A ESTE COMBATE, QUIERO ENFRENTARME A ÉL! ¿VALE? –

“Este tipo me está cayendo bien… ¿Ha dicho que traes un moño?” Una molesta carcajada se oyó dentro de su craneo. La cara de Shirei pasó de estar tranquila a nuevamente mostrar fastidio, no tanto por las palabras del chico sino por los remates de Baku.

El desarmado espadachín se paró en medio de la muchedumbre, al mismo tiempo que el enano de antes salía de entre la gente. – ¡A ver, perros sarnosos! ¿Quién va a enfrentar a nuestro nuevo competidor…? Oye disculpa ¿Cómo es tu nombre? – Shirei le dedicó su mirada de intenso fastidio, la cual comunicó exactamente lo que el chico esperaba. El enano simplemente se tragó su pregunta y prosiguió. – En fin… ¿Quién va a pelear? –

La multitud hizo silencio nuevamente, con un par de susurros en el aire y dedos apuntando hacia el pecho del chico.

Aquel sosiego fue interrumpido por unos pasos que avanzaban hacia el círculo. De cabellos dorados y ojos azules, un hombre un poco más alto que él, de tonificada musculatura y semblante calmado. – Yo lo haré – Su respuesta fue terminante, al parecer se encontraba sumamente determinado a su objetivo. El enano le echó una mirada y se encogió de hombros – Pues va, comenzad cuando queráis. – acotó volviendo en sus pasos hacia la multitud, que pareció estallar en griteríos nuevamente cuando éste dio inicio al combate

Aquél sujeto se plantó frente a Shirei y un despectivo olor a alcohol llegó a la nariz de éste.

“Shirei, déjame tumbarlo, luego te dejo a ti con el que sigue…” La voz de Baku sonaba ansiosa dentro de los pensamientos del chico. Shirei no respondió y ante esto volvió a oírse “… vamos, te cansarás menos y lo sabes.” Los últimos fragmentos de aquella conversación mental quedaron a la vista con el cambio de semblante de Shirei, quien hasta hace poco se había mantenido con una expresión indiferente, pero ahora se encontraba sonriendo de manera casi caricaturesca hacia aquél morrudo hombre, quien se sorprendió al notar el cambio humor repentino del chico.

– Eres un vihkar. – La voz del joven sonó sumamente profunda y gutural. El hombre le dedicó una mirada de incomprensión. Baku movió su cuello hacia atrás con un tronido. – Mira… voy a dejarte lanzar el primer golpe. – El chico estiró su torso levemente hacia el sujeto y puso la cara en un ángulo que dejaba uno de sus pómulos completamente al descubierto, su dedo índice tocó su barbilla. – Aquí, ricitos de oro, a ver qué haces… –

Pudo escuchar el rechinar de los dientes del sujeto al tiempo que éste cerraba su puño con fuerza. – Pequeño mocoso insolente… – El puño derecho del hombre se cerró con fuerza  - ... A VER SI CON ESTO TE CALLAS. – su voz denotó el enojo que estaba esperando. Sin dilación el rubio le soltó un puñetazo directo, que no hizo más que atravesar el aire en donde antaño se encontraba el rostro del chico. Baku sonrió observando el ataque desde abajo.

Sus nudillos impactaron contra el mentón del vihkar, provocando un distintivo crujido que hizo que Baku se mordiera los labios de puro goce. El sujeto se tambaleó, obligándose a ponerse de rodillas mientras que con una mano se tomaba la mandíbula, la cual se le movía de lado a lado como si fuera un columpio. Gotas de sangre que caían de su boca mancharon el piso de piedra.

– Sí… – La voz del chico sonaba divertida – … sois todos iguales, sois muy grandes, fuertes, temperamentales... – levantó y giró levemente la muñeca, haciéndola sonar –… y tenéis mandíbulas de cristal. –

La mirada del vihkar se alzó del suelo para encontrarse con la rodilla de Baku acercándose a toda velocidad. Su cuerpo cayó con fuerza al suelo, con la nunca latigueándose contra el piso de piedra y con el rostro teñido de rojo; dos grandes surcos brotando sangre como ríos a los lados de su nariz y la mandíbula aún desencajada ligeramente ladeada a la derecha.

Baku buscó con los ojos entre la multitud a aquel chico con el que había hablado antes. Al interceptar sus ojos, éste le dedicó una sonrisa completamente antinatural mostrando todos sus dientes. De forma súbita el semblante de Shirei se despojó de cualquier rastro de aquella expresión, dando paso a otra sumamente austera.

Miró sin mucho interés al sujeto que ahora yacía en el suelo por unos momentos. La multitud volviéndose loca a su alrededor por semejante despliegue de violencia. Sus ojos se clavaron en el enano que ahora se acercaba al centro. — ¡PUES  TENEMOS UN GANADOR…! — Pasando de una vociferada a casi susurrar el enano le imploró que le diera un nombre para que la gente vitorease, con un leve bufido Shirei le susurró.

— ¡BAAAAAAKU! — Exclamó el enano.

