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Mensaje por Dominnic el Lun Jul 11, 2011 12:03 am

Zheroker, el pueblo (O Ciudad) de los cazadores, un lugar extraño donde los hay, pero a la par un lugar hermoso, tanto, que atrajo a el a un joven muchacho, un sacerdote... o más bien un acólito, pues no le daba el titulo a más por su edad. Caminando por el paso de montañas que rodea a la ciudad, apoyándose en su báculo de madera con una bola de cristal engarzado, a paso lento pero decidido y con una sonrisa en el rostro, de tez rosada, brillando por el sol.

Vio entonces aquella ciudad, alzándose de entre los ríos que la rodeaban, y con una sonrisa aun mayor en su rostro avanzó más rápido, conociendo los comentarios sobre que en aquel lugar el dinero no era útil, pues usaban el trueque, llevaba en su bolsa un saco de almendras para poder entrar a cambio de aquel obsequio. Al llegar casi al puente vio a una joven sentada en el poste del puente, y a un hombre mayor a su lado, tomó una flor, azul brillante, muy bella, y la guardó en su capa junto a la bolsa de almendras, y al llegar hizo una reverencia.

-Paso, por favor, a un fiel seguidor de los dioses, que como tributo al lugar os entrega una bolsa de almendras...-Dijo levantándose y dándole la bolsa con la diestra mientras sujetaba el báculo con la siniestra, y sacando al momento la bella flor azul.-... Y una bella flor para una aun más bella joven damisela...

El anciano tomó la bolsa, y echó una mirada dentro, sacando una almendra y echándosela a la boca, mientras la joven, aproximadamente de su edad, tomaba la flor con una sonrisa y la olfateaba.

-Puedes pasar, muchacho-Dijo el anciano guardando la bolsa.

-Gracias infinitas...-Dijo dispuesto a pasar, cuando escuchó voces a su espalda, más bien gritos, pues a ese volumen las voces, no se podían considerar de otro modo.

Vio salir un enorme lobo de entre los árboles, seguido de varios humanos que le perseguían, claramente, queriendo darle caza.
Decidido, empezó a correr hacia el lobo, y se interpuso entre el y los hombres.

-¡Alto!

-Aparta mocoso, ese lobo será nuestra cena

-Entonces deberé estar en el menú, porque no me apartaré vivo de aquí, no permitiré que se dañe a una criatura inocente, no en mi presencia.

-¡Por los dioses! ¡Apártate! ¿Tan malo es que queramos comer?

- Odiáis a los vampiros por cazaros... ¿Acaso no creéis que los animales pueden pensar lo mismo de vosotros? ¡Y no hables por los dioses de esa manera! ¡Yo los sirvo desde mi nacimiento, y no permitiré que destuyais la vida de un espécimen así! ¿Os habéis fijado en su tamaño? ¡Este lobo es distinto! ¡Si le tocáis me deberéis matar antes, y si lo hacéis, los dioses os castigarán por ambas ofensas!

-Endemoniado crío...-Murmuró por lo bajo uno.

-Encima sacerdote...-Respondió otro, igualmente en un murmullo.

-¿Decís algo? ¡No seáis cobardes! ¡Que la ira de los dioses caiga sobre aquellos que temen decir lo que piensan! Así lo dijo el Sabio Manud ¿Queréis sufrirla? ¿No? ¡Pues marcharos! ¡Hay otros animales que cazar menos especiales!

Apuntó con su báculo a los hombres, y el báculo empezó a brillar cuando Dominnic canalizó su magia por el, un grito ahogado de los hombres y empezaron a retroceder, dándose la vuelta e internándose de nuevo en el bosque.


