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Seres distintos, seres extraños

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Seres distintos, seres extraños

Mensaje por Josie el Lun Jul 04, 2011 7:04 pm


Esa mañana Josie despertaba contento y feliz en un claro cercano al camino. En un par de horas estaría en el siguiente pueblo, donde podría comer algo rico y encontrar algo divertido para hacer, si tenía suerte eso involucraría a alguna bella mujer del poblado. Se levantó del suelo sonriente colocándose en cuatro patas y estirándose de cola a cabeza al tiempo que soltaba una mescla entre maullido y bostezo. Tomó su túnica que yacía a un costado y se la colocó para luego asegurarse de tener sus dagas en el cinturón. Finalmente agarro su preciado bastón que parecía más un esqueleto de pez que un báculo.

-¡Meow!, hora de partir-

Dijo el felino decidido antes de esconder sus orejitas bajo la capucha de su túnica y mover un par de veces sus alitas, no para volar sino simplemente para asegurarse de que estén cómodas.

El día recién comenzaba pero desde ya mostraba ser un bello día de primavera. A la distancia se veían unas cuantas nubes pero aparentemente, dado el poco viento en la zona, tardarían en llegar. El calor en el ambiente era el justo y necesario.

Tal y como lo había calculado antes, arribar a pueblo le tomo no más de dos horas a pie. Ya podía imaginarse el rico desayuno consistente en un gran vaso de leche junto a un trozo de carne. Después de eso rondaría por el pueblo para observar a las féminas del lugar y así poder decidir cuál de ellas era la más linda y por consiguiente a quien intentaría llevar a la cama.

Desde un principio notó las miradas de los lugareños hacia él, cosa que no le preocupó en lo más mínimo. Debido a su extraña apariencia, siempre causaba una reacción negativa al llegar a un nuevo poblado. Pero también, por lo general, al poco tiempo los lugareños dejaban de verlo de mala manera, sobre todo gracias al papel de “gato bueno” que tan bien sabia interpretar.

Mientras avanzaba en busca de una posada en la cual hospedarse no pudo evitar colocar una cara de horror al encontrar en el centro del pueblo un tablón donde se encontraba adherido un cartel con su imagen en el.
“Se busca…. Vivo o muerto… Recompensa: 1000 diamantes”. Fue en aquel momento cuando se dio cuenta que el haber fornicado con la virgen hija de un noble, noches atrás, no había sido la mejor de las ideas. y mucho menos aun quedarse a dormir con dicha mujer, que fue lo que básicamente causo que lo descubrieran.



No le quedaban dudas de que ese cartel en aquel pueblo nada lejano a dicha ciudad tuviera que ver con aquel incidente. Con preocupación giro su vista hacia el camino que hasta ahora había recorrido. Detrás de él ahora se encontraban varios lugareños con cara de malicia y palos en mano. Pobre Josie, se había metido en la boca del lobo. Miró nuevamente hacia adelante y por fortuna para él, el camino aun estaba despejado. Sin pensarlo dos veces echó a correr siendo inmediatamente perseguido por la turba

-¡Meow! , ¡Es la última vez que me quedo a dormir con una tonta noble!- exclamo el felino mientras escapaba aunque sin duda era algo que no iba a cumplir.

Salió del pueblo volando a ras del suelo. Más no podía hacer, el peso de su equipo sumado a su poca fuerza le impedían elevarse más de unos centímetros del suelo, es por eso que normalmente optaba por flotar tranquilamente. La gente deseosa de la recompensa comenzaba a quedarse atrás, pero era cuestión de tiempo para que a Josie se le agotaran las energías y no pudiera volar mas… y en ese momento sería sin duda alcanzado. Debía encontrar refugio.

Afortunadamente para él, divisó a un costado del camino una granja y más importante aún, un granero que parecía el sitio ideal para esconderse de los perseguidores. Sin pensarlo dos veces se encaminó hacia allí y en cuestión de minutos se encontraba atravesando las puertas del granero…


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Re: Seres distintos, seres extraños