La multitud nuevamente enardecida comenzó a gritar el nombre del demonio. "¡BA-KU, BA-KU, BA-KU!"
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Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku] Empty Re: Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku]

Mensaje por Skam el Sáb Mar 30, 2019 7:11 pm

Mi conversación con aquel hombre fue bastante cordial, incluso para ser yo mismo, que siempre me gusta quedar por encima del resto. No dejé de fijarme en su marca del pecho, que le brillaba con insistencia según avanzaba nuestra conversación. Estaba casi seguro de que debía ser alguien como Kaila, y que tenía a alguien más junto a él. Mis sospechas se confirmaron cuando su voz cambió levemente a una algo más siniestra, casi demoníaca. Unos oídos corrientes no hubieran notado la diferencia, pero los míos estaban acostumbrados a notar hasta los más mínimos detalles, al igual que mi olfato, si es que estaba concentrado.

Cuando aquel hombre se dirigió al centro del círculo y empezó a pelear con un vikhar que imponía tanto como el orco al que yo me había enfrentado, no pude reprimir una sonrisa de oreja a oreja. Estaba muy emocionado viendo a aquel hombre pelear. Poco a poco me animé a hacer a dar voces junto con el resto del público, incitando a que el peleador del moño, como lo había llamado ante los organizadores instantes antes de que comenzase su pelea, le diese una soberana paliza al rubio.

Parecía que la persona que había captado tanto mi interés disfrutaba tanto como yo de las peleas. Podría decir que incluso se divertía haciendo sufrir a su enemigo, por la actitud que mostraba. Aunque algo me decía que no estaba actuando como el hombre con el que yo había hablado. ¿Podría ser el ser que habitase en su cabeza?

Un tremendo rodillazo en la cara del vikhar hizo que besase el suelo con un estruendo, otorgándole la victoria a la persona con la que más ganas tenía de pelear en ese mismo instante. El organizador clamó su nombre para que el público lo corease… Baku… ¿Así era como se llama aquel hombre? Le dediqué una sonrisa maquiavélica, pues mi cuerpo estaba corrompido por mis ansias de pelear contra él. Le di su minuto de gloria y, antes de que pudiera retirarse, la gente del público me empujó hasta el centro del círculo.

- Por petición de uno de los benefactores del Skarrgan…- Comenzó a decir uno de los hombres al público –Tendremos un combate muy especial a continuación. Una batalla de dos… ¡contra tres!

En ese momento, vi claramente como varia gente del público, con claras pintas de peleadores, nos juntaron a Baku y a mí a la fuerza y nos unieron con...

- ¡EH! ¡EH! ¡APARTAD ESAS CADENAS DE MI PIE!- Chillé, golpeando a uno de los que nos estaba reteniendo contra nuestra voluntad. Mi compañero forzoso trató de agarrar del cuello al enano en ese preciso instante, siendo detenido por los otros dos organizadores.
- Ah, así que a él le dejáis descansar, pero a mí que me jodan ¿No? – Exclamó Baku, levantando el pie por el que había notado el roce de las cadenas. Acto seguido le soltó una patada en la boca al hombre que se las había intentado colocar.
- Vamos hombre, que te ves más enérgico que nunca ¡Y hay mucho dinero de por medio! –Replicó el enano, asustado por la agresividad de Baku.

Aunque opusimos resistencia, al final ambos acabamos engrillados por los tobillos. Alguien había pagado una suma importante de dinero por este “combate”. Que yo supiera no tenía enemigos como para que se tomaran tantas molestias conmigo para darme una paliza. Algo me decía que esto tenía que ver con Baku… O simplemente era cosa de alguien con mucho dinero que quería tener su momento de protagonismo. Mi cuerpo se tensó por completo en cuanto vi entrar al círculo a tres seres igual de amenazadores que el orco y el vikhar.

- Esperaba que nuestra relación se estrechase, Baku… Pero no me lo imaginaba de esta forma- Solté - ¿Tienes idea de alguien que quiera ponerte en esta situación?
- Nadie que siga con vida… o por lo menos eso creo…- Se limitó a decir Baku, visiblemente molesto por la situación.

Tres corpulentos peleadores se alzaban ante nosotros. Aunque parecían amenazadores, nuestras caras de malas pulgas seguramente los amedrentarían un poco. A la izquierda, otro orco, más grande que el que me había enfrentado antes, aunque también parecía más tonto. Aquella lechuga gorda con patas se hurgaba la nariz mientras me observaba con cara de querer comerme más que darme una paliza. A la derecha se encontraba un humano de piel muy oscura, las cejas muy pobladas y labios gruesos, su cabello consistía en unas rastas negras como el carbón, que le llegaban a la cintura y tenía pintura blanca por toda la cara. Parecía haberse escapado de una tribu aborigen para venir directamente a pelearse a este lugar. Nos dedicaba una profunda mirada de odio mientras se golpeaba su puño derecho con la palma izquierda repetidas veces. En el medio de ambos, se hallaba un ser que me recordaba un poco a mí mismo. No era un licántropo, pero era un hombre con aspecto perruno, de chacal más bien. Había oído hablar de ellos, pero nunca me había enfrentado a ninguno. Parecía el más listo de los tres, pero este había posado su mirada en Baku, a quien dedicó una sonrisa malévola. Quizá no era el más fuerte de los tres, pero definitivamente parecía ser el más peligroso.

