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¿Hermanos? ¿Por qué no?

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Re: ¿Hermanos? ¿Por qué no?

Mensaje por Dalahak Schtzie el Dom Jun 26, 2011 10:51 pm

Reí un poco por su broma y ordené su cabello cuando terminó de ponerse la capa, la cual ayudaba bastante a disimular su preciosa figura de miradas indiscretas que no fueran las de Nogard. Una vez hubo señalado el camino asentí y comencé a caminar por donde ella indicó, un sendero tranquilo, el olor a muerto viviente cada vez se hacía más patente en el lugar, como si nos siguiera. Por detrás de nosotros podía escuchar el sonido de las ramas moverse por el peso de algo. Cada vez más preocupado por la chiquilla, no quería que le pasase nada, pero tampoco podía asustarla. Su respiración estaba más calmada que en toda la noche, y su mirada de nuevo tenía ese brillo de esperanza. Con una media sonrisa fingida dejé escapar una pequeña risa.

En mi mente rondaba la idea predefinida de lo que no seguía. Un vampiro de piel pálida y dientes afilados, seguramente vestido de una manera andrajosa por andar por el bosque, con las mejillas consumidas por su sed de sangre y los ojos inyectados en ese mismo líquido carmesí. Por un momento imaginé a Rose siendo mordida por uno de esos seres y la sangre me ardió como el fuego, incluso llegó a dolerme el pecho. Y en ese momento una rama se quebró detrás de nosotros. Si ella lo había escuchado o no era imposible saberlo, pero a mí me puso tenso, lo suficiente como para que mirase el otro colgante que todavía llevaba, la pócima para transformarme.
Esperaba que no llegase el momento de usar esa pócima, pues aunque siempre que la usaba me levantaba rodeado de la sangre de mis enemigos también me dejaba recuerdos de como arrasaba todo lo que había en mi camino, y eso podía ser peligroso esta vez, con Rose a mi lado.

Ahora el sonido pasó a ser el de la tierra al hundirse bajo los pies de alguien o algo. El hedor a muerto era ya insoportable y podía escuchar una respiración dificultosa a mis espaldas, pero algo exagerado, que hasta un humano escucharía. – Rose… si yo no te lo digo no te gires, ¿De acuerdo? – le susurré al oído, como si me acercase para besar su mejilla. Oteé el panorama con un rápido vistazo para encontrarle un buen escondite y le señalé un matorral al borde del camino, era bastante espeso, ocultaría bien la luz del colgante sin necesidad de tener que dejarla a oscuras.

Observé como se acercaba y en ese mismo momento lo que fuera que había detrás de nosotros intentó cogerla con un rápido movimiento, pero más rápido fue el brazo que coloqué entre ellos dos a modo de barrera, golpeando su pecho con fuerza. El tacto de su piel era membranoso y tenía una sustancia parecida a aceite recubriéndolo.

-¡Eh! – con la zurda me giré y le aticé un puñetazo entre las cejas, aprovechando que todavía no se había recuperado del primer golpe que él mismo había provocado. –Aquí el que lucha soy yo. – me crují los dedos de las manos y el cuello, adelanté una pierna y saqué la espada. Por el momento me ahorraría la conversión como jugada estrella. Su aspecto parecía sacado de la peor de las pesadillas. Una piel de tono muy oscura que yo percibía como un negro con motas grises. Su cabeza era más parecida a la de un murciélago que a una humana, con dos grandes orejas formadas por piel peluda a través de la cual alcanzaba a ver algo de atrás, un árbol.

Sus ojos eran dos orbes de pura sangre y rabia liberada por el golpe. Estaba cabreado y lo demostraba enseñando una boca llena de pequeños dientes puntiagudos coronada por dos enormes colmillos de más de cinco centímetros en la parte delantera. En sus manos, que solo contaban con tres dedos cada una, nacía una membrana más clara que el resto de cuerpo que le iba desde la punta del dedo pulgar hasta debajo del brazo. Tenía eso por ambos lados, como una especie de alas que estaban llenas de agujeros. Su cuerpo era musculoso sin duda, pero eso no me impediría hundirle la espada en la boca al condenado chupasangre.

Había intentado atacar a Rose y eso no le iba a salir barato. Miré al cielo cuando escuché su gruñido gutural de rabia. -¿Eso es aullar? – cerré los ojos un instante y solté un aullido que se escuchó en kilómetros a la redonda, amedrentando a todo aquel que quisiera acercarse – ¡Eso es un puto aullido! – dije mientras me lanzaba con la espada a la altura de la cintura, listo para descargar un primer golpe sobre él.