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Extrañas Amistades  (Privada) Empty Re: Extrañas Amistades (Privada)

Mensaje por Fenrir el Lun Jul 11, 2011 1:46 am

¿Cómo había podido llegar allí aquel enorme lobo? No era un lobo normal, y eso se veía a la legua, su enorme tamaño destacaba ante el de otros, siendo casi el doble de un lobo normal. Sus patas plateadas eran largas cual palmeras y fuertes como robles. Por todo su cuerpo se extendía un pelaje de color plateado que ondeaba con el viento creando suaves olas de color argénteo que destellaban con cada rayo de sol que se colaba entre los altos árboles. La tierra húmeda se hundía bajo su enorme peso y su morro se acercaba cada vez más a este, olfateando a un ciervo de siete puntas que el feroz lobo llevaba un tiempo siguiendo. Desde sus enormes fauces brotaba la saliva espumosa y densa típica de los lobos. Por un momento cerró con fuerza el morro para hacer rechinar sus dientes de una manera tan aguda que se pudo oír a un metro del animal, desde donde unas pisadas nerviosas quebraron una rama justo antes de aventurarse a la carrera.

En la cara del enorme can se dibujó una media sonrisa justo antes de variar el ritmo en su persecución. La tierra se resintió bajo sus pies y el ciervo que corría por delante de él miraba hacia a atrás cada poco tiempo, viendo como las despiadadas garras de la muerte se le acercaban cada vez más en forma de garras negras y dientes blanco, creando entre ellas mismas un desacuerdo de colores que resultaba atractivo. Sus dientes a cada lado de su mandíbula pronto se cerraron sobre la dura carne del muslo del animal. La sangre brotó con fuerza manchando sus dientes de color rojo carmesí y llegando a teñir su morro plateado de un intenso rojo oscuro. Un primer tirón hizo al animal de la cornamenta soltar un ahogado gemido de puro dolor que se fusionó con otro de la misma intensidad, sino mayor, cuando las mandíbulas del lobo soltaron la carne herida para abrir una nueva brecha en su piel con otro mordisco.

La sangre de nuevo brotó desde las venas del animal para manchar al enorme lobo, que se adelantó hacia el estómago del animal herido y hundió allí los colmillos, desgarrando primero la piel, luego poco a poco la carne y finalmente hacerse con sus “deliciosas” vísceras y explotando estas entre sus dientes con fuerza, alimentándose tanto de la carne como de la sangre del animal herido. Tras un rato de darse el festín otros lobos comenzaron a acercarse a la carne, miedosos por el enorme tamaño del solitario. De normal Fenrir los hubiera espantado con un solo aullido o un gruñido salido de su enorme garganta, pero ahora que estaba lleno no le interesaban, ni ellos ni los restos del enorme ciervo, cuyos ojos ahora miraban al vacío de la muerte en un eterno gesto de dolor que prevalecería durante los siglos.

Un sonido cortó el aire hasta sus orejas, el sonido de una voz. Por lo general los lobos reaccionan de manera violenta cuando se invade su hábitat, pero este era especial. Aparte de su tamaño colosal no era solo un lobo, era un licántropo, bastante tranquilo además. No solía meterse en peleas que no fueran por cosas naturales como un territorio o una presa cazada recientemente de la que él quisiera alimentarse. No buscaba problemas, aunque en este caso los había encontrado, y no solo para él. Un segundo crujido lo avisó de algo, pero para cuando quiso salir corriendo era demasiado tarde, una flecha salió de entre la maleza e impactó en el muslo trasero del animal, en el costado derecho. Un aullido de rabia salió de su garganta cuando se giró furioso a ver que era, eran dos hombres armados, y uno de ellos ya cargaba su ballesta por segunda vez. No había que ser mucho más listo que un lobo para salir corriendo como un poseso ante aquello, pues lo último que quería el lobo era morir a manos de un par de humanos dedicados a la caza. Con cada paso era un infierno de dolor, pero no podía permitirse parar, el olor a algo familiar lo empujaba a seguir corriendo, un olor fácilmente reconocible por el lobo, olor a niño. No quería dañarlo, pero allí también olía a anciano, y con suerte, si conseguía demostrar que no era un peligro, encontraría cobijo.