- Un orco, un schakal y un… humano rarito- Musité, poniéndome en guardia –Podría derrotarlos con los ojos cerrados si no estuviese obligado a trabajar en equipo contigo… ¿Estás muy cansado de tu combate?
- Pues...- Trató de responder Baku, siendo interrumpido por un grito fuerte proveniente de uno de nuestros enemigos.

Sin más dilación, el humano de piel oscura se abalanzó sobre nosotros berreando como un descosido y alzando los brazos. Me interpuse en su trayectoria, ignorando a Baku y poniéndome delante de él. Rápidamente le di un puñetazo en la sien y lo tumbé al suelo. Me agaché para comprobar su estado. Parecía inconsciente, pero nadie tenía intención de llevárselo.

- Bueno… Uno menos- Solté, riendo –Esto va a ser más fácil de lo que imaginaba.



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Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku] Empty Re: Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku]

Mensaje por Shirei el Dom Mar 31, 2019 7:21 pm

La forma en la que aquél sujeto negro tocó el suelo casi a los cinco segundos de comenzar la pelea dejó algo absorto a Shirei, quien se limitó a levantar las cejas al ver lo limpio que había sido aquél golpe. – Bueno… admito que no me esperaba eso… – Acabó por decir en lo que caminaba aun lado de su compañero de cadenas y con un pie ladeaba la cabeza del tipo de rastas.

De un momento a otro el inconsciente sujeto fue arrastrado lejos de su pie con suma velocidad, ambos levantaron la vista para encontrarse cara a cara con aquel orco… que fácilmente podría ser un ogro pequeño, un pensaría que semejante mole no sería ni capaz de entrar a la taberna por su descomunal tamaño, pero ahí estaba, encarandolos.

El “super orco” lanzó un rugido amenazante que fue seguido por una ola de un hedor putrefacto que salía de su enorme boca, totalmente desprovista de dientes salvo por cuatro caninos marrones/amarillentos sumamente grandes y astillados. Sin dilación alguna aquella bestia, usando al hombre inconsciente como una suerte de mazo, lanzó un golpe de barrido hacia ellos. “¡ABAJO!" Shirei tomó del cuello a su compañero y se agachó rápidamente, las rastas del sujeto le latiguearon la cara al pasar por encima suyo.

Aquel hijo de gigantes siguió de largo con su ataque, golpeando a repetidos espectadores que cayeron inconscientes en el acto. No le tomó mucho tiempo recuperar su envión y volver a arremeter hacia los jóvenes. Esta vez usando a su desmayado (y a estas alturas probablemente difunto) camarada como una suerte de martillo. Esta vez Shirei empujó a su compañero a su lado contrario, pero fueron detenidos a medio camino por la cadena que les unía. “Joder, puta cadena…”. Su vista se movió nuevamente hacia arriba, aquél sujeto, ahora con la cara toda ensangrentada se dirigía hacia ellos como una maza humana. “A esta velocidad os va a romper las piernas…” Baku cruzó la mente de Shirei, quien en fracción de segundos tomó con ambas manos la cadena y tiró de ella con fuerza, atrayendo a su compañero hacia él y esquivando el placaje del “martillo” humano.

Sus cuerpos ruedan por el suelo de piedra, en el proceso esquivando otro ataque de barrido lanzado por el orco, que volvió a llevarse por delante a una buena parte de los espectadores.

Luego de rodar, el cuerpo de Shirei se detiene y su compañero queda encima de él. Levantando su mirada se encontró con una sonrisa pícara en la cara del moreno. – Sí me querías tan cerca sólo tenías que pedírmelo, bribón... – Shirei frunce el ceño ante el comentario “Pues… la verdad es esta vez que te lo has buscado…” Baku acotó con un tono de gracia en su voz. – Pero tenemos que poner en orden nuestras prioridades – añadió el moreno en lo que se incorpora rápidamente y le extiende una mano para ayudarle. Un gutural rugido rompe su escena haciéndoles voltear nuevamente hacia el orco gigante, quien arremetió otra vez hacia ellos con un ataque alto.

“Shirei… mira sus piernas…” La mirada del chico se dirigió hacia la abertura que había generado el orco en su postura. “Diablos… esperaba no tener que hacerlo…” Respondió mentalmente el chico en lo que hacía una mueca de disgusto. Sin dilación llamó la atención de su compañero – ¡Oye! ¡Empújame! – Le comandó Shirei al moreno señalando hacia su enemigo, quien al principio le miró extrañado, pero rápidamente pareció entender su estrategia, volviendo a dibujar aquella sonrisa burlona en su rostro. – Oh… alguien ha visto mi pelea de cerca – Su tono sonó sumamente pedante pero el chico se limitó a hacer énfasis en lo que le pedía señalando hacia las piernas del orco. – ¡Que me empujes! –

Su compañero le arrojó con todas sus fuerzas, provocando que saliera casi disparado, velozmente deslizándose hacia las piernas de su oponente. La cadena se tensó y el moreno también impulsado por el piso.

El cuerpo del hombre desmayado dio un rotundo golpe contra el suelo de piedra, agrietando y manchando con sangre gran parte de éste, pero ellos ya no estaban ahí. Ni bien Shirei pasó por debajo de las piernas del orco, miró hacia atrás, aún en movimiento, haciendo contacto visual con su compañero. – ¡AHORA! – Gritó con todas sus fuerzas.