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Re: ¿Hermanos? ¿Por qué no?

Mensaje por Rose Atillart el Dom Jun 26, 2011 11:50 pm

Sonreí mientras me dejaba peinar por él y miré mi aspecto, un tanto extraño, envuelta por una capa plateada de escamas y por debajo, que solo yo podía ver, tenía una camiseta negra enorme, a Noctis le quedaba un poco ancha de manga, a mí me venía como un vestido de noche, y por debajo de esta mi habitual ropa escotada y fresquita que en esos momentos tanto odiaba por el frío que me hacía pasar. Noctis parecía algo tenso, no era difícil notarlo cuando iba pegada a su pecho, con la oreja en el lado de su corazón, pero no sabía porque. Es verdad que estaba oscuro, pero teníamos la luz del colgante, que iluminaba un buen trecho por delante de nosotros.

Los animales salvajes que pasaban de vez en cuando me daban unos sustos de muerte al correr sobre hojas secas de los árboles o por ramas caídas, o simplemente chapotear en los charcos que había en el camino, que denotaban que había llovido hacía poco. Sus ojos al cruzar frente a la luz eran solo dos puntos oscuros con un centro que brillaba de una manera un poco siniestra. Algunos conejos se paraban de su carrera para quedarse mirando el colgante a dos patas, sus orejas se movían de una manera muy graciosa cuando lo hacía, y se veía como se rascaban su naricilla rosada antes de salir corriendo de nuevo. Todo eran sonidos normales de un bosque, todo hasta que una rama se quebró detrás de nosotros. Al principio nada, pero luego pude escuchar algo muy pesado hundir su pie en un charco. No podía ser pequeño, pues el agua alcanzó a salpicarme un poco los pies.

Iba a girarme cuando noté el aliento de Noctis en el oído. Me estaba... ¿Ordenando? No sabía si esa la palabra, pero no dudé ni un momento y le hice caso, no me giré y me dirigí donde él me dijo. Al momento de dar yo un paso escuché otro, pero justo después un golpe seco, un grito de Noctis y otro golpe seco. Corrí a esconderme en el arbusto y una vez allí me giré. Con la poca luz que llegaba desde el cielo pude ver a esa figura contra la que Noctis debía pelear. Piel membranosa, ojos rojos y que destellaban como la sangre en un puñal bajo la escasa luz lunar. Unas alas de tonos azules y de aspecto frágil eran todo lo que tenía bajo los brazos, sin piel en sí. Y en lugar de dedos, donde estos debían estar, había tres garras afiladas y carnosas, más parecían cartílagos que hueso o músculo.

Tenía miedo, mucho miedo. Apagué la luz del colgante para que no viera y comencé, casi sin darme cuenta, un canto bonito, que hacía pensar que era primavera, un día soleado. En mi mente tenía varias personas, pero en especial tres, Nogard, Veluzi y Noctis. Como ni Nogard ni Veluzi estaban ahí toda mi magia se canalizó hacia el lupino. No quería abrir los ojos, quería mantenerlos cerrados en aquella preciosa imagen de un campo de flores rojas carmesí, rosas sin espinas. Cada vez centraba más el canto en Noctis, dejando que mi energía fuera la suya solo para ayudarlo de la única manera que sabía combatir, apoyando a otro.






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Re: ¿Hermanos? ¿Por qué no?

Mensaje por Dalahak Schtzie el Lun Jun 27, 2011 12:53 am

Y como era de esperar el primer golpe lo paró, pero lo paró con la mano, algo increíble que me había ver la fuerza que el no-muerto tenía en sus delgadas manos. Su torso era fuerte, así que en parte no me sorprendió que fuera capaz de pararlo. Por un momento noté como si su fuerza pudiera devolverme el golpe. Arranqué la hoja de sus manos, cortando en parte estas durante el movimiento, y retrocedí unos pasos para mantenerse las distancias. Él se contentaba con mostrarme los dientes y lanzar algunos zarpazos de amago con las garras, eso me sonaba de algo. Sonreír recordando al gato y lancé un nuevo corte hacia él, buscando cortar su cuello de una. Pero su mano también fue rápida esa vez, más de lo que podía esperarme, y me retiró la espada de las manos, arrojándola contra un árbol y clavándola, increíblemente, con la empuñadura en este.

