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Mensaje por Skam el Mar Jun 04, 2019 3:08 pm

Prólogo

El alma del bosque [Solitaria] 010

El viento que rozaba las hojas de los árboles, profiriendo un leve susurro, era lo único que rompía el silencio. Observé atentamente a mi alrededor y empecé a avanzar con lentitud, notando como la tierra y las ramas del suelo crujían bajo mis pies. Tras dar un par de pasos, pude ver claramente como una loba blanca de ojos dorados me observaba desde un pedestal de piedra. Me miraba fijamente, inquisitivamente, como tratando de leerme la mente. Seguí avanzando hacia ella, lejos de mostrarme incomodado por su presencia. En ese momento, la loba se bajó lentamente del pedestal y se dispuso a recoger una serie de piedras con la boca, disponiéndolas frente a mí y rodeándome, formando un círculo con aquellas pequeñas rocas. No entendía muy bien qué era lo que pretendía, pero simplemente me dejé hacer, entrando en aquella pétrea forma geométrica que estaba construyendo.

La loba me miraba, condescendiente, sin dejar lo que estaba haciendo. Decidí sentarme mientras observaba cómo hacía su trabajo, decidida a completar el círculo. Cuando colocó la última piedra, me di cuenta de la falta de luz que había en el ambiente. Alcé mi vista al cielo y descubrí que se había hecho de noche. Había luna llena, y eso sólo podía significar que iba a transformarme en cualquier momento en lobo, sin poder regresar a mi forma humana hasta la mañana siguiente. Apenas había levantado la vista, la loba se dirigió a mí. Su tono era firme, aunque tenía una voz demasiado dulce, como si fuese todavía demasiado joven para estar a solas con un hombre como yo.

- El círculo de piedras representa el límite entre dos mundos. Tu mundo interior y el mundo exterior- La loba blanca empezó a dar vueltas alrededor del círculo, sin tocar las piedras –En tu mundo interior te ves cómodo. Ves, oyes y tocas lo que quieres. Sin embargo, hay cosas del mundo exterior que deseas. Sin ir más lejos, yo misma.

No sabía muy bien por qué, pero las palabras de aquella loba me estaban resultando tan atrayentes que me levanté en dirección a ella. En el momento en el que alcé mi mano, me di cuenta de que ésta se encontraba fuera del círculo, transformándose además, en una pata lobuna. En cuanto me di cuenta de lo que había pasado, retrocedí, regresando por completo al interior del círculo. Mi mano había vuelto a su forma humana. No entendía lo que estaba pasando, pero sí que la loba tenía algo de razón: la deseaba.

Mi interlocutora hizo una especie de risilla traviesa y prosiguió caminando alrededor del círculo de piedra. Su voz era dulce, como la de una niña, pero a la vez estaba resultando tan profunda y sensual en el interior de mi cabeza que no hacía más que despertar mis instintos básicos. Tras unos segundos de reflexión, y al ver que no podía articular palabra, continuó su discurso.

- Te has refugiado tanto en tu mundo interior que apenas ves lo que se acerca a ti. Y por supuesto, todo lo que se te acerca, deseas atraerlo a tu círculo. Porque te asusta salir al mundo exterior. Sin embargo, atraer a los demás a tu círculo, puede conllevar que alguien, en algún momento, logre levantar una de estas piedras y entrar. Cosa que también has temido siempre... Desde que realizaste tu iniciación, hemos hablado unas cuantas veces y, aunque esté dentro de tu cabeza, sigues negándome el paso. Los designios de Sanctra son mantenerte con vida, y eso solo puedo realizarlo si me dejas conocerte.
- ¿Cómo voy a poder confiar en ti si aún no te has presentado en persona ante mí? Tú misma dijiste que todo lo que sucediera aquí dentro, permanecería aquí dentro… ¿Para qué esforzarme en conocer a una persona cuando sé que nuestra relación va a ser pasajera?
- Cierto es. Pero aunque los recuerdos no salgan de aquí, mi personalidad es la misma, dentro y fuera. Tienes miedo a relacionarte, Skam. Tienes miedo a que alguien te vuelva a hacer lo que te hizo tu madre, ¿verdad?
- ¿Cómo sabes lo de mi madre, Mimi?
- Sanctra te conoce, por eso quiere que te proteja. Me ha confiado los rasgos básicos de tu personalidad y yo he ido sacando mis propias conclusiones. Aunque tu parentesco es algo que siempre vas gritando a los cuatro vientos, ¿no?
- Supongo que tienes razón… ¿Y qué es lo que debería hacer?
- Puedes hacer tres cosas… Salir del círculo, explorar el mundo exterior de vez en cuando y regresar; Dejar que la gente entre en tu círculo con mayor facilidad… O recoger estas piedras y deshacerte del círculo.
- De momento… Creo que voy a dejar que entres en mi círculo, Mimi.