Los siguiente aún atormenta a la cabeza del chico, un sonido indescriptiblemente desagradable, similar a cuando rasgas un trozo de tela húmeda, invadió sus oídos. La sala, que anteriormente se encontraba llena de bramidos y porras variadas, fue silenciada con un unánime “– UUUUHHH –”.

Un grito. Un grito sumamente agudo invadió los tímpanos de todos los presentes. El orco, aullando en un tono tan agudo que podría haber sido confundido con el chillido de un ratón, soltó el cuerpo de su ya difunto compañero/arma y se llevó ambas manos a su profusamente sangrante entrepierna, arrodillándose con un estruendo.

El espadachín se incorporó rápidamente y ayudó a su compañero tomándole del hombro.

– Por los dioses... hombre, me refería a que lo golpearas, no que... – Exclamó intercalando sus miradas entre los ojos de su compañero y la mano de éste. El moreno torció levemente su ceño y sus ojos se movieron a su mano, de donde colgaban dos… objetos… de aspecto esférico y del tamaño de un melón, aún cubiertos por un trozo de tela ensangrentada. El olor acre que salía de aquello era sumamente desagradable. “Oh… no puedo creerlo…” Hasta la voz de Baku sonó sorprendida.

– ¡NO PUEDE SER! – Los ojos del moreno se abrieron como platos al realizar lo que acaba de ocurrír, soltando una fuerte carcajada que fue seguida por todos los presentes que no habían sido vapuleados por el orco.
La mirada de ambos se dirigió hacia el último sujeto que quedaba en pie, aquel hombre-perro que aún los miraba con una expresión entre divertida y siniestra, como si no hubiera visto nada de lo que acaba de pasarles a sus compañeros. El moreno le arrojó los testículos de su camarada al rostro, que cayeron a sus pies con un sonido húmedo.

– Toma, guapo, para que te vayas haciendo a la idea de lo que te espera. – Su voz sonó divertida pero amenazante al mismo tiempo, para luego volver a echarse una carcajada.

La mirada de Shirei volvió a moverse al orco, quien se había recargado contra una de las columnas de piedra del sótano y parecía estar alucinando por el dolor con sus ojos cerrados, aún con las manos aferradas a su sanguinolenta entrepierna. “No creo que se levante… nunca más…” La voz de Baku pareció querer sonar divertida, pero salió algo trágica.

Por primera vez pudieron escuchar la voz del hombre-perro, quien soltó una muy silenciosa pero aún audible risa entre el silencio de la impactada audiencia, que aún seguía repitiendo aquél cruento episodio en sus mentes.
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Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku] Empty Re: Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku]

Mensaje por Skam el Mar Abr 02, 2019 1:21 am

No trabajábamos demasiado mal en equipo. No nos quedaba otra. Baku no dudó un instante en querer repetir la estrategia que usé en mi anterior combate para tumbar al orco que nos atacaba con el cuerpo del humano de piel oscura como si fuese un arma. No sé si fue por la velocidad de mi compañero al deslizarnos bajo sus piernas o yo mismamente que me excedí en la fuerza, pero cuando quise darme cuenta, tenía los testículos del orco en mis manos. No pude evitar soltar una carcajada, que el público corroboró pocos segundos después. Me levanté para darle un aviso al schakal que no dejaba de observarnos con ojo clínico desde que empezó el combate y le lancé las partes nobles del cerdo parlante casi sin mirarle. Sabía que habían impactado en su cara, era mi intención. Cayeron al suelo tras impactar en el rostro perruno de mi enemigo, con un ruido bastante asqueroso.

- Toma, guapo, para que te vayas haciendo a la idea de lo que te espera en cuanto terminemos con tu amigote- Solté, sonriendo pícaramente mientras veía como el orco se retorcía de dolor con las manos en su sangrante entrepierna.

Entonces, por primera vez desde que había empezado el combate, pudimos escuchar la voz del schakal, en una pequeña risa que hizo que me provocase un escalofrío. Agité mi cabeza para olvidar al instante esa risa. El tío no parecía saber lo que era el miedo, aunque hubiéramos acabado con sus compañeros en un abrir y cerrar de ojos. Su risa se volvió cada vez más sonora, por lo que Baku y yo nos giramos hacia él. Había empezado a aplaudirnos. En su mirada, como bien imaginaba anteriormente, no había rastro alguno de miedo.

- Enhorabuena, insectos- Soltó el schakal, sin dejar de aplaudir -Habéis conseguido picarme.

Mi mente quiso que centrase mi cabeza en la reacción de mi compañero y no en mi enemigo por alguna razón que aún desconozco. Shirei estaba haciendo una mueca de disgusto, aunque no sabía muy bien por qué. Avancé hacia el antropomorfo sin pensarlo un instante, con la intención de golpearlo, pero Shirei no se movió ni un ápice, por lo que casi tropiezo y me caigo al tensarse de repente la cadena, cosa que no había previsto.