¿Desarmado? Una sonrisa se construyó rápidamente en mis labios. Qué gran problema lucha desarmado para mí. Miré el frasco que colgaba de mi cuello y arranqué la cadena de un solo tirón, rompí el cristal y me tomé la ampolla de líquido ámbar. En ese momento sentí un enorme calor por toda mi garganta, una abrasión por la faringe y un tremendo dolor
en el cuerpo. Furia, sangre, venganza, pelea y… Ya está, no recuerdo más.

{El joven licántropo perdió el control de sus actos. Ya no era él, solo una bestia sedienta de sangre y carne para acabar con ese increíble dolor que por dentro lo estaba corroyendo. Se doblegó de rodillas ante la pócima que acababa de ingerir y se quedó mirando sus manos como si no las reconociera, observando el dorso y las palmas. El vampiro hizo un primer ademán de acercarse, pero cuando el chico levantó la cara dejó ver un morro de lobo que hizo que el no-muerto retrocediera en su afán por hincarle el diente. Ahora lo reconocía como un licántropo, un enemigo acérrimo de su raza.

Primero fue el rostro, que se alargó hasta medir lo que mediría el de un lobo. Si nariz se deformó para abrirse más y poder oler mejor, sus ojos se rasgaron ligeramente, cambiando el tono café con leche a uno dorado como el oro puro, resplandeciente bajo la luz de luna. Sus orejas se desplazaron a la par que su cráneo perdía la forma humana y tomaba la lupina. Crecieron en punta y pronto se recubrieron de un pelo oscuro como la misma noche sin estrellas que era. Sus manos se transmutaron en zarpas, y sus uñas en garras de color plata acabas en peligrosas puntas como solo los arpones terminaban.

De su boca goteaba una sustancia gelatinosa, recubierta por una espuma blanca nada sana, era su nueva saliva, capaz de acabar con un humano y pasarle su don, o su maldición, depende de cómo se mire. Sus dientes crecieron y dejaron de haber paletas para que los orgullosos colmillos caninos grandes como dedos y afilados como espadas relucieran. El sonido del rasgar de sus pantalones rompió el silencio de la noche mientras que sus partes más íntimas quedaban al descubierto un momento para al segundo siguiente estar recubiertas de pelo espeso, negro como el carbón. Miró al suelo y luego al cielo. De su nueva garganta salió un aullido que se escuchó en más de diez kilómetros a la redonda, era un aullido de dolor y odio. Sin más dilación, sin terminar de adaptar su cuerpo a la bestia se abalanzó sobre el vampiro, el objetivo más cercano, para acabar con él.

Cerró el puño dejando por fuera las lustrosas hojas naturales que le ofrecía esa forma, dispuesto a poner fin a la contienda de un solo golpe, pero el hijo de la noche también fue rápido y fuerte, capaz de agarrar con su mano la del licántropo y de quitárselo de encima con los pies, arañando nomás que su pelaje, puesto que este ocultaba su nueva, dura y correosa piel. La fuerza sin embargo había sido descomunal, suficiente para llevar al berserker a dos metros sobre el vampiro para luego dar con su espalda en el duro suelo. Poco o nada le importó, de sus fauces salió un aullido, sí, pero no uno de dolor o angustia por el golpe. Sino uno de odio, de puro odio.

Aunque el lupino no llegara a entender que estaba poseso el vampiro sí que lo hacía, prefería pasar hambre una noche más que acabar mutilado por ese salvaje, esa bestia fuera de sí. Miró un momento al hombre-lobo, que se reincorporaba. Movió la cabeza a ambos lados y desapareció de la vista del murciélago humanoide, el cual no pudo hacer otra cosa que comenzar a mirar a todos los lados. Era de noche, una noche oscura en la que apenas se veía nada, y ahora una bola de pelo gigante y asesina se disponía a acabar con él. El primer golpe fue rápido, acabando en el acto con varias de sus costillas, por algún motivo el licántropo tenía más fuerza de la normal en ese estado de furia, mucha más. El impacto de su piel membranosa contra el árbol no se hizo esperar.