Rápidamente y goteando sangre salió de entre la maleza para ir a cubrirse detrás de un chico con túnica blanca que sostenía un bastón. No parecía superar la quincena. Sin más remedio por el momento se escondió detrás del chiquillo, ocultando la cabeza bajo las patas en un primer momento mientras el joven humano lanzaba lo que parecía se un conjuro. Finalmente no pudo resistirlo más el animal, y sacando la cabeza de debajo de las patas delanteras agarró la flecha con la boca y respiró hondo un par de veces, casi como una persona justo antes de dar un fuerte tirón de la madera que lo dejó chillando de dolor, con la cabeza recostada en la tierra sin poder hacer mucho más, herido y sangrando como estaba. Solo lo "consolaba" una cosa, y es que la regeneración licana es mucho más rápida que la humana o la de un lobo normal.
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Mensaje por Dominnic el Lun Jul 11, 2011 4:24 pm

Al marcharse el joven se giró, para ver el lobo, que había estado aullando, descubrió una herida en uno de sus cuartos traseros, y se agachó con velocidad ante aquella criatura, ante la mirada sorprendida de la joven y el anciano que habían contemplado la escena sin decir nada, sorprendidos por la iniciativa de aquel muchacho.
Inspeccionó la herida, que sangraba bastante, dejando el báculo a un lado y mirando la flecha, no había sido buena idea que el lobo se arrancase la flecha, los proyectiles estaban hechos como ganchos, para hacer que si se arrancaban llevarse un trozo de la carne, por eso había que ser cuidadoso con las extracciones, y aquel lobo lo había sufrido.

La saeta estaba en el suelo a su lado, y frunció el ceño al ver la herida, posiblemente se hubiese recuperado solo en libertad si ni hubiese sufrido más daños, pero le habría costado mucho tiempo, así pensaba, puesto que no conocía que se trataba de un licántropo... Colocó una mano sobre la herida, y cerró los ojos respirando profundamente...

-Oh Diosa Matre, escuche a su fiel servidor, concédame el poder de sanar a esta criatura salvaje, oh Diosa Benevolente, ayúdame a curar...-Empezó a rezar Dominnic, bajo su túnica, en su pecho, su colgante se iluminó un segundo, imperceptiblemente a causa de la ropa, y al momento su mano comenzó a brillar, la luz que emergía de la palma de su mano daba directamente a la herida del animal, que repentinamente empezó a cerrarse y regenerar las partes perdidas, al acabar la luz y los labios del joven que daban la oración pararon, y abrió los ojos, mirando la herida, desaparecida, dejando solo un leve rastro de sangre, sonrió y sacó de su morral una venda y una cantimplora, mojando la venda y pasándola por la zona manchada, eliminando el rastro, se fijó también en su hocico, y riendo lo limpió también, no tenía miedo del animal, estando herido y habiéndose cobijado en el, tenía la empatía perfecta, por lo que el animal confiaba en el, y además, estaba protegido por su diosa-Así... Comiste bien ¿Eh? estás manchado por todas partes...

Terminó de limpiar la mayoría de la sangre, dejando el pelo plateado en algunas zonas, rosado, y le dio unas palmaditas en el lomo, como queriendo que se levantase, y se levantó el también ayudándose del báculo, y caminó hacia el puente.

-No puedes pasar con ese lobo...

-¿Lobo?-Se giró, para ver como tenía al lobo a un lado, y sonrió.-Oh, vamos, ya ha visto que es inofensivo, recuerde: "Perro ladrador, poco mordedor". En este caso un lobo, pero es un can al fin y al cabo... Posiblemente sea yo más peligroso que este peq... este grandote...

El joven sabía perfectamente que esa ultima frase no era del todo cierta, no mentía, era algo horrible y despreciable, y aunque sabía que el no tenía poder alguno de dañar... creía poder controlar al lobo, no había tenido intención de meterse en la ciudad con él, pero le pedía cobijo, y no era nadie para negarselo.

-No creo que sea buena idea que metas a un lobo en una ciudad de cazadores...

-¡Vamos abu! Déjale...

-¿Un lobo? ¿Que le dice a usted que no es un mestizo entre perro y lobo? Es enorme, demasiado para un lobo común... ah... ¿Acaso los cazadores no usan sus perros? Creo que yo tengo el mío...-Dijo sonriendo, sus palabras eran astutas y su razonamiento irrebatible.

-... Está bien, pero como intenten cazar ahí dentro a tu cachorro será problema tuyo

-Por supuesto... aunque antes deberán cazarme a mi...