- Me llamo Addu. Soy uno de los mejores asesinos a sueldo de Geanostrum y me han pagado una buena suma de dinero para cosechar vuestras almas, Shirei y Skam.
- ¿Shirei? ¿Tú no te llamabas Baku?- Pregunté, sin importarme demasiado la profesión del schakal. Mi compañero apenas había atenido a mi pregunta, estaba con los ojos como platos al escuchar las palabras de Addu.
- Pues... te dije que ojalá fuera tan fácil...- Se limitó a decir.

Aquel antropomorfo que parecía responder al nombre de Addu, se acercó a nosotros sin ademán de golpearnos. Su mera presencia imponía respeto, y su voz tenía un deje gutural casi demoníaco, que hizo que mi cuerpo se estremeciera y no fuese capaz de moverme a pesar de que cuanto más cerca estaba, más fácil podría haber sido golpearlo. Nuestro enemigo pasó entre nosotros como si no existiéramos y, ante la sorpresa de todos, le dio una patada al orco en la cabeza, dejándolo inconsciente, para posteriormente partirle el cuello pisoteándolo con extremado sadismo. El público enmudeció en el acto.

- A las cucarachas, por muy grandes y gordas que sean... Solamente hay que pisotearlas- Dijo Addu, regodeándose en el destrozo que le estaba haciendo al orco en el cuello. Acto seguido, se dio media vuelta y con una malévola sonrisa, se dirigió a nosotros- Podíais haberos liberado de vuestras cadenas en el mismo instante en el que os las pusieron. ¿Tú no eras un licántropo, Skam? Transfórmate en lobo y sepárate de Shirei de una vez. Toda ventaja es innecesaria, el final va a ser exactamente el mismo.

Miré a Addu, incrédulo. Tenía toda la razón del mundo, a pesar de que estaba completamente loco. Teóricamente eso rompía las reglas, porque sería usar magia, pero aquel tipo acababa de matar a su “compañero” y nos había dicho claramente que su intención era asesinarnos. Esto no era un juego más del Skarrgan, esto se había convertido en otra cosa mucho más oscura. Miré a Shirei, como para informarle de que me iba a transformar, para que estuviera atento mientras hacía el cambio. Mi compañero se limitó a asentir con la cabeza. De todas formas, nuestro enemigo parecía tan egocéntrico que dudaba que fuera a atacarnos por sorpresa.

Sin perder un segundo, pasé a mi forma lobuna, liberándome del encadenamiento con Baku… O Shirei. Ya no sabía cómo llamarlo. Habría jurado que la gente aún seguía en shock por la brutalidad del schakal y no le había resultado nada impactante mi transformación. En fin. Una vez liberado, regresé a mi forma humana. Addu se limitó a sonreír pícaramente y a hacernos un gesto para que lo atacáramos. Quizá Addu era el enemigo que estaba deseando desde hace tanto tiempo, uno que realmente me diera batalla. Uno que me pusiera contra las cuerdas. Noté como poco a poco el miedo que me provocaba su demoníaca voz se transformaba en fuerzas que iban a parar a mis puños. Estaba emocionado. Realmente emocionado. Me abalancé sobre el schakal sin temor alguno. Tenía que haber imaginado que era una trampa.

Cargué mi puño derecho dispuesto a impactarlo en su cara perruna, pero con un rápido movimiento me agarró el brazo empleando un extraño movimiento con una sola mano mientras con la otra frenaba los golpes de Shirei. Addu retrocedió un par de pasos, y yo avancé con él debido a su agarre, que cada vez se estrechaba más y me hacía más daño. Este tipo de movimiento me sonaba. Algo parecido me había hecho Darion, el horige mono líder de La Red, en nuestro primer encuentro. ¿Aquel schakal sabía artes marciales? En el momento en que bloqueó un golpe de Shirei con una fortísima patada y al mismo tiempo me giró el brazo que tenía agarrado en una postura muy dolorosa me di cuenta de todo: Efectivamente, sabía artes marciales, y yo no podía hacer mucho contra eso.

Mi brazo estaba ahora retorcido sobre mi espalda y trata de alcanzar mi cuello forzosamente. Addu ejerció presión y mi cuerpo sólo supo reaccionar agachándome al suelo para tratar de evitar el dolor.

- Eso es… Agáchate y rézame, bastardo- Susurró Addu con una voz totalmente demoníaca.

Al tener la mirada apuntada hacia el frío suelo del Skarrgan no pude ver claramente lo que había sucedido a continuación, pero pude escuchar el silbido de unas cadenas por encima de mi cabeza y un fuerte golpe, seguido de un quejido de Addu. No sabía cómo, pero me había liberado de su llave. Retrocedí un par de pasos y me coloqué en guardia. Addu tenía una herida en la cara, pequeña, pero la tenía. El schakal no era intocable. Y nuestra batalla sólo acababa de comenzar.


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Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku] Empty Re: Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku]

Mensaje por Shirei el Jue Abr 04, 2019 3:21 pm

La voz de aquel perro antropomorfo tenía un extraño parecido con el tono de Baku, sonaba sumamente grave, con un deje infrahumano que le daba un sonido sobrenatural. “Hmm… Shirei… algo no va bien con este tipo.” El chico parpadeó rápidamente “¿Es un demonio?” La voz de Baku continuaba dándole dolor de cabeza, pero cualquier información sobre su enemigo que pudiera darle le vendría bien. “No estoy seguro, ten cuidado.” Sentenció en su mente. Shirei volvió a dibujar una mueca de disgusto. ¿De dónde salía esta gente?