Entonces, la loba dejó de dar vueltas y se plantó frente a mí. Cerró un instante sus penetrantes ojos dorados y cuando los volvió a abrir, ya tenía una pata en el interior del círculo, que se había transformado en una mano humana. Siguió avanzando, y pude ver como la loba poco a poco iba volviéndose una joven humana según se iba acercando más y más hacia mí. Los ojos dorados de la chica continuaban siendo del mismo color, aunque ahora eran unos inocentes, a la par que arrebatadores ojos de humana. El pelo de Mimi continuaba también de la misma tonalidad plateada, algo más clara que la mía. Tenía una larga melena, recogida con unas cintas rojas y el flequillo le ondeaba a ambos lados de su frío pero angelical rostro. Además, llevaba colgadas tres plumas del pelo. Su ropa era una extraña túnica que presentaba los colores azul, blanco, rojo y morado. Apenas pude discernir más detalles, pues me había empujado levemente con su mano en el pecho y había caído rendido al suelo, con mi segundo cerebro totalmente despierto y el de mi cabeza a punto de irse de vacaciones. Sabía que eso no estaba bien, que tendría aproximadamente la edad de mi hermana, pero si los ojos de su forma animal no eran azules significaba que ya había alcanzado la madurez, por lo que quizá no era tan mala idea dar rienda suelta a mis pensamientos impuros, ya que era ella la que me estaba dando pie a ello.

Se colocó a cuatro patas sobre mí, sin apenas rozar mi cuerpo. Tenía las rodillas apoyadas a ambos lados de mi cadera y sus manos a ambos lados de mi cara. No pude resistirme y empecé a acariciarle los muslos con ambas manos, subiendo poco a poco hasta los costados. El rostro de Mimi apenas pareció reaccionar a ello.

- ¿Esto también lo vamos a hacer cuando nos veamos en persona?
- Soy tu protectora, no tu concubina. Además, sólo he entrado en tu círculo para que aprendas una lección.
- ¿Qué lección?

Sin apenas darme tiempo a terminar mi frase, Mimi había vuelto a su forma lobuna y me mordió el cuello con rabia. Entonces, todo se volvió negro. La oscuridad se había adueñado de mi vista y el silencio más sepulcral, de mis oídos. Esa situación se mantuvo durante un largo periodo de tiempo, en el que apenas pude llegar a una conclusión sobre lo que me acababa de suceder con Mimi. Ignoré el paso del tiempo, hasta que al final, me desperté.

Me encontraba en una cama, por lo que lo más probable era que hubiera conocido a alguien la noche anterior, aunque no tenía muchos recuerdos de ello ni interés en recapacitar sobre mis acciones. Bostecé y me estiré. No entraba demasiada luz en la habitación, por lo que seguramente estaría oscureciendo de nuevo. Me senté en la cama y observé la estancia. No parecía la de una taberna, así que a saber dónde habría acabado la noche anterior. Me levanté poco a poco, buscando mi ropa. Al rato, la puerta de la habitación se abrió y apareció una joven, de aparentemente menor edad que yo por su cara aniñada, rubia y de ojos azules. La chica solamente llevaba puesto una amplia camisa blanca que le llegaba por la mitad de la pierna y me miraba con algo de timidez.

- Disculpa, ¿quién eres?
- Esto… Eilwyn… Nos conocimos anoche…
- ¿Esta es tu cama?
- Sí…
- Entonces imagino que habremos hecho algo más que dormir, ¿no?

La chica asintió tímidamente y me acerqué lo más posible a ella, acariciándole la melena. En verdad era bastante mona, tengo buen gusto incluso cuando el alcohol domina mi cuerpo. En cuanto mis dedos atravesaron los mechones de la joven, la palma de mi mano se topó con algo de forma puntiaguda. Mi mirada no reflejó mi asombro, pero me había sorprendido de que estuviera frente a una elfa, o quizá semielfa, vista la forma de sus orejas.

- Dime, Eilwyn… ¿Te ha gustado lo de ayer?

La elfa volvió a asentir tímidamente y me abrazó, temblorosa, por la cadera. Sonreí pícaramente y la besé. La timidez de Eilwyn se disipó por completo en cuanto nuestros labios se rozaron y empezó a desvestirme de nuevo, tirándome a la cama.

- Me ha gustado tanto que quiero repetir…
- Soy un experto en hacer realidad los placeres de la gente. Pide por esa boquita y te lo daré todo.

Tras una buena dosis de sexo interracial, me dispuse a salir de la habitación. Obviamente no iba a quedarme a dormir, aunque Eilwyn no parecía querer despegarse de mí. Me agarraba el brazo, acariciándome y besándome la espalda mientras me rogaba que no me fuera. Sonreí pícaramente y, tras un largo beso, me despedí de ella. Saliendo al exterior de la casa. La luz de las lunas me golpeó nada más pisar el pedregoso suelo de la ciudad de Fráianez y me volví un lobo automáticamente. Alcé mi vista al cielo. Era luna llena. Blasfemé por lo bajo, pues este contratiempo impedía mi regreso a la forma humana y me dispuse a regresar al interior del bosque.

Las noches de luna llena para los miembros del clan eran como cualquier fiesta organizada en “La vida loba” solo que más animal que nunca, y por todo el bosque en general. Nuestros instintos depredadores y sexuales se disparaban y lo más común era ver grupos de tres o cuatro licántropos hasta decenas de ellos en un festín de carne de monstruo y orgías según avanzaba la noche. Muchos licántropos apenas tienen recuerdos de estas noches, pero todos son conscientes de lo que la gente de nuestra especie hace en estas fechas tan señaladas.
Spoiler:

El alma del bosque [Solitaria] Mimi10 El alma del bosque [Solitaria] Eilwyn10
Mimi (forma humana) / Eilwyn


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