Mensaje por Jade el Lun Sep 12, 2011 8:04 pm

La vida no fue igual luego de su partida: nuestro padre nunca había sido cariñoso o paternal, más luego de que mi hermana se fuera, se volvió más huraño y solitario. Salía del castillo apenas el sol desaparecía en el horizonte, dejándome a mis anchas para hacer y deshacer puesto que sin la presencia de mi dulce hermana, los sirvientes habían vuelto a tratarme como un demonio de pesadilla… Irónico a decir verdad, no estaba ni cerca de ser tan fría o cruel como mi padre.
Los días que él permanecía en la estancia eran por demás terribles; se limitaba a mantenerme entrenando hora tras hora, golpe tras golpe llegando a dejarme inconsciente más de una vez, como si buscara venganza o desquite por algo.
La falta de palabras de aliento y la constante violencia comenzaron a mellar mis ánimos, no era lo mismo ser víctima de un castigo brutal que recibir el mismo castigo pero contar con el cariño y la ternura de mi hermana para curar mis heridas. El tiempo comenzó a teñirse de color sepia, dejé de defenderme para que la violencia acabara pronto, incluso dejó de importarme el cuchicheo de los sirvientes… Mi alma se encontraba más allá de todo eso.
La última noche en el castillo me encontraba en la biblioteca repasando los libros que juntas solíamos leer, viviendo de mis recuerdos, buscando entre las páginas su perfume, su esencia… Deseando su regreso a mi lado para salvarme de la soledad.


- Es un demonio, estoy seguro – dijo una voz masculina.
- ¿Qué otra cosa podría ser? – acotó una voz femenina.
- Hay que matarla entonces… - sentenció una voz cascada

Los cuchicheos iban en aumento mientras yo dejaba mis recuerdos de lado para enfrentarme a una realidad algo peligrosa…


Había salido por la mañana, temprano; decidida a dar un paseo por los alrededores para despejar mi mente de una horrible pesadilla.
El pueblo en el que me encontraba era lo suficientemente pintoresco como para mantenerme entretenida, sin embargo la gente a mi alrededor comenzó a parecerme demasiada. Todos juntos, amontonados, empujando… El aire se sentía escaso y pesado, creí llegada mi hora por lo que sin siquiera pensarlo me vi corriendo por las calles hasta llegar a una de las tantas salidas del pueblo.
Algo mareada, respiré profundo un par de veces llenando mis pulmones del fresco aire del campo, lentamente dirigí mis pasos al camino que aparecía delante de mi. Así fue que me encontré caminando sin rumbo aparente por un sendero extraño para mi, después de todo si necesitaba volver solo debía agitar mis alas y en un dos por tres me encontraría de nuevo en mi habitación a salvo de cualquier peligro.
El canto de las aves y la suave brisa en las copas de los árboles fueron acallando mis temores; sumergiendo mi alma en la exquisita armonía de la naturaleza, en la magia de las cosas pequeñas que subsisten sin necesidad de grandes fortalezas o poder.
Un recuerdo vino a mi mente trayendo consigo imágenes del pasado, cubriendo mi vista con un velo de tristeza que no solo me impidió ver el nuevo pueblo al que me acercaba, sino que tampoco me dejó notar que en algún momento de mi travesía había optado por bajar mi capucha, sabrán los Dioses porqué.


- ¡Quémenla! ¡Destrócenla!
- Traerá desgracia a nuestras casas
No había que ser un genio para notar el problema que se avecinaba, pelear no era una opción considerando las locuras que la gente puede hacer cuando se siente amenazada. Y aquella gente definitivamente se sentía amenazada.
Por delante y a los costados un grupo comenzaba a formarse, intentar volver no era demasiado factible.
Con total parsimonia me quité la túnica y estiré mis alas para calentarlas haciendo circular la sangre; mis futuros atacantes observaban como hechizados, cada uno de mis movimientos. Algunas espadas se dejaron ver en el momento exacto en que inspiré profundo, di media vuelta, corrí con todas mis fuerzas para alejarme y dar un salto que me ayudara a volar. Lejos de quedarse quietos, comenzaron a correr e incluso algunos montaron a caballo para poder seguir mi rumbo y darme muerte en el momento en que me tuvieran a tiro.
Una estructura apareció a un centenar de metros, debía ser un granero o algo por el estilo; me lancé en picada a un costado del mismo y antes de lo que canta un gallo ingresé cerrando la puerta detrás de mi.
Vi animales y herramientas dentro, grandes cantidades de heno y una escalera que llevaba a una especie de segundo piso. Apresurada subí y me escondí en una esquina cubriendo mi cuerpo con paja seca (después de ponerme nuevamente mi túnica), no se escuchaba sonido alguno.
Si esperaba lo suficiente los pueblerinos se marcharían dejándome libre el camino para volver al otro pueblo, me dije mientras sopesaba mis posibilidades en caso de tener que enfrentarme a una turba furiosa.
No tenía idea de cuanto tiempo había pasado, cuando de golpe escuché una puerta abrirse y cerrarse… Gritos de furia nuevamente ¿Me habrían encontrado?







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