El joven fue removido de sus pensamientos por el tensar de la cadena, al perecer su compañero había intentado avanzar hacia el antropomorfo y ante la falta de reacción por parte de Shirei, casi cae al piso.

El hocico del perro volvió a abrirse. – Me llamo Addu. Soy uno de los mejores asesinos a sueldo de Geanostrum y me han pagado una buena suma de dinero para cosechar vuestras almas… – El eco volvió a escucharse en el cráneo del chico, “Ahí está la trampa… este no es un peleador, chico, éste es un sicario…” –… Shirei y Skam. – Aquello atravesó a Shirei como una lanza, aquel tipo sabía su nombre. “Que…” La voz de Baku fue cortada por la del chico, – Que… – que a su vez fue cortada por la de su compañero.

– ¿Shirei? ¿Tú no te llamabas Baku? – La mirada impactada del chico se movió a la de su colega, quien al parecer se llamaba “Skam”. No era momento de explicar esas cosas, por lo que sacudiéndose el pasmo solo atinó a responder: – Pues… te he dicho que ojalá fuera tan fácil… –

Los ojos del joven volvieron a moverse, ahora hacia el perro-hombre, que había comenzado a caminar en su dirección, instintivamente levantó los puños, pero fue detenido por la voz de Baku. “Está esperando que lancéis el primer golpe, contente.” Aquello sonó lo suficientemente convincente como para que el chico no se moviera un centímetro, aun cuando el antropomorfo, muy para la sorpresa de ambos, pasase entre él y Skam sin reparar en ellos. “Contente.” Volvió a avisarle la voz del demonio, sonando bastante tensa en comparación a momentos atrás.

Aquél antropomorfo se dirigió directamente hacia su caído compañero orco, que seguía agonizando del dolor, semiconsciente. De un golpe de sus patas traseras le hizo quedar tieso, para acto seguido pisar con fuerza su tráquea, la cual hizo un sonido de rotura sumamente audible dado el silencio de ultratumba que llenaba la habitación, la multitud estaba igual de impactada y muda que Shirei y Skam.

– A las cucarachas, por muy grandes y gordas que sean... Solamente hay que pisotearlas – Sentenció aquél antropomorfo, supuestamente de nombre “Addu”, en lo que su pata pisaba el cuello de su difunto compañero. Una sonrisa surcaba su hocico, mostrando una larga fila de dientes de aspecto feral con dos caninos sumamente largos a cada lado. – Podíais haberos liberado de vuestras cadenas en el mismo instante en el que os las pusieron. ¿Tú no eras un licántropo, Skam? Transfórmate en lobo y sepárate de Shirei de una vez. Toda ventaja es innecesaria, el final va a ser exactamente el mismo. –

La mirada de Shirei rebotó entre Skam y Addu, reflejando incredulidad y duda ¿Él era un licántropo? ¿Cómo sabía todo esto aquel perro? ¿A quién se estaban enfrentando? “Esto ha sido una puta trampa todo este tiempo…” Aquella frase solo le generó más dudas. Los ojos del chico acabaron por clavarse en los de su compañero, quien asintió con la cabeza y sin perder tiempo cambió de forma ante sus ojos. Un morrudo lobo tomó el lugar de Skam para desaparecer a la misma velocidad que apareció, ya no se encontraban unidos por la cadena, que ahora colgaba únicamente del tobillo de Shirei.

Aquella sonrisa altanera seguía grabada en el hocico del antropomorfo, que luego de ver como se separan se limitó a estirar un brazo hacia ellos, nuevamente, parecía esperar a que hiciesen el primer movimiento. El puño de Shirei se cerró con fuerza, la actitud de este tipo le estaba sacando de quicio. “Chico, mantén la calma, debemos pensar en una forma de hacer que…”.

Baku fue cortado por las acciones de Skam, quien simplemente cargó hacia el hombre-perro. Shirei solo atinó a gritarle que esperara, pero ya era demasiado tarde, Skam parecía sumamente empecinado en atacar de frente a un enemigo que obviamente les superaba en técnica.

“Ataca ahora, que se distraiga con el licántropo.” Shirei se movió con velocidad siguiendo a su compañero, quien al intentar lanzar su primer golpe fue interceptado por el antropomorfo, que le dobló el brazo detrás de su espalda en una llave en cuestión de segundos. El primer instinto de Shirei fue lanzar patadas, pero para evitar ser puesto en la misma llave saltó con ambos pies y trató de conectar una doble patada, seguramente demasiado pesada como para que aquél sujeto pudiera desviarla con sólo una mano libre. Como esperaba, el hombre-perro se vio obligado a retroceder de inmediato, pero no liberó el agarre que tenía en Skam, quien hizo una mueca de dolor, al parecer por una mayor fuerza impuesta en dicho agarre.

“No parecen gustarle las patadas…” Shirei arrugó nuevamente su entrecejo, Baku estaba hablando demasiado y dándole un severo dolor de cabeza. “Se qué hacer,  necesito que te calles.” Sentenció mentalmente el muchacho en lo que volvía a correr hacia Addu, quien había hecho postrar a Skam del dolor.