De su boca salió algo parecido a un gemido de dolor, pero nada útil, nada que fuese a frenar al monstruo. Un segundo golpe se sobrevino sobre el murciélago engendro, dejando ver su pecho sin la membrana que tenía a modo de piel. La sangre salía a borbotones y su corazón se veía palpitar muy débilmente bajo la única capa de membrana transparente que quedaba. Una macabra sonrisa y todo acabó. Noctis, el hijo de la luna, hundió en el pecho del vampiro su enorme y negra zarpa, juntando todas las garras como si fuera un taladro. Ya está, estaba muerto, pero no contento con eso se ensañó con su cadáver hasta que el viento arrastró ese perfume de flores tan embriagador. Con su increíble olfato lo siguió a la perfección hasta el matorral. Allí estaba la niña, con los ojos cerrados y llorando porque tal vez hubiera visto esa dantesca escena de sangre y muerte. Los ojos dorados del animal miraron furibundamente a la cría por un momento, pero al ver lo que sostenía en sus manos, en sus pequeñas y dulces manos, su ira pareció apaciguarse, por su mente imágenes y sonidos de esa misma tarde, esa misma niña y lo que había hecho por ella.

Levantó su zarpa derecha y con la garra índice de esta rozó su nariz, como golpeándola. Luego de nuevo esa oscuridad, ese dolor. La transformación se revertía, la ira terminaba y el cansancio hacía su aparición en escena.}


------

Off: Explico lo de cambiar de primera a tercera persona, y es que Noctis entra en el modo berserker, con lo cual pierde el control de sus actos y es incapaz de narrar él mismo nada.





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Re: ¿Hermanos? ¿Por qué no?

Mensaje por Rose Atillart el Lun Jun 27, 2011 1:33 am

Aunque seguía con aquel canto de apoyo no pude evitar que la curiosidad me empujase a abrir los ojos con temor por lo que podía encontrarme. Y así fue, cuando tenía los ojos abiertos pude ver como Noctis caía de rodillas al suelo, desarmado y con evidente gesto de dolor en su rostro joven y apuesto. Por un momento sentí un terrible miedo recorriendo mis venas hasta mi corazón, que sufrió una punzada de salvaje dolor, casi tanto como el que sufría Noctis, que no tenía ninguna herida visible, tal vez algún tipo de magia. Sí, eso era, y pronto pude ver que magia era, su propia magia. Sus fauces se alargaron y de ellas brotaron más dientes de los que nunca había visto en nada ni nadie, blancas como la nieve y que goteaban una sustancia espumosa como la saliva, pero mucho más densa.

Sus manos se recubrieron de pelo mientras que de sus uñas brotaban garras color plata y de su espalda una cola de… lobo. Se estaba convirtiendo en lo que me había dicho, un lobo muy grande. Tenía miedo, demasiado miedo, casi paré el cántico, pero sabía que de hacerlo tanto él como yo quedaríamos muy expuestos, así que me limité a juguetear con el colgante en mis manos, nerviosa y carcomida por el terror, recitando una y otra vez los versos de la poesía acompañados por mi melodiosa voz infantil y marcando el ritmo con los pies para no perder el hilo de los versos.

La pelea era brutal, los golpes por parte de ambos eran salvajes, sobre todo por parte de mi amigo Noctis. Ahora era más grande que cuando era humano, un espeso pelaje de color negro carbón lo recorría desde la punta de las orejas hasta el último centímetro de su piel, un grueso abrigo de pelo bajo el cual había una piel resistente. Los minutos pasaban y los golpes se sucedían. Finalmente el vampiro fue aniquilado por Noctis, que pronto acabó por su vida metiendo la mano en su pecho y comiéndose su corazón como prueba de la victoria. Luego se ensañó con el cadáver y después… se giró. Me estaba mirando. Cerré los ojos con fuerza por el miedo y seguí recitando el cántico como algo mecánico. Recuerdo su respiración, el calor que emanaba su cuerpo recubierto de pelo y su aliento fétido y con cierto aroma a sangre seca.

Alzó la mano y cerré la ranura del ojo por la que estaba mirando, tenía miedo. Mucho miedo. Pero después de eso solo sentí un leve toque en la nariz y escuché como se desplomaba. Abrí los ojos temerosa de encontrarme con otra bestia y lejos de eso lo que vi fue al joven de ojos color almendra tumbado bocabajo en el suelo, jadeando un poco de cansancio mientras que todo su ser volvía a la normalidad. Lo giré sin vergüenza alguna y rápidamente lo cubrí con la capa de escamas de cintura para abajo. Y con su propia camisa le sequé el sudor de la frente. Tenía una herida en el pecho que sería mejor desinfectar rápido. Miré y en mi mochila no había nada, sin embargo en la suya encontré vendas y agua. Suspiré y sonreí a la vez, iba preparado al menos.