Se colocó el báculo en la derecha, y acarició la columna del can, dando un paso para así indicarle que pasara con él, por el momento lo cuidaría... No sabía por cuanto, pero su ética le prohibía abandonar a cualquier criatura, ya fuese animal, humano, o no tan humano, cualquier criatura desvalida era asunto suyo. Aunque esa criatura... acabaría más ligado a él que a otra muchas criaturas...


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Mensaje por Fenrir el Lun Jul 11, 2011 5:09 pm

El lobo apenas podía escuchar nada por culpa de sus propios quejidos, esperando solo alguna mano amiga que le ayudase, tal vez su vieja ama. Aunque el lobo sabía Linna estaba muerta jamás había perdido la esperanza de volver a verla, volver a ver la sonrisa de aquella niña morena que tanto lo había cuidado y ayudado. Fue entonces cuando notó una mano tocándole la herida, se giró y vio al niño de la túnica rozando la herida con las palmas de las manos, que pronto comenzaron a emanar una extraña luz que hizo que la herida se cerrara poco a poco, dejando solo el reguero de sangre como rastro de la herida. Intentó mover la pata y notó un poco de dolor, pero no demasiado, la gran mayoría del dolor había sido eliminado. Con un poco de esfuerzo se puso en pie al lado del chico, lamiendo sus dedos con cariño por el acto y por ser un niño además.

Las palabras que cruzaron entre el viejo y él no las entendió demasiado, pues apenas sabía hablar en su forma humana, así que tampoco entendía muchas más cosas que no fueran simples órdenes o cosas por ese estilo. Miró su pelaje, ahora menos manchado de sangre gracias a los cuidados del pequeño y se lamió un poco la pata delante como asintiendo a las otras palabras del chico, cerrando los ojos feliz y moviendo la cola como un animal doméstico, pues pese a ese descomunal tamaño que poseía el can y esas mandíbulas que bien podían despedazar a un hombre, era un simple perro doméstico al lado de los niños, a quien protegía con su vida. El lobo sonrió por las palabras del chico cuando notó su caricia en la espalda, golpeándole las costillas con el lomo de manera amigable, parándose un momento y agachándose para que el chico pudiera subir a su espalda como si fuera un caballo, pues teniendo en cuenta que la diferencia entre ambos no era mucha, llegando el can por el cuello del chico humano.

Aunque el lobo no terminaba de ver bien al anciano vestido con aquella túnica roja. No es que le pareciera mala persona, pero no le agradaba ni su tono de voz ni su olor, aunque esto último tal vez fuese por el fuerte olor ácido que desprendía, como el sudor de días sin un baño, haciendo que el perro arrugase su nariz mientras esperaba a que el humano se subiera a sus espaldas con la lengua fuera –Wouf… - “dijo” dejando escapar por su boca un ladrido más parecido al de un perro que al de un lobo feroz.
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Mensaje por Dominnic el Lun Jul 11, 2011 6:01 pm

El descomunal lobo le dio un golpe en las costillas con su flanco derecho, desequilibrando un poco al joven sacerdote, pero lejos de enfadarse se rió, aquel animal era muy fuerte, a pesar de haberle golpeado con su flanco en las costillas, su cuerpo le llegaba por el cuello, si se ponía a dos patas... posiblemente superase en altura a cualquier humano, o al menos a la gran mayoría, era un ser... bastante único, y no le gustaba que pudiese morir algo tan especial, no podía ser simple coincidencia.
Pensó, que incluso podría ser montado como un caballo, puesto que la altura sería... como la de un pony.

De pronto, como si el animal le hubiese leído el pensamiento, se agachó, colocándose a una altura a la que fácilmente se podía subir, abrió los ojos sorprendido, así como la joven y el anciano que los miraban, y sonrió acariciando al lobo y subiéndose la túnica (bajo la cual llevaba unos pantalones blancos) para poder montar en el, una vez hecho le acarició de nuevo tras las orejas.

-Eres muy listo... además de enorme...

El animal no tardó en alzarse, haciéndose tambalear un poco a Dominnic en su espalda, pero riendo alegremente, si, era... bastante peligroso lo que hacían, estaba sobre un enorme lobo de metro y medio... avanzando por un puente de madera... cualquiera habría dicho que el joven no tenía sangre fría, si no helada para tener el valor de no solo acercarse a semejante bestia, si no montarla y atravesar los puentes sobre ella... Pero no, sangre fría no, lo que tenía era una plena confianza en su diosa, si no era su momento de morir, no moriría, y si lo era, moriría hiciese lo que hiciese, tenía su destino asumido y pensaba vivir feliz todo lo que pudiese.