La mirada del perro bajó por unos instantes, al parecer hablándole a Skam en un tono bajo. Shirei aprovechó esto y se acercó lo suficiente para lanzar su pie izquierdo de lado hacia su rostro, patada que fue desviada con un simple movimiento del brazo de su oponente, haciéndole girar debido a la fuerza impuesta en desvío del schakal. Una sonrisa se dibujó en la cara del chico en lo que su cuerpo giraba con velocidad y su otra pierna se estiraba, creando otro golpe que iba directo hacia la cara del antropomorfo. Éste, como esperaba, también fue bloqueado por el brazo del sujeto, pero la cadena que colgaba de su pie; ahora impulsada por todo ese momento impactó de lleno contra la cien del perro. A todo esto, la multitud comenzó a animar a los dos muchachos nuevamente, esto empezaba a tomar la forma de un combate parejo.

Un llanto perruno salió del hocico de aquel antropomorfo en lo que se tomaba la cara con ambas manos, liberando el agarre que tenía sobre Skam, quien rápidamente se replegó al lado de Shirei, observando la pequeña herida sangrante que recorría la ceja derecha del hombre-perro.

La mirada Addu había cambiado de sumamente arrogante a una que proyectaba la ira que sentía en esos instantes, de un momento a otro bajó su mano que se tapaba la herida y apretó fuertemente ambos puños, provocando que sangre cayera de entre sus dedos. – Me has… – Sus puños de piel negra comenzaron a blanquecer – Me has… – Sus ojos se hincharon y se pusieron algo rojos, parecía que iba a explotar en cualquier momento. Súbitamente se calmó y volvió a su compostura normal de forma casi antinatural.

– … Tú mueres primero. – Fue lo último que Shirei alcanzó a oír antes de que aquél sujeto se moviera a una velocidad infernal hacia él. “¡CUIDADO!” La palma de Addu se levantó y avanzó con rapidez hacia su rostro, instintivamente él levantó una mano para bloquear un ataque de palma abierta.

“SHIREI” El denso y caluroso aire fue cortado por un sonido de desliz.

Una hoja de por lo menos 15 centímetros se hundió en la mano de Shirei, traspasándola de lado a lado. Debido al impulso y fuerza de la hoja su brazo cedió y el chico se vio obligado a tomar ésta con su otra mano para evitar que alcanzase su cara, tajeándose los dedos en el proceso, pero deteniendo la hoja finalmente. – ¡JODER! – Fue lo único que atinó a decir el chico en esos momentos en los que el dolor incendiaba los nervios de sus manos, que le temblaba aún ensartada por aquella hoja.

Un escalofrío recorrió la espina de Shirei cuando escuchó el mismo sonido que escuchó cuando bloqueó ese golpe… – Muere… – Las palabras del antropomorfo confirmaron lo que se temía, otra hoja de esas, ésta en el brazo libre del sujeto, se dirigía directamente a su estómago.

La punta de la hoja se detuvo a centímetros de su abdomen, detenida por la mano de Skam, a quien dedicó una mirada de alivio. Aprovechó el momento de shock para tomar el brazo de Addu y desclavar su mano al mismo tiempo que le propinaba una fuerte patada en el pecho que le hizo retroceder también. Shirei cayó al suelo deteniendo su caída con ambas manos, que ardieron de dolor al contacto con el suelo, manchándolo de sangre en el proceso. “¿Por qué mierda no paran la pelea?” Pensó el chico, que ya no tenía suficiente fuerza para gritar. “Te he dicho, esto ha sido una trampa desde el puto inicio.” Aquello le cayó como una tonelada de ladrillos, si el demonio estaba en lo cierto, ya no les quedaba mucha esperanza.

El chico fue sacado de sus pensamientos al escuchar cómo algo emitía un sonido familiar al chocar con el suelo. Levantó la vista de piso y pudo ver, ahí cerca de donde se encontraba arrodillado, a su Oda Nobunaga. Alguien le había lanzado su espada de entre sus cosas. – ¡Hazlo pedazos! – Se escuchó entre la multitud, que volvió a estallar en gritos y ovaciones.

“Chico… tus manos están destruidas” Expuso Baku en lo que Shirei se miraba las manos, podía ver a través de su mano derecha, y la izquierda tenía copiosos cortes en sus dedos y palma. Sin escucharle Shirei tomó la katana con su derecha, lo cual encendió nuevamente sus nervios y le hizo apretar los dientes del dolor. “No puedes pelear así, Shirei”. Las mandíbulas del chico se tensaron con ira, rechinando sus dientes uno contra otro. Con su izquierda tomó la funda que cubría su espada. “Lo sé…”.

Súbitamente Shirei se incorporó ante los ojos de su compañero y su contrincante, mirada baja apuntando hacia el suelo. Las gotas de sangre caían sobre la funda de la Oda Nobunaga al mismo tiempo que una sonrisa se dibujaba en el rostro del chico. La vaina de la katana cayó al suelo en lo que la mirada de Shirei subía, dejando ver una expresión de felicidad sumamente anticlimática.