Corté un poco de venda con la daga que él tenía y preparé un vendaje húmedo para la herida, la desinfecté y lo vendé con cuidado. Era de noche, muy tarde. Ese día no íbamos a llegar, así que mejor un descanso. Tomé su brazo y lo puse por encima de mi cintura, confiaba lo suficiente en él como para saber que no me iba a hacer nada malo. Besé su mejilla con una sonrisa infantil y me quedé dormida recostada en su brazo derecho y, arropada por su calor natural.






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Re: ¿Hermanos? ¿Por qué no?

Mensaje por Dalahak Schtzie el Lun Jun 27, 2011 3:01 am

A medida que la bestia me abandonaba iba recuperando el control de mis acciones, que no eran muchas. En mi cabeza había escenas borrosas de la noche, como si hubiera cogido una gran borrachera y ahora estuviera pagando las consecuencias. Me dolía la cabeza con cada piar de los pájaros y sentía que me pesaba el cuerpo y la conciencia. En mi torso había sangre debajo de las vendas ¿Cómo había podido ponerme las vendas en ese estado? Y no fue hasta no noté con la mano la suave piel de Rose, la piel de su oscuro estómago, hasta que noté lo que pasaba. Acaricié unos segundos su piel y luego pensé en lo que pasaba, en la situación en la que estaba: Desnudo, vendado misteriosamente y tapado de cintura para abajo por la capa de escamas de Rose.

Analicé bien la situación de nuevo. No parecía haber pasado nada raro. Ella estaba vestida y abrazada a mí, sin nada raro. Me fui a incorporar pero un dolor punzante en el pecho me hizo reclinarme de nuevo en la hierba, mirando el cielo morado de la madrugada. Era rara esa sensación que tenía con Rose. Era amor, pero no un amor como el que yo sentía por Liz o ella por Nogard. Era un amor especial, fraternal. Hacía apenas unas horas no me había importado arriesgarlo todo por ella. Me había transformado de la manera más dolorosa posible solo para que no le pasara nada.

Miré su piel morena y sonreí. Con cuidado de no despertarla le pasé la capa a ella y me cogí mi mochila para ponerme la ropa. Me puse nos pantalones nuevos y unas botas también nuevas. Si Lizbeth me pillase me iba a caer una buena, todo nuevo, lo había roto al transformarme. Inaceptable para ella, para mí un motivo más para encontrar rápido trabajo como mercenario, aventurero o lo que fuera. Suspiré y miré tiernamente a Rose, no podía dejarla allí a su suerte. Con una sonrisa la tomé en brazos y me la puse a la espalda, tal y como había soñado mientras dormía al lado del lago. Sus cabellos eran rubios con los reflejos del sol, y su barbilla reposaba sobre mi hombro. La tenía cogida de los muslos para no tocar nada que no fuera de mi incumbencia. Una vez así recogí mi espada y mis cosas y comencé a correr por el camino… era como el sueño que había tenido porque en el sueño no aparecía Lizbeth, sino Rose.

El camino de día estaba mucho más a la vista, y al llegar a la posada del cruce de caminos pude ver que solo había un visitante, un niño no mucho mayor que Rose, sentado en una mesa con cara de preocupación. Me acerqué a la mesa y sonreí - ¿Nogard? – el chico se giró y asintió con pena. Dejé a Rose a su lado, recostada en su pecho, y acaricié su cabello y el del chico – Cuídala mucho… lo merece – solo le dije eso. Pero cuando iba a salir por la puerta me giré – Dile… que su hermano volverá algún día… - y a partir de ahí dejé cerrarse la hoja de la puerta para salir hacia mi próximo destino, allí debía estar Lizbeth, en alguna de esas ciudades Cite que tanto le gustaba.

Me puse los guantes de cuero negro y recordé de nuevo a Rose antes de dejar escapar un salvaje aullido para lanzarme de cabeza a bajar una montaña con una inclinación más que decente, sin cuerdas, sin nada. Solo mis manos, mi fuerza y mi destreza y mi nuevo recuerdo, el de mi hermana pequeña, Rose.

Fin





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Re: ¿Hermanos? ¿Por qué no?

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