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Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
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Barriles de Ron y de Sangre

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Barriles de Ron y de Sangre

Mensaje por Isárato el Miér Jul 06, 2011 5:41 am

Eran tiempos en los que entre las tripulaciones más poderosas de piratas, navegaba, infalible a su objetivo, el "Tropas de la Tundra", los llamaron así debido a que algunas historias contaban a que su barco se construyó de una madera helada, única, que mantenía su temperatura bajo cero cualquiera fuera el clima, transformando así a sus tropas en verdaderos hombres de las nieves. Se decía que quienes fueran elegidos por el capitán Alwat para figurar entre sus filas se fortalecían e incluso sanaban heridas de guerra al contacto con el agua. No eran magos, ni inmortales caballeros, pero sus congelados alientos causaban terror en cualquier pirata que avistara sus velas acercándose a varias leguas marinas.

El capitán Alwat, del Tropas de la Tundra, se dedicaba a recolectar los más preciados tesoros de las razas de Noreth. Contaba con sus propias cartografías de tierras y mares que solo él con su tripulación habrían recorrido, guardaba innumerables secretos celosamente sobre extraños objetos divinos de poder, y nunca tocaba tierra en puertos utilizados por otros. Tenía sus puertos bien escondidos y su barco solo atacaba otros barcos, es por ello que prefería no anclar en puertos indeseados donde quisieran destruirlo desde tierra. Mientras que si su labor era atacar por tierra, no había mejor arma que sus aterradores hombres, capaces de soportar heladas temperaturas.

Hacía ya un tiempo que Alwat pudo recibir preciada información sobre una aldea de engendros en los bosques de Theezeroth, creadores de los más inimaginables objetos mágicos debido a su inteligencia y su instrucción en artes sobre energía espiritual.
El Tropas se puso en marcha hacia el bosque, sabiendo que los mitos que aguardaban en aquellas tierras de Trolls y terroríficos engendros no les favorecía, por lo cual una enorme convocatoria fue llevada a cabo en las lindes del bosque, solicitando presencia a todo pirata que tuviera el valor, o agradeciera el hecho, de combatir espalda con espalda junto a los Túndricos, dirigidos por Alwat.

Amigos y enemigos acudieron al llamado, grandes capitanes dándole la mano a Alwat para acompañarlo en aquella expedición. El capitán prometió recompensar a todo aquel sobreviviente o guerrero que al finalizar la batalla quisiera unirse al Tropas.


≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈

La sangre corrió por el bosque, los gritos y banderas de guerra cayeron, los árboles del enorme y poderoso bosque ardían en llamas, y la mayor nube de humo parecía provenir de aquel lugar donde se encontraba el asentamiento de engendros que fuera atacado. Al menos de eso me di por enterado al cruzar palabra con una pequeña tropa de hombres, unos heridos, otros manchados con la vida del rival, que se alejaban de aquellas tierras donde se había desencadenado una gran masacre. Cientos de hombres, cientos de seres, y ninguno salió victorioso, porque aquellas vidas jamás serían recompensadas ni tantas otra recordadas. Solo una enorme ambición y puras habladurías sobre el poder concentrado en unos objetos eran la razón por la que numerosas llamas se apagaron en el corazón de tantos. Entre las tropas estaban el Alwat, el capitán Túndrico, Ikkeg, uno de los más poderosos de la tripulación Túndrica, Bredan, el joven y valiente capitán del “Estrella del viento”, varios hombres de esta tripulación, ya que fueron uno de los barcos que se retrasaron en acudir al lugar, y una mujer, evidentemente desmayada por un fuerte golpe en la cabeza. La cargaban como podían entre Ikkeg y dos hombres del capitán Bredan.
Alwat quebrantado de toda voluntad en su corazón, mal herido por haber cambiado sus temibles guerreros por unos objetos que perdían sentido sin ellos. No podía hacer otra cosa que maldecir y enfadarse consigo mismo, con tanto dolor dentro. Estaba al borde de la locura. A Ikkeg, quién había sido su mayor protección, se lo veía firme, poco cercano a la realidad que le tocaba soportar en ese momento. Sin embargo se lo conocía un tipo rudo, una bestia de combate cuerpo a cuerpo y escasamente sociable.
Finalmente el apuesto Bredan, algo orgulloso de continuar con vida y no haber expuesto a sus hombres a la misma locura que el capitán Alwat, marchaba junto a ellos y velaba por la joven desmayada, pues fue él mismo quién me informó sobre todo lo acontecido y pidió que si era capaz de recuperarla con algo de mi poder lo intentara aunque nada fuera seguro.
Era una hermosa joven, de cabellos largos y oscuros, y el capitán Bredan se mostraba, sin más, preocupadísimo por conquistarla cuando despertara. No sabía bien que me pasaba por la cabeza, no tenía idea de quién era esa joven, que le había pasado, ni por qué estaba allí, pero ya me iba haciendo la idea de que la preciosa mujer me agradeciera a mi, y no a Bredan, por haber sanado su dolor y me viera con ojos de salvador. Era la primera vez que ayudaba a alguien con mis poderes. A la vez no podía imaginar los estúpidos celos que estaba a punto de experimentar si el valiente capitán le encantaba con sus palabras.
Encendí una chispa de semilla en mi mano conjurando a los cálidos poderes curativos del fuego. Quizás tardara unos minutos en hacer efecto, por lo que la recostamos en el suelo, e Ikkeg la sostenía medio inclinada por la espalda. Al contacto con la frente de la bellísima pirata, la chispa reventó como lo hacen las burbujas y con un sonido similar, lo cual fue suficiente para entregarle las energías que necesitaba para reincorporarse.

Minutos más tarde, una vez ya ubicados en ronda entre unos cuantos árboles muy lejos del bosque de Theezeroth, la mujer despertó y el primero en tenderle la mano fue Ikkeg. No se encontraba aún del todo bien, pero mucho mejor ya que podía caminar y escuchaba sin problemas. Bredan se presentó primero:


- No te apresures a recomponerte, es posible que tengas un fuerte dolor de cabeza. Vi como te atacaron por la espalda cuando escapabas de algunos engendros mal heridos. Mis hombres te ayudaron y con ellos te sacamos urgentemente de ese maldito bosque. Debo decirte que nos has tenido a todos muy preocupados… sobre todo a mí.

Escuché atentamente al capitán y con los celos a flor de piel agregué:

- No se lo puede negar, nos hemos preocupado y fue un gran esfuerzo el que debí hacer para entregarte de mi energía. Lo cual me tiene algo agotado…


●≈Nace para luchar, lucha hasta el final, cae para resurgir≈●

Isárato Tan-Áramnir
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