El sello de su pecho al rojo vivo, presentando ramificaciones que se extendían desde su pectoral hacia su brazo y clavícula. – Ah… ¡QUE BUENO ES VOLVER! – La voz gutural del demonio llenó la sala con un grito sobrehumano. Cada músculo de su cuerpo se tensó con fuerza, transparentando casi todos sus tendones del cuello y brazos. Su mano derecha se cerró fuertemente en el mango de su katana, empapándolo de sangre, que corrió a través de la hoja. –  ¡Y NO!… – Levantó la punta de la espada hacia su contrincante. De un momento a otro su sonrisa desapareció y su tono se aseveró. – … Tú morirás primero. –
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Mensaje por Skam el Sáb Abr 06, 2019 3:08 pm

Lo que pasó a continuación fue bastante rápido, aunque pude centrar mis sentidos para parar un golpe letal de Addu hacia Shirei agarrándole la muñeca. El cabrón tenía una especie de dagas escondidas bajo sus antebrazos de cuero, que sacó a relucir cuando vio que con sus artes marciales apenas podía resistir, y no hacernos daño real. Shirei tenía la mano izquierda agujereada y la derecha llena de cortes, pero estaba siendo capaz de empuñar con fuerza el arma que le habían lanzado desde el público, presumiblemente suya por cómo le brillaron los ojos cuando la vio. Yo no necesitaba armas para hacerme cargo de ese chucho humanoide, pero me alegraba de contar con mi compañero para esto.

- ¡Y NO! Tú morirás primero…- Amenazó Shirei, alzando su katana contra el schakal.
- Tú... Tú morirás primero- Soltó Addu, desesperado.

Avancé hacia él mientras terminaba su frase, dando un salto y propinándole una fortísima patada en la cara. Addu no pudo esquivar mi golpe, pero fue lo suficientemente rápido como para clavarme una de sus dagas en la pierna al mismo tiempo que mi pie impactaba en su rostro.

Entonces, Shirei aprovechó la conmoción de nuestro enemigo para asestarle una potente estocada con su katana que le provocó un enorme tajo oblicuo en su torso, de nuevo volviendo a sangrar. El schakal pegó un grito y dio una patada a la muñeca de Shirei, haciendo que soltase la katana, rápidamente trató de levantarse pero mientras lo hacía yo junté mis dos puños golpeé su espalda para que volviera a besar el suelo. Me abalancé sobre él, pero lejos de estar aún derrotado, se dio media vuelta y me rajó la cara con una de sus hojas ocultas, haciéndome retroceder, más de la impresión que del dolor. Addu se levantó de un salto, justo a tiempo para despejar otro puñetazo de Shirei.

En ese mismo instante, Addu se encontraba entre nosotros dos. Seguía sin mostrar miedo, aunque su respiración se veía visiblemente agitada. Ya no mostraba su gesto arrogante de antes, ahora parecía bastante más concentrado. Pero yo también lo estaba, así que esto se iba a poner muy interesante. Shirei y yo atacamos simultáneamente, aunque me centré más en mi enemigo que en los movimientos de mi compañero. Levanté mi pierna herida hasta su pecho para golpearlo con fuerza, pero Addu detuvo mi patada con su antebrazo sin apenas mirarme, bloqueando también el otro movimiento de Shirei, quizá más peligroso que el mío. Proseguí con un puñetazo directo a su cara, pero lo desvió prácticamente sin dificultad, apenas observándome. En ese momento se encontraba completamente de espaldas para parar un movimiento de Shirei, así que decidí darle otro puñetazo inclinando todo mi cuerpo directo hacia él. Ese maldito perro era tan condenadamente rápido que dio media vuelta, me agarró el brazo con el que lo estaba atacando, lo ayudó en su trayectoria, de forma que mi cuerpo quedó mucho más cercano al suyo, y me dio un tremendo rodillazo en el estómago. Acto seguido hizo que el mismo brazo con el que lo estaba atacando me rodeara mi propio cuello y me di la vuelta inconscientemente, quedando de espaldas a él. Addu me propinó una fortísima patada en la zona lumbar de mi espalda que me hizo alejarme de la pelea hasta chocar con el público, que me recogió amablemente para evitar daños mayores.

- Buf... Eso me ha dolido en el orgullo...- Susurré, tratando de calmar mi respiración mientras observaba con rabia la escena.

Durante ese ínfimo momento de descanso pude ver cómo se defendía mi compañero de aquel schakal asesino. Se defendía bien, pero apenas podía atacar a alguien experto en artes marciales y que encima llevaba sus armas bien ancladas a su antebrazo. Comprendí que para derrotar a este enemigo debíamos enfrentarnos con sus mismas armas. Sin temor ni piedad. Entonces me transformé en lobo y salté sobre su espalda, aprovechando que estaba distraído con Shirei. Le mordí el cuello con fuerza, zarandeando mi cabeza para hacer que la herida se volviese más grande y sangrante, exactamente igual que hacía con mis presas. Tiré de Addu hacia atrás para dejarle un amplio espacio a mi compañero. El schakal no hacía más que girar sobre sí mismo con violencia y hacer aspavientos para tratar de quitarme de encima de él, sin éxito. Esperaba que con mi jugada, Shirei pudiera recuperar su katana y acabar con Addu de una vez por todas, pero algo me decía que este schakal aún no había mostrado todo su poder.


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