-Vamos... con cuidado... jaja...-Acariciaba el pelaje del lobo con cuidado.-Si por aquí pasan carromatos, nosotros también... no están tan regordete...


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Mensaje por Fenrir el Jue Jul 14, 2011 8:07 pm

El lobo esperó hasta que notó al niño sentado más o menos a la mitad de su espalda. Una vez notó la tela de la ropa del chico bien colocada se comenzó a inclinar lentamente. Un primer tambaleo del niño lo hizo cuadrar un poco las patas para ganar estabilidad, mirando aquel puente de madera poco fiable que ahora tenía que cruzar con el infante a lomos. Torció un poco el hocico y primero se acercó al puente, husmeando la madera en busca de un olor a podredumbre que, para su sorpresa, no encontró. La madera de ese puente no olía a podrida pese a que lo parecía. La suave brisa que mecía el pelaje plateado del lobo también acunaba el puente colgante. Fenrir asomó su mirada para saber que le esperaba abajo y vio el agua gris y las paredes negras de un enorme acantilado. Tragó saliva y miró al niño, que todavía reía sobre él. Su instinto lo empujaba hacia atrás, pero no quería defraudar al pequeño, que tan prontamente había confiado en él.

La primera pata del lobo se aventuró desconfiada hacia la madera, que no sintió ni siquiera el peso, haciendo ganar confianza al animal. Poco a poco se metió de cuerpo entero en el puente, que crujió bajo el peso combinado de ambos. Las orejas del can se pusieron de punta, como si quisieran captar todos los sonidos de ambos lados, aunque en realidad solo eran una reacción de miedo ante la idea de perder al chiquillo. Tomó aire pesadamente y siguió avanzando hacia el poblado, mirando al frente y evitando desviar su mirada hacia los flancos para no tener que ver el agua discurrir, pues ya era bastante con tener que escucharla. Llegó a un trozo de tierra firme, lo que parecía ser el final de aquel infierno colgante – Wouf… - fue lo único que salió de su boca. Un ladrido que se parecía más a un suspiro pesado como si por fin hubiera logrado algo muy deseado.

Su mirada se alzó en busca de las casas del poblado y en su lugar vio otro puente igual que el primero. Gruñó por lo bajo y se resignó, cruzándolo siguiendo el mismo método de no mirar a los flancos ni a sus pies. Solo preocupado de no ir demasiado rápido como para que el chico cayese ni demasiado lento como para tener que quedarse. Sus patas temblaban un poco a la hora de apoyarse en la gris madera, como si pensase que se iba a romper con el peso combinado de ambos. Sus gruñidos de desaprobación se hacían patentes con cada crujido, mirando al frente y viendo que todavía le quedaban varios más. Refunfuñó con un ladrido y avanzó hacia el siguiente. Así tres veces más hasta que finalmente cruzó el último, pisando por fin la tierra de la aldea y dando un pequeño suspiro, esta vez sí, de superación. No quería volver a ver un puente en su vida.
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Mensaje por Dominnic el Jue Jul 14, 2011 9:17 pm

Mientras el enorme lobo intentaba avanzar, acarició su pelaje, parecía inseguro, era normal, había una buena caída hasta el agua, pero tenía una gran fe en su diosa, mucho mayor que un humano normal, y tal vez un poco superior a los otros sacerdotes, que solo usaban la escusa de la religión para aprovecharse de las personas, el creía fielmente en Matre, le debía su vida... y por supuesto confiaba en el lobo, si, no le conocía de nada, pero era muy empatico con los animales, se llevaba incluso mejor con ellos que con las personas, y confiaba en que el animal haría lo correcto.

Empezó a avanzar, tanteando primero un poco el puente, para después avanzar por el, Dominnic se aferró con fuerza con las piernas, pero no demasiado para no hacer daño al animal, y metió sus manos entre el espeso pelaje del lobo, el del cuello más precisamente, y le acarició mientras avanzaban, uno por uno por los puentes, que al animal parecieron no gustarle mucho, pero cuando lanzó ese pequeño ladrido al acabar el primero, le recordó a una persona, algo que le hizo reír.

Al superar los seis puentes, al fin llegaron a la ciudad, y aquella enorme montura pareció alegrarse, algo que sacó al sacerdote una carcajada, antes de agacharse y abrazarle, y os preguntareis... ¿Como era capaz de estar tan despreocupado y feliz ante una bestia semejante? Es una respuesta algo compleja, y es que Dominnic amaba la naturaleza, no temía al lobo porque le había ayudado, y dudaba que una criatura le atacase después de ayudarla. Y se encariñaba tanto con el animal... bueno, porque pensaba así, el era incapaz de pensar que una criatura hiciese el mal, ningún animal, a diferencia de los humanos y las otras razas semejantes, no eran buenos ni malos, solo se comportaban de acuerdo a sus instintos, defendiendo sus territorios y comiendo, y todo eso, mezclado a una gran fe en Matre le impedían temer al lobo, ya podría encontrarse un ratón o un dragón, no temería a ninguno mientras este no le atacase directamente, y aun así, si moría... Bueno, jamás lo había pensado fríamente, pero pensaba que cuando llegase el momento sería inevitable, aunque jamás se había planteado que haría al verse en esa situación... jamás había estado en esa situación.

-Ya está... muy bien hecho grandote...-Dijo separandose del abrado y tomando en su diestra el báculo, que había llevado sugeto con la axila durante el trayecto.

-¡Muchacho! ¿Que haces ahí? ¡Baja ahora mismo de ahí! ¡Inconsciente! ¡Te van a destripar!-Dijo un hombre apuntando al lobo con una flecha.

-¡Baja esa flecha de inmediato! ¿Dispararías a un caballo por acompañar a un guerrero? ¿No puede pues un sacerdote montar a una bestia de la naturaleza? Todos empeñados en dañar al lobo... ¡Que manía!

Empezó a congregarse gente al rededor del muchacho y su lobo, pero a una distancia prudencial. Obviamente, todos portaban buenas armas, las mujeres y los niños, y todos los que no pudiesen defenderse de la bestia, desaparecieron en el interior de sus casas, y el joven suspiró acariciando al lobo, no entendía por que a la gente le costaba confiar tanto en algunos animales.

-No se si serás valiente o estúpido... ¡Baja ahora mismo, niñato insensato! Un caballo solo es peligroso si se encabrita

-¡Guárdate esa lengua afilada! Un lobo también lo es solo si se le enfada, he cuidado con mis propias manos a lobos, osos incluso, no te atrevas ni a amenazar a un animal en mi presencia, ni a insultarme... Te aseguro que yo también soy peligroso si me enfadas, y ya empiezo a cansarme de que todos amenacen a este lobo solo por su tamaño ¿Acaso no veis que eso hace especial a un animal? ¡Por los dioses! ¡Dejad de estorbar! Si vais a usar esas armas hacerlo, pero será con migo encima

-¡Eso! ¿Por que todos queréis hacer daño al lobo...? ¡Todos sois iguales!-Dijo la muchacha saliendo de los puentes y acercándose al lobo, se puso a su lado y le acarició detrás de las orejas.

-¡Selene! ¿Que haces? ¡Vuelve al puente con tu abuelo! ¡ Apártate de esa bestia antes de que te muerda!-Contestó un hombre con una gran espada mirando a la joven muchacha furioso.

-¡Basta! ¿Por que unos animales pueden pasar y otros no? ¡Ya estoy arta de todo esto! Voy por el bosque y veo animales heridos, torturados por las flechas de los que vais a cazarlos y que no lo conseguís, no quiero ver a ningún animal más sufrir ¿Alguien más quiere herir al lobo? ¡Que pase por encima de mí!-Al terminar las palabras sacó una daga, empuñándola en la zurda.

Dominnic miró asombrado la reacción de la chica, y sonrió cuando esta le miró, sus ojos parecían hablar por ella, y el joven asintió con una sonrisa de medio lado y colocó su bastón apuntando hacia delante, si alguien quería herir al lobo debería pasar por los dos niños.


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